Trabajo productivo

Según la OCDE, en México tenemos un nivel de productividad reprobatorio. Estamos 60% por debajo de nuestros socios comerciales. En un estudio hecho por el Instituto Mexicano para la Competitividad, calificamos bien veinte de cien puntos, el promedio general es de cincuenta puntos. países como Luxemburgo, Noruega, Estados Unidos, Bélgica y Holanda son los mejor calificados, Chile, Polonia, Hungría y México, los peores.

El estudio reporta que la baja de productividad se debe al bajo nivel de competencia que tienen los trabajadores mexicanos. No hay una conexión entre el valor que se debe generar para la empresa. Hay un eslabón roto que ni da oportunidad para que la creatividad fluya ni el crecimiento desemboque. Es verdad. En tiempos de crisis en México lo primero en sufrir recortes presupuestales es el rubro de capacitación.

Y, claro, en tiempos de bonanza, unimde los,rubros más despreciados es la capacitación. Algo pasa en el sector empresarial que los mandos sienten que capacitar es tirar el dinero a la basura y es todo lo contrario. La reflexión es algo así como: yo siembro y otro va a cosechar. No es así. El sector de la capacitación ha visto un freno desde hace dos años en los que los programas se han dilatado o, simplemente se han cancelado.

Por otro lado, encontrar un trabajo en el que se puedan desarrollar las potencialidades, esta dificil. El arco de vida laboral se ha reducido, la experiencia nomes un valor que interese mucho y, hasta los jóvenes se han visto en la triste necesidad de caer en el subempleo.  La historia del médico que maneja un taxi, del físico que se dedica a dar clases de regularización a chicos de secundaria, la graduada de una maestría empleada como secretaria, es cada vez mas común. 

Las dos realidades chocan en México, la falta de capacitación y el subempleo, un conjunto de elementos imposibles que forman la cotidianidad mexicana. La OCDE dice que estudiar una licenciatura en México te pone en riesgo de desempleo o subempleo. El sacrificio del estudio, de las desveladas, del,pago de libros, colegiaturas, se ve coronado con la posibilidad del fracaso.

No, no es una realidad inventada, ni una novela de terror urdida en el surrealismo, es el resultado de un estudio serio patrocinado por la OCDE. El autoempleo y la,actividad emprendedora están frenadas por la incompetencia de funcionarios que ni saben lo que hacen o, están viendo a dónde más brincan. Muchos  comités vecinales y líderes sociales, en vez de vigilar por el bien común, ven como llevar agua a su rancho.

La solución está en destrabar este nudo gordiano. Es dejar trabajar para que gire la rueda y se recupere el eslabón perdido que puede traernos trabajo productivo y los beneficios que eso conlleva.   

Impulsar la productividad

La semana pasada el Presidente Entique Peña Nieto dio a conocer el proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México que será el más moderno que existe en el mundo. Celebramos con mucho gusto semejante iniciativa que, además, era justa y necesaria para el nivel de ciudad y país que es México.
Los críticos de este proyecto dicen que cómo es posible pensar en infraestructura de ese nivel cuando la Capital de la República está llena de baches y de banquetas rotas. Y, a pesar de que yo soy una entusiasta que apoya el proyecto del aeropuerto que cree en la inversión en infraestructura, no dejo de ver que para hacer lo grande hay que empezar por lo pequeño.
México tiene un problema: necesita hacer cosas, tiene gente que puede y las quiere hacer pero no hay empleo. Es absurdo, pero así es. Parece que hay una barrera entre la necesidad de hacer las cosas y las personas que pueden hacerlo. Es como si hubiera un vidrio grueso entre el hombre hambriento y el taco que está a la espera de quien se lo coma.
En la Ciudad de México pasa eso exactamente y en forma agravada. Hay empresarios que quieren invertir, gente que necesita trabajar y autoridades que desestimulan la inversión. Es un contrasentido, pero así es.
El programa de Uso de Suelo cuyo fin era ordenar el crecimiento de la Ciudad, terminó siendo una fuente de corrupción que frenó la inversión productiva. Las Delegaciones, los comités vecinales, las autoridades verificadoras se convirtieron en lobos hambrientos que mataron la gallina de los huevos de oro a base de cochupos y corrupción. El tono ha sido, si te mochas, te apoyo, si no te clausuro.
En esa condición se pueden ver establecimientos con sellos de clausura por toda la Ciudad. Gente que vio su sueño convertirse en pesadilla por no tener la capacidad de dar mordidas y soportar los costos y gastos de operación. Lugares que no pudieron abrir sus puertas porque viven cerca de algún vivales que decidió que algo estaba mal puesto y adiós. El círculo vicioso comenzó a girar en forma vertiginosa. Los inversionistas perdieron su dinero, la gente perdió su trabajo, el gobierno perdió impuestos, la comunidad perdió una derrama económica importante y como en la perinola, todos perdimos.
La inversión empezó a decrecer por evidentes razones y por lo mismo los niveles de desempleo se fueron incrementando. Así, la crítica es válida. ¿Cómo pretendemos tener un aeropuerto de clase mundial si no podemos generar empleos, si no logramos impulsar la inversión? Primero lo primero.
Por eso, la iniciativa del Jefe de Gobierno del Distrito Federal me gusta. Propone eliminar de la ley los motivos de clausura inmediata que fomentan la corrupción. Propone dar un lapso de quince días para que los establecimientos arreglen los problemas, apoyar al empresario que pone su dinero en riesgo, que da empleo y que quiere trabajar por la buena.
Adiós amenazas de comités vecinales abusivos, adiós a inspecciones ventajosas que sólo sangran al inversionista, adiós a los caprichos de políticos que se creen dueños de la Ciudad e inhiben su crecimiento.
Estoy segura de que con estas iniciativas la Ciudad crecerá, tendremos mejores negocios y estaremos a la altura de la clase mundial. Hay que apoyar esta iniciativa.

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¡Me voy a trabajar!

El trabajo es la forma que el ser humano tiene para ganarse la vida desde que fue expulsado del Paraíso Terrenal. La verdad, aunque a veces parece otra cosa, es que el castigo que Dios le dio a Adán y Eva, resultó ser una fuente de dulce afirmación del ser humano. El trabajo da tono y ritmo a la vida de las personas, para muchos es una seña de identidad y la mayor parte de las veces revela muchos rasgos de nuestra personalidad. Nos ha costado entender que el trabajo es una bendición por medio de la cual podemos llevar el pan y la sal a nuestras mesas gracias al sudor de nuestra frente. Nada se compara al sueño fruto del cansancio por la tarea realizada. El castigo, en todo caso, es la modorra que causa el aburrimiento por la falta de actividad.
A mí me gusta trabajar. Creo que lo llevo en los genes. Mi abuelo materno se topó con la muerte mientras abría la cortina de su negocio, mi abuelo paterno, un hombre dedicado al trabajo del campo, se bajó del caballo para irse al hospital en dónde entregó ese espíritu infatigable que no conoció descanso, mi padre sigue trabajando hoy en día, a sus ochenta años sigue al frente de su negocio. El trabajo es el inicio de un circuito virtuoso en el que se genera riqueza material y de toda especie.
Pero el trabajo se ha convertido en un bien escaso. El mundo sabe que se deben generar fuentes de empleo, la teoría de John Maynard Keynes que dice que toda economía debe tender al plenoempleo sigue vigente, sin embargo, las desaceleraciones económicas, las crisis financieras, y todos los problemas que han frenado el crecimiento del mundo tienen como consecuencia fatal y casi epidémica el desempleo.
En Europa, en Estados Unidos, en México, urbi et orbi, el desempleo genera un círculo vicioso que a su vez provoca una cascada de males, no sólo de índole financiera, también de estabilidad, empuje, psicológica, de salud. Las sociedades involucionan cuando el desempleo crece. Keynes define el desempleo como el fenómeno de gente que quiere y puede trabajar pero no encuentra una forma de emplearse. Eso, con independencia del efecto multiplicador en las economías, es una lástima a nivel personal y una tragedia a nivel microeconómico.
Luego viene una definición que hoy pierde vigencia, el subempleo. Subemplearse, según Keynes, es contratarse en una labor para la que se está sobrecalificado. Es, por ejemplo, cuando un médico maneja un taxi, un ingeniero sirve café en un restaurante, un químico hace tortas en un puesto de lámina. Todos sabemos de que se trata el tema del subempleo pues es un fenómeno cada día más común. Eso, en el pasado se veía como una actividad indigna. Cada vez más los definición de subempleo pierde vigencia y el empleo, del estilo que sea, gana dignidad.
Las universidades hacen mal en lanzar al mundo a gente que si no recibe un puesto de dirección, prefiere no hacer nada. Hacen fatal en promover en sus educandos la idea de que si no emprenden un proyecto o no llegan de inmediato a la cima, han fracasado. Un puesto de auxiliar les parece indigno. Arrugan la nariz y se horrorizan al pensar que se van a sentar en una cruceta y su peor tragedia es darse cuenta de que no llegarán a una oficina con puerta, vista a los rascacielos y un ejército a su cargo.
Una persona inteligente, que sabe de sus capacidades, en lugar de sentirse resentida por estar subempleada, estará agradecida por tener empleo. Sus capacidades superiores le ayudarán a hacer mejor su trabajo, a destacarse y a progresar. Trabajar se trata de algo similar a subir una escalera. A veces nos toca empezar a subir desde el tercer escalón, a veces nos toca arrancar desde el sótano. El chiste no es fijar la vista en el origen sino en el destino. ¡Qué nos importa dónde iniciamos el ascenso! Lo relevante es llegar al lugar propuesto.
Mi papa decía, el trabajo es similar a un autobús. En ocasiones nos toca estar en el lugar del conductor, otras nos toca ir en el lugar de hasta atrás. Hay veces que el autobús está arrancando y la única opción para subirte es treparte e ir de mosca. Hay momentos en que ni siquiera hay espacio, lo único que hay es una mano que se tiende para que te cuelgues de ella.
Muchos despreciarán la oportunidad de subirse así. Lo percibirán como indigno y despreciable. Preferirán dejar ir la oportunidad. Se quedarán abajo viendo como el autobús se aleja. Alcanzarán a ver que aquel que les tendía la mano ya se sentó en un asiento modesto. Se enterarán de que poco a poco este sujeto va avanzando y va encontrado espacios más cómodos en el autobús. No podrán dar crédito de que aquel que les extendió la mano, al poco tiempo, ya va manejando. Ellos seguirán viendo, desde la lejanía, como el subempleo se transforma en fuente de alegría y en generación de riqueza. De una manera mágica el subempleo se convirtió en empleo.
Así sucede con la piel de muchas personas. En uno y en otro sentido. Unos esperarán con paciencia a que la oportunidad dorada llegue, sin ensuciarse haciendo tareas para las que están sobrecalificados, otras, con humildad aprovecharán la oportunidad. Algunos tendrán la fortuna de ver su paciencia coronada con el empleo anhelado; otras envejecerán esperando. La suerte no llega, se la forja uno con el trabajo. Las ventanas de oportunidad se abren y se cierran constantemente, lo que falta es estar atentos para poder aprovecharlas. Los prejuicios son obstáculos que hay que sortear con cuidado para no tropezarnos. Los peores y más elevados son los que construimos alrededor de nosotros mismos, entorno a nuestros merecimientos. Nos atrapan en una caja de cristal, nos inmovilizan y cuando menos nos damos cuenta estamos siendo derrotados por nosotros mismos.
Aceptar con alegría lo que existe y promover la dignidad del trabajo es una muestra de inteligencia que rinde frutos en el entusiasmo, en el sentido de vida, en la identidad y en el aspecto económico financiero.
Yo, por lo pronto, si me lo permiten, ¡me voy a trabajar!

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Negocios creativos

Hay una tendencia en universidades de la talla de Stanford, Harvard, Oxford, Georgetown, para incluir una materia de creatividad en carreras que no están relacionadas con el mundo de las artes. Administradores, ingenieros, abogados, contadores salen de la rigidez y se les enseña a desarrollar también su lado creativo, no sólo la parte mecánica. Se sigue haciendo énfasis en el método, en la secuencia de pasos, para que llegado el caso se pueda replicar la fórmula de éxito, pero para llegar al triunfo, se le pide a los estudiantes hacer uso de la creatividad.
Las universidades abrazan la postmodernidad, admiten la posibilidad de que las respuestas estén más allá del perímetro de lo conocido. En pocas palabras, al igual que los artistas, los catedráticos invitan a sus alumnos a salirse de la caja y ver más lejos.
En estas clases se invita a los alumnos a poner atención. Se plantea un problema y se manda a los estudiantes a las calles a observar. No está permitido llevar ningún aparato con el que se puedan conectar a Internet. Se debe dar preferencia al lápiz y al cuaderno para anotar las observaciones. Se puede llevar una cámara fotográfica. Sin embargo, lo principal es hablar con la gente. Preguntar y preguntar. Privilegiar el contacto humano.
Una vez reunidos los datos, se regresa al aula a analizar. Se busca confirmar que lo que se planteó como problema, realmente lo sea, si no es así, se replantea una vez más. Se clasifican los datos obtenidos en las encuestas y, entonces sí, la imaginación a volar.
Lo maravilloso de las experiencias de creatividad en carreras tan técnicas es que la combinación da resultados sumamente poderosos. Soluciones efectivas y, más que nada soluciones fáciles de implementar. Es sorprendente ver como al traspasar los límites se encuentran verdaderos tesoros.
Salirse fuera de la caja, como dicen los postmodernos, abandonar el sitio de seguridad y volar por encima del área de confort es difícil, en apariencia, pero una vez que alguien se atreve a dar el paso, la experiencia le resulta sumamente satisfactoria.
Se presentan proyectos de todo tipo, científicos, como soluciones contra el problema del insomnio, nutricionales, como el uso del polen de abejas, de ingeniería de tránsito como el transporte escolar en ciudades de alta concentración poblacional, de moda como ropa emocional en tonos dulces y tantos más.
Sí, el arte influyendo positivamente la técnica. La unión de dos mundos en apariencia antagónicos y que al reunirlos dan proyectos novedosos, efectivos, pero sobre todo divertidos.
Enseñarle a la gente a hacer las cosas de diferente manera, encontrar caminos que modifiquen las vidas y las hagan mejores con sólo elevar la mirada y cosechar las soluciones que nos presenta el paisaje es sumamente satisfactorio. Buscar romper fronteras y traspasar limites es una aventura sumamente divertida.
Es el reto del mundo de hoy. Despertar la creatividad. Ahora no sólo las universidades están interesadas, también las empresas con el fin de entrenar a sus ejecutivos y líderes. Es un buen proyecto que traigo entre manos, ¿Quién dice yo?

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¿Y, usted, por quién vota?

Nunca sabremos el monto exacto de lo que los políticos nos han robado. Cualquiera que sea la cifra suena casi irrelevante. Un cero de más o de menos no ayuda a alguien que se ha quedado con algo que no es suyo. Lo importante es la notoria diferencia entre su situación económica y la suerte de la mayoría de la gente. Sin embargo, el verdadero daño, el más grande perjuicio ocasionado por estas personas no es el número de monedas que nos quitaron de manera ilegal, corrupta y descarada. No. El verdadero y el peor daño, la tragedia real es que el sistema que les permite robar subsiste y destruye las oportunidades para que otros generen riqueza, no sólo para sí, sino para el resto de la población.
Se trata de un precio extraordinariamente caro, difícil de contabilizar, pagado por negocios que nunca llegaron a funcionar, perdidos porque no se otorgó una licencia de operación o porque no fructificó el trámite X o Y, mismo que esta diseñado para fomentar la corrupción. Sé de lo que estoy hablando.
Mientras que algunas personas que podrían estar generando empleos, siendo exitosos empresarios se frustran ante el NO eterno de la autoridad, ante la carrera imposible de ganar en forma honesta, los corruptos se hacen millonarios. Mientras unos corren riesgos, trabajan, generan empleos y riqueza, el corrupto se hace millonario con el enorme esfuerzo de estirar la mano. Los negocios se transforman por esta fórmula mágica en lo eternamente frustrante y la política en lo interminablemente gratificante. Si vivir fuera del presupuesto es vivir en el error ¿Qué camino elegirán las personas competentes y emprendedoras?
Las instituciones son una influencia clave para la prosperidad económica cuya peculiaridad más importante es su capacidad extractiva, esta linda actividad depredadora en que unos se adueñan de la riqueza creada por otros.

El Estado soy yo, declaró Luis XIV, y cuando se es el estado, la ley te ampara y la riqueza generada por el Estado es propiedad del soberano. Así el tirano más malvado jamás viola la ley porque controla las instituciones. Los Luises de hoy crean sociedades en las cuales la riqueza y el poder se otorgan no a la fuerza creadora sino a amigos y comparsa que brindan algún apoyo a su liderazgo.
El comportamiento de estas cortes modernas desalienta a la empresa productiva y destruye el talento a golpes de extorsión. Se reprime en vez de impulsar el crecimiento. Los amigos del soberano se benefician de los monopolios otorgados por el estado. Los emprendedores se frustran. Así vemos monarcas disfrazados de estadistas, políticos de empresarios, comerciantes mercenarios cuyo poder y éxito financiero no se originan con actividades que contribuyeron a generar riqueza sino con aquellas que controlan y aumentan su influencia.

Es necesario estar alerta. Elegir bien al que será digno de ganarse nuestro voto. Tenemos que reconocer lo vulnerables que somos ante un estado incapaz de fomentar la generación de la riqueza. A diferencia de muchos que han decidido revelar sus preferencias, yo sigo creyendo que el voto es secreto. Votaré desde el consulado de Lima. Lo haré en consciencia y en honor al futuro que espero para mí, para mi familia y para mi país. No se trata de serle fiel a la casa de los Austria, de los York, o de los Borgia sino de exigir líderes que sean menos voraces y más inteligentes.

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