Bovine, San Miguel de Allende (la necedad de tratar mal a un cliente)

Debimos haber sospechado, pero no lo hicimos. El lugar está muy bien decorado, sin embargo, se ubica en una segunda planta y por eso creímos que estaba vacío. Creo que la verdadera razón es que la voz se ha extendido: en ese lugar abusan del cliente.
Apenas nos sentamos, el mesero abrió una botella de agua B´ui y nos sirvió, no nos preguntó si queríamos agua o no. Como una botella no bastó, trajo otra y terminó de servirle a todos los comensales.
Al ver la carta, nos enteramos de que estábamos sentados en uno de los lugares más caros de San Miguel de Allende y de que el servicio no estaba a la altura de lo que cobraban.
El mesero se confundía, pensaba que la petulancia es sinónimo de elegancia. La actitud arrogante nos invitaba a salir de ahí corriendo, sin embargo, era tarde y teníamos hambre.
La cosa fue empeorando. El servicio fue lento, el trato displicente. Cuando buscamos al gerente para decirle que llevábamos 45 minutos esperando nuestra comida, el tipo nos maltrató. Pedimos la cuenta y nos topamos con un saldo de 500 por botellas de agua que no pedimos y que fueron abriendo, sin consultar, mientras esperábamos nuestros alimentos.
Al llegar la hora de la verdad, es decir, cuando la propina fue equivalente al maltrato recibido: no dejamos nada porque no se ganaron nada don semejante servicio, la gente se puso agresiva y majadera. Se burlaron y al decirles que nos quejaríamos con el dueño nos dijeron entre risas: hágalo, total, no pasa nada.

Entonces, decido hacer lo que es esperado. Si denunciarle al dueño no sirve de nada, advertirle al consumidor sí que servirá. El,cliente decide si quiere ir a gastar su dinero para recibir malos tratos o no. Por lo pronto, jamás volveré a ese lugar. Adiós para siempre.

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