Adiós al Presidente Barack Obama

El primer presidente de raza negra de los Estdos Unidos se despide, el fin de su era espera que el último tic del reloj se dé y tras ocho años de gestión, el mundo lo despide con tristeza. La figura que concretó sueños, que reivindicó los anhelos de otros que murieron sin lograrlo, que le hizo ver al mundo que la inclusión se puede, sale de la Casa Blanca dejando un legado que hubieramos querido, fuera más sólido. Su mejor activo fue su persona. 

Se va Obama y su herencia es tan frágil. Su sucesor, tan radicalmente distinto, ya dijo que piensa dar marcha atrás a lo hecho en su gestión y los demás países sabemos lo que eso significa. El legado de Obama se colapsa con un ventarrón vertigionoso y en la debilidad, se desmatarializa como una pastillita efervescente en un vaso de agua. La ilusión con la que se le recibió hace dos años, choca con una realidad compleja: el mundo está cambiando y esas promesas, cumplidas a medias, están amenazadas de muerte por su sucesor.

El cambio no puede ser mas radical, el pensamiento de Donald Trump es totalmente divergente. La sabiduría de las palabras se vence con los efectos mediáticos de un hombre del espectáculo. Sus compatriotas se inclinan ante un multimillonario oscuro y se olvidan del hombre intelectual. La mesura cayó frente al impulso, el fin de las diferencias étnicas que llevó a Obama a la oficina oval se acaba y empieza una era de desprecio y odio a lo diferente. Lo que viene, no le gusta al mundo y la imagen de Trump hace que lo hecho por Obama se desdibuje. Pero, ¿qué fue lo que hizo?

Obama recibió un Premio Nobel de la Paz por una promesa incumplida. De hecho, dejó de cumplir muchos de sus compromisos. Prometió acabar con la guerra y siguió con bombardeos. La tecnología de drones avanzó en su uso mientras estuvo en el poder. Ha sido el presidente de las deportaciones. Jamás hubo tantas como las que se acumularon en su tiempo. En su mandato, niños migrantes fueron enjaulados como animales. Aunque prometió regularizar la situación de los migrantes en Estados Unidos, su situación no avanzó durante su gestión. Guantánamo sigue operando, a pesar de  que se dijo que sería cerrada. El embargo a los cubanos sigue ahí y las aproximaciones se convertiran en otra cosa en cuestión de días.

Es verdad, el Presidente Obama tuvo un Congreso adverso. El apoyo no estuvo de su lado y esas formas tan mesuradas, tan conciliatorias hoy se traducen en fragilidad y tenen al borde de la desaparición todas sus iniciativas. Se va el primer presidente de raza negra y ya lo estamos extrañando. Su sucesor no tiene empacho de enseñarle al mundo que ni seguirá su ejemplo, ni le interesa preservar su legado. 

Extrañaremos esos discursos, esa forma de ver la vida, esa familia, en fin, esa figura. No obstante, el mundo observará su gestión y la Historia se encargara de evaluarlo. Serán los años los que puedan calificar esa gesrión, eso si su predecesor deja algo que podamos observar. 

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Protagonismos y pasos en falso

En los últimos días de 2016, andamos enojados, asustados y como que el porvenir se pinta de tonos poco propicios. Los próximos eventos nos tienen sentados al filo de la silla: los gasolinazos, Trump como presidente en funciones, Corea del Norte con amenazas atómicas, China agregando tensiones a la escena mundial, Israel y sus asentamientos ilegales, una Zona Euro frágil, un Reino Unido que buscó aislarse, un crecimiento del empleo raquítico y un pronóstico de desaceleración económica mundial. Encima, se nos mueren los famosos a los que hemos admirado tanto. La gente pide a gritos que acabe el 2016 como si el calendario tuviera responsabilidad en todos estos hechos. 

No es así.

No fue 2016 el que sufragó a favor del Brexit ni el que votó a favor de Trump. No fue responsabilidad del 2016 la muerte de nuestros ídolos. Dice Charlie Brown, my idols are dead, and my enemies are in power. Y, por si fuera poco, la prudencia anda escondida y la estridencia se adueña de la escena. A pocos días de dejar el poder y ante la evidencia de la intervención cibernética de Rusia en las elecciones estadounidenses, Obama expulsa a miembros del cuerpo diplómatico ruso. Más tardarán en irse que Trump en hacerlos volver. Theresa May crítica el discurso que John Kerry pronunció en Israel condena do los asentamientos ilegales por parte de los judíos. En un claro intento por acercarse al nuevo presidente de los Estados Unidos, la Primer Ministra británica se agacha y besa el suelo. El canciller ruso le aconseja a Putin expulsar a los funcionarios estadounidenses de su territorio y con una sonrisa, Putin dice que eso no va a suceder.

En la estridencia de los protagonismos, Obama se ve dando patadas de ahogado, tratando de remediar todo lo que no hizo con anticipación. Kerry se pone con palabras duras a punto de dejar la oficina y Putin acaricia al gato y le da vuelta a su perol. En Gran Bretaña, muchos quieren boicotear el Brexit, en la cruda realidad del día siguiente se empiezan a dar cuenta de que no todo es lo que les prometieron, ni todos los discursos triunfalistas van a ser verdad. El gabinete entero del Presidente Peña sale a justificar con babosadas los incrementos de la gasolina, cuando el precio del petróleo anda por los suelos. Ofrecen disculpas como que así se apoyan medidas en favor de la ecología y de uso de transportes más amigables al ambiente, ¿cuáles? Más patrañas.

Se abre la boca con una necesidad de protagonismo y se resbalan dando pasos en falso. Además, leemos por ahí peticiones de que 2016 ya se acabe de una vez, porque se han muerto tantos de nuestros ídolos. Sin embargo, nos olvidamos de los excesos que anticiparon la muerte de estos seres admirados. La muerte de George Michael me entristeció, no ha habido alguien que haya cantado con dignidad junto a Queen, después de Freddy Mercury, como él. Era un virtuoso a carta cabal. Pero tenía una adicción al crack que nunca pudo controlar. Carrie Fisher decía que ella jamás uso una uña para aspirar cocaína, siempre usaba cucharitas hechas con billetes de cien dólares. La muerte a los sesenta años se debe, en muchos sentidos, al deterioro que le causó el consumo de drogas. 

El problema del 2016, me parece, fue este protagonismo que nos llevó a dar pasos en falso y luego, al ver las consecuencias, quisimos esconder las manos y pasarle la factura a alguien más. Obama supo de las posibilidades del ataque cibernético Ruso y prefirió no actuar, los votantes estadounidenses dijeron preferir a Hillary y por lo bajo sufragaron a favor de Trump, los británicos no entendieron cuales serían las consecuencias de su elección, a May se le ve la intención de ronrronear para acercarse a Estados Unidos, el gabinete de Enrique Peña nos quiere dar atole con el dedo, los políticos corruptos siguen robando y siguen caminando por las avenidas mas lujosas del mundo rodeados de sus seres queridos. 

No se trata de que se acabe el 2016, se trata de poner atención y darnos cuenta que no todo lo que nos prometen es factible ni todo lo que dicen es verdad. No fue que éste fuera un año bisiesto, ni que empezara en un viernes del calendario gregoriano, ni le podemos echar la culpa de nada. Se trata de asumir lo que nos toca de responsabilidad y dejar de echarle la culpa a alguien más.

Obama en Cuba

Así como Guillermo Cabrera Infante empieza su novela con el epígrafe de Lewis Carroll, y trató de imaginar cómo se vería la luz de la vela cuando está apagada, refiriéndose a una vida cubana que estaba desfalleciendo, usando la metáfora de ese momento en el que se acaba la luz y aún queda el fulgor que cederá a la oscuridad, con ese mismo ímpetu que da el último acorde de esa gran sinfonía, justo antes de la estridencia del aplauso, así de esa misma forma veo como la visita de Barack Obama tendrá efectos inmediatos en la isla. 

Como si pudiera sostener el tiempo con unas pinzas, al igual que Cabrera Infante, observo una nación que está a punto de cambiar. Esos muros de mar entre los que vivió encerrada la población cubana por años y años, esa promesa de la Revolución, esa necesidad extrema que busca canjear dignidad por un par de medias o por una pastilla de jabón, esos trajes remendados en El Tropicana, esa literatura asfixiada, esas canoas que se hacían a la mar en busca desesperada de un Miami lejano, esa nación dividida entre lo que sucede entre una Península y un régimen prolongado por años y heredado de familiar a familiar por tantas generaciones, todo Cuba está a punto de cambiar.

Ver a un presidente estadounidense que llega con mujer, hijas y suegra, repartiendo sonrisas y abriendo puertas son parte de ese imaginar una luz que se apagó por tantos años y que está a punto de volverse a encender. Los signos de los tiempos hablan. El presidente cubano no estuvo al pie de la escalerilla del Air Force 1 para recibir a su distinguidísimo invitado, ni le dio la bienvenida, hubo que esperar hasta el día siguiente para que ambos mandatarios pudieran hablar. ¿Cuál es la prisa? Qué más dan unas horas después de casi noventa años en que jn presidente de Estados Unidos no se parara por ahí. 

Guantánamo sigue ahí, a pesar de tantas promesas. El embargo se suavizó. No ha acabado. Las inversiones en el sector turístico empiezan a fluir. Sheraron ya compró el Hotel Inglaterra, ya se oueden hacer reservaciones en línea desde sitios estadounidenses, Google ya tendió líneas a la isla y los cruceros harán en Cuba algunas paradas. Habrá dinero que llegará a la isla. Obama sonríe y Castro se ríe. El juego cubano viene con sones y timbales. 

Han pasado muchos años. Los cubanos que salieron de la Habana y llegaron a Miami tienen tanto que decir sobre el regimen en la isla que tal vez prefieran guardar silencio en favor de la familia que se quedó. Muchos entienden que es mejor que la actividad económica llegue a Cuba y el progreso beneficie a sus primos y tíos. Tal vez ni los conozcan ni los recuerden ni los hayan visto jamás. Tal vez algunos tengan el ceño fruncido y el hígado inflamado porque Obama está a la mesa con Castro. 

Tal vez, lo ciero es que hoy, igual que Cabrera Infante, trato de imaginar como se verá la luz de la vela que iluminará a la isla, cuando esté encendida, una vez más. Dama y caballeros, con ustedes… sin trabalenguas, con la musicalidad de los cubanos, siento mucho gusto por lo que les va a llegar. Por fin. 

  

El discurso de Netanyahu

¿En qué piensa un hombre cuándo pronuncia un discurso en contra de su anfitrión? Con la sensibilidad de un hipopótamo y pensando que estaba haciendo una gracia, el Primer Ministro de Israel fue a pronunciar un discurso frente al Congreso Norteaméricano. Se le abrieron las puertas del Capitolio y arremetió contra la política estadounidense con respecto a medio oriente. La intención de los repúblicanos al externderle la invitacion a Benjamín Netanyahu era clara, querían hacerle pasar un dolor de cabeza al Presidente Obama. Los motivos del israelita estaban a la luz, hacía campaña proselitista aprovechando los reflectores que le daba la tribuna de Capitol Hill para llamar la atención mundial.

Hay que decir que lo logró. Sin embargo, no siempre que se llama la atención se genera un efecto positivo. Los votantes en Israel estallaron furiosos al ver a su representante pronunciando un discurso nada diplómatico en contra del Presidente de su principal aliado en el mundo. Sin el apoyo norteamericano, el Estado de Israel tendría serios problemas. Eso lo saben todos, especialmente los que se encuentran en una situación tan vulnerable como la que viven los habitantes del territorio israelí. Si así, con todo y el apoyo norteamericano, sufren ataque terroristas y gracias al respaldo estadounidense, lo que ellos hacen encuetra miles de disculpas, sin ese apoyo la circunstancia geopolítica sería muy diferente.  

Evidentemente, el discurso no cayó simpático en la Casa Blanca. Obama dijo en forma diplómatica que no lo pudo ver y que sólo leyó la transcripción. También dijo, y es verdad, que Netanyahu no hizo ninguna propuesta que generara valor. En pocas palabras, el Presidente de los Estados Unidos le dijo al Premier Israelí, veniste a gritar a mi casa y no trajiste nada que valga la pena. Un desastre de la diplomacia de Israel en voz de su Primer Ministro.

Con el discurso, no ganó Obama, que fue regañado en su propio territorio, no ganó Benjamín ya que sus votantes despreciaron sus palabras y generó todavía más encono de Medio Oriente. ¿Quien ganó? Creo que nadie. Ni siquiera los republicanos que tronaron en aplausos para el señor Netanyahu. Digo que ni ellos, ya que así se ponen en evidencia. Contratan personajes para que le falten al respeto a una figura del Estado Norteamericano. Sus votantes no son tontos y ponen atencion. Ese gesto, tal vez travieso, les puede costar muy caro.

Las preocupaciones del Presidente Obama

En el último tramo de su administración, el Presidente Obama mete el acelerador y quiere hacer lo que no pudo o no se atrevió a hacer anteriormente. Decide plantar cara y mirar de frente a esos republicanos que lo maniataron y que tiraron por la borda sus iniciativas por el gusto de hacerlo. Sí, Barack Obama quiere pasar a la historia por algo más que por el color de la piel.
Barack Obama tiene puesto el ojo en el futuro del personaje histórico y se está haciendo cargo de él. Quiere dejarle claro a la Historia y a las generaciones por venir que él llegó a la Casa Blanca para algo más que dejarse mangonear por la gente del Capitolio. Lo hace en forma contundente, planeada y cuidadosa. Deja a un lado la actitud cautelosa y timorata del pasado. No quiere agradar, quiere operar sus ideas.
Ayer, por primera vez, la Casa Blanca puso en línea el discurso que daría en ocasión del State of the Unión antes de ser pronunciado. Obama no quiere dejarle lugar a las dudas. No le preocupa que lo llamen comunista, que lo critiquen o que lo vean con ojos de desagrado. Eso ya no le mortifica.Quiere pasar a las hojas del recuerdo colectivo como un mandatario que se ocupó de devolverle a su país la ilusión del sueño americano.
Para ello, abrió su discurso con una reflexión: han pasado quince años de que inicio el Milenio y el mundo parece sumido en un letargo, asustado por el terrorismo, agobiado por la desaceleración económica, la falta de empleo y la falta de oportunidades. Sin embargo, informa que los Estados Unidos están despertando y que los signos de recuperación están empezando a brotar.
A lo largo del discurso se dirige a la clase media y los pone en el centro de su preocupación. Toma la preocupación de Picketty e intenta arreglar la brecha que se provoca por la desigualdad económica y la distribución inequitativa de la renta. Quiere achatar la pirámide, quiere agrandar la franja de la clase media y para ello echa mano de los ricos, los tasa con un nuevo impuesto.
Lo llaman comunista y populista, claro, a nadie nos gusta pagar impuestos, menos a los ricos que sienten que se les castiga por hacer las cosas bien. Ahora hay que pagar por ser prósperos. No es un castigo, es un llamado a la solidaridad, a la obligación que tienen con una nación aquellos que se han enriquecido en su territorio.
Se asustan, van a su caja y cuentan las monedas, una a una y se les saltan las lágrimas al pensar en que tendrán que prescindir de unas cuantas. Elevan al monte del Capitolio estertores dolorosos y claman por la protección de sus representantes.
Obama los escucha estoy segura, pero ya tomó una decisión. Los va a ignorar. Quiere agrandar la franja de la clase media y para que no haya duda, antes de pronunciarse a favor de una mejor distribución de la renta, da a conocer su palabra e inicia la provocación incluso antes de llegar al Capitolio.
Así, con esa consciencia, con esa seguridad, Barack Obama, pronuncia uno de los discursos más interesantes que se le han escuchado. Confiado en su capacidad oratoria y en la contundencia de sus intenciones, muestra a propios y a extraños, a demócratas y a republicanos, a Estados Unidos y al mundo entero dónde están sus preocupaciones.
Quiere quitarle el embargo a Cuba, quiere mejores condiciones para los migrantes, quiere darle la vuelta al mundo con ideas reformadoras y no es que sea un santo, entiende que con ello traerá mayores beneficios a su economía, comprende que las políticas restrictivas están envenenando a la economía que alguna vez fue la más poderosa del mundo. Quiere regresar a los Estados Unidos a ese lugar de honor. Cierra su discurso dejando claro que la sombra de la crisis ya pasó, y que vienen mejores tiempos para la nación que él ama.
Sí, Obama tiene los ojos puestos en la Historia, no le preocupa la oposición ni un Congreso hostil. Ojalá logre achatar la curva de la distribución del ingreso, esa sería una buena noticia, no sólo para ellos, también para todo el mundo.

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Dejar de ser invisibles

He criticado al Presidente Barack Obama por su falta de compromiso con los migrantes que viven en Estados Unidos, que trabajan honestamente, pagan impuestos y contribuyen a forjar la riqueza de la nación más poderosa del mundo. Lo he criticado porque fue gracias al voto latino que el señor pudo sentarse en la silla presidencial y habitar en la Casa Blanca.
También lo critiqué por la falta de congruencia entre su discurso de campaña y su oficio presidencial. Hizo todo al revés. Su administración ha deportado a más gente que otras y ha fracturado familias y tratado a niños como animales, enjaulandolos en condiciones infrahumanas.
Pareciera que la tierra donde el sueño americano es lema y en la que la justicia e igualdad son valores ha decidido que, unos son más iguales que otros y que lo justo es hacerse de la vista gorda con los latinos. Dejan de verlos para otorgarles derechos pero cobran sus impuestos. Les abren las puertas de sus casas para que cuiden a sus hijos, limpien a sus viejos, corten su pasto, laven su ropa, pero cierran la frontera y los sienten molestos si piden ser vistos como iguales.
Obama ha sido un presidente débil. Se ha dejado atrapar por un Congreso mezquino y se ha sometido a sus intereses. No le resultó tanta obediencia. Nadie se lo ha agradecido. Ante el fracaso de las elecciones intermedias y como un político que ya no tiene nada que perder, tomó una decisión: dejar el corto plazo y comprometerse con la Historia.
Obama ni quiere ser recordado como el presidente negro que fue esclavo de sus legisladores, ni aspira se recordado como el hombre que tuvo buenas intenciones y pocas acciones. Se revela y decide hacer lo que nadie ha hecho: resolver un problema que ya se convirtió en lo cotidiano. Quiere poner fin a una injusticia. Va a hacer que los latinos dejen de ser invisibles.
Avisó que hoy, 20 de Noviembre, hablará y operará a favor de los migrantes. Hará uso de sus facultades ejecutivas y tomará decisiones. Dejará de lado las necedades del Congreso y pondrá órden. Cumplirá sus promesas.
El Presidente de los Estados Unidos se dirigirá a la nación y al mundo para decir cómo pretende ayudar a los latinos migrantes. Con ello hace un movimiento múltiple: cumple su promesa, toma la estatura de un dignatario, resuelve un problema, retoma la simpatía de los latinos que lo llevaron al poder y pone al Partido Demócrata en la lucha para la elección presidencial. También evidencia al partido Republicano y lo desnuda frente al mundo. Carambolas.
Pero lo principal es que muchos que creyeron en el sueño americano, que han trabajado y aportado al crecimiento de esa nación, por fin, dejarán de ser invisibles. Hay esperanza por lo que el Presidente Obama dirá hoy por la tarde. Sea el 20 de noviembre un día propicio y marque, nuevamente, el calendario a favor de los que nadie ve.

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Confusiones

Algunas veces me confundo y dejo de entender las cosas. Cuando los conceptos se mueven de lugar y quedan descolocados, la cabeza empieza a dar vueltas, las preguntas germinan en terreno fértil pero las respuestas escasean, se vuelven tan fáciles de encontrar como un estanque de agua clara en medio de un desierto arenoso.
Escucho el discurso, airado y sentido del Presidente Obama. Agita el puño y golpea el atril al informar que su respuesta ante la captura, martirio y degollamiento de periodistas es la guerra. Contra los terroristas, unidad global y mano dura. Lo dijo en la sede de las Naciones Unidas, casa donde se resguarda la amistad internacional, sitio en el que se vela por la armonía del mundo. Mi cerebro se confunde, las ideas se me hacen moño y, desde luego, dejo de entender. ¿Qué no es este sujeto al que le dieron el Premio Nobel de la Paz? ¿Qué no es la ONU la organización encargada de salvaguardar la concordia mundial?
Me cuesta trabajo encontrar una diferencia entre matar a control remoto o asesinar cuchillo en mano. Para las dos acciones se necesita la misma sangre fría. En ambos casos, la muerte triunfa.
El Premio Nobel de la Paz es uno de los cinco premios que fueron instituidos por el inventor e industrial sueco Alfred Nobel. Este premio se otorga “a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz”, según dice el testamento del propio Nobel. En mi confusión, yo veo a Obama trabajando al revés de lo que Nobel testó.
La ONU es la mayor organización internacional existente. Se define como una asociación de gobierno global que facilita la cooperación en asuntos como el derecho internacional, la paz y seguridad internacional, el desarrollo económico y social, los asuntos humanitarios y los derechos humanos. No entiendo como un discurso para justificar una guerra se pudo pronunciar en el centro de operaciones de la institución que vela por tan altos valores sin venirse abajo.
Entiendo la rabia y la impotencia que siente el presidente Obama al ver esos videos sanguinarios y de crueldad extrema. Lo entiendo porque yo misma siento ese hoyo de terror en las entrañas. Sin embargo, sé que la violencia engendra violencia, una más brutal y con mayores potencias. La contestación de una agresión con otra tiene un efecto multiplicador que provoca mayor ira, resentimiento y sed de venganza.
Entonces dejo de entender. ¿Qué pasó ayer en las Naciones Unidas con el Presidente Obama a quien se le otorgó un Premio Nobel de la Paz? Discúlpenme, no lo entiendo. Avanza la confusión.

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Los republicanos tienen la culpa

El presidente Obama se faja los pantalones y toma decisiones ejecutivas. Decide saltarse al Congreso de su país y poner manos a la obra para resolver la emergencia humanitaria de los niños migrantes que viajan solos desde Centroamérica para reunirse con sus padres. No se quedó ahí la cosa, elevó el dedo y apuntó al culpable. Le cargó la responsabilidad a los republicanos que despachan en el Capitolio.
En un acto que parece un golpe sobre el escritorio, Barack Obama firma una orden ejecutiva para ayudar a los niños migrantes. No sabemos mucho del contenido de ese documento, pero da gusto que por fin Estados Unidos deje de meter la nariz en todos lados y se concentre el en batidillo que tiene en su casa.
La cara más trágica de la migración siempre tiene cara de niño. Si es duro escuchar las atrocidades que deben de pasar los que dejan su tierra natal para ir en busca de una vida mejor, lo es peor cuando hablamos de niños y niñas. Obama tiene una deuda sin saldar con la población latina cuyos votos lo sentaron en la silla presidencial. No ha habido reforma migratoria. Dice que todas sus iniciativas se han topado con la negativa del Congreso, especialmente con los republicanos.
La estrategia del partido opositor al Presidente ha sido esa, inmovilizarlo. Así, han bloqueado presupuestos, pagos, cerrado oficinas gubernamentales y paralizado servicios que dependen del Estado. Los republicanos han rechazado constantemente las propuestas de arreglar la situación migratoria de miles de latinos que viven y trabajan en los Estados Unidos desde hace años en forma ilegal.
En general, los políticos estadounidenses sólo se acuerdan de los latinos en tiempos electorales. Prometen y prometen y todas esas promesas terminan olvidadas, se las lleva el viento lejos de las personas que tanto ofrecieron.
Si los latinos tienen memoria, y espero que la tengan, le cobraran esta factura a los republicanos.
¿Quién les va a creer ahora que defiendan derechos humanos? Nadie. No tienen cara de hablar de ellos cuando les han negado ayuda a niños que viven como en perreras municipales en su propia casa. Los animales de zoológico del pueblo más triste de la Unión Americana cuentan con mejores condiciones de vida.
Aquí, lejos de cualquier visión política o de tintes partidistas, lo que interesa es ayudar a estas criaturas. Los presidentes de las naciones involucradas, cancilleres, embajadores y cuerpos diplomáticos se están haciendo cargo. Los únicos que miraban al cielo silbando son los estadounidenses, como si la Virgen les hablara. Les va a hablar, ya verán.
Sin embargo, este golpe en el escritorio es de corto plaza y urgen medidas de largo aliento. Es tiempo que la comunidad latina empiece a exigir y a hacer valer con todo su peso la influencia que tiene a la hora de inclinar la balanza.
Los republicanos ya fueron señalados y ellos torcieron la boca y elevaron los hombros. Conste ya dijeron. ¿Qué contestarán los latinos?

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Fronteras

Hace veinte años nos dijeron que las fronteras se estaban desdibujando, que el mundo sería cada vez más global y que viviríamos en el privilegio de la libertad geográfica. El planeta se reorganizaría, nos dijeron, y lo relevante se centraría no en lo nacional si no en lo mundial, es más en lo universal. Esta nueva composición geográfica iniciaría con los temas comerciales, las mercancías gozarían de libre tránsito y las personas también. Después todos seríamos uno. Hermanados. Unidos.
Pero resultó que hay de fronteras a fronteras. Las diferencias fueron las principales aliadas de los globalifóbicos. Los detractores de la unión ganan posiciones. Claro. Hay líneas más gruesas que otras. No es lo mismo la frontera entre Noruega y Suecia que la que existe entre España y Francia. No es igual la línea divisoria entre Canadá y Estados Unidos que la que hay con México.
Hay fronteras que lo son más que otras. Hay puertas que siempre permanecerán cerradas a pesar de tratados de libre comercio, de buenas voluntades, de oficios diplomáticos y fotografías de primeros dignatarios.
El mundo no es igual desde Tijuana que desde San Diego, ni desde Ceuta que desde el desierto Africano o desde las playas de Lampedusa que sobre una piragua que flota sobre el Mediterráneo. Tampoco es igual Santo Domingo que Puerto Rico o que Cuba, por más que las similitudes sean tan grandes. A veces, pequeñas diferencias bastan.
Pero en términos de fronteras hay de todo. Como en botica hay variedades y extremos. Existen líneas candentes como las de Israel y Palestina, que a pesar de cohabitar territorios y de no quedar muy claro donde deben iniciar y terminar, son tan poderosas que han cobrado y siguen cobrando vidas. Hay otras que son tan movibles como los protagonistas de la historia han querido. Piensen en Estrasburgo, hoy es Francia pero hace algunos ayeres fue Alemania. La Historia nos hace ver la intermitencia de esa frontera, ahora francesa, ahora alemana, ahora francesa, ahora alemana.
Hay fronteras que quieren ser y se ve complicada su existencia. La dificultad se manifiesta. Así es para Cataluña y para el País Vasco. También para
Escocia o Quebec. Negociaciones, discursos, guerras, balas, bombas, destrucción muerte, lágrimas y desolación. Todo para fijar una raya. No cualquier raya, son líneas que hablan de individualidad, límites que dan Identidad.
En Crimea se vive una situación fronteriza parecida a la de Estrasburgo, es decir, hoy es parte de Rusia, mañana no. Ayer estuvo integrada a la Unión Soviética, después ya no. Ahora e parte del imperio Ruso, ahora no. Putin se revela como un hombre que no le tiene miedo a las amenazas de Estados Unidos, parece que le causa diversión estar provocando. Lo cierto es que el Señor Presidente tiene su agenda y no manifiesta ningún interés en lo que opine el mundo, ni temor ante las amenazas de Europa, ni de Obama, ni de la liga de naciones. Hace un referendúm y se anexa Crimea. Así de fácil.
Putin se ayuda de la historia y borra una frontera como quien corrige un trazo mal hecho en la clase de geometría. Las consecuencias no le son relevantes. Se acoge a la hipocresía de los que hoy lo critican. ¿Cómo escuchar a Estados Unidos si existe Siria? ¿Cómo hablar con Europa sin mirar al desierto Subsahariano? ¿Quién no tiene las manos llenas de lodo?
El sueño globalizador del mundo se tambalea, rechina y se ve difícil de ejecutar. Las diferencias entre los seres humanos parecen ser la causa reinante para que el sueño no se vuelva realidad. Cada quién defiende sus diferencias desde el privilegio y no permite que se traspasen ciertos límites, a menos que sus intereses así lo demanden.
Lo sabe Putin, lo sabe Obama, lo saben Merkel y Peña. Lo sabes tú y también lo sé yo.

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Por una fotografía

Una fotografía es algo más que una imagen fija en un material sensible a la luz. Es la posibilidad de perpetuar un instante, de atrapar un segundo y liberarlo de las manecillas del reloj. Es alejarlo de la posibilidad de extinción inmediata y condenarlo a la caducidad del material impreso. Sí ese material es digital, el daguerrotipo brincará a los niveles de la eternidad.
El ser humano del siglo XXI ha desarrollado un tórrido romance con la fotografía. Hoy, Joseph Nicéphore Niépce, se debe sentir sumamente orgulloso del invento que generó siendo un soldado retirado del ejército francés, mientras disfrutaba el ocio en el pequeño pueblecito de Le Gras.
En estos momentos, hay cientos de personas subiendo fotografías en Instagram, publicándolas en Facebook, colgándolas en Twitter, enviándolas por Whatsapp. En la era de la autopromoción, la fotografía vale más que mil discursos y sobrepasa cien mil ideas. Mientras más te vean, más te adoran.
Atrás quedaron los días en que los paparazzi eran los únicos que harían cualquier cosa por obtener la imagen anhelada, la valentía y la imprudencia de estos seres se ha reproducido con virulencia y se ha instalado en el código genético de miles de seres alrededor del mundo. Hay un hambre por invadir el espacio con imágenes. Sí el la propia, cuánto mejor.
No estoy hablando de la frivolidad exclusiva de púberes y adolescentes. Me refiero a los grandes esfuerzos que primeros mandatarios hacen por retratarse y dejarle así un legado a la Humanidad. Aunque sea ese tipo de legados. Lo de menos son los sacrificios, las carretonadas de billetes y monedas que eso implica, las molestias que generan y se autoinfligen. Lo relevante es obtener la imagen.
Fíjense si no. Vladimir Putin gasta fortunas para tomarse la foto inaugurando los Juegos Olímpicos de Invierno, a pesar de que sabe que el valor presente neto de esa inversión es negativo. El presidente Mariano Rajoy viaja por horas, hace fila de espera para tomarse una foto con Barack Obama en la Oficina Oval y regresa con el preciado tesoro en las manos; no se lleva nada más de la visita. Toluca se paraliza. Hay movilizaciones de las fuerzas armadas mexicanas, del servicio secreto estadounidense y de inteligencia canadiense para la Cumbre de los Líderes de Norteamérica. La foto quedó muy chula. Eso y la piropeada que le dieron al chorizo toluqueño, que resultó imposible de degustar. Miles de pesos, dólares y monedas canadienses se invirtieron en una foto en que Enrique Peña se veía muy bajito. De visas, migración, tráfico de armas, violación de derechos humanos, nada. ¿A poco querían que nos señores estadistas salieran con la cara avinagrada? Dios guarde la hora. Podrían haberse despeinado. No, eso sí que no.
Claro que hay algunos que cotizan muy caro posar para la cámara. Fidel Castro se toma la foto, si y sólo si, le condonan la deuda. Concedido. Todo con tal de que el Presidente de todos los mexicanos tenga su foto del recuerdo. ¿Se la habrán autógrafiado? A lo mejor no. Tal vez por una firma de Fidel haya que pagar más. Sí, aún más.
Lo triste es que mientras los mandatarios gastan los dineros de sus pueblos en tomarse las imágenes que nos heredaran para la posteridad, la mayoría ni cuenta se da por estar posando para sus propias cámaras.
Por obtener una foto, por esa fotografía, valen todos los esfuerzos. Al menos eso parece pensar la mayor parte de la humanidad. ¿No es por eso que ahora encontramos en los diccionarios en inglés la palabra selfie? ¿Cómo lo diremos en español? ¡Es lo de menos! Lo importante es no moverse y salir en la foto.

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