El viejo dinosaurio 

El PRI más que un gato al que jamás se le acaban las vidas, es como un viejo dinosaurio que cada día adquiere nuevas mañas. Cualquiera entiende que un anciano tiene manías, pero se le disculpan por la sabiduría que ha alojado a lo largo de los años. Lo malo es que el Partido Revolucionario Institucional parece cada vez menos listo, menos ilustrado, menos prudente. La sapiencia no está en los inventarios registrados en su almacén.

La corrupción mancha al partido tricolor, se les notan las costuras y da vergüenza ver el legado. Claro que no es lo mismo Diaz Ordaz que Peña Nieto, la metamorfosis se ha dado. Y, justo es decir, que no todo ha sido malo. Pero al paso del tiempo, las cualidades de antiguos mandatarios priistas se han perdido: la capacidad oratoria de José López Portillo, la sagacidad de Carlos Salinas de Gortari, la sobriedad de Miguel de la Madrid, la disciplina económica de Ernesto Zedillo. Y, desde luego, estos notables tampoco fueron brillantes del todo, tuvieron lunares muy oscuros que ensombrecieron su gestión. También hubos cosas buenas de otros priistas: las formas de Jesús Reyes Heroles, las ideas de Jesús Silva Herzog, los conocimientos del Ing. Félix Valdés, aspectos positivos que hubo y que de verdad existieron. 

No se trata de hacer un panegírico del PRI, es al revés. En otras épocas hubieron sujetos como Fidel Velázquez, Jongitud Barrios o la mismísima Elba Esther Gordillo. Se trata más bien de ver que el dinosaurio se está poniendo peor. El presidente Peña no tiene esa capacidad para hablar en público como la de José López Portillo, ni es capaz de disciplinar a su equipo y mantenerlo en unidad como Diaz Ordaz, ni tiene gente en su gabinete de la talla de Javier Barros Sierra. Se extrañan  presencias al frente del país que tengan madera de estadistas, se echan de menos esas mentes estrategas que tenían visión y amor por México.  Me imagino al primer secretario de Comunicaciones y Transportes frente a Ruiz Esparza y lo que le diría sobre entubar un manantial en una vía rápida de largo itinerario sin que se verifique el peso del transporte que va a pasar por ahí. El socavón es sólo una muestra del envejecimiento del PRI.

El partido es como ese viejito necio y soberbio que no se da cuenta de que todos a su alrededor se están enfandando de tener aue cuidarlo. Este dinosaurio viejo está sacando chispas pues sus usos y costumbres ni encajan con la actualidad ni le gustan a la gente. Basta ver anuncios espectaculares pagdos, dando gracias al señor presidente por los favores recibidos. ¡Ay, Dios! Y, si esto es así, ¿por qué sigue ganando? Parece que las opciones que tiene el electorado tampoco convencen mucho que digamos. Pero, no se deben confiar. Sus márgenes de éxito se han reducido mucho. 

Pobre dinosaurio viejo. Abre candados para una candidatura que lleva a un ciudadano a postularse a la Presidencia de la República. Como ya está viejito, le falla la memoria. Ya se le olvidó que cuando hizo algo similar con Ernesto Zedillo, se enfrentó a la alternancia del poder. Perdió la silla grande. Claro, fueron circunstancias muy diferentes. Hoy, Margarita o Roberto no se acercan a lo que fue el fenómeno de Vicente Fox y López Obrador no es Cuahutémoc Cardenas. 

Parece que este viejo, además de experiencia, tiene suerte. ¿Le alcanzará?

Un mensaje diplomático

De niña, por el trabajo de mi papá, tuve la suerte de convivir con mucha gente que trabajaba en la Secretaria de Relaciones Exteriores. Conocí diplomáticos de carrera y también a gente que llegó ahí por los avatares típicos de la política mexicana que le ha gustado usar a la cancillería como receptáculo de personas a las que no se sabe dónde colocar. De inmediato se notaba la diferencia entre unos y otros. Los embajadores de escuela son personas que se distinguen por su trato, sus buenas formas y esa habilidad para decir las cosas más terribles, siempre con una sonrisa, con claridad y contundencia pero dejando una sensación de que a pesar de todo, la armonía imperaría. Los improvisados, los que llegaron a Relaciones Exteriores por recomendaciones o por razones diferentes a las del mérito, generalmente cometían errores que los diplomáticos serios tenían que arreglar.
El arte de la diplomacia, porque es un arte y de eso ni duda cabe, es la capacidad de decir la verdad sin causar alarma. La regla de oro es “Todo se puede decir y hay que hacerlo de la forma más adecuada”. En el ambiente de las relaciones exteriores forma es fondo. México tiene escuela y prestigio en estos terrenos, por eso al ver el actuar de ciertos funcionarios de la Secretaria de Relaciones Exteriores siento preocupación.
Hace poco escuché al subsecretario De Icaza decir en una reunión con inversionistas europeos que México está en paz. De Icaza no es un improvisado, tiene años desempeñandose en estos terrenos ¿qué le pasó? El secretario Meade se reúne con el cuerpo diplomático, da instrucciones para presumir al país, para invitar inversionistas, para informar que ya se hicieron las reformas necesarias y que todo quedó más que bonito para que vengan a emprender con su dinero en un país cuyo mejor atractivo es que aquí reina la concordia. ¿Y eso? Por su parte el presidente Enrique Peña Nieto instruye a embajadores, cónsules y demás gente en el servicio exterior para que salgan al mundo a cantar las preces y loas de lo bien que el PRI está haciendo las cosas por medio de su gobierno. Bueno, ¿en qué quedamos? ¿Dónde viven? ¿En qué están pensando?
La importancia de decir todo en la forma más adecuada, es que al hacerlo se pretende generar confianza y evitar suspicacias. En el pasado, era fácil tapar el sol con un dedo, dorarle la píldora a la gente de afuera y presumir que en territorio nacional todo eran maravillas. El país estaba según el humor del señor Presidente. Si el señor Presidente valoraba que todo estaba bien, entonces todo estaba bien y sus operadores se encargaban de hacer parecer que así era. Piensen en los tiempos de Díaz Ordaz o de Echeverría. Los estorbos se retiraban y el polvo se escondía debajo del tapete. Hoy, eso no es posible.
Mientras Peña, Meade, De Icaza van repitiendo discursos sobre la calma del país, el periódico español El País le da ocho columnas a la violencia que reina por acá:México enfrenta una guerra en Michoacán. Parece que del otro lado de la península están más enterados de la situación de nuestro país que nuestros propios gobernantes.
De la manera más diplomática que puedo, señores funcionarios, les pregunto ¿Qué no están enterados del enfrentamiento abierto entre narcotraficantes y grupos de autodefensa? ¿Qué no saben que los maestros están inconformes y en varias ocasiones han tomado las calles de la capital de la República perpetrando actos vandálicos? ¿Ya se les olvidó que el día de la toma de posesión del Señor Presidente, hubo disturbios? Me preocupa que la gente que debiera estar al tanto de estos detallitos no lo esté.
Les recomiendo que se den una vueltecita por los caminos de Michoacán, o por los de Guerrero, o que recorran las autopistas del país, elijan el rumbo que quieran para que vean lo ridículo de su discurso. Decir que México está en guerra es grave, que lo reporte un medio extranjero es peor, que nuestros funcionarios ni se enteren es desastroso. Al verlos, recuerdo a los tres chiflados, un trío de cómicos que en su bobería no captan las señales de lo que está sucediendo a su alrededor. El resultado de su despiste era la risa de su audiencia. Lo alarmante del despiste de nuestros funcionarios es que ellos no dan risa, causan preocupación.
Se les olvida que los ojos del mundo, hoy, pueden llegar hasta el último rincón y darse cuenta de la realidad. Un diplomático de verdad acentuaría las grandes oportunidades que se han abierto a partir de las reformas y presumiría los planes que el Gobierno llevará a cabo para combatir la violencia. Eso les ganaría respeto. Me preocupa que el plan para abatir la criminalidad, el narcotráfico y los problemas del país, sea ignorarlos.
El mensaje diplomático del gobierno mexicano es débil ya que tiene una falla estructural, no refleja la verdad. ¿Y si en lugar de salir a presumir la casa, primero la limpiamos? ¿Si en lugar de pasarle el trapo por dónde ve la suegra, le metemos las manos en serio a los problemas para resolverlos? ¿Si en lugar de decir lo que no es, mejor decimos la verdad y nos concentramos en lo que sí es cierto? Eso sería un verdadero trabajo diplómatico, ¿no creen?

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