Arrepentimientos

Es difícil aprender en apcabeza ajena, pero es posible. Apenas hace un año, nos asombrabamos de los alcances del odio. El mundo del espectáculo nos sorprendía con el poder de seducción abrimador y se nos saltaban los ojos al ver como vendedores de espejotos y encantadores de serpientes llegaban a puestos de elección popular como conquistadores en el siglo XVI. Los incrédulos pensabamos que sus voces se diluirían por su falta de consistencia y que esos caballos desbocados que iban por el mundo dando coces no llegarían lejos. Nos equivocamos. Llegaron aventando gente a sentarse en las primeras posiciones hacienod gala de sus horribles modales y ejerciendo el odio como su principal seña de identidad.

¿Qué está pasando? El antivalor triunfaba y en el cerebro se nos descolocaban las ideas, no entendíamos nada. Las neuronas se hacían nudo tratando de interpretar cómo era posible que la Humanidad optara por muros, separaciones, desprecio y falta de consideración. Los ingleses dieron un sí irreflexivo a Europa, con la ingenuidad del que cree que las nubes son de algodón, los estadounidenses creyeron que la luna es de queso. La realidad, lo sabemos es otra. Está llegando el momento de la verdad y con ella, los arrepentimientos.

El Presidente Trump está siendo investigado por lo que era evidente, el tipo creyó que fue electo para ser monarca y no presidente. La prepotencia que le caracteriza y que lo llevó a donde está es la que puede desbarrancarlo. Theresa May avivó el fuego y ahora arde entre las llamas de una pesadilla. La protesta social saca a la gente a las calles y en su confusión la Primera Ministra, presionada por las críticas de su gestión y por su pobre desempeño dice que se pondrá a trabajar pero no toma una iniciativa clara en favor a la población.

La patanería es un callejón sin salida. La vida del abusador es un pequeño corralito en el que su reinado es tan sólido como un pedazo de papel de china. Estos personajes han puesto pies en polvorosa. Su suerte está echada: o cambian o los van a cambiar. No falta mucho para verlo.

Protagonismos y pasos en falso

En los últimos días de 2016, andamos enojados, asustados y como que el porvenir se pinta de tonos poco propicios. Los próximos eventos nos tienen sentados al filo de la silla: los gasolinazos, Trump como presidente en funciones, Corea del Norte con amenazas atómicas, China agregando tensiones a la escena mundial, Israel y sus asentamientos ilegales, una Zona Euro frágil, un Reino Unido que buscó aislarse, un crecimiento del empleo raquítico y un pronóstico de desaceleración económica mundial. Encima, se nos mueren los famosos a los que hemos admirado tanto. La gente pide a gritos que acabe el 2016 como si el calendario tuviera responsabilidad en todos estos hechos. 

No es así.

No fue 2016 el que sufragó a favor del Brexit ni el que votó a favor de Trump. No fue responsabilidad del 2016 la muerte de nuestros ídolos. Dice Charlie Brown, my idols are dead, and my enemies are in power. Y, por si fuera poco, la prudencia anda escondida y la estridencia se adueña de la escena. A pocos días de dejar el poder y ante la evidencia de la intervención cibernética de Rusia en las elecciones estadounidenses, Obama expulsa a miembros del cuerpo diplómatico ruso. Más tardarán en irse que Trump en hacerlos volver. Theresa May crítica el discurso que John Kerry pronunció en Israel condena do los asentamientos ilegales por parte de los judíos. En un claro intento por acercarse al nuevo presidente de los Estados Unidos, la Primer Ministra británica se agacha y besa el suelo. El canciller ruso le aconseja a Putin expulsar a los funcionarios estadounidenses de su territorio y con una sonrisa, Putin dice que eso no va a suceder.

En la estridencia de los protagonismos, Obama se ve dando patadas de ahogado, tratando de remediar todo lo que no hizo con anticipación. Kerry se pone con palabras duras a punto de dejar la oficina y Putin acaricia al gato y le da vuelta a su perol. En Gran Bretaña, muchos quieren boicotear el Brexit, en la cruda realidad del día siguiente se empiezan a dar cuenta de que no todo es lo que les prometieron, ni todos los discursos triunfalistas van a ser verdad. El gabinete entero del Presidente Peña sale a justificar con babosadas los incrementos de la gasolina, cuando el precio del petróleo anda por los suelos. Ofrecen disculpas como que así se apoyan medidas en favor de la ecología y de uso de transportes más amigables al ambiente, ¿cuáles? Más patrañas.

Se abre la boca con una necesidad de protagonismo y se resbalan dando pasos en falso. Además, leemos por ahí peticiones de que 2016 ya se acabe de una vez, porque se han muerto tantos de nuestros ídolos. Sin embargo, nos olvidamos de los excesos que anticiparon la muerte de estos seres admirados. La muerte de George Michael me entristeció, no ha habido alguien que haya cantado con dignidad junto a Queen, después de Freddy Mercury, como él. Era un virtuoso a carta cabal. Pero tenía una adicción al crack que nunca pudo controlar. Carrie Fisher decía que ella jamás uso una uña para aspirar cocaína, siempre usaba cucharitas hechas con billetes de cien dólares. La muerte a los sesenta años se debe, en muchos sentidos, al deterioro que le causó el consumo de drogas. 

El problema del 2016, me parece, fue este protagonismo que nos llevó a dar pasos en falso y luego, al ver las consecuencias, quisimos esconder las manos y pasarle la factura a alguien más. Obama supo de las posibilidades del ataque cibernético Ruso y prefirió no actuar, los votantes estadounidenses dijeron preferir a Hillary y por lo bajo sufragaron a favor de Trump, los británicos no entendieron cuales serían las consecuencias de su elección, a May se le ve la intención de ronrronear para acercarse a Estados Unidos, el gabinete de Enrique Peña nos quiere dar atole con el dedo, los políticos corruptos siguen robando y siguen caminando por las avenidas mas lujosas del mundo rodeados de sus seres queridos. 

No se trata de que se acabe el 2016, se trata de poner atención y darnos cuenta que no todo lo que nos prometen es factible ni todo lo que dicen es verdad. No fue que éste fuera un año bisiesto, ni que empezara en un viernes del calendario gregoriano, ni le podemos echar la culpa de nada. Se trata de asumir lo que nos toca de responsabilidad y dejar de echarle la culpa a alguien más.

Los planes de Akihito

El emperador de Japón tiene planes de abdicar en favor de su hijo mayor. La última vez que un monarca abdicó al trono de la dinastía del Crisantemo sucedió hace doscientos años. Akihito dice que ya siente la edad. En los ojos rasgados se ve serenidad, sonríe pacificamente y con palabras sencillas dice dignamente que algunas veces ha cometido errores en actos públicos. Se va, pero aún no se ha ido. Entre sus planes está una serie de viajes con los que pretende sanar heridas históricas que ha infligido su patria. 

Akihito quiere ponerle ungüento a las aflicciones que causó la Segunda Guerra Mundial, quiere visitar los campos de batalla chinos, estará en Palau y Filipinas para honrar a aquellos que fueron víctimas de la agresión de los conflictos bélicos. Dejará el trono pero antes quiere reparar daños. También, en concordancia con la visión que ha sostenido desde que era principe heredero, busca vencer fronteras y dejar un Japón más libre de cara al mundo. Abrir puertas y brazos, dar la bienvenida para ser bienvenidos.

El emperador japonés a sus ochenta y dos años alberga una sabiduría entrañable. Sorpende lo moderno de su punto de vista, tan contrastante con la visión del estadounidense, Donald Trump o con el de la recién estrenada Primer Ministra de Gran Bretaña, Theresa May. El contrapunto de Akihito con estos dos personajes viene de la profundidad que se entraña en el alma de cada uno. Mientras uno mira con tranquilidad, los otros tienen molestia en sus rostros. 

De Trump, casi todo está dicho. Desde su vulgaridad exacerbada hasta su lengua incontrolada, la identidad que se escapa a todo filtro de análisis y a cualquier capacidad de coherencia, y un grupo de fanáticos que brincan al ritmo de sus ocurrencias catapultados por las sensaciones viserales. De Theresa May sorprenden las imágenes en las que se le capta humilde haciendo una genuflexión a la reina Isabel II y por otro lado nombrando al excéntrico Boris Johnson, anterior alcalde de Londres, un hombre euro escéptico, que ha hecho declaraciones polémicas de tipo racistas y sexistas, como su ministro  de Relaciones Exteriores. Qué curiosa elección.

Akihito se va y ella llega. El Emperador abdica y él quiere llegar a ser candidato republicano en los Estados Unidos. Entre los rasgos de los tres, me quedo con la sonrisa de un hombre que se quiere ir y que entiende que antes de hacerlo, vale la pena dejar clara la postura para el mundo. Mientras uno pretende elevar muros, otra llevará a cabo los trámites de divorcio de Gran Bretaña con Europa, Akihito busca remendar los pedazos rotos. Unos salen con un mazo dispuestos a romper y el emperador japonés encuentra pretextos para sacar su aguja e hilvanar lo que alguna vez se rompió. Él dice que le pesa la edad y a mí me parece que le da peso.

Me gustan mas los planes de Akihito. Me gustaría  ver que sus intenciones permearan en las mentes de otros, que en lugar de rasgar fuéramos en pos de reparar. 

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