Agentes migratorios

Elevar el dedo para criticar al otro es una práctica común y un deporte con mucha afición. Ver la paja en el ojo ajeno sin ver la viga que traemos cargando es tan antiguo que ya es palabra de Dios. Los temas migratorios sacan chispas, especialmente cuando nos referimos a los agentes encargados de este tema. Por supuesto, siempre nos imaginamos a un estadounidense abusivo de mala entraña que se pasa de listo con un pobre migrante latino. La escena la conocemos y sabemos que se repite todos los días y que ahora las prácticas en las que se atropellan los derechos humanos son más frecuentes. Sí del otro lado de la frontera no respetan al migrante. Pero, para nuestra tristeza, de este lado tampoco.

Zorayda Gallegos nos pone el dedo en la herida que más queremos esconder. Los agentes migratorios mexicanos no son peritas en dulce. Gallegos reporta para el periódico El País que estos oficiales extorsionan a las familias de los migrantes que están a su cargo en centros de reclusión. No son casos aislados, es un mal que se ha generalizado. Las malas prácticas son un mal sistémico en los diecisiete centros a cargo del Instituto Nacional de Migración. En estos lugares, lo cotidiano es el uso excesivo de fuerza, el abuso, el trato inhumano, hacinamiento, malas condiciones de higiene y una serie de atropellos para las personas que violaron la ley al entrar sin documentos al territorio nacional.

El comité ciudadano del Instituto Nacional de Migración documentó ciento veintidós casos y recisaron ciento cincuenta expedientes. La gran mayoría de los revisados son migrantes centroamericanos, especialmente de Guatemala, Honduras y El Salvador, aunque también hay nicaragüenses. Lo que encontró el comité pone los pelos de punta. El migrante que se tope con un agente migratorio ya se puede poner a temblar y a elevar sus mejores orwciones al cielo.

Los principales delitos que comenten los agentes migratorios contra los migrantes son: robo, extorsión, privación ilegal de la libertad y homicidio. Lo hacen portando uniformes oficiales y luciendo el escudo nacional. Es una vergüenza. Mientras nos quejamos del trato inhumano que reciben los nuestros en Estados Unidos, aquí le damos vuelo a la hilacha y nos portamos igual o peor que aquellos a los que criticamos y nos queremos comer vivos. Evidentemente, una cosa no redime a la otra. Tal mal allá como acá. El tema migratorio es doloroso.

Duele al que se va  por lo que deja, por los sueños rotos, por la esperanza que se acabó, por la necesidad de huir. Duele al que se queda por la incertidumbre de no volver a ver al ser amado, por el susto que da saber lo que va a padecer, por el terror de enterarte de todos los padecimientos que enfrentará. El migrante, sinembargo, es un valiente que ante la adversidad busca alternativas en vez de achicarse y conformarse. Pero, apenas sabemos de estos pesares que causamos. 

Los mexicanos debemos exigir a nuestras autoridades lo mismo que se exige a los Estados Unidos, trato humano a un semejante que busca un sueño. ¿Es muy difícil?

Dejar de ser invisibles

He criticado al Presidente Barack Obama por su falta de compromiso con los migrantes que viven en Estados Unidos, que trabajan honestamente, pagan impuestos y contribuyen a forjar la riqueza de la nación más poderosa del mundo. Lo he criticado porque fue gracias al voto latino que el señor pudo sentarse en la silla presidencial y habitar en la Casa Blanca.
También lo critiqué por la falta de congruencia entre su discurso de campaña y su oficio presidencial. Hizo todo al revés. Su administración ha deportado a más gente que otras y ha fracturado familias y tratado a niños como animales, enjaulandolos en condiciones infrahumanas.
Pareciera que la tierra donde el sueño americano es lema y en la que la justicia e igualdad son valores ha decidido que, unos son más iguales que otros y que lo justo es hacerse de la vista gorda con los latinos. Dejan de verlos para otorgarles derechos pero cobran sus impuestos. Les abren las puertas de sus casas para que cuiden a sus hijos, limpien a sus viejos, corten su pasto, laven su ropa, pero cierran la frontera y los sienten molestos si piden ser vistos como iguales.
Obama ha sido un presidente débil. Se ha dejado atrapar por un Congreso mezquino y se ha sometido a sus intereses. No le resultó tanta obediencia. Nadie se lo ha agradecido. Ante el fracaso de las elecciones intermedias y como un político que ya no tiene nada que perder, tomó una decisión: dejar el corto plazo y comprometerse con la Historia.
Obama ni quiere ser recordado como el presidente negro que fue esclavo de sus legisladores, ni aspira se recordado como el hombre que tuvo buenas intenciones y pocas acciones. Se revela y decide hacer lo que nadie ha hecho: resolver un problema que ya se convirtió en lo cotidiano. Quiere poner fin a una injusticia. Va a hacer que los latinos dejen de ser invisibles.
Avisó que hoy, 20 de Noviembre, hablará y operará a favor de los migrantes. Hará uso de sus facultades ejecutivas y tomará decisiones. Dejará de lado las necedades del Congreso y pondrá órden. Cumplirá sus promesas.
El Presidente de los Estados Unidos se dirigirá a la nación y al mundo para decir cómo pretende ayudar a los latinos migrantes. Con ello hace un movimiento múltiple: cumple su promesa, toma la estatura de un dignatario, resuelve un problema, retoma la simpatía de los latinos que lo llevaron al poder y pone al Partido Demócrata en la lucha para la elección presidencial. También evidencia al partido Republicano y lo desnuda frente al mundo. Carambolas.
Pero lo principal es que muchos que creyeron en el sueño americano, que han trabajado y aportado al crecimiento de esa nación, por fin, dejarán de ser invisibles. Hay esperanza por lo que el Presidente Obama dirá hoy por la tarde. Sea el 20 de noviembre un día propicio y marque, nuevamente, el calendario a favor de los que nadie ve.

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Ser diferente

Ser diferente es difícil. ¡Que curioso! En un mundo cada día más global, en el que las fronteras cada día son más tenues y el acceso a la información más fácil, ser diferente sigue siendo muy difícil.
En el mundo corporativo ser diferente es una cualidad. La diferencia se acredita como una ventaja competitiva que ayuda a sobresalir y eso es lo adecuado. Destacar y ser visto el lo que cualquier compañía anhela, ya que así, la que se distingue de los demás será la preferida, ocupará el lugar de honor, las leyes de oferta y demanda la apadrinarán.
Sin embargo, entre los humanos ser diferente es difícil. Los humanos no nos acostumbramos a ver al otro de cerca si lo percibimos distinto. Es más, mientras menos iguales se manifiestan, mayores acentos de desconcierto, de agresividad, de discriminación o de descontento se expresan.
En un instinto muy precario, los humanos nos comportamos como manadas que al ver una especie diferente, nos sentimos amenazados, la atacamos y la depredamos. Como sucede en las escuelas de peces, que se comen al que no es como ellos; como pasa en los panales de abejas cuando entra un intruso, las obreras se aprietan unas contra otras hasta asfixiar al huésped non grato.
Así, los que tienen gustos diferentes a los míos, los que hablan diferente, los que tienen un tono de piel menos igual, sufren discriminación.
En algunos casos la discriminación se manifiesta elevando las cejas o haciendo gestos. En otros los niveles de agresión son brutales. Tanto es así que se llega a la tortura, a la mutilación, al asesinato.
Eso no sucede lejos, está más próximo a nosotros de lo que pensamos. A veces en nuestra propia casa, a veces en nuestro propio corazón. Caemos en la tentación de despreciar lo que no es como nosotros.
Hay muy pocos que en este mundo global, tecnificado y súper moderno, están dispuestos a levantar la voz en favor de los diferentes. Son tan pocos que, por más que griten, su voz parece un murmullo. Necesitan ecos que a fuerza de repetir, ganen volumen para ser escuchados. Esas voces merecen ser escuchadas para hacernos reflexionar y obrar un cambio.
Alejandro Solalinde es una de estas voces que claman en favor de los migrantes, de aquellos que tuvieron que dejar el calor de su tierra primigenia en busca de una mejor vida, y que han encontrado desprecio, extorsión, golpes, mutilaciones y muerte. El padre Solalinde recorre el camino de todos estos que salen de sus hogares en Centroamérica, cruzan, como pueden, el territorio mexicano para cruzar la frontera y vivir el sueño de encontrar trabajo. Claro está que en este recorrido no sufren únicamente la tristeza de abandonar lo suyo, también son amenazados, maltratados y acusados. Son muchos los que se lanzan a esta aventura y parece que son invisibles. Ni autoridades de sus países de origen, ni las de los que cruzan en su peregrinar parecen percatarse de su presencia, mucho menos de su circunstancia. El padre Solalinde les extiende la mano.
Hoy, la caravana de Alejandro Solalinde en favor de los diferentes está en Manhattan. Llegó. Una fotografía sobrecogedora de personas que lo acompañan apachurra en alma. Hombres y mujeres mutilados, sin piernas, sin brazos, que perdieron en los rieles de La Bestia, el tren que lleva migrantes en el techo, como moscas, a lo largo del territorio nacional.
La lucha por los migrantes, por los otros, por los distintos hace de Solalinde un hombre diferente, sale de su zona de confort y entra al territorio del compromiso. ¿Será esto una ventaja competitiva? Espero que en su caso lo sea. Me apena ver el espacio tan reducido que le dan a la difusión de su movimiento.
Por eso yo, desde mi trinchera, doy voz, replico el murmullo. Que mi eco sirva para elevar el volumen, para que la lucha de este valiente en favor de los que no son como yo se escuche. Para que me entre en el corazón y no se olvide lo difícil que es para muchos ser diferente.

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Dreamers

No es usual abrir el periodico y encontrar varias buenas noticias. Pues hoy es un día de excepción. Hay que aprovecharlo. Ayer se supo lo que sin duda será la mejor noticia para los migrantes mexicanos que viven en Estados Unidos.

Es una noticia que beneficiará a aquellas personas que se les conoce como dreamers. Es decir, aquellos que migraron a la unión americana, no por decisión propia, sino que fueron llevados por sus padres cuando aún eran niños.Son todas aquellas personas menores de treinta años que no hayan cometido delitos y que hayan asistido regularmente a la escuela, es decir gente de bien. Claro también para aquellos que se hayan inscrito al ejercito y quiera servir a las fuerzas armadas de ese país.

Es buena noticia porque los dreamers ya no vivirán la amanaza permanente de ser arrestados y deportados al país que los vió nacer, que los expulsó por no brindarles una oportunidad de vida y del que poco conocen. En ocasiones México les resulta tan ajeno que ni siquiera hablan español. Tal vez porque de este lado del Bravo hemos hecho muy poco por ellos.

El día de ayer el presidente Obama giró la instrucción de que nos se arreste ni se expulse, es decir, que no sean sujetos de la ley, a todo aquel menor de 30 años que haya sido llevado por sus padres a vivir a Estados Unidos por un periodo de 5 años antes del 15 de junio de 2012.

Si, es cierto que ésta decisión llega en epoca electoral y que le dará plataforma para allegarse del voto latino. Si, pero esa hoy es una buena noticia para cerca de 1.4 millones de mexicanos que viven allá en esta condición.

Una vez más, y solo por hoy, ¡enhorabuena!

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