La propuesta de Pedro Kumamoto

Pedro Kumamoto es el ejemplo de las buenas prácticas  llevadas a la realidad con éxito. Es un joven político mexicano, el primer candidato independiente en ganar una elección para ocupar un puesto de representación popular en Jalisco. Su hazaña consistió en perseguir molinos a pesar de que todo el mundo le advertía las dificultades de avanzar contracorriente. Con más de 50 000 votos a su favor, más que los que recibió cualquier partido político, Kumamoto logró ganar en su Distrito para ser su representante en el Congreso del Estado de Jalisco y lo hizo con un presupuesto modesto.

Es un muchacho valiente, claro y entiende el mundo de forma tal que hace que las variables jueguen a su favor haciendo las cosas como deben ser. No lo conozco, me gustaría porque así, nada más de verlo me cae bien. Y, si por sus hechos los conocereís, con lo alcanzado por este joven ya me cae de maravilla.

Me simpatiza más porque él, a diferencia de tantos, en vez de llorar, de echarse ceniza al pelo, de tomar las calles y quejarse, se pone en movimiento y lanza una propuesta que debemos escuchar. Con los recursos de un milenial que sabe moverse en las redes sociales ya empezó a hacer ruido en torno a lo sucedido en el Congreso con las Leyes de Transparecia y el Sistema Anticorrupción que tanto necesitamos. Subió un video a la Red en el que lanza una propuesta que vale la pena atender. Avanza en vez de quedarse estancado.

En el video, Kumamoto empieza haciendo un recuento de la Ley tres de tres y nos recuerda el gran esfuerzo ciudadano que implicó, luego identifica a los legisladores que en su sector votaron en contra y a quienes de manera cobarde se salieron del recinto legislativo para no votar. A ellos, que fueron elegidos para representar a los ciudadanos y en vez de cuidar sus intereses fueron en contra de sus votantes les pone en la palestra y conmina, con razones, a no volver a votar por ellos. Y nos invita a no bajar las manos, a seguir trabajando para matar al enemigo que nos tiene atrapados, a destruir la corrupción.

Más que gritos y sombrerazos, más que túnicas rasgadas y posturas que nos llevan a ningún lado, acciones. La propuesta de Kumamoto es a salir del letargo, a seguir trabajando. Me gusta, sobretodo, más lo que muestra que lo que dice. Nos hace ver que cuando el objetivo es alto, los obstáculos van a complicar las cosas y sin ánimo nos van a vencer. La corrupción es un animal hambriento, voraz, salvaje y agresivo. También es asustuto y sus cancerberos le son muy leales. La batalla apenas empieza, ni llantos ni lamentos, mejor hechos. Ya es tiempo de limpiarnos las lágrimas, de curarnos las heridas, de sacudirnos el polvo y ponernos a luchar a facor de la transparencia. 

No conozco a este joven político pero me cae muy bien. Me gusta ver a Pedro Kumamoto y me gusta escuchar sus propuestas. ¿Ya sabes quienes son los que votaron en contra de los ciudadanos y de la ley 3 de 3? Averigua y si fue alguien que se llevó tu voto en el pasado, no vuelvas a confiar en él o en ella. Ya ves lo que hacen con la confianza de los ciudadanos. No hay pretextos que valgan.

La frivolidad se vende barato

La calidad de frivolo se la gana una persona por lo superficial de sus propuestas o la falta de seriedad de sus posturas. No se trata de abordar los grandes temas, o de citar autores famosos. No. Se puede ser frivolo hablando de Jacques Derridá, citando a Platón o invocando el libro de Sabiduría y no serlo hablando de la cotidianidad que se forja en la cocina. La intrascendencia no se oculta detrás de una postura ni con palabras que suenen elegantes. Eso tiene la validez del que cambia espejitos por collares de oro. 

Lo primero sería conocer los significados, pasar a entender y al final proponer. El proceso es sencillo. La cuestión es que hay gente que tiende cortinas de humo y pretende brincarse los pasos para llegar al resultado o quiere ahorrárselos para llegar a la meta. En ocasiones, estos personajes logran obnubilar la razón de quienes los escuchan. Por desgracia, ese tipo de frivolidad es cada vez más frecuente. Los niveles de superficialidad que vemos en gobernantes, aspirantes a piestos de elección popular, funcionarios, es alarmante.

Pareciera que la frivolidad nos la pueden vender facilmente. Les resulta tan sencillo abrir la boca y señalar yerros ajenos, ubicarse en la zona del hartazgo, enarbolar la bandera de la necesidad de cambio y sentir que el trabajo ya está listo. No, faltan las planteamientos que incluyan los ejes de acción, los procesos de resolución, los caminos que se piensan recorrer. Aún situados ahí, todavía no hemos completado la tarea. Falta asegurar la transparencia, la ausencia de intereses ajenos al bien público y un plan en el que se de certeza de cómo se llegará a las meta. 

Pero, la frivolidad se vende barato y se compra con alegría. Montados en el hartazgo y en la evidencia de la necesidad de cambio, nos dejamos encandilar por el reflejo que dan palabras airadas y no nos detenemos a valorar la profundidad de lo que se nos dice. Las palabras tienen lamaltura del quicio de la banqueta, pero creemos que hay quienes sí se van a enrollar en la bandera nacional y saltar en favor de la patria. 

Lo malo es que ni así nos dicen cómo. Me gustaría ver compromisos sencillos. ¿Qué pasará con las cuestiones diarias que podrían transformar la vida en algo mejor? Me encataría ver como, en concreto, piensan hacer grandes cosas, si las pequeñas no se logran ver. No alcanzan las palabras elegantes ni los discursos airados. La frvolidad prevalece. 

  

Las propuestas de los candidatos

¡Qué curioso! Me parece que los candidatos tienen una gran confusión. Creen que una propuesta es lo mismo que un buen deseo. Al escucharlos, además de las obviedades con las que pretenden enamorarnos para ganar el voto, encontramos una lista de anhelos y buenas intenciones, que no son lo mismo que una propuesta.

Todos nos dicen que perciben que la gente está enfadada del mal gobierno y se sustentan ellos como la solución a los problemas de inseguridad, desempleo,salud, movilidad, basura, cultura, corrupción y en una de esas hasta del cambio climático. Lo dicen con una convicción tal, que casi convencen. Lo triste es que a la hora de conectar el qué con el cómo, no hay nada en concreto.

Con palabras y, en algunos casos con buenas intenciones, los candidatos se dirigen a sus votantes con campañas que reflejan el sentir de la gente. ¿Quién no quiere liberarse de la maldad? ¿Quién no aspira a una sitación mejor? Sin embargo, mencionar lo que está mal es una forma muy primitiva de hacer campaña. Así cualquiera. Prometer está fácil, lo complicado es aterrizar todas esas buenas intenciones y convertirlas en proyectos, en planes, en estrategias y en ejes de acción. Hacer una lista de anhelos es fácil, lucha para cumplimentarlos ya no es tan sencillo.

Al verlos dar una entrevista, agarran vuelo y prometen tantas cosas buenas que hasta sentimos que se van elevando del suelo y traen un nivel de flotación angélico. Lo malo es que acá, a nivel de tierra, los problemas son concretos y las soluciones requieren de gente que quiera y sepa tratarlos. 

Preferiría escuchar más propuestas que buenos deseos. Me encantaría ver a un candidato que habla de asuntos concretos, tal vez no tan elevados. Me gustaría saber cómo van a atender los pequeños problemas de la comunidad, esos que complican la vida cotidiana, esos como los baches en el pavimento, las banquetas rotas, las luminarias fundidas, los drenajes tapados, la modernización de los mercados, el abastecimiento de los hospitales, los apoyos a los emprendedores, el cuidado a los viejitos.
Pero, no. Todos hablan del hartazgo, y tienen razón. Estamos hartos. Son muy pocos los que tienen planes concretos que proponer. Por ello, hay que escucharlos con cuidado y detenernos a pensar en qué es lo que nos están diciendo. ¿Son anhelos o propuestas?

  

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