Por una fotografía

Una fotografía es algo más que una imagen fija en un material sensible a la luz. Es la posibilidad de perpetuar un instante, de atrapar un segundo y liberarlo de las manecillas del reloj. Es alejarlo de la posibilidad de extinción inmediata y condenarlo a la caducidad del material impreso. Sí ese material es digital, el daguerrotipo brincará a los niveles de la eternidad.
El ser humano del siglo XXI ha desarrollado un tórrido romance con la fotografía. Hoy, Joseph Nicéphore Niépce, se debe sentir sumamente orgulloso del invento que generó siendo un soldado retirado del ejército francés, mientras disfrutaba el ocio en el pequeño pueblecito de Le Gras.
En estos momentos, hay cientos de personas subiendo fotografías en Instagram, publicándolas en Facebook, colgándolas en Twitter, enviándolas por Whatsapp. En la era de la autopromoción, la fotografía vale más que mil discursos y sobrepasa cien mil ideas. Mientras más te vean, más te adoran.
Atrás quedaron los días en que los paparazzi eran los únicos que harían cualquier cosa por obtener la imagen anhelada, la valentía y la imprudencia de estos seres se ha reproducido con virulencia y se ha instalado en el código genético de miles de seres alrededor del mundo. Hay un hambre por invadir el espacio con imágenes. Sí el la propia, cuánto mejor.
No estoy hablando de la frivolidad exclusiva de púberes y adolescentes. Me refiero a los grandes esfuerzos que primeros mandatarios hacen por retratarse y dejarle así un legado a la Humanidad. Aunque sea ese tipo de legados. Lo de menos son los sacrificios, las carretonadas de billetes y monedas que eso implica, las molestias que generan y se autoinfligen. Lo relevante es obtener la imagen.
Fíjense si no. Vladimir Putin gasta fortunas para tomarse la foto inaugurando los Juegos Olímpicos de Invierno, a pesar de que sabe que el valor presente neto de esa inversión es negativo. El presidente Mariano Rajoy viaja por horas, hace fila de espera para tomarse una foto con Barack Obama en la Oficina Oval y regresa con el preciado tesoro en las manos; no se lleva nada más de la visita. Toluca se paraliza. Hay movilizaciones de las fuerzas armadas mexicanas, del servicio secreto estadounidense y de inteligencia canadiense para la Cumbre de los Líderes de Norteamérica. La foto quedó muy chula. Eso y la piropeada que le dieron al chorizo toluqueño, que resultó imposible de degustar. Miles de pesos, dólares y monedas canadienses se invirtieron en una foto en que Enrique Peña se veía muy bajito. De visas, migración, tráfico de armas, violación de derechos humanos, nada. ¿A poco querían que nos señores estadistas salieran con la cara avinagrada? Dios guarde la hora. Podrían haberse despeinado. No, eso sí que no.
Claro que hay algunos que cotizan muy caro posar para la cámara. Fidel Castro se toma la foto, si y sólo si, le condonan la deuda. Concedido. Todo con tal de que el Presidente de todos los mexicanos tenga su foto del recuerdo. ¿Se la habrán autógrafiado? A lo mejor no. Tal vez por una firma de Fidel haya que pagar más. Sí, aún más.
Lo triste es que mientras los mandatarios gastan los dineros de sus pueblos en tomarse las imágenes que nos heredaran para la posteridad, la mayoría ni cuenta se da por estar posando para sus propias cámaras.
Por obtener una foto, por esa fotografía, valen todos los esfuerzos. Al menos eso parece pensar la mayor parte de la humanidad. ¿No es por eso que ahora encontramos en los diccionarios en inglés la palabra selfie? ¿Cómo lo diremos en español? ¡Es lo de menos! Lo importante es no moverse y salir en la foto.

20140225-105926.jpg

Alonso Mateo el icono fashion de cinco años

Siempre se ha dicho que el estilo no tiene edad. Tal parece que nunca esta afirmación ha sido tan cierta como en la figura de Alonso Mateo, un pequeño de cinco años cuya cuenta de Instagram reúne más de veinticuatro mil seguidores. Tan popular es este chiquitín nacido en Monterrey que la revista The Cut lo cataloga como un icono de estilo.
Es verdad que un pequeño de esta edad no logra esta visibilidad por sí solo, su madre Fernanda Espinosa, tiene mucho crédito. En las fotos podemos ver al niño vestido de mocasines y blazers, lentes de sol, camisas con las mangas enrolladas, modelando como si estuviera desfilando en pasarela.
Dicen que es el niño quien escoge los atuendos y accesorios con los que se viste. Me parece tan difícil creer que el pequeñito lo haga solo sin la asesoría de la madre. Dicen que el chiquito se toma fotos frente al espejo con su propio IPod, o su iPad y las sube a su cuenta de Instagram.
Me resulta difícil simpatizar con las palabras de la madre que dice ” la educación que le doy a Alonso lo mantiene aterrizado”. Eso no lo sé. Lo que si es evidente es que el niño ha crecido dando gran importancia a la visibilidad y al gusto por la moda.
Es indiscutible que Alonso Mateo gusta y tiene popularidad. Las fotos del niño son muy estudiadas, las poses se alejan de la improvisación, todo en equilibrio, no hay arrugas, ni nada fuera de su lugar. No son las fotos espontáneas que una mamá sube a la red para presumir al festivo fruto de sus entrañas. No. Son fotografías que tienen una intención. De ninguna manera es casual el número de seguidores que Alonso Mateo tiene. Es la cosecha de un trabajo arduo que se ha hecho con el niño, que dicho sea de paso, está muy lindo.
¿Me gusta ver sus fotos? No lo sé. Me hace gracia ver a un pequeñito posando como un profesional pero no me dan ternura. Tal vez esa sea parte de la intención.
La sensación que me queda al ver esas fotografías es de preocupación. Recuerdo, sin remedio, a tantos y tantos niños que han gozado de la popularidad que les da el talento. Pienso en Michael Jackson, en Gary Coleman, y en tantos otros que sí fueron populares y que también padecieron las propias Jodie Foster y Brooke Shields dan cuenta de la angustia que les produjo abrir las puertas de la fama a tan temprana edad. La prisa que lleva a que algunos seres humanos se brinquen las etapas de vida y asuman roles distintos a los que corresponden a su edad es muy seductora.
Sin embargo, hay que decir que en estos momentos de desprecio a la otredad, la imagen de un pequeño mexicano que vive en los Ángeles y tiene tanta popularidad llama la atención.

20130628-070017.jpg

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: