Fui a votar

Fui a votar a media mañana. El ánimo estaba bastante desangelado y la casilla que me tocó estaba vacía. Así ha estado desde temprano, la gente llega a cuenta gotas, me comenta el presidente de casilla. Es el reflejo del hartazgo. Entre tanto spot, pancartas, espectaculares, desplegados en periodicos, anuncios de cine, cancioncitas de radio, la gente terminó enfadada. El ambiente era de desesperanza, la ciudadanía no tiene ganas de salir a votar.

Los nombres que aparecían en la boleta reflejaban a impresentables que por un lado pedían, como acto de campaña, que le enviaramos el curriculum vitae, como si nos fuera a dar trabajo; o señalaban un reloj diciendo que ya era hora de cambiar, como si su partido no hubiera gobernado la ciudad por sexenios; o se postulaban para repetir en el mismo puesto, como si el lema de sufragio efectivo, no reeleción le resultara totalmente ajeno.La gente no conoce a los candidatos y a los que reconoce sería mejor que no pudieran recordarlos. 

También las leyendas urbanas de que los plumones que se usarían para sufragar eran una trampa, que la tinta era indeleble. No había plumones, había lápices. Entonces el rumor fue que iban a borrar las marcas para cambiar los sufragios y alterar los resultados. ¿Por qué vas a votar? ¿Por qué participas en esta farsa? ¿Para qué hacer un esfuerzo si de todas formas todos son iguales? ¿Para qué perder el tiempo si todo terminara en un fraude? Mejor no vayas. Mejor anula el voto. 

Todo eso escuché. Voté porque no quiero que mi credencial de elector sea un documento de identidad nada más, quise darle la utilidad que en realidad tiene. El voto es secreto, sin embargo, puedo decir que no voté por los que por hacerse los chistosos ocuparon palabras soeces para anunciarse, tampoco por las candidatas que salen con cara de ángel pero que son capaces de atropellar a alguien y salir huyendo sin un asomo de empatía, ni por los que no subieron la información a la plataforma tres de tres, ni por los cínicos de toda la vida. Como Diogenes y su lámpara, me costó trabajo, pero logré encontrar alternativas.

Al salir de la casilla, la desolación seguía ahí. Como en el cuento de Monterroso, desperté para encontrar todo igual. Parece que esta historia se repitió en la mayoria de las casillas en el Distrito Federal. En cambio, los restaurantes estaban llenos de gente que quería ver el partido de la Selección. 0-2, en la tarde el descontento aumentó. La buena noticia es que ya se acabaron los tiempos de spots, pancartas, sonrisas chuecas y propuestas absurdas. 

  

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El voto y la fantasía

No sólo son las mantas, espectaculares, anuncios con caras que no conocíamos. No sólo son las promesas fatuas y las toneladas de basura electoral. Hay muchos motivos por los que los ciudadanos  estamos enfadados. El primero y tal vez el más relevante es que los partidos reciben $5,356,771,247.32 pesos para campañas y gastos ordinarios. Así desde la cifra de los millones de millones hasta los centavos se recorre un camino de corrupción y despilfarro en un país que tiene gente en situación de pobreza alimentaria.

Dice Juan Villoro que nunca se dio tanto para tan poco. Nada más de ver la cifra se enchina el cuerpo, ver que no perdonan ni los treinta y dos centavos, enciende el coraje. Tanto dinero tirado a la basura, invertido en hacernos oír babosadas, en inventarnos un mundo de fantasía donde el que promete olvidó que ya sabemos que no puede. Los chapulines se toman la foto, salen retratados junto a frases imposibles y se les ve tan felices. Hay un cartel de Mauricio Toledo en su actual aspiración junto a otro que se quedó colgado de cuando quiso ser delegado. La imagen es poderosa, casi ocupa las mismas palabras, ya sabemos del desastre de su gestión. Lo premian con una silla nueva.

Pero no sólo son las eternas promesas que de ante mano, sabemos que no cumplirán. Es lo que queda pendiente. Como todos andan en campaña, nadie se queda a trabajar. Las oficinas delegacionales, municipales, estatales están vacías. Todos andan en el mitin del candidato. Es decir, a la cantidad multimillonaria que reciben los partidos hay que sumarle el despilfarro de la gente que en vez de estar resolviendo, anda en la calle haciéndole el caldo gordo al futuro funcionario.

Los ciudadanos estamos enfadados de la frivolidad de los funcionarios, del cinismo de los candidatos, de la voracidad de los partidos y de los dinerales que reciben para desperdiciarlo. El desencanto es generalizado, muchos creen que anular el voto nomes una buena opción, pero estamos en un estado de orfandad en el que es dificil elegir al menos malo. Todos son pésimos. Estamos hartos de financiar tanta corrupción, de trabajar para mentirosos que nos quieren dar atole con el dedo.

El pronóstico es una votación desangelada. ¿Quién prefiere salir de la casa que quedarse a ver el tenis o el partido de futbol? Pocos. Entre las fantasías que nos quieren hacer creer los que salen en los cárteles, el mal tiempo, los asesinatos, las amenazas de grupos subversivos, esta elección intermedia no seduce. Sin embargo, hay que ir a votar. No por otra cosa, por cumplir con la obligación ciudadana. Por no traspasar el umbral de los que se quejan sin hacer nada, aunque el voto, uno de los más caros de la historia y del mundo, no vaya a cambiar las cosas.

  

Rechiflas

Me habían contado que eso pasaba pero no lo había presenciado. En la oscuridad del cine, antes de empezar con la película, justo después de los cortos, sale una familia reunida en torno a la mesa que recibe una llamada telefónica. Todavía no han pasado ni dos segundos y la rechifla ya es general.
Ya nadie pone atención al chantaje del Partido Verde que nos vende el gran logro de darle cadena perpetua a los secuestradores. La cara de angustia mal actuada, en vez de generar empatía, provoca coraje. Me habían dicho que la gente en el cine chiflaba el disgusto de que hasta en los momentos de entretenimiento tuvieran que padecer el entrometimiento de la basura electoral.
Ayer, no sólo fueron chiflidos, la gente exigía a gritos que quitaran eso, que dejaran que empezara la película y lo pedían en forma enardecida. Sí, los electores están enfadados y por lo menos quieren que los dejen divertirse sin tener que comerse esa sandez mal producida y peor encaminada.
¿Quién se beneficia con esos anuncios? Si el partido político piensa que eso les ayuda, déjenme decirles que es al revés. A mi lado, una señora empezó a aventar palomitas a la pantalla. En medio de tanta rechifla, nadie escuchó más que el enojo expresado por la audiencia. De lo dicho en el anuncio, ni quien quisiera enterarse.
El horno no esta para bollos, los dispendios ya se pasaron de la raya y la gente ni se traga esas payasadas ni quiere que se las sigan recetando. Mucho menos cuando quieren distraerse y pagaron por ello. Las salas de cine deben saber que al público no le gusta que le incluyan en el precio del boleto un anuncio político por el que ya pagaron con sus impuestos.
Pagar dos veces es una pillería. Pagar doble por esas cochinadas es peor. Entrar al cine para ver porquerías electorales es para morirse de coraje. La basura mediática que nos obligan a tragar no ayuda en forma alguna. Ni siquiera los más ingenuos quieren esa sustancia tóxica. El aroma que deja es tan exquisito como el de un pescado podrido y el gusto que provoca es similar al de una manzana llena de gusanos. Oiganlo de una vez, la rechifla es para los políticos y para los que les abren espacios indebidos. Ojalá que lo entiendan los dueños de las salas de cine. El boleto que se paga es para ocupar una butaca y ver una película. No por nada más. No para ir a ver basura que no está en cartelera.

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El problema del PAN

El Partido Acción Nacional se transformó y el cambio no fue bueno. El partido que fue oposición mesurada y propositiva, que sabía decir que no argumentando y que apoyaba al partido gobernante cuando consideraba que era lo correcto, se esfumó.
Las figuras equilibradas como Luis H. Alvarez se han apagado ante las necesidades de reflectores de los nuevos militantes. Castillo Peraza se volvería a morir de ver el cochinero que quedó después de que el PAN fue el partido en el poder. La letras de oro de Gómez Morín se opacan en vista de la transformacion del partido que él fundó.
Hoy los dimes y diretes de las luchas dentro del partido nos recuerdan más a las tribus del PRD que los panistas tanto criticaron. Cayeron bajo: moches, fiestas descaradas en lugares destinados al servicio de la Nación, gastos personales que corrieron a costa del contribuyente, borracheras a cuenta del erario público. El partido que hace veinte años era una institución seria y correcta devino en una cueva de frivolidades.
El lenguaje decayó, las propuestas involucionaron, la corrupción avanzó y el dinero mal habido se convirtió en una tentación insalvable. La vida política, ya se sabe, es una carrera con obstáculos, el que sepa sortearlos llegará a la meta. El que aprenda a sortearlos con gracia ganará respeto. Antes, la gente del PAN sabia sortear el camino con elegancia. Tal vez se les acusaba de mochos, de rígidos, de excesivamente planchados y almidonados y era cierto. Yo prefiero a esos engominados que batallaban dando ideas y haciendo propuestas que a los bocafloja que se dan hasta con la cubeta para llegar a la dirigencia del partido.
Un partido que solapa la corrupción, que propicia las malas prácticas, que tolera los cochupos no es PAN que Clouthier se imaginó, ni el que llevó a Vicente Fox al poder. Fue una oposición que ganó en las urnas su lugar en Los Pinos, no por tener un candidato de vocabulario florido y modos de rancho que nos cayó bien. Fue porque creímos en que ese candidato estaría respaldado por la calidad moral de un partido probo. La historia se encargó de demostrarnos que de lo bueno de ese partido no brillaron los mejores.
El panismo le quedó a deber a México. Los votantes le entregaron el tesoro de la transición en las urnas y miren nada más el reguero que dejaron. Los mexicanos estamos hartos de ver políticos corruptos, cínicos y voraces. De ver a gente que no tiene los tamaños para ser candidatos a puestos de elección popular y sin ningún tipo de mérito pero, ahí están. Estamos hartos de ver muchachitos perfumados que no saben hablar pero sí saben robar, de ver chicas sentadas en su curul viéndose al espejo, pintándose la boca o jugando con su celular de última generación mientras se vota el futuro de la nación.
Estamos hasta la coronilla de asambleístas, diputados y senadores autocomplacientes que nos hacen pagan sus facturas de tintorería, de enjuagues bucales, de cajas de vinos, sus lentes y demás afeites tan necesarios para el progreso de la nación. Y que ademas roban a manos llenas sin haber leído el ideario de su partido. Muchos ni siquiera saben quién era Manuel Gómez Morín.
Y, claro, es verdad que ese tipo de infecciones no son exclusivas del PAN, existen en todos lados. El problema del Partido Acción Nacional es que esperábamos más y nos quedó a deber.

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¿El poderoso PRI?

Obras son amores y no buenas razones, o lo que es lo mismo, a los resultados me remito. Si atendemos a los principios de planeación estratégica, para evaluar el exitoso el fracaso de una gestión tenemos que basarnos en resultados medibles y cuantificables. Así las cosas, el PRI puede ser calificado como un partido exitoso que resurgió de las cenizas cual ave fénix.
Los resultados de las elecciones del pasado fin de semana les otorgan triunfos a lo largo y ancho de la República Mexicana. La población le da un espaldarazo al partido gobernante que fue calificado por Mario Vargas Llosa como aquel que fraguó la dictadura perfecta. Así, a simple vista, parece que los mexicanos no entendemos, que nos gusta la mala vida y que nos encanta ponernos en manos de dinosaurios mañosos. Así, de una ojeada, da la impresión de que el súper PRI está de vuelta por la necedad de los electores o por el mérito que los votantes le han otorgado.
Sin embargo, el merecimiento no es responsabilidad absoluta del PRI, también el PRD y el PAN contribuyeron. El desorden que la población percibe en los partidos de la oposición no genera confianza. Las tribus de la izquierda pelean violentamente entre ellos, luchan por sus espacios y luego los dilapidan con actos de corrupción cínicos y traperos, sin que sean llamados a cuenta. Ni siquiera reciben un jalón de orejas. El caso del delegado en Coyoacán y el descaro con el que aún permanece sentado en el despacho de la delegación ya cobran facturas, las manifestaciones, los apoyos clientelares, tienen sus precios. Quejarse de todo y por todo sin presentar propuestas concretas ya no encandila a nadie. Gruñir, lamentarse, incitar a la rebeldía para luego actuar igual o peor que lo que criticaban también cobra facturas caras.
Por su parte el PAN se sigue hundiendo en la preferencia de las urnas. Los personajes relevantes del panismo no generan ni simpatía ni confianza. Gustavo Madero usa un léxico para dirigirse al electorado que parece que estamos escuchando a un carretonero, si así descuida el lenguaje, cómo cuidara otras cosas. Ya vemos que a su partido muy cuidadito no lo tiene. Cordero es de tal calaña que pasa facturas de sus enseres de higiene personal a la cuenta del erario público, así de elevadas son sus miras, Mariana Gómez del Campo se peina en su curul, Gabriela Cuevas desaparece sin dar explicaciones y los dimes y diretes del antiguo partido en el poder hacen que el elector huya de esta opción. El PAN se hunde como fuerza política, se debilita y solitos cavan el hoyo y se meten en él sin que nadie les ayude, ellos sólos pueden. Su frivolidad los destruye.
Ante estos hechos, el PRI sonríe. Deja que la actuación de perredistas y panistas le beneficie. ¿Eso quiere decir que el PRI es ese partido poderoso del pasado? No lo creo. En mi opinión siguen teniendo el colmillo grande, largo y retorcido. Aprovecha que la oposición está distraída en sus pleitos domésticos y avanza.
¿Quién fue el protagonista poderoso? Me parece que este lugar lo ganó el abstencionismo. Los votantes, que en el pasado mostraban interés y participación en las elecciones locales, este fin de semana no concurrieron como antes. Los abusos, la corrupción, la violencia, el gasto excesivo, las guerras sucias tienen enfadado al votante. Las alianzas convenencieras no engañan al elector, lo ahuyentan.
No. No hay súper PRI poderoso. hay enfado y desilusión. Hay hartazgo. Hay abstención. Por lo tanto, aunque los resultados para el PRI son buenos, la evaluación no es positiva. Tal parece que en política no caben los principios de planeación estratégica. Y encima, la selección pierde contra Panamá.

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Nació con estrella ( reforma financiera )

Nació con estrella y bien apadrinada. La reforma financiera fue tan bien recibida que el tipo de cambio se movió favorablemente, fortaleció al peso, las calificadoras reaccionaron mejorando la calificación de México, nos quitan factor de riesgo y el país se vuelve más atractivo. la fortaleza de las cifras macroeconómicas nos hacen atractivos.
Los financieros están de plácemes, por fin les llegó la fecha por la que tanto habían suspirado. El objetivo es que se otorgue crédito, que se destrabe el financiamiento, que fluya de manera que los bancos hagan negocio y aquellos que lo necesitan tengan recursos para echar a andar sus proyectos. Que se financie el desarrollo. Eso son buenas noticias, tanto es así, que el mundo ha reaccionado favorablemente. La opinión es aprobatoria, esa que no se pronuncia mandato, sino que se mueve a partir de las evidencias. México se revela como un país que seduce.
Nos asomamos a la cuna de la recién nacida, del mismo modo como se asomaron las hadas madrinas a ver a la pequeña Aurora en el cuento de la Bella Durmiente. Antes de que aparezca la bruja mala habrá que felicitar a los padres. Bien por los actores políticos, salud por los financieros, enhorabuenas para los próximos sujetos de crédito.
Pero, ya conocemos la trama del cuento. Ya sabemos lo que va a pasar, hay una bruja en el futuro que le pone un maleficio a la recién nacida. Si ya tenemos esta información, podemos prevenir y evitar que lo que hoy es motivo de gusto y parabien se convierta en llanto, desesperación y rechinar de dientes. No nos hagamos los ingenuos, todos sabemos de lo que se trata. El maleficio es la falta de prudencia de los que gastan mas de lo que pueden, de los que prestan a quien no se debe. Es responsabilidad de ambas partes ser cuidadosos, los actores deben tomar consciencia.
Hace poco me dijeron que la reforma financiera era alentadora ya que daría condiciones para acceder a crédito de mas calidad, es decir con mejores condiciones y mas barato. Entre mejores condiciones para facilitar el crédito, la vocación bancaria se verá justificada, por fin podrán facilitar otorgamiento de prestamos.
Por fin se quitará el freno a la economía, por fin los depositarios de los ahorros dejarán de ser custodios y podrán colocarlos, con lo que se impulsará la actividad económica. Sí, finalmente llegaran recursos a quien los necesita sin tener que desmontar que en realidad no los necesitan. Por fin llegaran los tiempos en que se prestará a los que requieren apoyo, habrá confianza. Sí, créditos fáciles y baratos.
Cuidado, créditos fáciles y baratos.
La reforma nació con estrella y bien apadrinada, que los involucrados la cuiden para que crezca y de frutos, que sea impulsora de desarrollo y no lo contrario, que la cuiden, la nutran ya la protejan de la maldición de la falta de prudencia.

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