Calidad del aire

Ayer, la calidad del aire fue pésima en la Ciudad de México. La recomendación es encerrarnos, no salir, quedarnos quietos. Movernos no está recomendado. Hacer ejercicio al aire libre, menos. Andar en bici es malo para la salud y usar el coche es criminal. La solución queda en manos de los particulares que o nos alineamos o nos alineamos, no hay de otra. Se fataliza el uso del auto, al que le atribuyen las culpas por ensuciar lo que la naturaleza había limpiaso tan violentamente la semana pasada. Es muy fácil lanzar la responsabilidad a tantos que asumir la que le corresponde al Estado.

Si bien los autos son una fuente de contaminación, no es la única. Investigadores de la UNAM pronosticaron que las medidas del nuevo reglamento de tránsito elevarían los niveles de contaminación. Predicaron en el desierto, no fueron escuchados y la profecía se cumplió. Las autoridades prefieren esconder las manos que asumir la responsabilidad. También, estudiosos de la misma universidad propusieron una forma de programar los semáforos para agilizar la vialidad y bajar los niveles de contaminación, no han sido escuchados. En el Palacio del Ayuntamiento se padece de sordera.

La descoordinación es total. La Comisión Ambiental Metropolitana avisa de la contingencia y la obras viales no se suspenden. Los propios vehículos oficiales obstruyen la circulación y alentan el ritmo de la ciudad, ayudan a incrementar los niveles de contaminación. Ayer, un tapón vial se formó en la calle de Patricio Sanz. El caos vial lleva días. El flujo de circulación de autos se redujo por dar espacio a los ciclistas. En el  carril de los coches, el camión que recolecta la basura se para obstruyendo el paso. Los automovilistas invaden el espacio de los ciclistas. Los ciclistas el de los peatones. Los peatones se bajan al arroyo vehicular. Los autos permanecen parados mientras las señoras salen a tirar la basura. Quince minutos de obstrucción vehicular. ¿No sería mejor recoger la basura a otra hora?

Se ofrecen servicios de transporte gratuitos. Son insuficientes. El Metro y el Metrobús van más apretados que una caja de cigarros nueva y no cabe un alma más. Además no llegan a todos lados. El servicio se hace lento ante una demanda aumentada en un momento y, no podemos negar que se cometen robos y faltas de respeto, especialmente a mujeres que sufren de toqueteos por todos lados. Entre los empujones por salir o querer entrar se provocan accisentes. Ademas la red de transporte no abarca toda la ciudad. Los peseros que suplen las insuficiencias del servicio, contaminan y abonan al problema.

Pero Miguel Ángel Mancera está muy ocupado tratando de adaptar modelos de ciudades extranjeras a la Ciudad de México. Eso en principio no está mal, lo malo es que copia, como un estudiante en examen, en lugar de innovar. Hace una reproducción sin tomar en cuenta las diferencias y las peculiaridades de está megalópolis. Ya nos está empezando a costar tanta necedad, ahí está la calidad del aire. ¿Qué sigue?

  

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Derechos de las víctimas de delitos

Los que hemos sido víctimas de un delito grave, en primer lugar queremos sentirnos seguros y en segundo lugar queremos que se haga justicia. Con frecuencia nuestros anhelos se romperán en mil pedazos ya que no sucederá ni una cosa, ni la otra. Ni seguros, ni con justicia. Por desgracia, en el lenguaje cotidiano, las palabras inseguridad, violencia, crimen, se aparejan con injusticia, negligencia, abandono, impunidad. Eso es sumamente desesperanzador para el que padece un hecho de este estilo y altamente atractivo para quien lo perpetra. La cosa debería operar al revés.
Las personas que hemos sufrido un delito, mientras estamos en el ojo del huracán, queremos ser escuchadas, atendidas, asistidas y acompañadas por la autoridad, tener la certeza de que el Estado se encargará de resolver la situación. Lo mismo si te roban el auto, la cartera, si te timan, si te agreden física o moralmente, si eres víctima de un pandillero o del crimen organizado, las víctimas esperamos atención.
Después, queremos que se investigue lo que sucedió, deseamos obtener información sobre las investigaciones y avances del caso. Por último, necesitamos ver que al responsable del delito se le imponga un castigo, saber que aquel que nos dañó ha recibido su merecido y no volverá a hacer daño.
Algunos, también en estricta justicia, querrán ver que se les restituye el daño que les fue ocasionado. Es decir, las víctimas de delitos quisiéramos ver un equilibrio en la justicia. Por desgracia, esos solamente son anhelos.
Las pandillas de delincuentes raramente encontrarán castigo, los malandrines no enfrentarán justicia y seguirán haciendo fechorías apadrinados por la impunidad. Ese es el amargo sabor de boca que tenemos las víctimas del crimen en este país. No hay investigación de los delitos y, si la hay, es deficiente. Las víctimas estamos fuera del sistema judicial, quedamos reducidas a la categoría de testigos de los hechos y si tenemos suerte, la autoridad perseguirá a los delincuentes, sin tomar en cuenta la angustia, el dolor, el trauma y los costos económicos por haber sido blanco de la maldad. De informar de los progresos de una supuesta investigación mejor ni hablar, eso es tanto como entrar al mundo de la fantasía.
La maldad germina y se reproduce. La autoridad que debiera estarnos protegiendo, ya que ese es el contrato social, está transigiendo, complaciendo y beneficiando al que infringe la ley y daña al semejante.
No se castiga porque no se investiga. No se da seguimiento efectivo a los crímenes. Pareciera que lo importante es dar un paliativo a las víctimas y que después se callen el hocico y no den lata. Padecemos el olvido de las autoridades que deberían estar al pendiente de nosotros. Nos dan atole con el dedo, nos relegan a la esquina en lugar de perseguir al criminal. No hay quien se ponga a trabajar en políticas preventivas que ayuden a tener un entorno seguro.
Es urgente escuchar a las víctimas, sí. Es de mayor urgencia castigar a quienes hoy gozan de las mieles de la impunidad. Es preciso que se reconozca el derecho de las víctimas a tener justicia, es decir, a ser atendidas, escuchadas y acompañadas en el momento; a que se persiga a quienes les hicieron daño y que estos sean castigados con la misma fuerza y dimensión de su delito y que les sea resarcido el impacto económico.
Esos son, en teoría, los derechos de las víctimas. Esa debería ser la lógica actitud de la autoridad. Mientras se siga ignorando este punto central, la lucha contra la delincuencia será desequilibrada. El plato de la balanza seguirá cargado al lado incorrecto. El delincuente se sentirá seguro, su víctima desprotegida y lo que es peor, será víctima varias veces. Es decir, lo será del delincuente, de la autoridad que abusa del poder, de la negligencia con la que su caso es tratado, de la falta de investigación y de un Estado que no sabe proteger.

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Negocios creativos

Hay una tendencia en universidades de la talla de Stanford, Harvard, Oxford, Georgetown, para incluir una materia de creatividad en carreras que no están relacionadas con el mundo de las artes. Administradores, ingenieros, abogados, contadores salen de la rigidez y se les enseña a desarrollar también su lado creativo, no sólo la parte mecánica. Se sigue haciendo énfasis en el método, en la secuencia de pasos, para que llegado el caso se pueda replicar la fórmula de éxito, pero para llegar al triunfo, se le pide a los estudiantes hacer uso de la creatividad.
Las universidades abrazan la postmodernidad, admiten la posibilidad de que las respuestas estén más allá del perímetro de lo conocido. En pocas palabras, al igual que los artistas, los catedráticos invitan a sus alumnos a salirse de la caja y ver más lejos.
En estas clases se invita a los alumnos a poner atención. Se plantea un problema y se manda a los estudiantes a las calles a observar. No está permitido llevar ningún aparato con el que se puedan conectar a Internet. Se debe dar preferencia al lápiz y al cuaderno para anotar las observaciones. Se puede llevar una cámara fotográfica. Sin embargo, lo principal es hablar con la gente. Preguntar y preguntar. Privilegiar el contacto humano.
Una vez reunidos los datos, se regresa al aula a analizar. Se busca confirmar que lo que se planteó como problema, realmente lo sea, si no es así, se replantea una vez más. Se clasifican los datos obtenidos en las encuestas y, entonces sí, la imaginación a volar.
Lo maravilloso de las experiencias de creatividad en carreras tan técnicas es que la combinación da resultados sumamente poderosos. Soluciones efectivas y, más que nada soluciones fáciles de implementar. Es sorprendente ver como al traspasar los límites se encuentran verdaderos tesoros.
Salirse fuera de la caja, como dicen los postmodernos, abandonar el sitio de seguridad y volar por encima del área de confort es difícil, en apariencia, pero una vez que alguien se atreve a dar el paso, la experiencia le resulta sumamente satisfactoria.
Se presentan proyectos de todo tipo, científicos, como soluciones contra el problema del insomnio, nutricionales, como el uso del polen de abejas, de ingeniería de tránsito como el transporte escolar en ciudades de alta concentración poblacional, de moda como ropa emocional en tonos dulces y tantos más.
Sí, el arte influyendo positivamente la técnica. La unión de dos mundos en apariencia antagónicos y que al reunirlos dan proyectos novedosos, efectivos, pero sobre todo divertidos.
Enseñarle a la gente a hacer las cosas de diferente manera, encontrar caminos que modifiquen las vidas y las hagan mejores con sólo elevar la mirada y cosechar las soluciones que nos presenta el paisaje es sumamente satisfactorio. Buscar romper fronteras y traspasar limites es una aventura sumamente divertida.
Es el reto del mundo de hoy. Despertar la creatividad. Ahora no sólo las universidades están interesadas, también las empresas con el fin de entrenar a sus ejecutivos y líderes. Es un buen proyecto que traigo entre manos, ¿Quién dice yo?

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Dar la cara

Dar la cara es lo mínimo indispensable que se debe hacer en cualquier situación, con más razón si se trata de defender un punto de vista, ideales o verdades. El que se tapa el rostro es que algo quiere esconder. Es cobardía pura. El anonimato es perdida de identidad. Cuando alguien se ampara detrás de una capucha le está negando paternidad a sus ideas. A mi no me gustan los padres irresponsables que no dan la cara por sus hijos.
Los súper héroes se tapan la cara en un acto de modestia para seguir con una vida normal cuando están en su identidad de vida normal. Aquí no estamos ni en
Ciudad Gótica, ni en Metrópolis. Estos personajes que han salido a la calle con garrotes y en grito de guerra a protestar, más me huelen a anarquistas que a otra cosa.
No se trata de desestimar las ganas de protestar. Para estar en desacuerdo con las cosas sobran las razones. Para quejarse nada mas basta mirar los periódicos y ver como los indices económicos bajan y los de inseguridad suben.
Pero para hacerlo hay que dar la cara. Los mejores ideales se vuelven basura cuando se les mancha con cobardía. Ojo, cobardía no es sinónimo de miedo. Cobardía es hacer las cosas por debajo de la mesa, por la espalda.
Brutos, el asesino de Julio César, fue yerno de Catón el republicano. Sus ideales eran legítimos, sus modos no. Traicionó a quien en su estima lo llevó al poder, conspiró en su contra y por fin lo asesinó.
¿Tú también?, pregunta el César al traidor en la obra de Shakespeare. Ser republicano es bueno, ser traidor no.
Salir a manifestarse, dar una opinión, es bueno. Salir a las calles a defender un punto de vista es legitimo, causar pánico y destrozos con el rostro oculto en una capucha, no. Pensar en defender los nuestro es válido. Armarse y utilizar pistolas y metrallas de uso exclusivo del ejercito, no. Especialmente cuando no doy la cara. Especialmente cuando las razones para ocultarla no es una cuestión de modestia, sino más bien de cobardía. Además, los superhéroes están en las tiras cómicas, no en las calles.

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Creatividad en acción

Hay una tendencia seria para incorporar el tema de creatividad en las actividades de todos los días, lo mismo en la vida profesional, laboral y personal. Universidades como Stanford están impulsando cursos de creatividad en sus programas científicos, de negocios y en sus clases de educación continua. Compañías trasnacionales están acercándose a pedir cursos de capacitación en los que se ponga acento en el tema de despertar el aspecto creativo en equipos de trabajo. En muchos sectores de gobierno me han solicitado programas en los que se hable de creatividad a servidores públicos en puestos de alta dirección. Parece que la tendencia es ubicarnos en una zona creativa y eso me llena de entusiasmo.
Por años la creatividad se reservó a los artistas que, viviendo cerca de la casa de las musas, eran los únicos que podían aspirar a crear piezas musicales, pinturas, esculturas, versos, cuentos destilados de la belleza susurrada por estas hadas maravillosas y volubles que hoy visitan y mañana quién sabe. Entonces, ser creativo significaba algo más próximo a ser artista y más alejado de la cotidianidad. Eso es un mito. Para ser un artista se requiere talento. Para ser creativo lo único que se necesita es poner atención. Todos podemos poner atención.
Resulta que un estudio de la universidad de Stanford en asociación con MIT sobre productividad llegó a la conclusión de que lo más fácil para el ser humano es seguir rutinas, a pesar de que ellas no sean las mejores para llevar a cabo, en forma óptima, cierta actividad. Uno de los experimentos del estudio fue darle a un grupo de personas una ruta fija para ir de un punto a otro. El trayecto no era ni el más largo, para no hacerlo evidente, ni el más eficiente. Esa ruta se debía seguir durante veinte días y después estaban en libertad de modificarla. Nadie del grupo de prueba modificó la ruta durante la siguiente semana. Siguieron con la ruta prefijada. Por fin, se les pidió que encontraran una forma creativa de realizar el trayecto.
Los resultados fueron sorprendentes. Se encontraron formas que ni los propios líderes del proyecto, conociendo las variables, habían imaginado. El grupo de estudio que no se movió en veinte días, descubrió mejores rutas, y sobre todo mejores métodos para llegar de un punto a otro. Formas más eficientes para hacer las cosas, es decir, en menos tiempo, a menores costos, con mejores rendimientos. ¿Qué hizo falta? ¿Qué detonó el cambio? Una llamada a la creatividad, una invitación para encontrar una mejor forma de hacer las cosas. Muchas veces las mejores prácticas están sentadas en la punta de la nariz y no las vemos porque tenemos fija la atención en otro lado, porque estamos acostumbrados a una rutina que seguimos sin ningún tipo de racionalidad. Pero siempre hay mejores formas para hacer lo que sea. No es extraño que las grandes compañías, las instituciones de gobierno y las universidades estén volviendo su mirada a la creatividad.
Ser creativo es iluminar un camino diferente y mejor para hacer algo. Es movernos. Es aventurarnos a ver las cosas desde otra perspectiva. El que no se mueve se va rigidizando hasta quedarse paralizado totalmente. La parálisis lleva al empequeñecimiento y, al perder dimensiones llegará el momento en que de tan pequeño nadie lo perciba y al final termine por desaparecer. ¿Cuántas empresas, chicas o grandes, hemos visto desvanecerse por no evolucionar? ¿A cuántas personas les pasa lo mismo?
A mi me da gusto que cada vez más y más empresas, instituciones y personas incorporen el aspecto creativo a su vida, especialmente en estos tiempos en los que es más fácil estar atentos a una pantalla que a la persona de al lado. Ser creativo es un reto y aquellos que lo toman terminan con una gran sensación de satisfacción. Estar en la zona creativa es una buena idea.
¿Quién dice yo?

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