Los sinsentidos en la Ciudad de México

Parece que en una de las ciudades más grandes del orbe se vive en el mundo al revés. Se escuchan los discursos oficiales, se analizan los planes de gobierno, se examinan los programas de desarrollo y las intenciones que ahí se plasman y uno podría concluír que la Ciudad de México es una chulada que se mueve como relojito bien sincronizado. Sin embargo, al pasar por el tamiz de la evaluación, las cosas cambian radicalmente. 

En lo grande y en lo pequeño hay problemas. Basta detenerse en el asunto de la Línea 12 del Metro, la obra dorada del sexenio pasado y nos topamos con una amarga verdad. Las palabras no honran los hechos. En ese proyecto todo estuvo mal, desde la concepción hasta la ejecución. No hubo un sólo acierto. Tantos errores y cálculos contrahechos parecen salir de un cuento de chistes pero se nos quita la risa al ver el dineral que se tiene que pagar por algo que no funciona. Ya nos dan ganas de llorar cuando vemos los resultados del estudio que se presentó en la Asamblea de Representantes. Se mencionan los errores pero no hay sólo nombre que apunte a la responsabilidad de los hechos. Parece como si los actos se hubiesen generado en forma espontanea y fueran hijos del viento. Todos sacan las manos y fueron tantos los que movieron el asunto que es sencillo salir del tema sin pagar las consecuencias. 

Cada uno desde su trinchera le avienta la bolita al otro. Funcionarios, exfuncionarios, empresarios, inversionistas, todos dicen yo no fui, como si eso fuera suficiente. Nada queda claro y la transparencia es tan limpia como el agua turbia de un río contaminado. Lo cierto es que la evidencia nos dice que un gobierno capitalino galardonado como el del mejor alcalde del mundo tiene esta terrible mancha y un consorico prestigioso que recibió todo el apoyo, falló descomunalmente.

Entonces, cualquiera pensaría que si los grandes fallan, habría que volver la mirada a los pequeños y apoyarlos para que sean los micro y pequeños empresarios los que saquen la casta en favor de esta gran ciudad. Ja, ja, sí, cómo no. Los emprendedores en esta capital sufren el acoso de las autoridades. Están sujetos a inspecciones y verificaciones que constituyen el foco de corrupción más grande que mata el espíritu empresarial. El INVEA está dotado de dientes para clausurar de forma definitiva un establecimiento sin dar oportunidades de corrección por la buena. Las autoridades delegacionales y hasta los comités vecinales tienen autoridad para acabar con un negocio,mincluso antes  de abrir. El empresario en esta ciudad debe calcular en sus gastos una cuota para mantener a raya a estas voraces aves de rapiña. Gastos que no tienen recibo y que por lo mismo, son no deducibles.

Las autoridades saben de estos problemas y en vez de poner manos a la obra para poner remedio, elevan los hombros y le advierten al emprendedor que el camino está dificil y se va a poner peor. Ese es el apoyo y el acompañamiento de las autoridades centrales y delegacionales, una advertencia atenta de que no hay muchas alternativas para florecer. Sin fomento para la pequeña y mediana empresa ¿cómo le vamos a hacer? Los grandes consorcios fallan, fíjense en la Línea 12 del Metro y a los chicos los ahogan. Cuenten las sanciones al consorcio ICA-Alstom-Carso y comparenlo con la cantidad de sellos de clausura que hay en todos los barrios de la Ciudad de México. ¿De qué se trata?

 ¡Ah, pero eso si! La basura electoral nos promete una tierra de gracia y soluciones y cambios espectaculares. Los mismos incapaces que frenan el desarrrollo, saltan a otras aspiraciones sin haber cumplido por las que fueron votados. Es un sinsentido total. Se exonera a corruptos, se disculpa a los grandes y se amaga a los pequeños. ¿Así, cómo?

  

Ombudsman para Pymes

Es curioso que en un país en el que el las fuentes de empleo no crecen y la gente no encuentra trabajo aunque lo busque, en vez de apoyar a quienes quieren emprender, se les ataque. Es cierto que en el discurso oficial, tanto a nivel local como federal, se sostiene vehementemente que se apoya la inversión, que se brinda ayuda a los que quieran empezar un proyecto productivo, generar empleos y crear una forma digna de llevar el pan a la mesa. Pero ya sabemos que una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. Hay apoyos sí, pero las amenazas son terribles.

Poner un negocio en México es cosa de valientes. No sólo hay que enfrentar el riesgo inherente, sino que también hay que agregarle la serie de trámites inacabables que hay que cumplimentar, las inonsistenicas de la ley, los problemas de interés social y las visitas de inspeccion que cada nuevo empresario tiene que padecer. En vez de ayudar, parece que la consigna es destruir. Todo, evidentemente , se reduce a un tema de corrupción. Un invesionista puede haber recorrido el largo camino de tramitología, haber cumplido con los requisitos y aún así estar en riesgo de que le clausuren su negocio si no paga su cuota de extorsión.

Probar que alguien está siendo extorsionado por las autoridades es complicado y caro. El dinero que se debería estar ocupando en la operación del nuevo negocio se va para pagar abogados que defiendan a los que tienen la osadía de abrir por la buena un negocio o en el pago de extorsiones y mordidas. El que no quiera entrarle, ya sabe. Los sellos de clausura son un efectivo disuasor del progreso económico y del retraso de un país. También es fuente de dinero mal habido del que se nutren una serie de sinvergüenzas que un día sí y el otro también salen de su casa con los bolsillos vacíos y regresan forrados de dinero. Así, no hay quien aguante. 

Los empresarios nóveles miran a un lado y al otro en busca de ayuda. Las cámaras no tienen la fuerza suficiente para apoyar a sus agremiados, hacen lo que pueden y es muy poco, las propia Secretaría de Economía en el Distrito  Federal advierte estos problemas y en vez de meterle mano a fondo, trata de disuadir a los inversionistas. Con un, les advierto que será díficil, inician los procesos de apoyo. Las delegaciones dejan sin atender las citas de la gente que se acerca a pedir ayuda y pasan semanas y meses sin devolver las llamadas. Parece que la apuesta es acabar con la paciencia de quienes quieren invertir, desesperarlos y acabar con las iniciativas. 

Los emprendedores van de un lado al otro, pidiendo ayuda, como perros persiguiéndose la cola. No hay defensa real para ellos. Peor si son pequeñas y medianas empresas. Por eso, la idea de un ombudsman para Pymes es estupenda. Una figura que con objetividad abogue por la generación de empleos, por la creatividad, por el trabajo y por echar a rodar la rueda económica. Parece un sinsentido y no lo es. Cualquiera se iría con la finta del discurso oficial del apoyo a los emprendedores. Viven en la indefensión. 

Ojalá la idea salga adelante, sea apoyada como debe ser. Dotada con capacidad de enderezar chuecuras, de transparentar tanto humo alrededor de los empresarios que no los dejan trabajar, de poner quieto a tanto mordelón , de aplacar el hambre voraz de tanto corrupto y de tanto glotón envidioso que con vileza mata el espiritu de empresa, que es el que puede dar la vuelta  al circulo vicioso y empezar uno de productividad. 

 

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