¿Hay esperanza para el NAICM?

De repente, eso de separar a la economía de la política no resulta tan buena idea. Las finanzas se apoyan en las matemáticas y los números son fríos, objetivos, leales: dicen la verdad y no hay manera de matizarlos. Así que, aunque nos pintemos de rojo, de azul, de verde, o de todos los colores del arco iris, dará lo mismo. Poco valen consultas ciudadanas, porque si el pueblo sabio no entiende, si los legisladores no saben y los asesores no se atreven a decirlo, no importa, los números están ahí con su contundencia para explicar porque suspender la obra del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México es una estupidez. Las cifras van descorriendo el telón y por ahí se ve una esperanza. Pareciera que la cuarta transformación no entendió nada sobre los bonos del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de Mexico.

El hecho es que están metidos en un lío. Los bonos emitidos para la construcción del aeropuerto en Texcoco son de seis mil millones de dólares. Insisto, es deuda que se emitió para la construcción del proyecto en Texcoco y no se puede cambiar a Santa Lucía o ningún otro lugar. Los contratos marcan que, en caso de un conflicto, como éste del que hablamos, las cortes que median son las de Nueva York. Los tenedores, en caso de que haya juicio, tienen derecho a que se las pague anticipadamente sus 6 mil millones y a otro tanto por penalización. Ante la amenaza de litigios, Urzúa, el secretario de Hacienda y Herrera, su subsecretario, se adelantaron y trataron de generar un signo de confianza comprando 1,800 millones de dólares en el mercado. No estuvo nada mal ya que los bonos han bajado ya por la decisión de esta administración sobre el aeropuerto un 30-37%.

Además, la canasta viene llena. La Secretaría de Hacienda entiende lo que la de Comunicaciones y Transportes debiera haber explicado. Como hay esta deuda pendiente, es decir los bonos tan comentados, no puede suspender la construcción. Por eso es que la obra sigue.Y, aquí surge un rayo de esperanza para el proyecto de Texcoco, sale peor cancelarlo que seguir adelante. Es como tener un préstamo para una casa y usar el dinero para hacer otra sin avisar al Banco. Sería suicida repudiar esta deuda. En Argentina, por un problema de este tipo, se contaminó la deuda externa, porque las calificadoras la degradaron. Entonces, como nadie está peleado con el dinero, ni la economía se puede divorciar de la política, la administración lopezobradorista toma acciones. Por eso anuncian que continuarán con las obras “mientras evalúan”. El problema de fondo es que no pueden controlar a los inversionistas extranjeros, donde predomina la influencia de grandes inversionistas de Estados Unidos tan poderosos que ni Trump, con toda su popularidad y respaldo se ha metido con ellos. Lo más sensato sería que tras la evaluación que los señores de la cuarta transformación están haciendo, decidan que siempre si va el proyecto original del aeropuerto. Los números no mienten y no fallan.

Es el peor error en la historia moderna de México después de la nacionalización de la banca de José López Portillo es la cancelación de este proyecto, eso nos indican los números, los expertos internacionales y el sentido común.

Nos puede salir más caro el caldo que las albóndigas. Es mejor reconocer que calcularon mal y que se fueron de bruces, es más sensato y conveniente seguir y terminar el aeropuerto de Texcoco. Las necedades no llevan lejos a nadie, las decisiones sustentadas en números, sí.

Sin entender al mundo

Me queda claro: si quisiera dedicarme a adivinar el futuro del mundo, me moriría de hambre. Últimamente, cuando yo creo que algo va a pasar, pasa totalmente lo contrario. Según yo, no había posibilidad alguna de que el Brexit ganara y desde entonces a la fecha, no doy una.

Por supuesto, jamás imaginé un mundo en el que Trump llegara a la presidencia, ni en el que un personaje como Bolsonaro ganara las elecciones, o que una encuesta sin pies ni cabeza pudiera tener un efecto vinculatorio con una de las obras de infraestructura más importantes para México. A veces creo que esto es una pesadilla que me busqué por cenar demasiado.

Y, aquí estamos, atestiguando como muchos votaron alegremente por parar un proyecto que va a costar un dineral detener. Dineral que vamos a pagar cada uno de los mexicanos, porque esto no va a salir de los bolsillos de los políticos a los que se les ocurrió que era una buena idea eso de preguntarle al pueblo sabio si Texcoco o Santa Lucía, pero al que nada se le preguntará sobre trenes ni sobre otros proyectos.

Los mercados se ponen nerviosos y eso sí que lo entiendo. No comprendo a tanta gente que me parece razonable y bien intencionada que está feliz mientras el peso se desliza y las variables económicas rechinan. No hay peor tonto que el que no quiere entender.

A mí me gustaría entender.

No lo logro. No entiendo cómo los seguidores de Trump lo aman cuando ven el tipo de persona que es. No comprendo que los votantes sufraguen a favor de alguien con las características de Bolsonaro al que le encanta agitar el avispero. No veo porque acabar con una obra necesaria que va adelantada y que detenerla y relocalizarla va a salir caro y con resultados peores.

Hay errores que cuestan y no entender al mundo es uno de ellos. Ni modo que quien va a contracorriente tenga la razón. Me duele no entender. Me abruma lo que veo. Me desespera asomarme al mundo y no saberlo interpretar.

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