Lápices y cuadernos

¡Quiero ser maestra! , lo dice una pequeña de nueve años. Claro, quién a esa edad no quiso serlo. La no jugó a la escuelita tuvo un amigo enamorado de la profesora. El gis y la pizarra eran símbolos aspiracionales y los lápices y los cuadernos constituían en mundo ideal. Luego, al crecer, muchas dejaron esas pretenciones y decidieron seguir otros caminos. Muchas, incluso, pensaron en el magisterio como un juego de niñas pequeñas que sientan a sus muñecos y a sus peluches para oírlas dar clase.

Sin embargo, no es juego de niñas. Hoy, José Naranjo reporta para El País, la historia de Fatumata Mohamed, una pequeña nigeriana de nueve años, que como muchas de nosotras a esa edad, quiere ser maestra, sólo que su aspiración es seria. Es una de las muchas niñas desplazadas y amenazadas por Boko Haram. Salió huyendo de Michika, su pueblo natal y cruzó el desierto hasta llegar al refugio de Yola. Corrió desesperada para alejarse de las armas y de las amenazas de un grupo que sigue secuestrando niñas para ponerlas al servicio de militares que abusan de ellas física y sexualmente.

Fatumata tuvo suerte. Llegó a Yola y puede ir a la escuela. Aprende a escribir y a leer. Tiene cuadernos y lápices. Es de las privilegiadas que pudo escapar, que se aventuró al desierto y le ganó al hambre, al sol, a la sed y a quienes quisieron someterla a un estado de esclavitud. Muchas no tienen su suerte. Para ella ser maestra representa un privilegio, es una aspiración alta y no un juego de niñas. No quiere ser médico ni dedicarse a la ciencia, quiere enseñar. 

Quiero hacer lo que estan haciendo conmigo, enseñar a los niños a leer y escribir porque eso me ha hecho feliz. Me gustan mis lápices y mis cuadernos. Quiero estar con los niños para que aprendan a usarlos. Fatumata me recordó la importancia que tienen esos juegos de infancia. Esos sueños que terminan forjando vocaciones y dando sentido a la vida.   Esos juegos que dadas las circunstancias, ganan diepmensiones espectaculares.

  

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Vieja el último

Recuerdo que cuando era niña, era frecuente escuchar el grito de Vieja el último, como el signo del gran perdedor de una carrera. Era tan gerenalizado que hasta las niñas lo decíamos. La frase se repetía a todas horas, cuando sonaba la campana para irse a formar, cuando había que ir a hacer cola a la tiendita de la escuela, al ir a jugar, al salir al recreo, en fin, a cada rato. Sí, como si el mundo no tuviera suficientes piedras, las niñas y las mujeres hemos ayudado a que la figura  femenina sea denostada. Nosotras también nos ponemos el pie.

Dicen que el mundo está hecho para hombres y basta ver la reacción de Merryl Streep en la ceremonia de los Oscars cuando se trató la igualdad de sueldos entre hombres y mujeres, o pensar en Malala,  O ver la campaña de always titulada run like a girl. Correr como niña, patear como niña, pelear como niña significa hacerlo en forma desordenada, ñoña, desarticulada, para algunos. Sin embargo, hay datos que corroboran lo contrario.

Según cifras del Inegi, desde hace treinta y cinco años, hay en México un ligero incremento de las cifras de nacimientos de mujeres que de hombres. Somos más mujeres que hombres. La mayoría no es abrumadora pero somos más. Por cada noventa y cinco hombres hay cien mujeres. Somos más cincuenta y siete millones de mexicanas por alrededor de cincuenta y cinco millones de hombres.

Más datos, una de cada diez mujeres ocupa un puesto de alta dirección, sin embargo, ocho de cada diez han sufrido acoso laboral. Pero aquí viene el dato duro más relevelador, según OCC Mundial, el sustento de las familias  mexicanas se distribuye como sigue: el 34% es responsabilidad de la mujer, el 32% es responsabilidad de la pareja, el 23% es reponsabilidad de los padres y sólo el 4% es responsabilidad del hombre. Ah, pero eso sí, el 77% de las responsabilidades domésticas recae en las mujeres. 

Este trabajo no remunerado, es decir, tender camas, fregar pisos, lavar y planchar, educar, dirigir un hogar, ese que como dice mi mamá, te embutece, te envejece y nadie te lo agradece, ese representa el 20.5% del P.I.B. nacional. 

Los números son fríos y objetivos. No se trata de un discurso feminista o de una opinión tendenciosa. Son hechos. Son verdades que nos enseñan que correr como niña, patear como niña, pelear como niña no es tan desarticulado como creíamos. Las mujeres en México estamos luchando y a partir de ello estamos generando el movimiento del país. Es momento de contemplar estos números,  asimilarlos y tomar decisiones. 

Veo tantas mujeres productivas y activas a mi alrededor, mi suegra tiene ochenta años y sigue  al frente de su laboratorio, investigando para fortalecer la salud de Mexico, mi madre sigue administrando su hogar con cuidado y eleganica, mi amiga Bibiana sale todos los días de su casa, después de mandar niños a la escuela, a trabajar, mis hijas van a estudiar, cada mañana, para forjarse un mejor provenir. Casi cada mujer que conozco lucha desde su trinchera por hacer de su espacio algo mejor.  Sí, también las hay frivolas, huecas, berrinchudas, flojas, bobas, pero de esas casi no conozco. Por suerte son la minoría. Somos más las que empujamos nuestra carreta particular. 

Las mujeres hemos aprendido a hacer equipo, a producir, a jugar en las grandes ligas y a dar continuidad a proyectos maravillosos, sin quitar el ojo de la intimidad y la continuidad. Tal vez, sea tiempo de dejar de gritar Vieja el último y dejar de meterle el pie a las mujeres, ¿qué pasaría si en vez de obstáculos, encontraran trampolines?

Sabemos dónde están.

El rango militar más alto del ejercito de Nigeria, Alex Badeh, dice que conoce el lugar en el que se encuentran las niñas que fueron secuestradas por los integrantes del grupo Boko Haram. Dice que ya sabe dónde están pero que por lo pronto no piensa llevar a cabo ningún avance. ¿Por qué no van por ellas si ya saben su ubicación?
Desde que se cometió el secuestro de las casi 300 niñas, las acciones del gobierno nigeriano han generado condena internacional. Ni se les ve a cargo, ni toman el control y rechazan los ofrecimientos de ayuda por parte Occidente.
Las niñas siguen capturadas y Badeh declara, “Estamos trabajando. Traeremos de regreso a las muchachas”. El militar se negó a dar detalles de la operación de rescate que describió como un “secreto”. Las declaraciones se produjeron en un breve encuentro que Badeh sostuvo con periodistas afuera del Ministerio de Defensa en Abuja, la capital nigeriana, según un reporte de la agencia AFP.
Las declaraciones son controversiales: por un lado pienso en un ataque a fuego limpio y entiendo que tácticamente no sería correcto por la propia seguridad de las niñas, pero por otro lado, si la operación es secreta, para que sale Badeh a hacer declaraciones. ¿Por qué no se respetó la secrecía?
No entiendo y cuando no comprendo algo, me da por sospechar. No en balde las autoridades nigerianas han recibido tantas críticas por la forma en la que han manejado la situación. Las declaraciones del presidente Goodluck Jonathan suenan tan desatinadas como las de su hombre fuerte en el ejército.
Declarar que ya se sabe el paradero de estas niñas y luego informar que por lo pronto no se va a hacer nada es un despropósito, una canallada y una imprudencia. ¿No hubiera sido mejor guardar el secreto y apadrinados por el sigilo, rescatar a las chicas? El mundo entero habría celebrado que las niñas estaban de vuelta y habría admirado a la inteligencia nigeriana. Pero no fue así.
Pienso en las chicas y en las madres de las niñas. Imagino la desesperación que siente cada mamá al escuchar que ya saben en dónde están su hijas y enterarse que, por lo pronto, no se hará nada. Así, lo mejor era no saber nada.

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Violencia de género

La violencia de género es un grave problema que merece toda la seriedad de nuestra atención. Para ello hay que ser claros, se trata de agresiones ejercidas en contra de mujeres y constituye un fuerte problema de salud pública y una violación a los derechos humanos.
Según las cifras de la Organización Mundial de la Salud, el 35% de las mujeres del mundo han sufrido algún tipo de violencia de género en algún momento de sus vidas.
Las agresiones no se limitan al ámbito sexual o físico, también incluyen la violencia verbal y psicológica. De hecho, uno de los factores de riesgo de las víctimas de este tipo de abuso inicia por el desprecio que se muestra abiertamente al sexo femenino. Palabras peyorativas, misóginas y degradantes forman parte del vocabulario que se usa como herramienta para lastimar.
Los insultos son el comienzo de una larga y tortuosa cadena de dolor. Son el inicio de un circulo vicioso de conflicto, posconflicto, desplazamiento, que se pueden agravar y transpasar el umbral de la violencia física. Pero la crueldad verbal es violencia suficiente. Hay que detenerla al primer brote ya que su virulencia es contagiosa y explosiva.
Creer que la agresión contra mujeres y niñas es un problema restringido a clases sociales desfavorecidas y poco educadas es un error. Se da en todos ámbitos y en cualquier nivel social.
También, es un error creer que el agresor debe ser un hombre. Tristemente, la violencia de género se puede dar de una mujer a otra. Son esas madres que prefieren varones, esas maestras que no disimulan su predilección por los niños, son esos directores que prefieren volver la mirada a otro sitio o esas psicólogas escolares que no ocultan su debilidad por los varones.
Son esos monstruos que en lugar de proteger, atacan, humillan, justifican la actitud agresiva de los varones y además le ponen de su cosecha. Si un niño insulta a una chica dirán algo malo estarás haciendo, si una mujer es violada la responsabilizarán por usar un escote pronunciado o por el alto de la falda, si la matan a golpes dirán que es por su culpa. Son personas que usan su tramo de poder para dar cauce a su misoginia. Las niñas quedan desvalidas pues la figura de autoridad no las protege.
Estudios de la UNESCO han dado cuenta de que el clima escolar es uno de los factores de mayor relevancia en el tema. Es en la escuela uno de los principales lugares donde se activan o desactivan los aprendizajes de estas conductas. Si la persona es víctima de violencia en la escuela por su condición sexual, se afectará el rendimiento, la conducta y el comportamiento de esta criatura. Luego la culparán de mala conducta, de pésimas calificaciones, de insolencia o de mal rendimiento. Es frecuente que a estas niñas se les cuelgue la etiqueta de problema.
La violencia escolar es uno de los principales obstáculos para el logro de los compromisos globales de Educación para Todos y los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
La violencia de género limita la adecuada integración de las niñas al ambiente escolar, afecta la armonía y promueve el temor y el odio. Es obligación de los padres estar alertas de los signos. Denunciar las conductas inapropiadas por parte del victimario y las malas prácticas de maestros, autoridades escolares, psicólogos que en lugar de parar e inhibir estas conductas son agentes propiciatorios de la vejación y el abuso verbal.
La magnitud del problema de la violencia de género traspasa fronteras, es tan grande como el globo térraqueo, tan cotidiano que lo podemos tener al lado, tan sigiloso que lo podemos pasar por alto.
Es importante atender el esfuerzo de la UNESCO y de la OMS para sensibilizar a autoridades, padres y comunidades escolares sobre el tema de violencia de género. Es preciso promover comunidades escolares libres de agresiones y de abusos. Hay que denunciar a esas personas que en lugar de detener esos excesos, los pasan por alto, los minimizan o los impulsan. Si las comunidades escolares no paran en seco estas prácticas es necesario exhibirlas. Urge construir un ambiente de armonía y paz que permita a estudiantes y docentes comprender y valorar los derechos humanos.
Es por nuestras niñas.

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Boko Haram

Hasta hace poco, los vocablos Boko Haram carecían de significado. Hasta hace poco la combinación de fonemas nos podrían haber parecido armónicas, incluso poéticas ya que la conjunción de estas palabras tienen una melodía y un tono agradable al oído. Sin embargo, de unos días a la fecha, la entonación de estos vocablos no evocan poesía, ni ritmo, ni sonidos placenteros, nos traen a la mente imágenes de dolor, de angustia, de desconsuelo. 

Boko Haram es el nombre de una organización fundamentalista islámica activa en Nigeria, principalmente en los estados del norte de esta nación africana. Uno de los objetivos que ellos enarbolan es el establecimmiento de la Shiri´a como código de justicia. La Shiri´a es la senda del Islám. Es un código de conducta, sumamente detallado que incluye criteros de moral, normas relativas al rito, reglas de vida, en fin, lo que está y no está permitido. La Shiri´a es un catálogo de lo que es bueno y de aquello que es malo. Es la ley musulmana. En la mayoría de las entidades del norte de Nigeria la Shiri´a se aplica de manera informal y es aceptada por la población musulmana que habita esa región geográfica,  aunque este código es rechazado por los habitantes de la región del sur del país de mayoría cristiana.

Boko Haram acepta abiertamente el uso de medios violentos y coercitivos contra la población civil para la consecución de sus objetivos políticos religiosos. Para muestra, un botón: el 14 de abril casi trescientas niñas fueron secuestradas de na escuela en la población de Jibik como parte de una campaña política en contra de la educación occidental, que ellos consideran como un pecado, que se da en los estados nigerianos de Borno, Yobe, y Adamawa.

El grupo fue fundado en 2002 y desde entonces se ha declarado rebelde a las fuerzas policiales de Nigeria.En 2011, el estado nigeriano decretó una situación general de emergencia por los ataques terroristas perpetrados y reivindicados por Boko Haram, se decretó toque de queda general. En 2013 el grupo protagonizó varios ataques a centros educativos que dejaron numerosas víctimas mortales. Y, ahora el secuestro de tantas niñas.

La última declaración de Boko Haram fue que ya habían convertido a las niñas al Islam y que estaban dispuestos a intercambiarlas por presos de su organización. Niñas como moneda de cambio, Madres que desde el 14 de Abril no encuentran la calma. Infancias que de un momento a otro se convirtieron en un infierno. La fe como estigma. Una vez más, una línea delgada separa la tragedia de la cotidianidad.

Boko Haram ya no tiene la melodía de los fonemas que integran estos vocablos. Tiene el sabor pastoso de las lágrimas de las madres que cometieron el pecado de llevar a sus hijas a la escuela; tiene el vacío del hueco de los brazos de estas mujeres que siguen esperando el regreso de sus hijas a casa; tiene la cara de confusión de Goodluck Jonathan, presidente de Nigeria, que declara que ya está resolviendo el conflicto y no se entera de que la organización sigue ondeando la bandera de terror.

Siempre he creído que para descorrer el velo del miedo hay que investigar, es preciso conocer las dimensiones de lo temido, es necesario tratar de entender. Hay poca información de Boko Haram y con los pocos datos que existen y que están al alcance, resulta imposible comprender, pero, el dolor de una madre, ese sí se entiende. Todos podemos entender la desesperación de aquellas que miran al horizonte esperando ver la silueta de sus hijas, de las que vuelven sus ojos al cielo y esperan un milagro. Por desgracia, también podemos entender cuando un político se hace el disimulado y declara triunfalismos anticipados, cuando en realidad está desbordado. 

 

 

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África invisible

África es el tercer continente más grande del mundo en extensión territorial, en sus suelos habita poco más del veinte por ciento de la población mundial y a pesar de su posición geográfica, Europa siempre tuvo los ojos puestos en Asia y en América para llevar a cabo sus sueños de expansión.
Las circunstancias históricas han marcado líneas divisorias en el continente africano, mientras más cercano al norte, mientras más próximo al Mediterreneo, África resulta más o menos, una plataforma geológica dibujada en la consciencia humana. África del Norte, la que se sitúa por encima del desierto del Sahara, se ha abierto un espacio en la conciencia humana. Lo que sucede al sur del Sahara es un misterio. Parece como si en pleno siglo XXI el mundo no pudiera ver lo que sucede en el África Negra.
Como si se tratara de un cuarto oscuro, África subsahariana es uno de los misterios menos explorados. En general, sabemos que hay muchos países alrededor de la línea del Ecuador, pero pocos saben los nombres, las fronteras, las capitales o las filiaciones político-religiosas de esas naciones.
En África hay problemas, pero, bien a bien no sabemos cuáles. Entendemos que hay hambre, pero no sabemos dónde, recordamos las fotografías de pequeños cuya complexión es de extrema delgadez y con vientres abultados, nos dicen que son biafranos, no podemos especificar dónde se encuentra Biafra.
Sabemos que África es como una madre en constante trabajo de parto. No puede retener a los hijos que engendra su vientre. Los expulsa de sus entrañas y no los puede acoger entre sus brazos maternales. Los africanos caminan por el desierto, como los nómadas de la antigüedad en busca del sueño de una vida mejor. No nos enteramos de su cotidianidad hasta que alguna tragedia nos hace volver la mirada al lugar más misterioso del planeta.
¿Dónde está Nigeria? ¿Qué pasa ahí? Abusos, terrorismo, despojo, intuimos que todo eso pasa, aunque con certeza no sabemos qué. El presidente Obama habla de apoyos, Goodluck Jonathan, el presidente nigeriano dice que alcanza a ver el final de la tragedia, ¿cuál tragedia?
Niñas nigerianas son secuestradas, robadas para ser esclavizadas y llevar a a cabo, sabrá Dios qué, sabrá Dios a dónde, sabrá Dios para quién. Intuimos que no será nada bueno, pero, para variar, no tenemos certeza de nada. La mente se pierde, la visión se obnubila y la imagen de África pierde forma, se desdibuja y esa es la tragedia de la región subsahariana.
Ni nos enteramos de sus luchas, de sus conflictos, de los abusos a que son sometidos los habitantes de esa región del mundo. ¿Qué rayos es Boko Haram? ¿Quién sabe que quiere ese grupo terrorista? Sabemos, pero no muy bien, que secuestraron a muchas niñas más de trescientas, que las sacaron de la escuela y que hace más de tres semanas que eso sucedió y no aparecen. Lo sabemos, escuchamos esas noticias como el zumbido que emite un panal de avispas. Entendemos que es un signo de alerta, pero no alcanzamos a ubicar de dónde viene ese ruido, no comprendemos nada bien.
¡Son más de trescientas niñas! El presidente nigeriano dice que ya ve el final de la tragedia y nosotros apenas nos estamos enterando de ella. Dice, con optimismo, que ya se está acabando el problema y mientras emite la declaración, secuestran otras ocho niñas.
No cabe duda, el mundo pinta líneas que dividen al planeta entre el aquí y el allá, entre lo igual y lo distinto, entre lo propio y lo otro. Hay otortedades que duelen, otras, ni siquiera las alcanzamos a vislumbrar. África en el siglo XXI, sigue siendo invisible.

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