Después de la lluvia

Después de la lluvia viene la calma. No encontré motivos para salir huyendo de Acapulco. Al ver las escenas de civilidad en el Foro Imperial, en Costco y en la Base Naval de Icacos entendí que lo mejor era guardar la calma. Este era el típico caso en el que no por mucho madrugar, amanece más temprano, al revés. La prisa podía ponerme en un lado sumamente oscuro. El pánico obligó a muchos turistas a formarse desde muy temprano para ser los primeros en cruzar las casetas de Metlapil, El Túnel y La Venta. La recompensa fueron horas de espera, a pesar de que el Secretario de Comunicaciones y Transportes cumplió a carta cabal y con anticipación su promesa.
La Autopista del Sol se abrió a la circulación quince minutos antes de lo prometido. Aún así, los vehículos tardaron horas en en salir del puerto. Los primeros turistas en regresar a la Ciudad de México llegaron después de diez horas, se sometieron a largos periodos en los que estuvieron estacionados esperando a que los del contraflujo pudieran pasar, avanzaron lentamente y con el susto de ser los primeros, sin saber lo que se podían encontrar adelante.
¿Por qué no te regresas ya?, me preguntaba todo el mundo. Es difícil explicar que por primera vez en la vida la urgencia no se apoderó de mi, fui yo quien tomo el control de ella. Lo que tenía que perder, ya lo había perdido. Era mucho más lo que podía poner en riesgo. Los que me esperaban ya sabían que no iba a llegar. Los míos estaban conmigo.
Con esa perspectiva las urgencias me parecían como el método de valuación de inventarios en que la mercancía se clasifica por capas. Salen primero las más costosas, se quedan para el final las otras. Así, los que sintieron mayor prisa por regresar, fueron los que tuvieron razones para pagar caro el precio de su urgencia. Los demás nos quedamos a cerrar la puerta.
El recorrido de Acapulco a México nos tomó seis horas. No fue mucho. La Policía Federal de Caminos se aseguró de que el trayecto fuera seguro. Lo más lento fue el tramo entre Tierra Colorada y Palo Blanco ya que la carretera es de un carril por sentido. El entronque con la Autopista del Sol es un camino improvisado pero muy cuidado. Hay que decir que los ingenieros mexicanos son sumamente ingeniosos. Son capaces de resolver grandes problemas con un alfiler o con un pasador. Se sustituyó un par de túneles de altas especificaciones con un camino de tipo vecinal y funcionó a la perfección. Los puentes atirantados están en perfectas condiciones. El aforo vehicular con sentido a México era muy similar al que hay en temporada alta, nada extraordinario.
Me dio gusto ver que en el sentido que va rumbo a Acapulco iban camiones con ayuda para los necesitados y con abastecimientos para los almacenes. Huevo, pan, leche, camiones y trailers con mercaderías para los acapulqueños.
Después de la tormenta, el agua sí es vida. El río Papagayo y el Mezcala iban llenos. Lucían un caudal poderoso que parecía hacer guiños con el reflejo de los rayos del sol. A la vera, flores azul pizarra, magenta, morado obispo, en forma de campanas, de amapolas, pequeñitas y medianas adornaban el camino. Había de todos tipos y variedades.
Sí, cada uno tuvimos una lección que aprender en estos días de lluvia. La mía fue el dominio que no es lo mío. Que ahora lo es. Hoy toca recoger los pedazos de lo que se rompió, tratar de componer y rescatar. Dicen que de lo perdido, lo encontrado. Después de la lluvia es tiempo de poner atención para resolver el próximo acertijo. Sin embargo, el respeto por los que perdieron mucho, por los que perdieron todo, sus historias, lo que vi, lo que escuché merece quedar en un testimonio. Principalmente para que las palabras no se las lleve el viento, para poder dejar un llamado de alerta y que esa herida que repetidamente se abre en el mismo lugar, ya pueda sanar.

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#acapulco

La lluvia insiste, quiere quedarse en Acapulco. En cambio, los turistas quieren ir. Ayer llovió por la noche. Hubo rayos y truenos. La mañana amanece húmeda, con nubes muy bajas pero no llueve. Al menos no todavía. Dicen que han salido muchos turistas vía aérea, que habrá vuelos gratis, que hay que comunicarse a ciertos teléfonos o que hay que consultar ciertas páginas en Internet para conseguir el preciado tesoro que es un pase de abordar. Los teléfonos no contestan, las páginas no responden. En el Foro Imperial hay confusión. Las colas son eternas y las broncas y las peleas ya empezaron. No es fácil realizar el trámite en la aerolíneas, incluso si se tiene una reservación o un boleto pagado, no hay seguridad de poder abordar un avión.
La gente está enojada. La ansiedad y la angustia genera círculos viciosos. Hay desinformación. Hay desorganización. Hay desesperación y llantos. No hubo prevención. No avisaron, nadie alertó de los peligros y de la gravedad de los fenómenos meteorológicos que avanzaban sobre la República. Es cierto, Acapulco ha sido muy golpeado y muchos querían aprovechar el puente para que hubiera derrama económica. Nadie dio una alerta para que en el puerto no hubiera tanta gente. Eso aumenta el drama. En los hoteles no había planes de emergencia. A nadie nos dijeron que era lo que la población civil debíamos hacer. Hubiera sido mucho menos costoso para el puerto si se hubiera emitido un comunicado previniendo a la gente para quedarse en casa. Así la ayuda llegaría a las personas que perdieron sus casas sin tener que compartirla con aquellos que no pueden regresar a las suyas.
Si es difícil salir por aire de Acapulco, salir por tierra sigue siendo imposible. Dicen que para el viernes la Autopista del Sol estará parcialmente reestablecida. Conozco muy bien esa autopista, incluso desde antes de que empezara a operar. Trabajé muchos años en las tiendas de esa autopista y de la mano con sus administradores, tanto en la era de la concesión, como en la de CAPUFE, se de lo complicado de sus terrenos y de la inestabilidad de sus tierras. Si sigue lloviendo, será difícil cumplir el pronóstico del Secretario de Comunicaciones que dice que el viernes seguro se restablece el servicio. Lo dice triunfante y agrega que el servicio será gratis. ¿Habrá que hablar a un número 01-800, o consultar alguna página de internet?
La fragilidad de nuestra infraestructura se pone en evidencia. Un aeropuerto construido sobre un humedal. Una autopista, que se cuenta entre las más caras del mundo, que se trazó sobre terrenos que nos son firmes y que ante el menor estornudo se provocan derrumbes. Si a la naturaleza le da por llorar tres días, nuestras vías de comunicación se descomponen.
El Boulevard de las Naciones ya no está inundado. Puerto Marqués, Colosio, Emiliano Zapata, Ciudad Renacimiento y la mayor parte de Punta Diamante, sí. Las despensas del Fondo Nacional de Desastres se reparten con orden y diligencia en varios puntos de Acapulco. Parece que las pipas de gas ya pueden salir a hacer sus recorridos. Habrá gas, agua quién sabe. El servicio de CAPAMA, la empresa concesionaria que se encarga del agua potable de Acapulco a veces abre la llave y a veces la cierra. Eso en las zonas menos afectadas. Hay lugares en los que ni el gas, ni la luz, ni el agua, ni nada llega.
En la escuela de mis hijas me dicen que no me preocupe, pero que no hay forma de justificarle estas faltas. ¿Me pregunto si debo solicitarle al Secretario de Gobernación un justificante, o se lo deberé pedir al Gobernador?
Platiqué con el señor Walton, el presidente municipal de Acapulco. Llegaba a su casa y coincidimos. Acababa de sobre volar el puerto. Las ojeras le llegaban a las rodillas y su sonrisa revelaba la amabilidad típica del político, no felicidad. Me recomendó tener paciencia. Las cosas no van a cambiar mucho en los próximos días.
Entre las nubes ya van volando helicópteros que salen de la Base Naval de Icacos. Están trabajando. Hay mucha gente trabajando. Eso ni hablar. Sin embargo, la gente sigue pensando que hubiera sido mejor emitir un comunicado alertando de la gravedad de la situación. Eso, claro está no hubiera disminuido la violencia de los destrozos, pero si el número de gente que reclama ayuda. Habrá que tener paciencia. Parece que la lluvia insiste en quedarse por aquí. Pero en Acapulco, el sol volverá a salir.

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