El tortuoso camino hacia la Transparencia

Amanecemos con una novedad que en realidad no sorprende: el paquete de leyes anticorrupción y pro transparencia se ven frenadas por el poder legislativo. El doble discurso toma la palestra y nos dicen que sí pero no cuándo. Nos vuelven a dar atole  con el dedo y entramos a un espiral en la que a los ciudadanos nos interesa acabar con la fuente de enriquecimiento ilícito  y a quenes se benefician de la opacidad les interesa que las cosas queden como están. El camino de la Transparencia es tortuoso, quienes debieran despejarle la vía son los principales interesados en ponerle piedras.

Y claro que le pondrán obstáculos, el botín es muy jugoso. Conocemos de fortunas que crecen a tasas de triple dígito en forma inexplicable, nos enteramos de sueldos estratosféricos para puestos de niveles bajos, leemos de mansiones, yates, autos, joyas de gente que poco tiempo antes tenía estilos de vida mucho más austeros. Las historias de transformación de gente que ahora es multimillonaria se repiten. No se trata de gente brillante que aprovechó una oportunidad, se trata de pillos que aprovecharon la opacidad para robar, defraudar y quedarse con lo que no les corresponde. La voracidad, el abuso y el cinismo son escandalosos. Y, aunque ahora unos se esten rasgando las vestiduras, lo cierto es que las manos manchadas están por doquier. 

El problema es que la falta de transparencia facilita el ilícito. Es tan sencillo caer en la tentación si nadie ve que estoy haciendo mal y es más fácil cuando no hay consecuencias por las malas conductas. En la opacidad, todos los gatos son pardos. Y, por lo visto así quieren que se siga. El proyecto de ley anticorrupción se llevó un duro golpe. Ahora resulta que la difusión de las declaraciones patrimoniales deberán tener el aval de los funcionarios, es decir, a lo transparente, échale una cortina   de humo. Como que la transparencia les gusta, pero no tanto. 

No les gusta quedar expuestos, se sienten vulnerables. ¿Por? 

La cosa es que la corrupción apuesta al olvido y la posibilidad de ganar es alta. Entonces, al son de déjame nadar de muertito, déjame hacer como que me preocupa esto de la Transparencia, pero ni creo una Fiscalía que persiga esos delitos ni reformo el Código Penal ni le muevo mucho, no sea que al final alguno de los amigos termine en la cárcel y abra la boca. No sea que descubran que no tengo las manos limpias. 

Esta Ley Ciudadana Anticorrupción puede nacer muerta si nosotros, los principalmente interesados, nos olvidamos del asunto. Debemos mostrar nuestro hartazgo a estos cínicos que roban tanto y luego no tienen la elegancia de demostrarlo. Quieren ocultar sus delcaraciones patrimoniales pero se exhiben en lugares públicos encendiendo puros con billetes. Cómo no, el que nunca tiene y llega a tener, loco se quiere volver. Encima, piensan que son nobles de sangre azul y les aterroriza que algún maleante les quite su fortuna. Arrugan la nariz y viven sintiendo que caminan entre nubes. Les da pánico que alguien pueda hacerles daño. ¡Pobrecitos! 

No se dan cuenta que se les nota, que la mona aunque se vista de seda, mona se queda. No importa que vistan con trajes de diseñador italiano, que calcen zapatos hechos a medida, que lleven anillos en cada dedo, se adornen la nariz con piedras preciosas y sus relojes valgan lo mismo que un departamento de interés social, la mancha en las manos es evidente. El dinero mal habido se nota, no se puede esconder. Además, hacen una exhibicion del mal gusto. Caritas operadas, labios abultados, frentes planchadas, facciones paralizadas se combinan con bolsas, plumas, mancuernillas que mientras más ostentosas, más les gustan. Así que lo único que nos queda es seguir poniendo el dedo en el renglón. Aprender la lección. Castigar con nuestro voto a aquellos que a la hora buena, traicionaron la expectativa ciudadana. 

El camino de la Trasnparencia en México no será fácil, menos lo será si la dejamos en el olvido. 

Los sucesos de Colonia

La migración tiene aspectos muy duros, no sólo para el migrante si no para los que sirven de anfitriones. En la parte romántica, la que es políticamente correcta, todos hablamos de lo triste que es que la tierra expulse a sus originales, de las condiciones terribles en las que muchos tienen que abandonar todo, de las esperanzas de llegar a una vida mejor. Sin embargo, hay aspectos reales que se alejan de lo adecuado; aquello que se habla por lo bajo, porque da pena y se corre el riesgo de ser clasificado como intolerante, pero que sucede y es horrible.

Sucede como cuando abres las puertas de tu casa a un invitado. El que funge como anfitrión tiene ciertos ritmos de vida, ciertas costumbres, ciertas reglas que se espera sean respetadas por la visita. Las horas de comer, el uso del baño, el cuidado de las cosas se hacen al modo de quien recibe y el que llega se debe adaptar. No obstante, el ciclo de la casa se modifica cuando hay visitas y aunque el invitado sea educado, discreto, comedido y estupendo. Las actividades toman un tinte diferente. Tambien el de la casa se tiene que adaptar. Así, tanto el visitante como quien lo recibe le tienen que echar ganas al asunto para que todo salga bien.

Lo malo viene cuando el invitado se porta mal en casa ajena, cuando a la hospitalidad se corresponde con patanería. Es horrible ver que el invitado se levanta tarde, que se hace esperar, que se acaba el agua caliente del baño, que ensucia las toallas o rompe la perilla de la puerta. Es desagradable convivir con alguien que no tiene modales, que hace ruidos, que no tiene consideración. Es intolerable cuando falta al respeto. Esa frontera no se debe cruzar.

Resulta que  de repente el invitado ya está súper instalado en tu casa. Ya la siente suya. Ya es obligación del anfitrión servirle, apoyarle, mantenerle y el agradecimiento se desdibuja y la cotidianidad hace que se le olvide el estatus en el que se encuentra. La patanería crece, los malos comportamientos van en aumento y si el anfitrión los hace notar o decide cerrar las puertas o expulsar al que no estuvo a la altura de la hospitalidad, entonces queda mal, se le juzga de xonófobo y se le critica por intolerante. Pero hay cosas que no se pueden tolerar.

Los hechos sucedidos en Colonia entran en el conjunto de lo que no es posible aceptar. Los ataques a mujeres el día de la Noche Vieja son más que la convivencia de diferentes mundos o el choque de culturas, son aberrantes. Las victimas, en su mayoria jóvencitas, replican declaraciones similares: Entre varios me sujetaban los brazos por la espalda y cinco más me tocaban. Me quedé paralizada por el terror. A mis amigas les estaban haciendo lo mismo y ellas gritaban, pero había tanta gente alrededor que sus gritos se perdían, ha relatado Evelyn, una joven de 16 años a la cadena de televisión N-Tv. La única posibilidad de identificar a los agresores es que alguna cámara de seguridad haya grabado las imágenes, ya que los atacantes no se cubrían la cara y podrían ser identificados. La mayoría han sido fichados como personas que gozaban del privilegio del asilo político.

No fue un acto aislado. Fueron muchos los abusos reportados en Colonia. Cueron agresiones sexuales y robos. Lo más probable es que sean más de los reportados porque, ante la vergüenza y el pudor, muchas no denuncian. Sé que no todos los migrantes se portan mal, soy consciente de que tienen un papel central en las economías de origen y destino y entiendo que en estos hechos pagan justos por pecadores. Pero nadie debe morder la mano de un anfitrión. Nadie debe corresponder mal al que le trata con bondad. Nadie.

Ahora resulta que las chicas deben quedarse encerradas en casa para evitar ser agredidas. Ahora las alemanas deben de encerrarse para que nomles falten al respeto. Ahora el dueño de la casa se debe pertrechar en la alcoba mientras el invitado baila sobre la mesa del comedor y destruye la casa. Es rídiculo. 

Con independencia de la calidad migratoria de los agresores, lo que está mal, está mal. Así, sin adjetivos ni aderezos. Está mal abusar. Está peor hacerlo con chicas adolescentes. Los sucesos en Colonia, mas allá de cualquier componente migratorio, de nacionalidad, de circunstancia, de política o de cualquier otro aspecto, son simplemente inaceptables.Traerán  consecuencias y, lamentablemente, pagarán muchos justos por algunos pecadores.

  

¿Para qué sirven los delegados en el D.F.?

Veo las imagenes de edificios saqueados como si una marabunta de cuatreros hubiera entrado por la puerta trasera y se hubiera llevado todo sin que nadie se hubiera dado cuenta. Me entero de las cifras que importan obras que nunca se hicieron, que se empezaron y jamás llegaron a acabarse, de las que cobraron muchas veces su valor real, de las que recién terminadas ya estaba deterioradas. Oigo las declaraciones de los delegados que están entrando en funciones y la sangre se me sube a la cabeza.

No. En realidad, no hay sorpresas. La imagen de muchos de los delegados salientes estaba por debajo de los suelos incluso antes de entrar en funciones. Lo que sí llama la atención es que a pesar de saberlo, fueron votados. No conformes, conociendo sus malos manejos, su pésimo prestigio y el historial de deshonestidades que les antecedían, fueron votados nuevamente. Adquirieron un fuero que los permite ver, muertos de risa, como pueden seguir robando, extorsionando y haciendo el mal sin que les pase nada.

¿Para qué sirven los delegados en la Ciudad de México? Para hacer un patrimonio de forma ilegal, para malversar fondos, para forjar virreinatos más poderosos que los vistos en la Nueva España, para heredar linajes de generación en generación y para gozar de canonjías que les otorgan situaciones de privilegio que cualquier noble europeo envidiaría. Pero eso de administrar a favor de la ciudadanía y de cumplir promesas de campaña, francamente, no es lo de ellos. Tampoco trabajar.

Planteo un reto. Traten de hablar con algún mando intermedio de cualquier delegación política, vamos a ver si lo encuentran. Los únicos que van a la oficina son las personas de base, las de la línea de golpeo, que por supuesto, no tienen jerarquía para ejercer nada ni para decidir nada ni para resolver nada. Buscar a un delegado es tan sencillo como entender las teorías de los que ganan premios Nobel de física.  Ir a las delegaciones es ver trabajar a los de la ventanilla única y contemplar como los otros se espantan las moscas mientras bostezan.

Los delegados ni son presidentes municipales ni gobernadores ni nada. Dependen de todo del gobierno central de la Ciudad y no tienen autonomía para hacer casi nada. Eso sí, muchas delegaciones son tan extensas que lo poco que les dejan para maniobrar, sigue siendo un tesoro maravilloso. Iztapalapa tiene la misma población del Perú y se le puede equiparar en términos de actividad económica. No estamos hablando de cacahuates. 

Estos hijos de Alibabá se relamen los bigotes ante semejante banquete y les importa muy poco llegar a servir a la gente. La vecinocracia se ha convertido en un bastión para movilizar gente, para arengar posiciones y radicalizar problemas que se ven coronados con más canongías que van en contra de los intereses de los ciudadanos de a pie. Y, como nada sacia su voracidad, no pueden ni dejar los muebles ni las computadoras ni los autos ni nada. Jalan con todo, como si les perteneciera, y se lo llevan a otro lado, como si eso fuera correcto. 

La lógica nos dice que si nos roban algo y hay evidencia de quién fue, hay que castigar al responsable y hacerlo regresar lo que se llevó. ¿Entonces? ¿Por qué no llaman a los delegados saqueadores a cuentas? Si ellos eran responsables, que den la cara, que expliquen y digan que pasó. Pero nada de eso pasa. A nadie se le exige que regrese las cosas y nadie recibe un castigo por esos comportamientos. Es mas, todavía los premiamos con un voto que les da fuero.

¿Para que sirven los delegados en el D.F? Yo veo baches por todos lados, veo vecinos amedrentados por grupúsculos  que se benefician de la cercanía con la delegación, veo basura, falta de servicios, problemas de convivencia y movilidad. Veo exigencia y peso de la ley para los que no están cerca. Veo extorsión, cobro de mordidas y solicitud de cuotas. También veo excepciones a las reglas, beneficios y mejores condiciones para los que sí gozan del favor de los delegados.

Si para eso sirven los delegados, ¿no sería mejor que los quitaran?

  

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