Ámsterdam no es la Ciudad de México

En el encabezado dice que Ámsterdam ha desaparecido once mil espacios de estacionamiento y con eso se ha inhibido el uso del automóvil y se ha privilegiado otros medios de movilidad, especialmente, la bicicleta y el transporte público. ¡Bravo por ellos! Inmediatamente después, se propone que en la Ciudad de México se haga lo mismo. Me pregunto si el autor ha estado alguna vez en Ámsterdam o en la Ciudad de México, una y otra ciudad no son lo mismo.

En la Ciudad de México caben varias ciudades del tamaño de Ámsterdam. No creo equivocarme al afirmar que la ciudad holandesa cabe en la extensión de la Colonia del Valle. Todos hablan del triunfo de la bicicleta y pocos dicen lo terrible que es para los habitantes de aquella ciudad la falta de respeto de los ciclistas a los transeúntes y la cantidad de accidentes que se causan porque todo el mundo, especialmente los turistas, se creen en capacidad de tomar el manubrio y empezar a pedalear. Y eso que en Holanda la gente es ordenada y que las autoridades municipales de Ámsterdam tienen ciclovías y carriles exclusivos para las bicis. Además, claro está, de un sistema público de transporte digno y seguro que no tiene subsidios.

En la Ciudad de México, los trayectos de desplazamiento son extensos. El tiempo de movimiento entre el origen y el destino de una persona es de media hora, al menos. Hay gente que tiene una ruta de traslado diario de dos horas que no podría recorrer en bici. El transporte público es inseguro, incómodo e insuficiente. Pero, sobretodo, es peligroso. Ámsterdam no es la Ciudad de México.

Por lo tanto, cada que hacemos una comparación, debiéramos comparar manzanas con manzanas y no con peras. Antes de imaginar una Ciudad de México embicicletada, debiéramos pensar en un mejor medio de transporte público, en la seguridad del usuario, en la educación vial que debe tener el ciclista. Habría que dejarse de ocurrencias.

Bicis en Ámsterdam

Permisos de construcción

Por un tiempo, los permisos de construcción en lo que fue el Distrito Federal estaban restringidos. Después del terremoto de 1985, se hicieron intentos serios de desconcentrar la ciudad más grande del mundo. Se buscó dar oportunidades a las personas para ir a vivir a otros lugares y construir en el área metropolitana no era fácil. Fueron los años en los que la periferia se desarrolló y lugares como Ecatepec y Ciudad Neza crecieron en densidad demográfica.

Pero, llegó López Obrador a la Jefatura de Gobierno y la cosa cambió. Los gobiernos perredistas se dieron cuenta del gran negocio que representaba eso de dar permiso a las constructoras y se abrió la puerta que antes se había cerrado. De repente, las colonias se transformaron: las casas se demolían para construir edificios con microdepartamentos que más que viviendas, parecen cajitas de cerillos.

Nada interesó que el agua fuera a escasear, que no hubiera suficientes servicios, que las aglomeraciones y el tráfico se fueran a multiplicar. Lo importante era llenar las arcas con billetes contantes y sonantes. El paisaje incorporó maquinaria, grúas, manos de chango y la industria de la construcción floreció. Los edificios se multiplicaban como una plaga de langostas y la composición urbana se modificó.

Los gobiernos de la Ciudad de México desde el año 2000 hicieron de la legislación de uso de suelo la mejor mina de oro. Por un lado, los permisos para construir se repartían como si fueran indulgencias en la Edad Media, o se vendían o se otorgaban a quien mejor le convenía a los gobernantes. Las clausuras se daban a pequeños negocios que no tenían proximidad con algún influyente.

En el desorden se forjó el caos que representa la vida en la Ciudad  de México. Improvisaciones, construcciones, influyentismo, bicicletas, peatones, automóviles, trailers, máquinas, todos luchando por un espacio, mientras la luz, agua, drenaje, gas, recolección de basura se vuelven bienes escasos, caros e ineficientes. Tuvimos que aprender a lidiar con hoyos, baches, socavones, llantas ponchadas, aglomeraciones, tráfico, estrés, contaminación, contingencias. No son modos de vivir.

¿Y si aprovecháramos esta oportunidad para reflexionar? Tal vez, el sismo de este diecinueve de septiembre nos lleve a pensar que tantas construcciones en un suelo tan movedizo no es buena idea. Quizás podamos pensar que tantos departamentos no son lo mejor porque no tendrán los servicios necesarios para vivir adecuadamente. En 1985, se pusieron parques memoriales donde antes hubieron edificios caídos. Pero, desaparecieron para dar lugar a nuevos edificios, con espacios más pequeños y hacinados. ¿Y si volvieramos a hacer parques memoriales?

¿Y si aprovechamos la oportunidad para reflexionar sobre la ciudad en la que queremos habitar? ¿Y si las autoridades tuvieran el honor y la consciencia de dejar de firmar permisos de construcción y pensaran más en los habitantes que en sus bolsillos?

 

 

Caos vial

Dice el dicho: Mal empieza la semana para el que ahorcan en lunes. En esta condición empezó la Ciudad de México esta semana: ahorcada. Marchas y manifestaciones bloquearon las principales arterias y vías de comunicaciónde la Ciudad de los Palacios. En las calles, en vez de que la movilidad reinara, había un caos vial que provocó que una gran parte de los ciudadanos estuvieran atrapados sin poder avanzar.  Algunos quedaron estancados a cielo abierto y otros encerrados en tuneles, bajopuentes, pasos a desnivel y muy pocos lograron llegar a sus destinos.

Mientras los manifestantes bloqueaban alegremente las calles de la capital del país, la vida se ponía en pausa para automovilistas, pasajeros de transporte público, ciclistas, usuarios del metro y gente que quería llegar a su destino. No hubo forma. Con retrasos, corajes,desesperación fue la forma  en la que se inició la semana en que muchos jóvenes regresaron a tomar clases a algunas universidades. Los empresarios temblaron ante la posibilidad de que los manifestantes les destruyeran sus negocios y, desde luego, ante las pérdidas que estas movilizaciones traen consigo. Así, con intención, se pone en riesgo la esperanza de un país.

Como si se tratara de un enjambre de langostas que avanza hambriento en el desierto para destruir lo que encuentra a su paso, como  una calamidad que sabes que te va a llegar y no puedes huir de ella, así se ve la vanguardia  del contingente que va caminando y te alcanzará por más que corras, peor, no hay para dónde hacerse y quedas ahí aprisionado sin que puedas llegar a hacer lo que te habías propuesto ese día. 

Pareciera que no nos es suficiente con los obstáculos propios del entorno, hay que generar más. ¿Para qué conformarnos con la depreciación del peso, la caída de los precios del petróleo, la inseguridad si también podemos tener lindas manifestaciones que los echen a perder el día?

Lo más bonito, en la capital de la República, la emoción más hermosa, la cereza en el pastel fue enterarnos que el Jefe de Gobierno fue el anfitrión y principal auspiciante de este caos vial. Como ni nos ve ni le importamos, pasa por encima de las prioridades de la ciudadana y recibe con los brazos abiertos en la plancha del Zócalo a sus distinguidos invitados. En un acto de absolutismo al estilo del Rey Sol, Mancera ensaya, ejercita su músculo y se imagina a sí mismo usando la corona presidencial. ¡Qué bonito!

Ciclistas y educación vial

La movilidad en las áreas urbanas se ha convertido en el tema de moda. El transporte colectivo, dicen, ha de preferirse sobre  el individual; caminar es mejor que manejar un automóvil y se ha de privilegiar el uso de bicicletas como un medio de transporte que presenta varias ventajas: es un vehículo que no contamina y el usuario se ejercita a la vez que se desplaza. La teoría que marca tendencia, luce de maravilla, sin embargo, las cosas desde un escritorio son muy diferentes a como son en el terreno de juego.

La Ciudad de México, una de las más grandes del mundo, busca sus caminos de movilidad moderna. Quiere privilegiar el uso de la bicicleta y lanzó el programa de ecobicis, muy similar al que existe en París, Barcelona o Londres . El problema es que ésta es una ciudad enorme, mucho más grande que cualquiera de las mencionadas y tiene problemas graves de movilidad. El transporte público es insuficiente, las calles están saturadas de automovilistas, llenas de baches, banquetas rotas y las autoridades pretenden que  todos convivamos pacificamente compartiendo las vías de asfalto.

No se puede.

La teoría dice que la civilidad debe poder sentar las bases para que un ciclista avance entre un autobús y un camión de carga y se mueva entre coches mientras el peatón usa la banqueta. Me parece que eso es una locura. La velocidad de crucero, los intereses de cada uno, los tamaños y vulnerabilidad la son distintos. Un trailero no alcanza a ver por el retrovisor a un ciclista. Evidentemente al combinar estas variables enfrentadas, se genera un caos en vez de dar una solución. 

Falta educacion vial.

Un conflicto entre un automovilista y un ciclista acabó, respectivamente, en el Ministerio Público y el hospital. Esas noticias se vuelven parte de la cotidianidad en la Ciudad de México. Rogelio Andrés Gallardo Muñoz, de 23 años, circulaba sobre Paseo de la Reforma para acceder a la ciclovía, pero el conductor Carlos Ramírez Sánchez, de 38 años, le impidió el paso y le gritó: ¡por eso los atropellan!”… además de otros insultos. Testigos señalaron que entonces, el ciclista pateó el espejo lateral del auto, sin romperlo. Así comenzó una discusión mientras ambos avanzaban, uno sobre la ciclovía y sobre la lateral, en la Colonia Juárez. Y a la altura de Milán, el conductor le aventó el auto a Gallardo Muñoz, hiriéndolo en la pierna y el brazo, además de causar destrozos en la ciclovía y en su propio vehículo.

No debió suceder, pero pasa todos los días. Estos incidentes se convierten en el pan de cada día. Ramírez Sánchez fue detenido y llevado a una agencia del Ministerio Público, donde determinarían su responsabilidad en las lesiones del ciclista y los daños al mobiliario urbano. Otro caso en el que un ciclista fue tirado de su bici, pero ahí, el vehículo implicado fue un camión de granaderos de la Secretaría de Seguridad Pública. ¡Faltaba màs!  El usuario de Ecobici Iván Ortega circulaba por la ciclovía cuando, a la altura de Villalongín, el camión dio vuelta a la derecha desde los carriles centrales. 

Cuando digo que no hay educación vial, también me refiero a las autoridades. 

A la altura de Ángel Urraza y Patricio Sanz, una viejita fue atropellada por un conductor de ecobicis que circulaba  sobre la banqueta. La mujer caminaba lentamente cuando la ciclista dio vuelta a toda velocidad en la esquina y no pudo evitar arrollar a la anciana.

La movilidad es un reto del siglo XXI, no es un tema de moda es una cuestión seria. La gente está perdiendo vidas porque se ha puesto a convivir una serie de alternativas sin reglas y sin espacios propicios. Las invenciones y las ocurrencias están saliendo caras. Cada día hay gente accidentada, ciclistas heridos y que causan heridas. 

Lo curioso es que estos ciclistas han desarrollado una arrogancia que los hace sentir personas a toda prueba y conductores a todo terreno. Van por donde no deben, invaden áreas que no les corresponden, van sin casco y sin protección. ¿Por qué se sentirán tan protegidos? ¿Por qué no se darán cuenta de su vulnerabilidad?

El problema es que no hay un espacio para que cada quien lo use y si lo hay, está invadido por alguien más. Las ciclopistas no son adecuadas y están llenas de autos que circulan por ahí sin ninguna pena. Las banquetas tienen puestos ambulantes que impiden el libre paso y las autoridades, desde el escritorio, piensan que la Ciudad de México tiene una propuesta de movilidad de última generación.

No es así. Falta educación vial y eso está  costando vidas.

  

Cada quien en su lugar

La convivencia en las grandes urbes se complica. Todos tenemos estilos de vida diferentes y creemos que el nuestro es el mejor y el que se debe privilegiar. Cada uno juega roles diferentes, los intercambia y es muy probable que en un mismo día participe de forma distinta y asuma un papel que lo pone ensituaciones encontradas. Un automovilista se convierte en peatón al estacionar el coche. El que se baja de la bicicleta toma el metro para llegar a algún lado. 
Cada perspectiva es compleja y tiene puntos de vista válidos. Un peatón se queja de la falta de educación vial de un conductor cuando le echan encima el carro. Un ciclista se enoja si el del camión repartidor se da vuelta sin poner la direccional, sin notar su presencia. La semana pasada vi muchos accidentes viales. Peatones, ciclistas, pasajeros de transporte urbano, automovilistas, motociclistas, conductores de caminoes, de trailers luchamos por un espacio en la cinta asfáltica. Al mas débil le toca la peor parte.
Escuché a Xóchitl Gálvez decir que una muestra de máxima civilidad es ver a todos los ciudadanos moviéndose en forma armónica en el mismo espacio. Es decir, un camión junto a un ciclista que esta en medio de dos autos, precedido por más ciclistas y motociclistas que ven caminar a los que van a pie. Es cierto, yo he visto que eso se logra. La semana pasada estuve en el pueblo de Santa Rosa Tilostoc, en el Estado de México y en el camino rural que va de la autopista al centro del lugar vi como autos, bicicletas, burros, caballos, carretas, motocicletas, gente caminando avanzaban civilizadamente por el mismo camino. Se saludaban, se sonreían, no había conflicto. La velocidad de crucero es de veinte kilómetros por hora, la terracería no da para más. Veo díficil que eso pase en una calle de la capital de la Republica.
¿Por qué en Santa Rosa Tilostoc se logra lo que dice Xóchitl Gálvez y en la Ciudad de México no? Hay varias razones: la velocidad de crucero es mayor, la concentración de personas por metro cuadrado es más alta, los intereses son diferentes. El mundo adquiere otros matices cuando vas caminando que cuando vas sentado en el metro. No es igual manejar un autobús de pasajeros que un trailer con manzanas. Todos creemos tener la prioridad, todos nos adjudicamos la razón absoluta. Vemos un peatón atropellado, un ciclista accidentado, un choque de un auto compacto con un camión, casi a diario. ¿Qué pasa?
Pasa que dotamos a la ciudadanía de bicicletas pero no les dimos un espacio para circular. Tampoco dimos educación ni giramos instrucciones adecuadas. Cada quien debe tener un espacio para moverse en forma segura y debe de conocer las reglas de convivencia mas elementales. Los peatones necesitan tener banquetas dignas, los ciclicstas tienen que tener un carril protegido para circular, los camiones de carga un horario para ejercer sus funciones, los autobuses de pasajeros deben respetar límites de velocidad. Pero, en la Ciudad de Mexico eso no sucede.
En un afán de mejorar la imagen, de buscar reflectores por cuestiones que parecen servir a otros intereses que a la movilidad civilizada, aventaron bicicletas a circular en carriles centrales de arterias de viales. ¿Cómo no va haber accidentes si no ocupamos cada quien nuestro lugar? Los ciclistas circulan por las banquetas, los camiones de carga entran al Periférico y al Viaducto, los semáforos no funcionan buen, los peatones no cruzan en las esquinas y pocos pasos peatonales son usados, la vía pública está invadida de ouestos ambulantes y todos invadimos el lugar que le toca a otro. ¿Y la autoridad que debe ordenar este revoltijo? Tal vez esté en campaña, dando a conocer la modernidad que representa que en la Ciudad de México hay un plan moderno de movilidad que sólo se conoce en esas oficinas.

  

Cada quien en su lugar

La movilidad se ha convertido en el tema de moda.La forma en la que nos transladamos de un lado al otro tiene la atención de los urbanistas. Las ciudades han cambiado su fisonomía a lo largo del tiempo y esas rransformaciones se deben, en muchos sentidos a las formas en las que el Hombre usa para llegar de un lado al otro. Los caminos han cambiado sus perspectivas y prioridades, han dejado atrás lo angosto y se han ensanchado. Antes, los peatones necesitaban poco espacio, pero las carretas requerían más lugar. Los empedrados se quitaron para aplanar las vías y se usó asfalto que luego se cambio por concreto. El rey fue el automóvil.

El siglo XX hizó del monarca de la movilidad al coche. Autopistas, calles, avenidas, se diseñaron en torno a las dimensiones de un auto. Pocas ciudades incluyeron al peatón o al ciclista, las mulas, los burros, los caballos desaparecieron del paisaje y las carretas no son vehículos aptos. La ingeniería de tránsito habla de las prioridades al deambular, los más despritegidos van primero. Es decir, la preferencia la lleva en primer lugar, el peaton, luego el ciclista, luego el motociclista, luego el automovilista y por ültimo el transporte de carga pesada. 

También dice que cada categoría debe de ir en su lugar. Mezclarlos causa accidentes. Es obvio, cada forma de moverse tiene ritmos y velocidades distintas, intereses diferentes y perspectivas disimbolas. Un trailer tiene un largo itinerario y urgenciampor entregar mercancía, mientras una mamá que lleva a su hujo a la escuela quiere tener la calma de darle la bendición, entregarle la lonchera, verlo entrar a la escuela y suspirar antes de arrancar. Si revolvemos esas dos escenas el resultado no es agradable.

Para verificar lo que digo, basta ver lo que sucede en el Eje 6 Sur, Ángel Urraza todos los días alrededor de las siete de la mañana en la esquina con Coyoacán. Trailers que van rumbo a la Central de Abastos, padres dejando a sus críos en el colegio, muchachos en bicicleta rumbo a la escuela, colectivos que se paran en tercera fila para bajar pasaje y automovilistas que se topan con un nudo intrincado. 

Todos, traileros, peatones, automovilistas, ciclistas, motociclistas creen tener la prioridad. Todos se desesperan al querer salir de ese nudo. Los motociclistas sortean a los coches, los que van en auto se paran en el emparrillado para los peatones, los ciclistas usan las banquetas. Los de a pie se bajan  y caminan sobre la cinta asfáltica. El que vende chicharrones ocupa un carril de la calle.

En ese caos, nadie usa los puentes peatonales, ni respeta los carriles para ciclistas, ni se hace cargo de ocupar su lugar. Hay muchas ciudades en el mundo que han hecho de la movilidad un punto nodal de su diseño urbano. Londres, Madrid, París están integrando modalidades en las que se da prioridad al peatón, se privilegian espacios para caminar, se impulsa el uso de la bicicleta, y los autos y las motocicletas tiene restringidas ciertas áreas y cieros horarios. Si quieren pasar, hay que pagar y hay que seguir reglas muy estrictas.

En la Ciudad de México, se ha querido implementar soluciones como las de Bilbao o de otras ciudades europeas, pero las dimensiones de está megalópolis son muy diferentes. En una delegación tenemos la misma concentracion poblacional que un país sudamericano, en una colonia cabe la gente que vive en Cataluña, por ejemplo. Los avances que se han hecho en ese sentido parecen más ocurrencias que estrategias reflexionadas.

Vemos ciclopistas mal calculadas, con pendientes imposibles de subir y bajadas mortales. Las banquetas están rotas, no hay forma de caminar sobre aceras invadidas de puestos de ropa, comida, basura, con ciclistas que, esos sí my bien equipados con cascos y ecobicis invaden el espacio peatonal y atropellan a transeuntes. Todos sentimos que nuestro espacio está siendo invadido y todos invadimos el espacio de los demás. En este caos, el rio está reveulto y los pescadores que hacen ganancias son mafias que tienen tomado el espacio público.

Además, para que la movilidad sea un concepto moderno debe tener el alma verde, contaminar lo menos posible, privilegiar el tranporte urbano. Pero las dimensiones de esta ciudad son enormes, el metro, uno de los mejores del mindo, no llega a todos lados, el metrobús tampoco, los  trolebuses menos y los colectivos son un asco en manos de grupos que no quieren evolucionar, que dan un servico muy malo pero generan muchos votos.

Mi madre, que no es urbanista, tiene un dicho que aplica perfectamente: Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.  Si cada quien ocupara su lugar. El caos daría paso al orden y, en forma maravillosa, la movilidad transformaría la convivencia en un concepto armónico. No se trata de ocurrencias, se trata de pensar bien las cosas. Si no, salgan a la calle y vean lo que pasa. 

  

El paradigma de la movilidad

Todos invocan la fórmula del éxito, cada quien da su versión de lo que hizo para alcanzar a probar las mieles del triunfo pero son pocos los que revelan las variables que componen el verdadero patrón. Con el éxito sucede como con las recetas familiares, casi nadie quiere compartir los ingredientes secretos y si acaso hay alguien que no quiere ser tachado de egoísta, da la receta pero se reserva y la da incompleta.
También pasa que lo que le funcionó a alguien no le sirve a otra persona. La razón es sencilla, la victoria es un ser alado que vuela de un lado a otro rápidamente. La caducidad de su fórmula suele ser muy corta, atiende a múltiples factores y en muchos casos es víctima de la moda.
Hoy las tendencias de éxito se relacionan con fórmulas que dan como resultado la movilidad. Para ello las variables principales son el ingenio y el talento. Sí alguien integra estas dos variables en busca de la accesibilidad tarde o temprano se topará con el éxito.
En la actualidad, mientras más accesible esté un producto o servicio, más posibilidades tiene de triunfar. El ingenio y el talento se usan para idear la forma en la que se pueda estar cerca del usuario y la mejor manera es llegar a ellos a través de su teléfono móvil que es el aparato que el ser humano del milenio siempre trae consigo. Claro que las tablets, laptops y computadoras también entran en el juego, pero el signo de la movilidad es el teléfono celular.
Los negocios, de cualquier índole, deben pensar primero que nada en definir qué quieren hacer y después en su integración al mundo digital. Es decir, definida su misión, deben borrar fronteras y derribar las barreras que los alejen de sus consumidores. Hay que crear un portal de internet y una aplicación descargable para que los clientes puedan acercarse cada vez que piensen en nosotros.
El paradigma de la movilidad tiene que ver con la accesibilidad que cada cliente necesita. Hoy lo normal es tener todo al alcance de la mano, tan rápido, tan cerca y tan fácil como apretar ciertas teclas.
Las fronteras se desdibujan para crear esta movilidad. Arquitectos, filósofos, financieros, programadores, comunicólogos forman equipos de trabajo de alto rendimiento que buscan generar productos y servicios y acercarlos a sus usuarios.
Antes un periódico, un hospital, un supermercado eran negocios que poco tenían en común, en la actualidad casi todos tienen un sitio web y una aplicación que se puede abrir en todo tipo de aparatos. La tele se puede ver desde el celular y las películas en una tablet. Una revista se lee en forma digital y también en hojas de papel.
La Red se convierte en la estructura sobre la cual el ingenio y el talento se combinan y del que emergen las grandes oportunidades que nos dirigen al éxito. Al menos eso es lo que marcan las tendencias, esa es la fórmula de moda. Pero… Ya sabemos, son fórmulas de caducidad efímera. Hay que aprovechar mientras sea vigente.

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Creatividad en acción

Hay una tendencia seria para incorporar el tema de creatividad en las actividades de todos los días, lo mismo en la vida profesional, laboral y personal. Universidades como Stanford están impulsando cursos de creatividad en sus programas científicos, de negocios y en sus clases de educación continua. Compañías trasnacionales están acercándose a pedir cursos de capacitación en los que se ponga acento en el tema de despertar el aspecto creativo en equipos de trabajo. En muchos sectores de gobierno me han solicitado programas en los que se hable de creatividad a servidores públicos en puestos de alta dirección. Parece que la tendencia es ubicarnos en una zona creativa y eso me llena de entusiasmo.
Por años la creatividad se reservó a los artistas que, viviendo cerca de la casa de las musas, eran los únicos que podían aspirar a crear piezas musicales, pinturas, esculturas, versos, cuentos destilados de la belleza susurrada por estas hadas maravillosas y volubles que hoy visitan y mañana quién sabe. Entonces, ser creativo significaba algo más próximo a ser artista y más alejado de la cotidianidad. Eso es un mito. Para ser un artista se requiere talento. Para ser creativo lo único que se necesita es poner atención. Todos podemos poner atención.
Resulta que un estudio de la universidad de Stanford en asociación con MIT sobre productividad llegó a la conclusión de que lo más fácil para el ser humano es seguir rutinas, a pesar de que ellas no sean las mejores para llevar a cabo, en forma óptima, cierta actividad. Uno de los experimentos del estudio fue darle a un grupo de personas una ruta fija para ir de un punto a otro. El trayecto no era ni el más largo, para no hacerlo evidente, ni el más eficiente. Esa ruta se debía seguir durante veinte días y después estaban en libertad de modificarla. Nadie del grupo de prueba modificó la ruta durante la siguiente semana. Siguieron con la ruta prefijada. Por fin, se les pidió que encontraran una forma creativa de realizar el trayecto.
Los resultados fueron sorprendentes. Se encontraron formas que ni los propios líderes del proyecto, conociendo las variables, habían imaginado. El grupo de estudio que no se movió en veinte días, descubrió mejores rutas, y sobre todo mejores métodos para llegar de un punto a otro. Formas más eficientes para hacer las cosas, es decir, en menos tiempo, a menores costos, con mejores rendimientos. ¿Qué hizo falta? ¿Qué detonó el cambio? Una llamada a la creatividad, una invitación para encontrar una mejor forma de hacer las cosas. Muchas veces las mejores prácticas están sentadas en la punta de la nariz y no las vemos porque tenemos fija la atención en otro lado, porque estamos acostumbrados a una rutina que seguimos sin ningún tipo de racionalidad. Pero siempre hay mejores formas para hacer lo que sea. No es extraño que las grandes compañías, las instituciones de gobierno y las universidades estén volviendo su mirada a la creatividad.
Ser creativo es iluminar un camino diferente y mejor para hacer algo. Es movernos. Es aventurarnos a ver las cosas desde otra perspectiva. El que no se mueve se va rigidizando hasta quedarse paralizado totalmente. La parálisis lleva al empequeñecimiento y, al perder dimensiones llegará el momento en que de tan pequeño nadie lo perciba y al final termine por desaparecer. ¿Cuántas empresas, chicas o grandes, hemos visto desvanecerse por no evolucionar? ¿A cuántas personas les pasa lo mismo?
A mi me da gusto que cada vez más y más empresas, instituciones y personas incorporen el aspecto creativo a su vida, especialmente en estos tiempos en los que es más fácil estar atentos a una pantalla que a la persona de al lado. Ser creativo es un reto y aquellos que lo toman terminan con una gran sensación de satisfacción. Estar en la zona creativa es una buena idea.
¿Quién dice yo?

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