La llamada de Purificación

Ayer, mientras avanzaba lentamente por el Circuito Interior escuché la entrevista que Carmen Aristegui le hizo a Purificación Carpinteyro. Era tal el tráfico que me dio tiempo de escucharla toda y a detalle. Por momentos, tuve la impresión de ver como se cavaba una tumba sin que la futura ocupante se diera cuenta. Entre las ondas de radio, casi, casi pude ver al Tonto Coyote parado en el vacío del barranco a punto de caer, mientras el Correcaminos hacía bip-bip y le sacaba la lengua.
Purificación Carpinteyro no es cualquier mujer. Es una persona que tiene historia, que le gusta el reflector, que ha asestado golpes duros a gente que pensábamos intocable, y sobre todo es una mujer astuta. Pero se pasó de lista. Tal vez se sintió inalcanzable, pensó que podría jugar con fuego y salir ilesa. Pero se quemó.
Hay gente que con razón dice que se violó su privacidad, que eso es obtener información de forma ilegal y que eso no se vale. En eso no hay quién consienta. Sin embargo, es ella, la que se pone la cuerda alrededor del cuello. Carpinteyro dice que ella no ha hecho nada malo, que el negocio al que se refiere en esa llamada telefónica que circula urbi et orbi no existe, aún. Y que ella sí quiere invertir en este sector. Lo dijo con tal seguridad y prestancia que ni cuenta se dio del cinismo de sus declaraciones.
Sí, está mal que la espíen telefónicamente. Sí, es muy sospechoso que el escándalo se detone justo en el momento en que en el Congreso se cocina lo que puede ser un enorme regalo a Televisa. Sí, es cierto que no es la única, que hay más legisladores que hacen cochinadas a su favor. Sí, sin duda. Pero está peor agarrar con las manos en la masa a una diputada de izquierda que debería vigilar el bien general, torciendo destinos a su favor.
No hay que confundirnos, Si Purificación Carpinteyro fuera legisladora en otro lado, hoy no sólo estaría enfrentando un linchamiento mediático, estaría siendo obligada a retirarse de su curul, sería expulsada de su partido, se le estarían exigiendo muchas explicaciones y se le haría un vacío en su bancada. Lo que hizo no está bien. Está fatal, aunque ella ponga cara de ángel, lo que intentó hacer está pésimo.
Ayer, Carmen Aristegui le advertía a la diputada, como tratando de facilitarle un lazo salvación para que no se le fuera la boca, ¿Puri, te das cuenta de lo que estás diciendo? Pero Puri seguía dándole cuerda a su propio regodeo tan cínico. Por fin, acorralada por ella misma, terminó la entrevista, colgando la llamada. Luego vinieron las declaraciones de Acosta Naranjo y de sus compañeros de partido.
Ahora la diputada llora, con un discurso pseudo inteligente quiere marear al respetable y salir impoluta de este cochinero. Purificación se lamenta y toma el papel de princesa agraviada. No. Esta mujer ya se exhibió y a lo tonto. Ese tipo de planteamientos no se hacen por teléfono. Ese tipo de cochupos no se hacen. Ella solita cavó su tumba y los largos bigotes de Televisa ocultan una sonrisa agradecida.

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La soledad de un Senador

Que solo se debe sentir un Senador cuando nadie le dice que va por mal camino. El aislamiento es una condición asegurada del que cree que todo lo que piensa es una genialidad y que todos los proyectos que se le ocurren tienen el único fin de salvar a la Nación.
En esa soledad en la que nadie se atreve a insinuar las fallas de percepción, de origen, de postura, la gente se envalentona, se llena de soberbia y se aleja de quienes les pueden advertir que van por la senda que conduce al fracaso.
El resultado es que al llegar con gente de la misma jerarquía, las cosas no funcionan. El soberbio se estrella contra la pared construida a base de altivez, altanería y arrogancia. Mientras más se abuse, más fuerte es la caída, mayor es la decepción.
Así, vemos a un senador Lozano solo, cabizbajo, preguntándose por qué no le funcionaron las cosas. La falta de tacto se gana el aislamiento y la distancia se forja a base de pedantería y fatuidad. Creo, y parece que así es, que Javier Lozano conoce del tema de telecomunicaciones. Sin embargo, cometió un viejo pecado, se dejó endulzar el oído con sus propias palabras.
Su proyecto se ha chamuscado. No buscó el apoyo de su bancada.
¿En qué estaría pensando? ¿Creería que lograría convencer a sus correligionarios a base de órdenes?
La evidencia de que su postura no representaba la de su bancada debió de ser un foco de alerta. Pero no.
No es que sus compañeros de partido lo hayan dejado sin compañía. Lozano se quedó solo por elección. Estas soledades se forjan a base de imposiciones en vez de negociaciones. Las prisas del senador no le trajeron nada bueno. Las ocurrencias lo dejaron en soledad.

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