Los primeros elegidos

En la víspera de la Nochebuena, mientras muchos piensan en envolver regalos, en preparar la cena de Navidad, en recibir a los que vendrán de lejos, hay familias que están tristes. Son los primeros en ser elegidos por la administración lopezobradorista para dejar de pertenecer al sector público. Les dan las gracias y los mandan a sus casas a vivir las fiestas en el desempleo. Cuando les preguntan a Tatiana Clouthier y a Mario Delgado, en vez de hacerse cargo, dicen que le pregunten a Peña.

¿Será que no entienden que ya son ellos los que están al frente y que Enrique Peña ya es Historia?

Me da una pena terrible, muchos funcionarios del SAT que se quedaron sin empleo votaron por López Obrador y hoy están en su casa sentados frentes a sus familias sin saber cómo le harán el próximo para salir adelante. Es verdad, la burocracia es así, cada sexenio hay cambios y cada nueve presidente llega con su propio equipo. Sin embargo, ellos creyeron que eso sería cosa del pasado y que su trabajo estaría respaldado por su trabajo, por sus resultados y por su desempeño.

No fue así.

López Obrador recibió un Sistema de Administración Tributario eficiente y se le premia con una serie de despidos masivos. Es por austeridad, es para evitar la duplicidad de funciones. No podemos ser ingenuos, López Obrador prometió adelgazar el sistema burocrático. Cree, como lo creemos muchos, que un aparato más delgado es más ágil y eficiente. Eso, ni hablar. Sin embargo, lo que a mí me resulta despreciable es que muchos de los que hoy sí tiene trabajo y responsabilidad se quieran lavar las manos. ¿Cuánto hace falta para que se den cuenta de que son ellos los que están al frente y los que mueven los hilos?

Los primeros elegidos ya pasaron por el rasero lopezobradorista. Y, en medio de todo este tono festivo por la Navidad, hay familias preocupadas a las que el desconsuelo les habita el alma.

Pobreza alimentaria y desperdicio

Recuerdo con cariño a don Jalil. Era el abuelo de una de mis amigas de secundaria. Tenía un lote de autos usados al que llegaba a trabajar muy temprano en las mañanas. Lo primero que hacía al llegar a su oficina, antes de empezar a vender, era preparar café para poderlo compartir con quienes llegaran a verlo, y es que Don Jalil, al ser un extraordinario conversador, siempre tenía muchas visitas. Él decía que así, entre la platica y las anécdotas, vendía más coches. Creo que tenía razón, el señor hizo una fortuna muy respetable.
Como la mayoría de los libaneses que llegaron a México el siglo pasado, Don Jalil llegó con una mano adelante y otra atrás, huyendo del hambre que azotaba Beirut. “Vine a este país porque me dijeron que aquí había comida en el suelo. Y es cierto. No me da vergüenza decir que al llegar al Puerto de Veracruz anduve recogiendo plátanos y mangos que estaban tirados en la calle. Lo que me pareció un sueño en mi tierra, se hizo realidad en esta patria bendita. Con la panza llena pude trabajar, y mira, no me ha ido mal.”
Hoy me acordé de Don Jalil al leer la primera plana del periódico Reforma. Las ocho columnas se las lleva la noticia de que en México se tira comida pese al hambre que padecen muchos mexicanos. Hay veintiún millones de personas que padecen pobreza alimentaria en esta patria bendita, como la llamó Don Jalili, y más de cuatro millones de toneladas de comida al año que se van a la basura. Me parece una sinrazón absoluta. Parece que vivimos construyendo una torre de Babel, hablamos de lo mismo y no nos entendemos. Se inició una cruzada contra el hambre, para aliviar a poco más de siete millones de personas en cuatrocientos municipios en pobreza extrema, sin darse cuenta de que el problema podría estar solucionado de antemano, poniendo en contacto a los que tienen hambre con los que desperdician.
Muchas empresas destruyen sus inventarios, en buenas condiciones de consumo, porque dicen que el trámite de donación es largo y engorroso. Es verdad. Pero eso no es pretexto. Recuerdo que hace tiempo, cuando dirigía una empresa de tiendas de conveniencia, estuvimos a punto de destruir parte del inventario porque no pudimos concluir el trámite de donación y hacer deducible el gasto para tener beneficios fiscales. Mi amigo Pepe Aviles, un misionario jesuita en Chiapas, me preguntó si no me parecía una gran mezquindad dejar de donar por no tener una deduciblilidad tributaria. Si, Pepe tenía razón. El inventario fue a dar a comunidades del estado de Guerrero y de Chiapas. La deducibilidad no se concretó, pero la buena acción si.
Es responsabilidad de la Secretaría de Hacienda agilizar los trámites de donación y dar un beneficio a las empresas que ayudan regalando los inventarios que ya no podrán vender. Pero es una responsabilidad social no tirar a la basura un alimento que puede aliviar al hambriento, los trámites fiscales y tributarios lentos no justifican esta destrucción y desperdicio de alimentos.
Tirar la comida es un acto de descarada mezquindad. Me escandalizan las cifras. Tener una solución al hambre de mi gente y no darle curso me parece inaudito. Tal vez, deberíamos aprender de Don Jalil, antes de abrir las puertas de su negocio, ponía café para compartir. No le importaba si la bolsa de café era deducible o no. Claro, Don Jalil supo lo que era tener hambre.

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