Topless

Quitarse el top del bikini durante unas vacaciones privadas puede sonar a travesura, a algo normal, grotesco, sensual, escandaloso, exquisito o a pecado mortal, dependiendo de quién, dónde y como lo haga. Si lo haces en Acapulco, en la playa de un hotel familiar, lo más seguro es que te pidan que te cubras, aunque si lo expuesto tiene valor estético, tal vez la petición tarde un poco más en hacerse. En Costa de Marfil a nadie le impresionaría que una nativa expusiera los pechos al sol. Una monja sería expulsada del convento. En cambio, si lo haces en la terraza de un palacio en la costa sur de Francia, donde la desnudez es algo común, la cosa cambia. Cambia más si en tu destino cabe la posibilidad de que seas reina, peor si eres la esposa del segundo en la línea sucesora al trono de Inglaterra. Los Windsor resultan ser una familia política muy delicada.
El fotógrafo, que evidentemente violó la intimidad de los Duques de Cambridge, no me interesa. No me resulta atractivo un tipo que invade la privacidad de una pareja. No hay nada de sorprendente en su conducta, fue un sabueso que vio la oportunidad de robar el filete de la mesa y lo hizo. Está en su naturaleza hacerlo, se topó con la oportunidad y la aprovechó.
Me llama la atención que estos personajes de cuento de hadas intenten vivir como gente común y corriente. No lo son y lo saben. Ahí el cuento cambia de registro y se convierte en drama. Más para el príncipe que para la duquesa. Él no decidió su linaje, así nació. Ella sí que decidió, hizo una elección. Dejó su condición para convertirse en una figura pública. Él ya vivió la tragedia de perder a su madre al huir de los paparazzi, ella no, pero lo sabía. El hijo de Diana nació y morirá siendo una celebridad por condición no por elección.
Es cierto, la futura reina de Inglaterra debió sentirse en la seguridad de un lugar privado, arropada por un cuerpo de seguridad entrenado en las mejores escuelas. No se imaginó que los guardias de protección fallarían. Si hubiera intuido que alguien la observaba jamás se hubiera atrevido a desabrocharse el top del bikini. Hay quienes piensan que la duquesa de Cambridge fue imprudente, que asolearse topless es una de las muchas actividades que están reservadas para plebeyos que a nadie interesan. Pues sí, fue una falta de sensibilidad, un tropezón de esos que la gente adora. ¿Para qué exponerse? Ni modo, el escudo se rompe por la parte débil. En todo caso, menos mal que fue un fotógrafo y no un francotirador el que disparó.

20120927-170951.jpg

Anuncios

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: