Las recetas de los partidos

Cualquiera hubiera pensado con justificada razón que después de las elecciones del año 2000, el PRI estaba condenado a desaparecer. Un humillado Francisco Labastida perdió por primera vez la continuidad del partido reinante y la aparente dictadura perfecta se desmoronaba ante el gusto de propios y extraños. No sería México el país señalado por la antidemocracia, no más. Se podrían oír los estertores mortuorios de los dinosaurios fuera de Los Pinos. Pero pareciera que sus pies no fueron de barro y pasaron doce años para que retoñaran rozagantes y más fuertes que nunca. La sentencia de muerte no se cumplió.
Por su parte el PRD que en su última elección pasó de ser la tercera fuerza al segundo lugar en el ranking de popularidad, sí se está muriendo. A lo lejos no se entiende cómo un partido que iba ganando terreno de repente dobló el pico. ¿Qué pasó? Los perredistas se están disolviendo como pastilla efervescente y en cuestión de segundos pierde forma.
Las recetas del PRI y del PRD son similares pero uno logró revivir y el otro se ve difícil que sobreviva. La diferencia es un valor viejo y encomiable que se llama lealtad. En el PRD no son leales, así nacieron y por esa misma razón morirán. Su origen viene de la disidencia, de la escisión del Partido primigenio y son tan parecidos que ambos reclaman a la antigua Revolución de 1910 como su bastión fundacional.
Las figuras relevantes del PRD fueron militantes activos del PRI, Cuauhtémoc Cardenas fue gobernador de Michoacán abanderado por el tricolor y Porfirio Muñoz Ledo ocupó muchas veces cargos ostentando los colores priistas. Andrés Manuel López Obrador fue uno de los militantes tabasqueños que mayores beneficios sacó del PRI y después lo abandonó. Esa es la historia del PRD, gente que llega de otro lado, lo exprime y después se va. El propio ingeniero Cardenas fue dos veces candidato fallido a la presidencia por el Sol Azteca y ya se fue. Lo mismo López Obrador. Piensen en el nombre de cualquier notable del PRD y verán que, la mayoría, viene de otro lado.
En su afán por ganar militancia, el PRD le abrió la puerta a muchos que lo único que hicieron fue aprovecharse del partido para luego abandonarlo. Así entró gente rijosa, marrullera, retrograda,abusiva y también criminales cuyo único fin era lavar dinero. El PRD como madre amorosa, abrió los brazos a muchos aprovechados que al no encontrar cause a sus aspiraciones en otro lado, se fueron a servir con la cuchara grande en el partido amarillo. Así llegaron al poder muchos que en otras circunstancias jamás lo hubieran logrado. Muchos que ojalá no lo hubieran logrado. Luego volvían el rostro y le hacían muecas desagradecidas al perredismo.
Que el ingeniero Cardenas renuncie por desacuerdos con el Comité Ejecutivo no me parece un acto honroso. Me da la impresión que debió advertir públicamente, desde antes, el cochinero de ese partido. Él, como líder moral, tuvo una responsabilidad y debió dirigir a buen puerto las intenciones de la gente de izquierda. Debió ser él quien cerrara las puertas al mal en vez de ofrecerles las sillas de honor. El capitán de un barco no salta cuando se está hundiendo. El líder es el último en cerrar la puerta, es el que pone el punto final. Cardenas salta por la borda, Andrés Manuel ya había saltado.
Ahí está la diferencia de las recetas entre el PRI y el PRD. Los priistas aguantaron el temporal, se fajaron mientras anduvieron bocabajeados, se agazaparon esperando la rendija que les permitiera saltar y ganar nueva vida. Ahí están en Los Pinos, un lugar al que el PRD no podrá acceder.
¿Quién le será leal al PRD? No se ven muchos candidatos, Alejandro Encinas dice que el partido está herido de muerte, el padiernismo y el bejaranismo andan nerviosos, Miguel Barbosa habla de pérdida de identidad y Carlos Navarrete piensa en refundar.
Sin duda, aunque es el mismo material, las recetas son diferentes.

IMG_2448.JPG

Anuncios

El perico del entrenador

Es difícil buscar los orígenes de casi cualquier cosa, es peor si de se trata de un pleito. Intentar encontrarle la punta a una hebra tan anudada y retorcida como lo que sucede con las barras y los estadios de futbol es tan complicado como entender porque un mexicano en otras partes del mundo si respeta a la autoridad y en territorio nacional no.
En casa nos atrevemos a muchas cosas que cuando estamos de visita ni siquiera nos imaginamos. Hay conductas inadmisibles que nos permitimos en nuestro terruño, que nos dan risa y que hasta publicitamos. Lo peor de todo no es la fanfarronería con la que apadrinamos faltas de respeto de las que luego, a la luz de los resultados, nos andamos quejando.
En la televisión hay un comercial en el que sale el técnico de la Selección Nacional de Futbol, de la Grande, en la que se escucha un grito al árbitro del partido. Le gritan “estúpido” mientras está de espaldas. El silbante voltea furioso, y adivinamos que con ganas de castigar al responsable. Asumimos, dada su fama, que es El Piojo quien profirió el insulto y el señala a un perico que trae en el hombro. Se lava las manos.
El mensaje es brutal y, para desgracia de la compañía que pagó el improperio, todos se fijan en Herrera y su perico y casi nadie en la marca de lo que se anuncia. Tal vez la compañía perdiendo relevancia en el mensaje esté ganando. Ahí lo que se dice es: Tú puedes insultar a la autoridad. Tú puedes faltarle al respeto al responsable de orden cuando está de espaldas. En el poco probable caso de que te cache, tú te puedes lavar las manos echándole la culpa a alguien más. Tú saldrás sin castigo. La autoridad no será respetada.
¡Bravo! Qué bueno que nadie se da cuenta de la marca que lo patrocina. O, cabe la pregunta de lo que en verdad se quiere patrocinar.
Elevar el nivel de las medidas de seguridad en los estadios, controlar las barras, castigar a los responsables de los desmanes es una parte de la solución, pero es, también, estar tapando hoyos con palitas de juguete. Hay que ir al origen.
Y, aunque ir al origen es complicado, todos sabemos que las broncas siempre empiezan por bravucones que las instigan. ¿Quién está instigando la violencia? ¿Quién alienta la falta de respeto a la autoridad? Luego andamos llorando.
En otras partes del mundo se respeta a los responsables del orden. Las consecuencias no son bromas. Si le faltas a un policía, vas a la cárcel. Si eres insolente con un uniformado, te pones en riesgo de recibir un macanazo o una bala. Es decir, si te pones grosero con un representante de la fuerza pública, te pones en peligro de muerte. Pero, aquí es al revés.
Sin embargo, podríamos empezar por el origen. Podríamos silenciar esas voces bravuconas que instan a la violencia, que faltan al respeto, que enarbolan la bandera de la hipocresía y que piensan que echándole la culpa a otro se acaba el problema.
Evidentemente, el origen no está en el perico del entrenador, está en lo que ese mensaje nos dice.

20140330-104251.jpg

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: