Mata más una esperanza

Nunca como hoy entiendo el dicho este que dice Mata más una esperanza que una desilusión. La agonía de los padres de los doce jóvenes del barrio de Tepito que fueron secuestrados en el antro Heavens After de la Zona Rosa de la Ciudad de México terminó. Ya saben la verdad.
Aparecieron trece cadáveres en las inmediaciones de Talamanalco en una fosa clandestina en el rancho La Negra. Aarecieron trece, sólo cinco han sido identificados.
Es una desgracia, sin duda, pero ya saben lo que sucedió. La vida dejó de estar en pausa, la duda se despejó. La verdad, por más dolorosa que sea, libera. Es evidente que para estos padres no fue agradable recibir la llamada en la que fueron notificados de lo que sucedió con sus hijos. Pero, en medio de todo, la espera terminó.
Se acabó la duda. No habrá más días esperando que la puerta se abra para verlos entrar, ni habrá horas y horas junto al teléfono pidiéndole que suene para oír su voz, ni juntas con la policía para escuchar que el realidad no saben nada, ni con la autoridades que, en apariencia, daba golpes de ciego y no daban respuestas contundentes.
Después de noventa días les llegó la respuesta, no la que querían, sin embargo, sí la que esperaban. Después de tantos y tantos días, es obvio que estarían sospechando que la llamada no les iba a traer una noticia buena. Pero la esperanza es necia, se arraiga a pesar de que no haya razones, brota porque es lo último que debe morir.
Hoy la verdad, aunque dura, ya se conoce. Podrán las familias llorar a sus hijos. Enterrarlos. Decirles adiós. Darles una tumba. En estos momentos, después de noventa días de espera, pocos sabemos de la importancia de saber la verdad; de lo relevante de un pedazo de piedra que tenga grabados el nombre y las fechas de nacimiento y muerte de aquel ser tan querido. De un lugar para lograrlos y ¿por qué no? Para orar por ellos.
No. No hay consuelo. Pero hay que dar las condolencias. Acompañar ese dolor y esa herida que, siendo de ellos, también es nuestra.

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¿Salir a divertirse?

Salir a divertirse es un anhelo de muchas personas, especialmente si se es joven, aunque no es privativo de la juventud. Esperar el fin de semana, gritar: ” Gracias a Dios es Viernes”, y reunirte con los amigos para hacer algo juntos, es para muchos, motivo de vida.
La Ciudad de México solía ser un lugar con una actividad nocturna muy interesante. Mis padres me cuentan de sitios como La Cueva de Amparo Montes, los espectáculos de Olga Breenskin, los teatros, las funciones de cine a media noche del cine. Mucho de eso se acabó con en gran sismo de 1985. Yo recuerdo que los viernes salíamos a cenar al Studio Taco, o íbamos a bailar al Vog, al News, al Quetzal, hubo un tiempo en que se recuperó el Centro Histórico y nos lanzábamos al Bar Mata o al BarRoco y uno de mis lugares favoritos era el Sugar en la Zona Rosa, en el que había de todo, buena música, buen show, El Mofles nos hacía reír, y nos divertíamos muchísimo. Ya ha pasado algún tiempo
Hoy las cosas han cambiado radicalmente. La Zona Rosa de la Ciudad de México perdió su brillo, el Sugar ya no es , ni de lejos, lo que fue, y las calles tan arboladas ya no están llenas de tiendas de moda ni de restaurantes elegantes. No. La colonia se volvió peligrosa. Sin embargo, sigue siendo atractiva para muchos jóvenes.
Los chicos de hoy, al igual que los de ayer y de anteayer, esperan el Viernes para salir a divertirse y van a los antros de la Zona Rosa. Lo terrible es el riesgo que corren al salir. Las estadísticas arrojan datos de terror. Homicidios, violaciones, desapariciones, y hasta en incendios han acabado las fiestas y reventones del fin de semana.
Es verdad que no es privativo de la Zona Rosa ni de la Ciudad de México. Salir de noche en el mundo se ha vuelto peligroso. Igual te asalta la desgracia en Viena que en Iztapalapa, ya lo sé. Pero, a veces, tiemblo de miedo al pensar en lo que sucede por las noches en mi ciudad. La gente sale a divertirse y la cosa termina en tragedia. ¿Por qué?
La respuesta radica en un viejo consejo, busca la sana diversión. Por desgracia las salidas se mezclan con alcohol y con drogas. Antes los borrachos eran más contenidos y los dealers más discretos. Hoy todo se enreda y se desordena. El descontrol llega a tal nivel que ya no se sabe si al salir de antro te estas jugando o no la vida.
En el último mes los medios de comunicación han dado cuenta de una serie de eventos delictivos de alto impacto relacionados con antros. El nieto de Malcolm X perdió la vida a golpes en un antro en Garibaldi, Noé Hernández fue agredido en un bar y días después perdió la vida, en la Condesa un dealer fue sacado de un antro y luego fue asesinado. Mala mezcla es el alcohol, las drogas y la inocencia. El veintiséis de mayo desaparecieron doce jóvenes que fueron vistos por ultima vez en el Heaven, un antro after hours de la Zona Rosa. Estos eventos han encendido los focos de alerta sobre los niveles de inseguridad y violencia a la que se enfrentan quienes salen a divertirse en la noche.
Las actividades delictivas que generalmente se toleran en los antros constituyen un riesgo constante, la violencia escala cuando nos hacemos de la vista gorda. Todos estamos involucrados de una u otra manera. Unos por volver la mirada a otro lado, otros por no regular los giros negros, algunos por vender y otros por comprar drogas.
Ahora estamos en la temporada de los operativos de seguridad que parecen más una solución tan provisional y a destiempo como tapar el pozo después del niño ahogado. Claro, ni modo que lo dejemos sin tapar, pero la solución debe ser profunda y de largo aliento.
Si el Distrito Federal quiere ser una ciudad de clase mundial, no puede mandar a la gente a dormir a las once de la noche. Salir a divertirse es lo natural, es lo sano después de una semana de trabajo. La diversión es una fuente de derrama económica y las autoridades deben asegurar y promover una diversión segura.
De no ser así, en lugar de decir: Gracias a Dios que es Viernes, suspiraremos con preocupación y diremos: ¡Ay, Dios, ya es viernes! Y no nos darán ganas de salir a ningún lado.

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Unas por otras

Tal parece que otra francesa atraerá la atención de los mexicanos. En este caso no se trata de una mujer con cara de ángel y antecedentes del diablo. No. Tampoco es una ex convicta convertida en heroína por obra y arte de la diplomacia. No. Se trata de una madre que fue despojada de sus hijos por su ex marido. Una mujer que quiere recuperar a sus hijos y que cuenta con una sentencia favorable de la Convención de La Haya. Aunque no está muy a la vista, este caso jalará los reflectores. ¿Cómo es posible que una madres sea despojada de sus hijos y cuente con una resolución favorable de la corte internacional y aquí no pase nada?
Lo que pasa es que no estamos hablando de cualquier madre ni de cualquier padre. Se trata del caso de Maude Versini, ex esposa francesa de Arturo Montiel quien como sabemos fue gobernador del Estado de México y es el flamante tío y padrino de, nada más y nada menos, Enrique Peña Nieto. Claro, no es que este dato sea relevante en ningún sentido.
Maude Versini vivió el sueño de la Cenicienta. Paladeó las mieles de la riqueza, fue protagonista en todas las revistas del corazón, se pavoneó entre la crema y nata de la sociedad mexiquense y disfrutó de los privilegios de ser la esposa de un hombre tan poderoso. Luego vino el desprestigio, la época de vacas flacas, el rompimiento, la separación y según ella dice, la despojaron de sus tres hijos. ¿Qué pensaría Maude? ¿Soñaría con mantener el mismo nivel de vida alcanzado en México amparada por una generosísima pensión alimenticia? ¿Qué nunca supo de con quien se casó? ¿Tanto lujo la distrajo?Al parecer, ella como Florance Cassez, jamás se enteró de las actividades de su marido. ¿Qué nadie le dijo a estas mujeres que los cuentos de hadas se desarrollan en los libros y no en la vida real? ¿Qué no hubo nadie que les advirtiera de los riesgos de nadar entre tiburones?
Pero hay diferencias. No es lo mismo Versini que Cassez. A Maude se le puede acusar de arribista, de interesada, de nueva rica, haber sido de grosera y prepotente, de falta de miras y de una lista interminable de defectos, pero no de ser torturadora ni secuestradora.
¿Por qué el gobierno francés apoyó a Florence y se hace el disimulado con Maude? Hay quienes piensan que esto se debe a un quid pro quo diplomático. Es decir, unas por otras. Ahí te va Cassez y cállame a la Versini. Tal vez ambos gobiernos sean conscientes de no se puede ganar todas y decidieron dividirse. Tú la secuestradora, yo la madre. Si esto es así, a Francia le tocó la peor parte.
Tal parece que otra francesa atraerá la atención nacional. Si y sólo si no se pone una cortina de humo en este tema. Dados los personajes de la historia, es probable que el humo sea muy oscuro. Quizás, al platicar Hollande y Peña acordaron: mucho ruido y luces para una y silencio y discreción para la otra. Quid por quo, insisto, a Francia le tocó la peor parte. La parafernalia mediática para alguien que no alcanzó la justicia y el mayor sigilo para una madre que se quedó sin sus tres hijos. ¿Habrá sido el típico: unas por otras?

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Florence Cassez libre

Se ha ordenado la liberación inmediata de Florance Cassez. La Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia acordó por mayoría de 3 votos otorgar a la francesa un amparo liso y llano para que sea liberada de inmediato, por las graves violaciones a sus derechos de presunción de inocencia y debido al proceso irregular al que fue sometida.

La ministra ponente Olga Sánchez Cordero, cambió el sentido de su proyecto, que proponía amparar a Cassez para que se le dictara una nueva sentencia, y propuso su liberación inmediata mediante un amparo liso y llano que deje en libertad de inmediato a la ciudadana francesa sentenciada a 60 años de prisión por secuestro y delincuencia organizada.

“En el ánimo de construir una resolución en este asunto, retomaría mi posición inicial, sobre los efectos y propongo cambiar los resolutivos de mi proyecto, propongo un amparo liso y llano”, dijo después de escuhar las posturas de Arturo Zaldívay y Gutiérrez Ortiz Mena.

Me imagino lo feliz que están Florence Cassez, sus padres, el cuerpo diplomático francés y los detractores de Genaro García Luna. Me imagino, con mucha precisión, lo que sienten las víctimas de secuestro.
No sabemos, jamás sabremos si está resolución de la Suprema Corte, abona a la justicia o no. No lo sabremos porque la evidencia fue muy manipulada, se le privó de derechos que le permitieran al juzgador tomar decisiones objetivas.
Me parece terrible que una mujer inocente haya permanecido ocho años en la cárcel. Me parece indignante que una secuestradora salga a la calle, con una pena condonada que debió cumplir. El delito de secuestro es grave. Causar tanto dolor no tiene nombre. Causarlo a personas inocentes es imperdonable, seas quien seas.
Yo no se si Cassez es inocente o culpable. Ella sí. Sí que lo sabe. Lo que sí se es que en este caso eso es lo de menos. No tendremos acceso a la verdad. Me gustaría saberla. Lisa y llana, como el amparo que le fue otorgado.
Los delitos que le imputaron son muy graves y aunque no lo fueran, lo mejor sería conocer lo que realmente sucedió. Por ella, ya que jamás se nos quitará la duda de si fue capaz de torturar como dicen que lo hacía, su nombre estará asociado en el inconsciente colectivo con el de delincuentes, en su caso siempre quedará la sospecha de que no fue un acto de justicia sino de favores diplomáticos. Sí, lástima por ella. También por las víctimas que hoy no se sentirán arropadas por la justicia, que tendrán miedo de topársela algún día, que se preguntaran cómo pudo suceder algo así, que sin duda estarán acongojadas y temerosas.
Caminará libre Florence Cassez por las calles de México. ¿Qué revelará su mirada? ¿Injusticia, dolor, arrepentimiento, alivio, resentimiento? Tal vez en su mirar esté la clave de la verdad. Ustedes, ¿qué piensan?

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