La lección para la izquierda en el Estado de México

El Estado de México amanece sin novedades. Después de un susto en la madrugada, cuando la página del PREP daba cuenta de que Delfina tomaba la delantera y entre las once de la noche y la una de la mañana la izquierda de Morena acariciaba la gubernatura, el PRI conserva su bastión amado y los mexiqueses dicen más vale malo por conocido que bueno por conocer. Entre una opción y la otra, mejor uno que se vea bonito y que sepa pronunciar bien en español. 

Pero, la elección fue cerrada y las cuentas son claras. La izquierda tiene más simpatizantes que el PRI en el Estado de México, si hubieran permanecido unidos, si hubieran sido un bloque, hoy los mexiquenses tendrían una historia diferente. El hubiera pudo haber sido hermoso, no lo es. El conteo rápido del Instituto Electoral del Estado de México dice que Alfredo del Mazo ganó con casi un treinta y cinco por ciento de los votos y Delfina se quedó muy cerca con menos de treinta y uno. Insisto, si se hubieran sumado los votos del PRD las cuentas les hubieran sido favorables. 

Los escenarios se van a tensar, ya lo sabemos. Andrés Manuel no reconoce el triunfo de Del Mazo, sabemos que anda con la mecha corta y que el eterno perdedor no entiende como hacer para asumir las derrotas con gallardía. Ahora el espurio será un gobernador. Eso, con independencia de la elección de Estado que denuncia Vázquez Mota. Ni que no los conociéramos.

¿Por qué no ganó Delfina? Porque Juan Zepeda se llevó parte de los votos de la izquierda. La arrogancia del líder de Morena lo llevó a formar un partido que, aunque ha prendido fuerte en cierto sector del electorado, no le está alcanzando para coronarse con el triunfo. El PRI tampoco está para brincar de gusto. Hace seis años Eruviel Ávila ganó con el sesenta por ciento de los votos. La izquierda calculó que en el Estado de México la gente ya no está tan feliz con el partido que ha reinado esos territorios, pero hizo mal sus cuentas al dividirse. 

Tristemente, las formas nos dejan ver que habrá problemas. Es posible que no se reconozca el trabajo de las instituciones y que eso de gobernar en santa paz no será tan viable. Pero, la oportunidad que se vislumbra es aprender la lección. Las divisiones no son redituables. No suman, restan y eso no ayuda a ganar.

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Las recetas de los partidos

Cualquiera hubiera pensado con justificada razón que después de las elecciones del año 2000, el PRI estaba condenado a desaparecer. Un humillado Francisco Labastida perdió por primera vez la continuidad del partido reinante y la aparente dictadura perfecta se desmoronaba ante el gusto de propios y extraños. No sería México el país señalado por la antidemocracia, no más. Se podrían oír los estertores mortuorios de los dinosaurios fuera de Los Pinos. Pero pareciera que sus pies no fueron de barro y pasaron doce años para que retoñaran rozagantes y más fuertes que nunca. La sentencia de muerte no se cumplió.
Por su parte el PRD que en su última elección pasó de ser la tercera fuerza al segundo lugar en el ranking de popularidad, sí se está muriendo. A lo lejos no se entiende cómo un partido que iba ganando terreno de repente dobló el pico. ¿Qué pasó? Los perredistas se están disolviendo como pastilla efervescente y en cuestión de segundos pierde forma.
Las recetas del PRI y del PRD son similares pero uno logró revivir y el otro se ve difícil que sobreviva. La diferencia es un valor viejo y encomiable que se llama lealtad. En el PRD no son leales, así nacieron y por esa misma razón morirán. Su origen viene de la disidencia, de la escisión del Partido primigenio y son tan parecidos que ambos reclaman a la antigua Revolución de 1910 como su bastión fundacional.
Las figuras relevantes del PRD fueron militantes activos del PRI, Cuauhtémoc Cardenas fue gobernador de Michoacán abanderado por el tricolor y Porfirio Muñoz Ledo ocupó muchas veces cargos ostentando los colores priistas. Andrés Manuel López Obrador fue uno de los militantes tabasqueños que mayores beneficios sacó del PRI y después lo abandonó. Esa es la historia del PRD, gente que llega de otro lado, lo exprime y después se va. El propio ingeniero Cardenas fue dos veces candidato fallido a la presidencia por el Sol Azteca y ya se fue. Lo mismo López Obrador. Piensen en el nombre de cualquier notable del PRD y verán que, la mayoría, viene de otro lado.
En su afán por ganar militancia, el PRD le abrió la puerta a muchos que lo único que hicieron fue aprovecharse del partido para luego abandonarlo. Así entró gente rijosa, marrullera, retrograda,abusiva y también criminales cuyo único fin era lavar dinero. El PRD como madre amorosa, abrió los brazos a muchos aprovechados que al no encontrar cause a sus aspiraciones en otro lado, se fueron a servir con la cuchara grande en el partido amarillo. Así llegaron al poder muchos que en otras circunstancias jamás lo hubieran logrado. Muchos que ojalá no lo hubieran logrado. Luego volvían el rostro y le hacían muecas desagradecidas al perredismo.
Que el ingeniero Cardenas renuncie por desacuerdos con el Comité Ejecutivo no me parece un acto honroso. Me da la impresión que debió advertir públicamente, desde antes, el cochinero de ese partido. Él, como líder moral, tuvo una responsabilidad y debió dirigir a buen puerto las intenciones de la gente de izquierda. Debió ser él quien cerrara las puertas al mal en vez de ofrecerles las sillas de honor. El capitán de un barco no salta cuando se está hundiendo. El líder es el último en cerrar la puerta, es el que pone el punto final. Cardenas salta por la borda, Andrés Manuel ya había saltado.
Ahí está la diferencia de las recetas entre el PRI y el PRD. Los priistas aguantaron el temporal, se fajaron mientras anduvieron bocabajeados, se agazaparon esperando la rendija que les permitiera saltar y ganar nueva vida. Ahí están en Los Pinos, un lugar al que el PRD no podrá acceder.
¿Quién le será leal al PRD? No se ven muchos candidatos, Alejandro Encinas dice que el partido está herido de muerte, el padiernismo y el bejaranismo andan nerviosos, Miguel Barbosa habla de pérdida de identidad y Carlos Navarrete piensa en refundar.
Sin duda, aunque es el mismo material, las recetas son diferentes.

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Se fue el Gobernador de Guerrero

Sí, no pudo más. La presión nacional, la indignación que se encendió en todo el mundo, la solidaridad con los jóvenes desaparecidos, la petición del Padre Solalinde pudieron más que la falta de sensibilidad del partido que lo llevó al poder y que la necedad de permanecer sentado en una silla que le quedó muy grande.
Se va el Gobernador Aguirre cuando parecía que apenas iba llegando. El tiempo que estuvo ahí no le sirvió para cumplir promesas de campaña, para responder ante desastres naturales, para enterarse de lo que sucedía en los municipios del estado que el voto ciudadano le encomendó.
¿Qué pasó con el Gobernador Aguirre? No se trata de desconocer la gravedad de los problemas que le tocó enfrentar, ni de desestimar los obstáculos que efectivamente encontró en el camino, pero no se vio a un hombre decidido a aprovechar su tiempo de mandato para hacer las cosas bien y dejar un estado mejor.
Como si no fuera suficiente con los destrozos que dejaron los berrinches de la naturaleza, la inseguridad, la falta de empleo y la inestabilidad económica de la región, ahora para aumentar el descontento hay muchachos desaparecidos. Es cierto que él no se los llevó, sin embargo, tampoco hizo mucho para recuperarlos.
Se le veía desbordado, desorientado pero con ganas de seguir en el cargo. No ofreció su renuncia, se la tuvieron que pedir en más de una ocasión. No estuvo a la altura de las circunstancias en ningún momento, ni antes, ni después, ni durante. Después de mucha presión, pidió licencia, con ganas de que no le aceptaran la petición, con deseos de seguir en la silla del Gobernador.
Pasará a la historia como el Gobernador que se fue por la puerta chica y con la mirada al suelo. Pero, eso no le sirve de consuelo a los padres, ni termina con la pesadilla, ni es ningún logro, la verdad sea dicha. Se libera un poco la presión política, pero para efectos prácticos, las cosas siguen igual.
No sabemos dónde están los muchachos ni por qué se los llevaron. Se fue el Gobernador de Guerrero, sólo eso sucedió. No hay nada que festejar.

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Las deudas de la izquierda mexicana

La izquierda en México le queda a deber a la sociedad. Parece una constante: justo cuando creemos que va a brillar, se opaca. Ya no nos parecen chistosas sus ocurrencias y las interpelaciones que se escuchaban en voz de Porfirio Muñoz Ledo, que tanto nos divirtieron, hoy suenan tan lejanas, tan ajenas. No nos gusta el desacato en el Congreso, nos molestan las tomas de tribuna y la mayoría pensamos que existen mejores formas de expresar desacuerdos e inconformidades.
Pero la izquierda en México se queda atisbando lo que pudo ser y no es. Me evoca la imagen de una pequeñita que se para de puntitas para ver lo que sucede al otro lado de la ventana, no tiene estatura para elevarse por sí misma. La evidencia de sus compromisos a medias, toman Reforma, molestan a la ciudadanía con campamentos abandonados en los que no hay quien esté al frente. Se anotan al clientelismo que tanto critican y forman alianzas que únicamente ellos entienden. No hay claridad de miras ni solidez en sus valores.
Tuvieron la oportunidad de oro de formar un camino amarillo entre el Distrito Federal y el Pacifico, una ruta turística en la que se desarrollara industria , se generara empleo y se dibujaran círculos virtuosos desde la Ciudad de México hasta Acapulco o Zihuatanejo. La perdieron. Los gobernadores de Guerrero y Morelos al igual que el Jefe de Gobierno pertenecen al mismo partido. En teoría hablan el mismo idioma y no hay impedimentos políticos que se interpusieran en tan buen afán. ¿Qué sucedió?
Guerrero vive momentos de angustiosa ingobernabilidad, el Gobernador Aguirre expone sin pudor su incompetencia y habla de las nulas capacidades que tiene para contrarrestar los efectos del crimen . El Gobernador de Morelos, estado de la eterna primavera, Graco Ramírez tiene indices delincuenciales sorprendentemente altos. Por los caminos del Sur da miedo andar. No se diga escarbar la tierra, todo el territorio se volvió una fosa clandestina. En vez de aprovechar los atributos de los rincones más bellos del mundo, los ensucian y los hacen peligrosos, ¿así cómo?¿A quién le van a echar la culpa los señores de la izquierda? No han dado evidencias de saber administrar el poder, han quedado muy por debajo de la expectativa. Sin embargo, hay gente que todavía les tiene fe, hay huestes fieles que no se han cansado de esperar a pesar de las evidencias . Gente de bien que todavía confía. A ellos es a los que la izquierda mexicana les debe más. ¿Cuándo pagarán con buenos resultados esa deuda ?

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Por convenencieros

Los partidos políticos en todo el mundo hacen movimientos arriesgados con tal de afianzar plazas o de no ceder territorios. Postulan candidatos que no son de su entera satisfacción pero se hacen los disimulados. Al son de ojos que no ven, corazón que no siente, anotan en sus listas a personajes a los que les dan apoyo, dinero, imagen y los lanzan en campaña. Más aún los llevan a la victoria y los sientan a gobernar ciertos territorios.
Los votantes, al ver el escudo de la organización, tachan la papeleta, unos creyendo en la afiliación política del candidato, otros porque les gusta el partido y otros porque les dieron algún incentivo. En la papeleta para emitir el voto aparece el nombre y símbolo de un partido político. La evidencia nos muestra que esas instituciones ni conocen bien a sus candidatos, los afilian por conveniencia, y dejan, tanto a los que votaron por su elegido como a los que no, a merced de delincuentes, de cuatreros o de sujetos de alta peligrosidad. Eso es así, si les creemos. Si efectivamente confiamos en que, de verdad, no sabían a quien estaban eligiendo. Lo mano es que ante la evidencia brota la desconfianza. ¿Y si sí sabían?
Que nadie se rasgue las vestiduras en el mundo político antes de mirarse al espejo. Todos tienen manchas y nadie está para lanzar la primera piedra. Apenas alguien abre la boca, ya le están sacando un video con personajes dudosos, una foto sonriente del brazo de un delincuente, una conversación con un mafioso. Una colección maravillosa de complicidades tejidas en torno a la conveniencis. Y mientras nuestros políticos caen en vergüenza y salen a disculparse, pero poquito, México se convierte en una narcofosa de terror. No es consuelo, pero así pasa en todas partes.
Muchos votantes también son convenencieros, cambian su voto por un refresco, por un permiso, por una chamba, en vez de hacerlo por el anhelo de una mejor propuesta o de un proyecto superior. Al igual que cuando estábamos en la escuela y nos íbamos con el que tenía la mejor torta en vez de irnos a jugar con el amiguito favorito, así se hace con los candidatos. Se cambia por conveniencia y, cono sucedía en la escuela, el niño de la torta resulta díscolo y no convida. Sin jugar y sin torta. Pero la política no es juego de niños y las consecuencias no es quedarse sin jugar.
Hay que ver la evidencia. ¿Quién se atreve a escarbar un hoyo sin miedo de lo que pueda encontrar en su pedazo de tierra? El niño que se quedó sin torta y sin jugar, se lamenta: eso me pasa por convenenciero. Miren la cara de los políticos hoy y verán. Casi, casi, si nos concentramos podremos verlos decir lo mismo.

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El error de la izquierda mexicana

El PRD decide retirarse del pacto por México y me parece que lo hace en mal momento. La izquierda le quita el apoyo al presidente Enrique Peña Nieto quien sorprendió a propios y a extraños cuando hace un año inició su mandato con un logro sin precedentes que fue aplaudido en aquel momento pues consiguió el aval de las principales fuerzas políticas del país e inició con el pie derecho su periodo presidencial.
Los mexicanos saludamos con beneplácito este pacto. Por fin las fuerzas políticas se dejarían de posturas clientelares y convenencieras, había llegado el tempo de los consensos. Estábamos tan contentos pues el propósito del Pacto por México era destrabar una serie de reformas que impulsarán el crecimiento del país. Los políticos se ponían serios, analizaban el escenario mundial y se daban cuenta de que a nuestro país se le habían negado las armas para luchar contra la competencia mundial. Reinaba la convicción de que la guerra debía ganarse afuera y no provocarla dentro de nuestras fronteras. Los mexicanos nos ilusionamos, pensamos que nuestros políticos se dejarían de dar patadas por debajo de la mesa, ya no se meterían el pie unos a otros y los acuerdos en cuanto a posturas básicas que nos permitieran estar mejor posicionados frente al mundo, finalmente se convertirían en realidad. Ahí les vamos. Cuidado China, India, Brasil, los mexicanos ya estamos listos, nos vamos poniendo de acuerdo.
Habría reformas, se avanzaría en un modelo laboral moderno y acorde a la realidad, se propondría una reforma fiscal que agrandara la base de contribuyentes, se buscaría una reforma política en la que nos prometieron que la democracia dejaría de costarnos tanto y habría rendición de cuentas, transparencia, se buscaría una reforma educativa que preparara mejor a los mexicanos, y se abordaría el tema de la energía para darle mayor competitividad al país.
Pero, como era de esperarse, las diferencias empezaron a fracturar el pacto. Evidentemente, las visiones de la izquierda y de la derecha, en México y en el mundo, son divergentes porque ven el mundo desde trincheras distintas. La naturaleza de la izquierda hace que su gente crea en ideales diferentes y en ocasiones antagónicos a los de la derecha. Eso no es novedad.Ya sabíamos que el Pacto por México no iba a durar para siempre, pero esperábamos que aguantara el tiempo necesario para lograr los objetivos planteados. Pues no. Era mucho pedir. Entre moches, arreglos en lo oscurito, corruptelas y canalladas se estrellaron y se rompieron las esperanzas de avanzar.
Lo sorprendente es que El Pacto se haya roto cuando apenas se estaban calentando los motores para las reformas estructurales que el país tanto necesita. Lo peor es que la izquierda se baje del caballo en el momento más malo, es decir, después de haber apoyado una miscelánea fiscal, que no una reforma, en la que lo único que se logró fue que los que hoy pagan, paguen más. Ni se aumentó la base de contribuyentes, ni se mejoró el método de recaudación, ni se impulsó a la economía. Nada. Por el contrario, la izquierda apoyó una serie de modificaciones que permiten al Ejecutivo gastar más sobre la base del endeudamiento. Entre el PRD y el PRI le jalaron el gatillo a una bomba de tiempo que lleva a gastar más de lo que se ingresa y ya sabemos los costos de este tipo de políticas deficitarias. Para sorpresa de muchos el PRD apoyó al PRI para apachurrar aún más a una clase media en peligro de extinción y la puso en aprietos, en peores aprietos. Justo cuándo necesitábamos su oposición, consintió. ¡Qué mal!
Desde 1988, las modificaciones que se lograron el el Congreso fueron sacadas adelante por el binomio PRI-PAN y tal parece que así seguirán las cosas. ¿Me pregunto qué pensará el PRD de pasar a la historia por haber apoyado una reforma fiscal tan mediocre y después salir huyendo ante la responsabilidad de sacar adelante las de mayor calado? En serio, ¿en qué estarán pensando? ¿Por qué no se prestan al debate crítico y civilizado? ¿Por qué no tomar tribuna en favor de los ciudadanos?
Por sí esto fuera poco y como si no pudieran ver el barril de pólvora en el que están sentados, les gusta jugar con fuego. Deciden romper el Pacto por México y no dudo que tengan buenas razones para hacerlo. Ni la Reforma política ni la energética les satisface. Pongamos que tienen razón. ¿Para qué azuzar a la gente? ¿Será que no se dan cuenta de la situación del país? ¿Qué no se percatan que hay grupos anarquistas que lo único que necesitan son pretextos para delinquir? ¿Fuerzas que sólo quieren un pretexto para sacar sus rifles? La situación es delicada y los señores tienen el tacto de un paquidermo.
El error más grave de la izquierda mexicana es que se rodea de malas compañías. México necesita una izquierda seria, comprometida con ideales altos, no merolicos que inciten a la violencia y luego, ante la gravedad a de los hechos resultantes, se agachen muertos de miedo. Las manifestaciones terminan en actos vandálicos, las protestas en asaltos y muchos guerreros furibundos acaban perpetrando actos criminales en nombre de los valores de la izquierda. Así, un policía en el ejercicio de su deber terminó apuñalado por un manifestante que salió de la cárcel después de pagar una multa ridícula. ¿En serio, eso es lo que quiere la izquierda? Proteger a maleantes y descobijar a la gente de bien es mala idea.Un grupo de encapuchados se unió a la manifestación convocada por López Obrador, iban aventando piedras, rompiendo vidrios de negocios, robando mercancías, incendiando establecimientos. Los afectados nada tienen que ver, en nada les estorban a los manifestantes. Son personas que tienen negocios lícitos y que quieren trabajar en forma honesta, pero no pueden. De los criminales que acabaron con el patrimonio de gente decente nadie sabe nada. No hay autoridad que los persiga ni que les exija cuentas por sus atrocidades.
El error que la izquierda está cometiendo es que se está llevando entre las patas a la clase media mexicana. Ya la llevó al baile con los aumentos de impuestos, con el endeudamiento gubernamental que tendrá que pagar de una forma u otra y ahora la subyuga con manifestaciones, plantones, que agobian al Distrito Federal mientras las autoridades hablan de tolerancia. La agarra a garrotazos en sus actividades productivas, afectando sus fuentes de empleo, cerrando sus negocios, vandalizando sus calles, apapachando a quienes los dañan. Eso no está bien. ¿Quién irá a pagar los impuestos que ellos mismos aprobaron si le siguen dando patadas a la gallina de los huevos de oro?
Me gustaría ver una izquierda que debate con las palabras adecuadas y no con patadas; asentada en las razones legítimas que nacen de un análisis verdadero y no en la conveniencia rastrera. Me gustaría una fuerza opositora que pugnara por defender al ciudadano y no una turba llena de ocurrencias. Me gustaría una militancia con ideales, no un ejército de huelelillos que se ajustan a lo que su prócer les exige. El error de la izquierda mexicana es que está dejando pasar esa oportunidad de ser una auténtica alternativa ciudadana.

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La reforma fiscal del partidazo

A nadie nos gusta pagar impuestos. No es falta de consciencia cívica, así es la cosa. Lo dijo John Maynard Keynes y lo dijo Don Nacho el dueño de la tienda de la esquina. A los gobiernos les gusta cobrarle a sus contribuyentes, cualquier pretexto para aumentar el flujo a las arcas de la nación es bueno. El que no me crea que consulte la historia de México y constate que efectivamente Antonio López de Santa Anna inventó un impuesto por las ventanas. Si en términos generales pagar impuestos no es una costumbre que le guste al ser humano, menos gusta cuando esa parte del ingreso personal en vez de ir a la Hacienda Pública va a dar al bolsillo de cuanto truhán puede meterle mano a la caja del país. Sucede en México, en Nottingham, en el Bosque de Sherwood y a veces quisiéramos que Robín Hood viniera a defendernos.
Así como el paladín inglés que le robaba al ineficiente recaudador para entregarlo a los pobres, así vemos la ineficiencia sostenida que ha existido en el país. La clase media, eterna contribuyente cautiva, paga por los evasores y por los elusores, es decir, carga en sus espaldas a la economía informal que no le pone un peso a la caja y paga por los grandes corporativos que tienen recursos para planear como darle la vuelta al pago de impuestos.
No crítico a los que no quieren pagar. Me caen muy mal los que de plano no pagan nada. Eso es tanto como robar. Los que se ponen frente a un negocio establecido, les roban su luz, bloquean sus entradas y además no pagan sus impuestos, sin embargo, no es su culpa. La responsabilidad de la recaudación es del Estado, no de los contribuyentes.
Así, históricamente, la clase media que no tiene para donde hacerse, paga por los de arriba y por los de abajo, pero también paga las ineficiencias de las autoridades recaudadoras. Como no quieren hacer enojar a los grandes corporativos, porque son los que crean empleos y grandes flujos económicos o porque son los que tienen mejores amigos, o porque se pueden llevar su actividad para otro lado, que paguen los contribuyentes cautivos. Por otro lado, al no haber encontrado la fórmula para incorporar al comercio informal y a todos los que disfrutan sin pagar, pues que paguen los cautivos.
No hay ingenio. El partidazo en el poder, ese que nos prometió grandes resultados porque ellos sí sabían hacer las cosas y presumían de su gran experiencia, entrega una reforma que ooootra vez le pega a la clase media. ¿Qué no se dan cuenta que se la van a acabar? ¿Y, luego si ya no hay clase media, quién va a pagar? Deberían tratarnos mejor.
La economía de México está rechinando. La aceleración se ralentiza. El crecimiento se atora. El desempleo avanza, y si no hay gente trabajando ¿A quién le van a cobrar? Si la reforma fiscal del partidazo pasa, el incremento en el egreso de las familias aumentará en aproximadamente un doce por ciento. Es rídiculo, en México el crecimiento esperado es menor al dos por ciento. En el mundo son casi inexistentes los países que crecen a niveles de dos dígitos, pero en México se le exigirá al contribuyente que estire el ingreso para cooperarle al fisco.¿De dónde va a sacar una familia de clase media un doce por ciento para pagar la maravillosa idea del partidazo? ¿Y si voltearan para otro lado? ¿Y si fueran más ingeniosos y descubrieran que hay muchos mexicanos que no pagan? ¿Por qué siempre a los mismos? ¿Por qué no le cobran a los otros también?
Por eso a la gente no le gusta pagar impuestos. La distribución de la cobranza es injusta, los conceptos son absurdos, la recaudación es pésima y los resultados de lo que hacen con nuestros impuestos es fatal.
No. No nos gusta pagar impuestos, Keynes y Don Nacho tenían razón.

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¿El poderoso PRI?

Obras son amores y no buenas razones, o lo que es lo mismo, a los resultados me remito. Si atendemos a los principios de planeación estratégica, para evaluar el exitoso el fracaso de una gestión tenemos que basarnos en resultados medibles y cuantificables. Así las cosas, el PRI puede ser calificado como un partido exitoso que resurgió de las cenizas cual ave fénix.
Los resultados de las elecciones del pasado fin de semana les otorgan triunfos a lo largo y ancho de la República Mexicana. La población le da un espaldarazo al partido gobernante que fue calificado por Mario Vargas Llosa como aquel que fraguó la dictadura perfecta. Así, a simple vista, parece que los mexicanos no entendemos, que nos gusta la mala vida y que nos encanta ponernos en manos de dinosaurios mañosos. Así, de una ojeada, da la impresión de que el súper PRI está de vuelta por la necedad de los electores o por el mérito que los votantes le han otorgado.
Sin embargo, el merecimiento no es responsabilidad absoluta del PRI, también el PRD y el PAN contribuyeron. El desorden que la población percibe en los partidos de la oposición no genera confianza. Las tribus de la izquierda pelean violentamente entre ellos, luchan por sus espacios y luego los dilapidan con actos de corrupción cínicos y traperos, sin que sean llamados a cuenta. Ni siquiera reciben un jalón de orejas. El caso del delegado en Coyoacán y el descaro con el que aún permanece sentado en el despacho de la delegación ya cobran facturas, las manifestaciones, los apoyos clientelares, tienen sus precios. Quejarse de todo y por todo sin presentar propuestas concretas ya no encandila a nadie. Gruñir, lamentarse, incitar a la rebeldía para luego actuar igual o peor que lo que criticaban también cobra facturas caras.
Por su parte el PAN se sigue hundiendo en la preferencia de las urnas. Los personajes relevantes del panismo no generan ni simpatía ni confianza. Gustavo Madero usa un léxico para dirigirse al electorado que parece que estamos escuchando a un carretonero, si así descuida el lenguaje, cómo cuidara otras cosas. Ya vemos que a su partido muy cuidadito no lo tiene. Cordero es de tal calaña que pasa facturas de sus enseres de higiene personal a la cuenta del erario público, así de elevadas son sus miras, Mariana Gómez del Campo se peina en su curul, Gabriela Cuevas desaparece sin dar explicaciones y los dimes y diretes del antiguo partido en el poder hacen que el elector huya de esta opción. El PAN se hunde como fuerza política, se debilita y solitos cavan el hoyo y se meten en él sin que nadie les ayude, ellos sólos pueden. Su frivolidad los destruye.
Ante estos hechos, el PRI sonríe. Deja que la actuación de perredistas y panistas le beneficie. ¿Eso quiere decir que el PRI es ese partido poderoso del pasado? No lo creo. En mi opinión siguen teniendo el colmillo grande, largo y retorcido. Aprovecha que la oposición está distraída en sus pleitos domésticos y avanza.
¿Quién fue el protagonista poderoso? Me parece que este lugar lo ganó el abstencionismo. Los votantes, que en el pasado mostraban interés y participación en las elecciones locales, este fin de semana no concurrieron como antes. Los abusos, la corrupción, la violencia, el gasto excesivo, las guerras sucias tienen enfadado al votante. Las alianzas convenencieras no engañan al elector, lo ahuyentan.
No. No hay súper PRI poderoso. hay enfado y desilusión. Hay hartazgo. Hay abstención. Por lo tanto, aunque los resultados para el PRI son buenos, la evaluación no es positiva. Tal parece que en política no caben los principios de planeación estratégica. Y encima, la selección pierde contra Panamá.

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De ladies, senadoras y Viva Aerobús.

A estas alturas y después de tanto alboroto, muestras de prepotencia y majadería, ya me ganó la risa. Ver las exhibiciones de nuestros notables, que últimamente han sido tan frecuentes, en serio, ya da risa.
El escándalo del día corre por cuenta de Luz María Beristain, senadora del PRD. Su gran pecado, independientemente de la falta de educación y su demostración de escasa cordura, fue hacer mal sus cálculos. De hecho tiene una lista de malos cálculos que empiezan por no saber administrar su tiempo, llegó nueve minutos tarde al mostrador de Viva Aerobús, la línea aérea de bajo costo, filial de Ryan Air, y claro, no sólo le negaron la posibilidad de abordar el avión, también le informaron que perdía el monto del boleto. Eso, la verdad, da coraje y ni modo. Por calcular mal su tiempo, se le vinieron encima una avalancha de pésimos cálculos. La senadora y ex reina de embellezca del estado de Quintana Roo se enojó. Todos nos enojamos, lo malo son los modos. Insisto, María de la Luz se equivocó a la hora de hacer cálculos.
El segundo y el peor fue tratar de apantallar a la señorita del mostrador diciéndole que ella era autoridad, que no es, —me pregunto si la senadora Beristain es consciente de que ser representante en la Cámara Alta no la convierte en autoridad— la señorita del mostrador no se encandiló con el charolazo y tampoco, en honor a la verdad, hizo ningún esfuerzo por ayudar, no a la senadora, a una cliente. No seré yo la que justifique las prepotencias de Luz María Beristain, pero a Viva Aerobús le falta un curso de calidad en el servicio y atención al cliente. Se ve que la chica ni era amable, ni era atenta, incluso antes de que empezaran las cacayacas. Es probable que la aerolínea tenga como política la parquedad en el trato. Yo he volado en dos ocasiones en esta compañía, una con Ryan Air, pésima y otra con Viva Aerobús a Monterrey, peor, parece que la línea se especializa en ver como le hace para tratar como ganado al pasajero y para cobrar sobre precios para ponerse a mano por lo barato de sus tarifas. Es cierto lo que dijo Luz María Beristain, en otra línea aérea hubieran buscado una solución, o por lo menos hubieren hecho el intento, en Viva Aerobús, no. Están tan seguros de su política de precios y creen en ella tanto que se dan el lujo de menospreciar al cliente. Eso, aunque no seas senadora de la República. Por lo menos el trato sí es democrático, a todos mal por igual.
El otro cálculo que hizo mal la senadora del PRD fue pensar que a fuerza de gritos y charolazos iba a pasar. No. No es así María.
El siguiente fue pensar que las bravatas y faltas de educación, la prepotencia y poca clase demostradas se iban a quedar en el hígado de la señorita y que sus desahogos no trascenderían. Pues sí que lo hicieron. Vivimos en una época en la que la exposición de los malos comportamientos es tan fácil como darle click a un teléfono móvil. Parece que Luz María Beristain no lo contempló, o en su fantasía, pensó que estaba en lo correcto, porque sabia y estaba consciente de que la estaban grabando. Es posible que esté acostumbrada a tratar mal a la gente y , por lo tanto, ni siquiera le dio importancia a su mal actuar.
La senadora eligió mal sus herramientas de negociación, intimidar bloquea acuerdos, gritar inhibe las posibilidades de llegar a resultados, presumir de fuerza es tentar a las personas a ejercer su tramo de poder para usarlo en perjuicio de lo deseado. Luz María provocó a la señorita, la humilló y ella en respuesta, y en apariencia con la razón de su lado, le prohibió el acceso al avión.
El último mal cálculo de la senadora fue volar en una línea de bajo costo creyendo que así iba a ahorrar. No, siempre hay costos ocultos, retrasos, incomodidad, malos modos, exceso de equipaje que tarde o temprano se tienen que pagar. Lo barato sale caro, senadora.
En este caso, el boletito le salió carísimo.

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Frivolidades

Ser frívolo es lo mismo que ser superficial, que carecer de seriedad. A veces, la frivolidad es divertida y necesaria. No se puede vivir la vida en alta intensidad permanentemente. Tampoco se puede vivir nadando de muertito y caminando de puntitas. Todos los extremos son malos, ya lo sabemos. Desgraciadamente, la frivolidad es embriagante y alcanzar profundidad es difícil y, a veces, doloroso. Seamos honestos, ¿a quién no le gusta divertirse y pasarla bien?
El problema empieza cuando las exhibiciones, el hablar de más, las presunciones, hacen patente el grado de frivolidad de las personas. Todos somos frívolos y contamos con nuestro arsenal de superficialidad, cada quién lo administra de diferente manera.
Lo malo es cuando el grado de profundidad en nuestras acciones, pensamientos y valores se eleva apenas unos cuantos centímetros del suelo, cuando la altura de miras nos lleva a alcanzar la suela del zapato, entonces la frivolidad deja de ser divertida y se vuelve peligrosa. Igual que un briago, un frívolo extremo se desinhibe. La gente de valer sabe administrar la seriedad, no se exhibe, pero sobre todo, puede ver mas allá de la punta de la nariz, su horizonte llega más lejos que la distancia de sus brazos y sabe que el largo plazo dura más que el día de hoy.
Decir que los políticos son frívolos es repetir lo que todo mundo sabe, pero dejar de decirlo es ser superficiales. Me apena ver las exhibiciones de los políticos mexicanos. ¿Ya nadie sabe lo que es la prudencia? En las redes sociales se ven fotos de gente viviendo como no les corresponde, hijas, hijos, mascotas, viajando en aviones privados, funcionarios en partidos de béisbol desde palcos millonarios, servidores públicos en restaurantes, trabajadores al servicio del estado presumiendo compras que dejarían pálido a un jeque árabe, y eso es ya tan cotidiano que ni nos asombra. Yates, casas, coches, bolsas, corbatas. Nadie se salva. Cochupos hay por todos lados, en la derecha y en la izquierda.
Lo triste es que esa frivolidad se anteponga a las grandes urgencias de México. Hay gente que se muere de hambre y los gobiernos de la Ciudad de México y del federal no se hablan. Los delegados no reconocen a sus interlocutores, ni quieren hablar con la Secretaria, por que dicen, Rosario Robles es impresentable, de acuerdo. Sosamontes tampoco les gustó. Y mientras los delegados, tan probos e intachables, le hacen al cuento, la cruzada contra el hambre se detiene. Como si la urgencia de saciar las necesidades no existiera. La profundidad de nuestros políticos da vergüenza.
Da pena ver el corto alcance que se contrasta con las grandes necesidades y urgencias que les hemos encomendado.

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