Inconcebible (la serie)

Inconcebible es una serie de Netflix que está causando euforia y cómo no. Atrapa desde el comienzo y sus ocho capítulos se dejan ver rápido. Aunque no se quiere parar de ver, el nudo en la garganta se va convirtiendo en un bulto pesado y amargo que crece junto con la indignación. Deberíamos de ver más contenidos así.

Toni Colette y Merrit Wever interpretan una pareja de policías que trabajan juntas por casualidad. Protagonizan una serie de ocho capítulos en los que nos cuentan el drama múltiple que padecen las víctimas de violación. Kaitlyn Dever protagoniza a Marie Adler, un personaje entrañable con una historia desgarradora y lamentablemente, basada en la realidad.

Es muy triste, pero tal como lo dice alguno de los diálogos: es inconcebible que si denuncias un robo, o un fraude, nadie pone en tela de juicio tu palabra, pero si denuncias una violación, siempre se generan suspicacias. Habrá muchos que prefieran no creer, que busquen echarle tierra al asunto y que deseen hablar de algo mas.

Es inconcebible, dejamos solas a las víctimas, las abandonamos y como si el;abuso sufrido no fuera suficiente, tienen que lidiar con ese ambiente en el que no hay compasión ni empatía ni nada para aliviar el dolor a una hija, una amiga, una víctima. Pero, dos detectives, dos mujeres que quieren ir al fondo y capturar a un maldito violador en serie.

Vale la pena indignarnos, permitir que los pelos se nos pongan de punta y que tengamos a oportunidad experimentar desde la distancia lo que mujeres inocentes tiene que padecer luego de ser abusadas. Es doble abuso o triple:el que les inflinge el criminal, el descuido de las autoridades y la indiferencia de la sociedad.

El odio como seña de identidad

Sería fácil hablar de la terrible actitud de odio que el Presidente Trump ha adoptado para ganar elecciones, generar voto y construir una cantera de adoradores. Pero, dadas las circunstancias, sería mezquino. El atentado en El Paso, Texas estuvo a horas de distancia del de Dayton, Ohio. Pero, tampoco está alejado de lo que sucedió en Nueva Zelanda, en Niza, en Barcelona o en Sandy Hook. El odio es un hilo comunicante que esta presente.

Muchas voces se elevan para señalar que este ha sido el atentado en el que ha habido más mexicanos muertos. A mí ese dato me parece irrelevante, estamos hablando de vidas humanas que se apagaron por una bala, de gente inocente que fue a hacer la compra y la asesinaron por el simple hecho de estar ahí. Al hacer esos señalamientos vamos en sentido contrario, hay que condenar la muerte, independientemente de la raza de quien perdió la vida para no caer en aquello que criticamos con dolor. Las autoridades aún no revelan la identidad de las víctimas. Pero, se sabe que hay una nena de 10 años.

El odio a los hispanos es terrible y sus consecuencias ponen a temblar. Igual que el odio a los judíos, a los de raza negra, a los gitanos, a los indios, a los musulmanes, a los que no son como yo. Las declaraciones xenófobas han traído consecuencias. Los candidatos que azuzan el odio han conseguido popularidad y han ganado elecciones, pero ¿se sentirán responsables por estos atentados? Parece difícil que alguien se atribuya influencia en hechos tan delicados. Sacarán las manos, esconderán el brazo qué lanzó la piedra, silbarán su disimulo mientras otros lloran la desgracia.

Pero, criticar a la distancia es tan sencillo. Buscar qué es lo que estamos haciendo mal, complica el día de cualquiera. Patrick Cruisus, el asesino de El Paso, era un solitario aficionado a la informática, presuntamente víctima de acoso escolar. Un tipo de carácter explosivo que en su confusión de valores, creyó estar actuando como héroe defendiendo a su país. Pero, el tipo perdió, según expresaba en sus redes sociales, que había perdido el sentido de la vida.

El odio trae esas consecuencias: amargura y destrucción. Le hemos dado la espalda al amor, a la caridad, a la esperanza y a la fe. Los episodios sangrientos han sido perpetrados en su mayoría por jóvenes que expresaron un gran vacío en la vida. Los vecinos de Patrick Crusius no sabían que él vivía ahí porque no interactuaba con nadie. Se marinaba solo en el odio de alta intensidad y en el hueco de su ocio. Se sumió en n el abismo de su oscuridad.

Los ataques en Sri Lanka

El terror se hace presente, Sri Lanka sufre el peor ataque terrorista desde que terminó la guerra civil. Los atentados causan desconcierto, los residentes dicen que ya le habían perdido el miedo al terrorismo, los turistas padecen en carne propia el,pánico y el caos de los ataques. El equilibrio se rompió, ¿por qué?

El miedo a ser desplazados, las pugnas étnico-religiosas parecen ser parte de un complejo conglomerado de razones. Cingaleses, budistas y musulmanes conforman la identidad en Sri Lanka, hasta hace tan poco, la comunidad cristiana era vista como una fuerza unificadora que recibió en su seno a cingaleses y a tamiles, pero ahora es una de las principales afectadadas.

La imágenes nos ponen los pelos de punta, la piel se enchina y la razón vacila.

Bombas en iglesias, en hoteles y una constelación de ataques que terroristas que responden a las tensiones raciales sectarias y nacionalistas. ¿Cuándo vamos a entender los hombres y mujeres de este mundo que separándonos, dividiéndonos, matándonos sólo avanzamos al exterminio?

Mezquindad contra los muertos

El alcalde de Ferrol amenaza con depositar en la fosa común los restos de cuatro familiares de Franco.

La paz de los sepulcros es cada vez mas difícil de encontrar. Los que creen, los que no, los que dudan y los que tienen certezas mientras están vivos habitan en un cuerpo. Al morir, el destino de los restos tiene diversos derroteros. Hay quienes prefieren enterrar a sus muertos, otros optan por incinerar los cuerpos y dejar las cenizas en una urna que dejaran en sus casas, depositaran en un nicho, las arrojaran a una maceta, al mar o terminarán sirviendo de relleno para un cigarro. También, hay quienes son transformados en piedras preciosas.

Cada religión tiene sus ritos, los judíos no están de acuerdo con la incineración. En la India, los restos se creman en el Ganges. En Oriente hay pudrideros en los que se les facilita el trabajo a los carroñeros para disponer de alimento. Los católicos hemos sido reconvenidos por el Papa Francisco y llamados a dar una santa sepultura a los restos humanos. Nada de ponerlos en una maceta o aventarlos al drenaje. Mejor que descansen en un lugar santo.

Hasta hace muy poco hubiera estado de acuerdo con Su Santidad. Pero, después de visitar en Dublín una bar que se ubica en lo que antes era un templo, empiezo a tener mis dudas. Me pareció terrible tomarme una cerveza en la tumba de un matrimonio que seguro creyó que sus restos quedarían en un lugar de perpetua oración y bueno… no fue así. Se me ponen los pelos de punta.

Luego, leo que el alcalde de Ferrol amenaza con despolitizar los restos de cuatro familiares de Francisco Franco en la fosa común. Resulta que en el cementerio municipal de Ferrol descansan los restos de los abuelos paternos, una tía y una hermana pequeña del dictador fueron traslados al camposanto de Catabois cuando se clausuró el antiguo cementerio de Canido. Ahora, con la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de exhumar los restos de Franco del Valle de los Caídos ha comenzado a acaparar la atención de los grupos de izquierda en el Consistorio. Este lunes el pleno municipal aprobaba una moción en la que se reclama la expropiación de la tumba para evitar un eventual traslado del dictador a su ciudad natal. El Ayuntamiento requerirá a la familia el pago de las tasas del tumulto de los últimos cuatro años, el resto de recibos ya están prescritos. Si no abonasen la factura, la tumba pasará automáticamente a manos municipales. La familia tendría que decidir entonces qué hacer con sus allegados. Si la familia tampoco quiere hacerse cargo de estos restos serán llevados a una fosa común, dijo el alcalde, Jorge Suárez, de la confluencia rupturista Ferrol en Común.

Perdón, pero ¿qué culpa tienen los muertitos? Me parece una mezquindad absoluta eso de andar profanando tumbas, moviendo huesos, removiendo restos.

En serio, ¿en eso nos hemos convertido? Seguro ya no nos da miedo que nos vengan a jalar las piernas en las noches.

La estupefacción en Puerto Rico

En Puerto Rico se va de la inquietud a la incredulidad. Esto de ser un Estado Libre Asociado los deja con una brecha de identidad terrible. Situados en el medio de ser o no ser parte de la nación más poderosa del mundo, con algo que no se entiende muy bien como la definición de ser un territorio con autogobierno cuyos habitantes viajan al extranjero con pasaporte estadounidense, viven hoy uno de los abandonados más graves de la Historia.

Desde Washington, se les percibe lejos. Son una isla rodeada de agua, dijo el Presidente Trump mostrando los niveles de sabiduría que siempre le han caracterizado, pero dando cuenta de la gran grieta que separa a los habitantes de la Casa Blanca y a los puertorriqueños que hoy parecen mas latinos que otra cosa. Por allá, no les gusta el acento en español y se les olvida que Puerto Rico  forma parte de la nación. Qué los ayuden los que están cerca. 

Tan distantes son percibidos que si un huracán los devasta, no encuentran forma de auxiliarlos rápidamente. Han de creer que, como están tan cerca de Haití y de Dominicana, son más hermanos de estos que de aquellos. Puerto Rico se ve tan fuera de la mirada estadounidense, tan poco enfocada por la gente en Washington, tan apartado de Capitol Hill, tan separados de su madre patria continental que los dejan a su suerte mientras se entretienen con temas deportivos que les resultan más urgentes.

¡Qué desilusión deben sentir en Puerto Rico! Borinquen, la tierra del Edén, la Preciosa te llaman los bardos que cantan tu historia. No importa el tirano te trate con negra maldad. Nunca la música pudo encontrar mejores palabras para expresar el sentir isleño. Porque, como cantan en el Caribe, como los propios puerto riqueños sienten en la letra de su segundo himno: Porque ahora es que comprendo, Porque ahora es que comprendo,Que aunque pase lo que pase, Yo serepuertorriqueño, Yo seré puertorriqueño, Por donde quiera que ande, ooohhh,Por que lo llevo en la sangre, Por herencia de mis padres,Y con orgullo repito:Yo te quiero Puerto Rico…Yo te quiero PuertoRico,  Y por eso es que me nace hoy, Dedicarle este canto, A ese noble jibarito Raphael, Y a mi isla del encanto.

Pero, en el lejano continente esos ritmos no resuenan ni significan gran cosa. Es muy triste ver como los latinos nos condolemos con la angustia hermana, mientras la tierra que les da nacionalidad los ignora desde una posición en la que se deshonra un compromiso. Duele ver al gobernador pidiendo ayuda, indigna ver a la alcaldesa de San Juan suplicando atención y atestiguar como la que ellos pensaron que seria su patria, hoy les voltea la cara y los deja a su suerte.


 

Entre la solidaridad y la rapiña

En México, la mayoría nos tomamos de la mano frente a la adversidad. Unidos le damos cara al dolor, a la destrucción, a los escombros, al polvo, a la muerte. Pero, también existen los contrastes. La realidad nos pone frente a lo mejor y a lo peor que tenemos y una raya separa claramente a los mejores de los peores. Por fortuna, la multitud de gente maravillosa supera a la minoría de abusivos, de estúpidos, de rateros, de chistosos que abusan del dolor ajeno.

Las redes sociales jugaron, frente a la tragedia del terremoto vivido el martes pasado, un lugar preponderante. En segundos, sabíamos dónde hacía falta ayuda y manos solidarias se hacían presentes sin mayor trámite que la convocatoria. Tristemente, algún payaso ponía información falsa. Gente con palas, picos, guantes de carnaza, comida, agua, llegaba para encontrarse que ahí no se necesitaba ayuda, que algún pasado de listo quiso reírse de la buena voluntad y mando una alerta de ayuda a un lugar en donde todo estaba bien. Lo peor era el descuido con el que la gente replicaba esa información sin verificar si era cierto o no.

Hubo alertas de destrozos en vigas del segundo piso, peticiones de peritos para casas que no existían, listas de desaparecidos con nombres falsos, derrumbes que eran falsos. Mentiras viles. La onda expansiva de la desinformación se hacía más grande porque, en una necesidad genuina de ayudar, se propagaba la necedad de algún imbécil, que en la insensibilidad frente al horror se moría de risa, sin  que hubiera freno. Los memes aparecieron y afortunadamente, no han sido tantos.

Hubo topos falsos, binomios de perros que no estaban entrenados, gente que quiso meterse a los derrumbes con chalecos falsas, noticias adulteradas que se difundieron, nombres de niños que no existieron. Por eso, de repente, había personas que se ofrecían a llevar los víveres que habían comprado, o centros de acopio que se formaron de manera espontánea y la gente prefería llevarlos personalmente para verificar que todo llegara a buen puerto, o de plano entregarlo en manos del Ejército o a las universidades para que no se hiciera mal uso de la ayuda.

Sí, seguimos creyendo en el Ejército y en la Marina, que han sido héroes que siguen trabajando día y noche para encontrar vida..

Lo asombroso era ver como las filas de gente que quería ayudar, las pilas de comida, medicina, agua, ropa que se formaban en los centros de acopio. Era tanta que conmovía el corazón. Pero, una línea divide y pone a la gente en lugares distintos. Por suerte, la solidaridad opaca a la rapiña. Las justificaciones de los que difundieron noticias falsas, no valen. No se puede jugar con la buena voluntad de la gente.

Otra vez 19/09

Como si se tratara de un chiste macabro, justo después de haber hecho un simulacro para honrar a las víctimas del sismo de mil novecientos ochenta y cinco y para saber qué hacer en un terremoto, empezó a temblar la tierra. Fue violento. Fue increíble. Fue de 7.1 grados. Se sintió más fuerte. 

Minutos antes, cuando todo era simulado, cuando era de mentiritas, las cosas funcionaron a la perfección, en cuarenta segundos habíamos evacuado el edificio. La realidad del terremoto nos rebasó. Si minutos antes lo hicimos en forma ejemplar, en esos momentos los nervios hicieron de las suyas. No pude bajar. Las escaleras estaban abarrotadas y no había forma de pasar.

Siempre tuve miedo de que un terremoto me sorprendiera dando clase, pensé que no sabría qué hacer. Pero, hoy no puedo dudar de las posibilidades de una voz potente. Instintivamente, grité: No empujo, no grito, no corro. Mis alumnos salieron tranquilos y en orden. Siguiendo el ejemplo de Ricardo Bernal, que en otra ocasión me enseñó que un profesor es el último en salir, yo fui quien me quedé a cerrar la puerta. 

Al tratar de bajar, me di cuenta que jamás lograría bajar. Una persona estaba fuera de sí, llorando, tirada en el suelo, bloqueando el paso. Imposible llegar a la planta baja. Uno de mis alumnos, Dios lo bendiga, me tomó de la mano. Nos pegamos a la pared para formar un triángulo de vida. Se unieron otros dos: nos tomamos de la mano. La Torre Latinoamericana se movía como si  fuera de chicle, el campanario de Regina Coelli parecía de plastilina. El suelo se movía con fuerza. Creí que nos íbamos a morir. En ochenta y cinco, la zona del Centro fue devastada. 

Cerré los ojos. 

Fue eterno. Duró una perpetuidad. Fue infinito.

El movimiento empezó trepidatorio y luego comenzó a oscilar. Todo rechinaba. Un estruendo. Una nube de polvo. El movimiento no paraba. La gente lloraba. Yo quería gritar. Pero me amarré la garganta. Me hicela valiente. Estoy hecha migajas.

Por fin acabó de moverse la tierra.

Tratamos de tranquilizar a la persona que lloraba en forma descontrolada. Bajamos lentamente. Rostros pálidos. Cuerpos temblorosos. Espíritus solidarios. Nos reunimos en el punto de encuentro. No alcancé a tomar mi celular. Estuve cuarenta y cinco minutos esperando para que los expertos de la brigada inspeccionaran el edificio y nos dejaran pasar por nuestras cosas. Las noticias de la gravedad de las consecuencias. El corazón se me salía. Pedía a Dios por mi marido y mis hijas. No me podía comunicar.

Miro al cielo. Agradezco. Otra vez fue un diecinueve de septiembre. Otra vez lo puedo contar. Tengo una tristeza en el alma que no se quiere salir. Es verdad, la emergencia no es igual que la que se vivió hace de treinta treinta y dos años, es cierto que aprendimos de aquella lección, pero hay muerte, hay gente atrapada, hay niños que son víctimas, hay pena. 

Me sorprende la capacidad que tenemos los mexicanos para ayudar, para organizarnos de inmediato y poner las manos al servicio de los demás. Los mexicanos crecemos frente a las desgracias. Hoy, nos necesitamos grandes.

¡Gracias por no tener miedo! (#TodosSomosBarcelona)

En Barcelona se prepearan para hacer frente a sus palabras. Después de los atentados en Las Ramblas se pidio No tinc por, es decir, se convocó a no tener miedo. Lo hicieron lema para decirle al terror que no contaran con su angustia. Pero, una cosa es decir y otra hacer. Poner una banderita con palabras en el balcón de la casa y encerrarse a temblar, no sirven de mucho. La valentía busca brillar y en una manifestación sin precedente, habrá una protesta masiva en contra de la violencia y el terrorismo.

Saldrán por la tarde de los Jardines de Gracia y acabarán en la Plaza Cataluña. La alcaldesa, Ada Colau marchará junto a una escuadra por demás variada, integradora, podríamos decir. Protegidos por la Guardia Urbana, junto a Colau, caminarán el mismísimo presidente de España,Mariano Rajoy, el presidente de la Genreralitat, Carles Puigdemont y su majestad Felipe VI, Rey de España, que será el primer monarca en unirse a los plebeyos en una manifestación. 

¡Gracias por no tener miedo!, dice el lema de campaña y hacen referencia a los momentos sobrecogedores que se vivieron por los atentados de Las Ramblas. Se busca rendir un homenaje a los caídos y a quienes pusieron manos y recursos para ayudar. Se busca agradecer al solidario, al comprometido y al valiente que se puso al servicio de los ciudadanos. Tambien, se quiere dar la cara a todos los que a base de desprecio causan la muerte y se llevan la vida gritando consignas de separación.

Hoy, dicen los diarios locales, Cataluña quiere dar ejemplo. Espero que se hagan cargo de sus palabras. No tener miedo es una forma de parar el odio. Otra es detener las muestras de desprecio. En Cataluña ha habido pintas de abominación. Entre los radicales, todo lo que no es catalán, no gusta. Una forma de dejar de tener miedo y de parar el carro del terror es cuidar lo que se dice y ser congruentes con las acciones. Hay que guardar el rencor en un cajón. No sé si las razones políticas y el anhelo de separación valgan tanto como para transformar a un pueblo en aquello que se critica. 

Para volver a la normalidad, a la vida tranquila es parar las muestras de radicalización que conducen al desprecio. Pararlas de tajo. Para poner en una mesa de negociación las ideas con claridad, no se necesita ser grosero, ni perulante, ni odioso, ni agresivo. Se necesita ser lucido y para ello se requieren dos cosas: honestidad y conocimientos. Si eso es lo que veremos hoy en Barcelona, entonces y sólo así, podremos decir ¡gracias por no tener miedo! Tendremos los ojos puestos ahí. Sí, con solidaridad por el dolor y con una búsqueda genuina de poner fin al horror.

Los riesgos de la radicalización 

El mundo se estremece. En esta semana, la tensión brincó de Charlottesville a Barcelona. Apenas estábamos solidarizándonos con las víctimas de Las Ramblas cuando otro flash informativo nos volvía a quitar la calma: ahora era Cambrils. Los muertos y los heridos ni la deben ni la temen y les cubió la sombra del fanatismo atroz. Hoy, en el silencio del luto, la gente llora y Cataluña grita: No tinc por: No tengo miedo. Es valeroso salir a poner la cara frente al terror, pero la verdad es que nadie en su sano juicio puede decir que la vida sigue igual que siempre. El temor se aloja en el cuerpo al pensar quién será el siguiente.

Wikileaks advirtió sobre el proceso de radicalización en Barcelona. Es triste, pero la sociedad dividida se vuelve vulnerable. Romper el tejido social no es buena idea. Jugar a encender chispas pone en riesgo a la población. Frente a la tragedia, el análisis es necesario. Es indignante pero real: la unidad se ha roto por objetivos mezquinos: las aspiraciones políticas han agitado el avispero y han azuzado el odio en forma irresponsable. ¿Vale la pena esa división?

Entiendo que no es lo mismo ver el toro desde la barrera, pero esta fractura entre Cataluña y España siempre me ha resultado difícil de comprender. Entiendo las rivalidades porque se dan en todos lados. En México, en los años ochentas empezó una campaña en las ciudades de Guadalajara y Monterrey que decía: Haz patria y mata a un chilango. Chilango en aquellos años era la forma despectiva de dirigirse a los oriundos de la Ciudad de México. Los tonos iban escalando, las estridencias iban subiendo de intensidad y hubo un niño muerto. Todo empezó como un chiste, como algo gracioso. Un asesinato no da risa. Borraron las pintas y se acabó de tajo esa babosada. La sociedad se hizo cargo.

La división profunda que causó la campaña de Trump tiene costos y ya están empezando a pagar el precio. Las fobias y los odios que antes estaban guardadas en el closet, se exhiben en forma vulgar y tienen consecuencias. En Barcelona las pintas de odio se podían leer en todos lados. Desde el odio a los turistas hasta el desprecio a cualquiera que no hable catalán hay un arco de radicalización que termina sacando lágrimas. Es necesario conseguir serenidad y parar. 

El fundamentalismo es como la humedad en las paredes, se instila sin que nos demos cuenta y va dañando la estructura. De pronto, el paisaje urbano se mancha con desprecio y enseguida, el lenguaje ya se ensució con arrogancia y terminamos con ultrajes y vilipendios. Nos volvemos hijos de la soberbia y, llena la boca y la actitud de esa supremacía que me da ser quien soy, termino llorando una desgracia.

Los riesgos de la radicalización es que nos quedamos expuestos a la violencia. La petición del señor Hayer, padre de la víctima de Charlottesville, es lo conduscente: es urgente parar el odio. Decir que no tenemos miedo es una manera de continuar el camino, pero hay que recomponer la dirección. Si no, el hueco que forma la división entre la población seguirá siendo un riesgo y una oportunidad para que el mal penetre.

La petición de la Guardia Civil en Barcelona 

Otro golpe de terror. Barcelona cae víctima de la intolerancia, del odio y de la crueldad. El desprecio vuelve a protagonizar la narrativa de las lágrimas. La noticia recorrió los kilómetros y me llegó en forma de imagen al celular. No supe ni lo que estaba abriendo cuando ya enfrentaba el horror. La agencia noticiosa que daba a conocer los hechos en Las Ramblas subió un video de alguien que iba caminando, filmando a personas en el suelo, unas inmóviles y otras lastimadas junto a un charco de sangre. Ahora le tocó a Barcelona, trece muertos y más de cien heridos. Los sucesos tenían algunos minutos de haber tenido lugar.

En instantes, antes que nada, la primera reacción fue tocar base con la gente querida que vive en Barcelona. En seguida, la reflexión. Las imágenes eran brutales. Las redes sociales se poblaron de fotografías dramáticas. Las personas que vi, estaban en el suelo, victimizadas, dolientes, sin defensa. La pregunta gira en torno a lo que se debe hacer: mostrar e informar o abstenerse y respetar. Si difundir esas fotos es señalar y exhibir lo que es el terrorismo o si es dar escenario y servir de propaganda. 

La respuesta es de cada consciencia. La Guardia Civil pide que no se suban fotos a la red. Entiendo lo que dicen quienes se acogen a la libertad de expresión. Pero, pienso en ese ojo y en esa lente. En la necesidad de enseñar. En el temblor de las manos y en los esfínteres flojos, en las lágrimas y en las ideas que se agolpan sin encontrar coherencia. Sólo así se entiende que alguien pueda ir dando pasos, saltando heridos y muertos sin soltar el aparato y poner las manos libres a disposición de ayudar. 

El aturdimiento inmediato a la tragedia obnubila la sensatez. No se puede pedir prudencia a los que se escaparon por un suspiro de la casualidad de la tragedia. Pero, en la serenidad que llega en los minutos posteriores, se escucha la petición de la Guardia Civil. Por favor, no difundas las imágenes. El dolor es de todos.

Llevan razón. La necesidad de informar se debe subordinar al respeto de quienes perdieron la vida, de sus deudos, de sus heridos y de su gente. Barcelona llora. Lo de menos es si lo hace en la lengua catalana o castellana, si eres local o turista, si vas de izquierda o de derecha. Los que vimos las imágenes nos hermanamos con el sentimiento. Vayan las condolencias llenas de respeto. El dolor es de todos. Basta de odio. Basta ya. 

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