El pan, la sal y el camión escolar

En esta ocasión, a diferencia de la del año pasado, la mañana del primer día de clases transcurrió en calma. Mis hijas se levantaron media hora más tarde, descansadas y de buen humor, tuvieron tiempo para desayunar sentadas a la mesa, para salir con tranquilidad y llegaron diez minutos antes de lo que llegaban antes a la escuela. ¿Por qué? Hoy no se fueron en el camión escolar.
Todo el año pasado y los dos anteriores mis hijas padecieron la ocurrencia de Marcelo Ebrard y la mala implementación de la imposición del camión escolar. Por tres años, el transporte pasó por ellas a las seis quince de la mañana y me las regresó entre las tres treinta y cuarto para las cuatro. El recorrido de la casa a la escuela es de veinte minutos con tráfico, el camión lo hacía en más de una hora.
Los años de transporte escolar obligatorio nos alteraron el ritmo familiar, nos teníamos que levantar más temprano, perdimos en desayuno en familia y la hora de la comida era un caos, ellas llegaban tarde y mareadas, sin hambre, mientras mi marido y yo las esperábamos muriéndonos de ganas de comer. El mal humor se instalaba en casa desde las primeras horas, las prisas eran parte de la cotidianidad y, sobre todo, se alteró la oportunidad de convivir en torno a la mesa.
Según Ebrard, la medida era para descongestionar el tránsito y para aumentar la velocidad de crucero de la ciudad. El programa fue un fracaso, ni se elevó la velocidad de crucero, ni se liberaron las vías de circulación, ni se disminuyó la contaminación porque el programa fue obligatorio para unos cuantos, no para todos. La mayoría de las escuelas, empezando por las de gobierno, seguían sin tener camión de la escuela. La imposición fue selectiva.
Lo que sí logro Ebrard, fue alterar la convivencia de muchas familias que, gracias a su ocurrencia, tuvieron que sacrificar tiempo para estar juntos mientras los padres esperaban y los hijos perdían el tiempo paseándose por la Ciudad de México. Eso si les iba bien ya que el camión es un terreno propicio para el bullying y para portarse mal.
Entiendo que muchas familias ven en el camión escolar un gran beneficio y para ellas lo es. Por ello creo que el transporte de la escuela debe ser una opción, no una imposición.
Andrea entró a preparatoria y con ello nos ganó la exención del transporte escolar. Hoy, Carlos y yo las llevamos a la escuela. Por la tarde comeremos juntos y volveremos a nuestro ritmo familiar, ese que se suspendió hace tres años por las ocurrencias de un político que seguro jamas supo lo que era compartir el pan y la sal en familia.

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Tomar distancia

Recuerdo cuando nos formábamos en la escuela. Nos poníamos unos detrás de otros, estirábamos el brazo y lo poníamos en el hombro del de enfrente para tomar distancia y marcar el espacio vital. También recibíamos en nuestro propio hombro la mano del de atrás. Así, no nos empujábamos, no nos molestábamos, no nos pisoteábamos. Avanzábamos al salón conviviendo de forma respetuosa y civilizada.
Con el tiempo he valorado esa enseñanza de la escuela primaria. Tomar distancia es sano. No siempre se puede vivir amueganado, es más, casi nunca da buenos resultados vivir así.
La distancia da libertad de movimiento, de acción. Te impide molestar al de al lado con los movimientos de tu cuerpo y logras amplitud. Ganas espacios. Si eso es importante a nivel físico, si fue importante cuando éramos niños, imaginen lo relevante que eso se vuelve a nivel de pensamiento cuando se ha crecido.
El alejamiento, en ciertas circunstancias, no sólo es sano, también es necesario, especialmente cuando aparecen en escena la manipulación y el chantaje. Más en el momento en el que alguien te quiere imponer su punto de vista, te quiere ordenar lo que se tienes que hacer. Indispensable cuando no estas de acuerdo.
Miguel Angel Mancera tomó distancia y le aplaudo. Las huestes del PRD le dictaron línea, no reconozcas a Rosario Robles, secretaria de Sedesol, como interlocutora. Apártala de la mesa del dialogo. El Jefe de Gobierno se alejó del modo tradicional de operar, es decir, le doy lata al gobierno federal, lo chantajeo hasta que se enfade y me conceda ciertas canónigas. Mancera no le entró al jueguito. Me alegro.
Es refrescante ver a un Jefe de Gobierno que actúa con autonomía y se apoya en la inteligencia para tomar decisiones. Usa el criterio y el sentido común y decide lo que es más conveniente para la capital del país. Se reúne con Rosario Robles, acuerda con ella lo que debe hacerse en términos de pobreza alimentaria en México, le explica en donde podría haber despilfarros y desperdicios, la previene de posibles malos manejos, aplaca la voracidad de sus delegados y se pone de acuerdo con la federación. Todos contentos, menos los chantajistas que le dijeron, no vayas.
Con estas acciones Miguel Mancera no sólo tomó distancia de las huestes del PRD sino también de su antecesor. Carambola de cuatro bandas. Marcelo Ebrard se la pasó, mientras estuvo al frente del gobierno de la ciudad, rehuyendo al presidente Calderón. López Obrador dictó línea, Marcelo obedeció, la ciudad perdió. Es verdad, Marcelo fue buen alcalde, pudo ser mejor. Tanta obediencia le salió cara. La proximidad casi le saca un ojo. Perdió independencia. Al final de su gestión se dio cuenta y se dejó tomar la foto con Felipe.
A diferencia de Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera entiende que no es lo mismo las personas que las instituciones. No habla con Rosario, dialoga con la Secretaria de Desarrollo Social, no se toma un café con esta mujer tan controvertida, se pone de acuerdo en los planes para prevenir el hambre, no se trata de él y de ella. Se trata de la Ciudad y sus pendientes, no de simpatías o de intereses clientelares.
Qué bueno que Mancera opte por el dialogo, que tome distancia desde el principio, que use su criterio y pacte en favor de la ciudad. Maravilloso que no se enganche en el método del chantaje que no le entre a la cohesión política. Es bueno para él, es mejor para la Ciudad de México.

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Las malas compañías de Marcelo Ebrard

¿Qué pensará Marcelo Ebrard esta mañana de domingo? ¿Qué sintió al ver la toma de posesión de Enrique Peña Nieto? Seguramente esta fría mañana dominical fue un duro despertar para el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. No únicamente por los 107 detenidos que vandializaron la recién restaurada Alameda Central y por los destrozos a negocios del centro histórico, sino por los desmanes que se identifican con la izquierda mexicana.
Marcelo Ebrard es un hombre inteligente, un político de avanzada, un hombre de visión y capacidad de gobierno. Una persona que sabe negociar y llegar a acuerdos que se rodeo de malas compañías. ¿Qué nunca escuchó los dichos populares? Dime con quién andas y te diré quién eres, reza la consigna popular que Marcelo no atendió.
Y es que sus principales cualidades se volvieron en su contra, la fidelidad a su ex jefe, la honorabilidad a los compromisos que lo llevaron a ganar la titularidad del ejecutivo de la Ciudad de México, el apego a su partido y el respeto a las tribus que del mismo emanan fueron su principal lastre.
Hoy Marcelo debe estar amaneciendo con un sabor de boca amargo. Pude ser yo, pensará y estará en lo correcto. pero decidió serle fiel a López Obrador y dejarle la oportunidad de contender por la presidencia de la República sabiendo que él era un mejor candidato. Ahí están los resultados.
Las malas compañías, como decía mi abuela, son grandes lastres en el camino. Al principio no pesan tanto, pero cuando el destino está próximo, son cargas demasiado pesadas que entorpecen el avance y en ocasiones lo impiden.
El sabor amargo se debe agriar aún más al ver que toda la tolerancia que le tuvo a todas estas huestes rebeldes que únicamente protestan sin proponer, que solamente destruyen y no permiten construir, se descontrolan y como turba arrasan incluso con aquello que fue construido para disfrute de ellos mismos, le cayó como balde de agua fría en la espalda. El mejor ejemplo está en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, logro perredista que se encuentra a punto del naufragio, sino es que ya está hundida, asfixiada en la propia vorágine de la izquierda.
Es verdad que en México hay gente de izquierda seria, capaz y bien intencionada. El problema es que no han sabido tomar distancia de aquella que todos condenamos por actos sus de barbarie, por su hambre de destrucción, por su egoísmo clientelar, por su necedad, sus abusosny su corrupción.
Hoy a Marcelo le debe de pesar tanta proximidad a los rijosos, a los vándalos y a los destructores. No ha pasado ni una semana de que se restauró la Alameda Central y ya la destruyeron. Esa no es forma de protestar. A los mexicanos esas formas de manifestarse nos dan miedo, no nos gustan. Por eso, si Marcelo Ebrard aspira a un mejor lugar en la política, debe de alejarse de las malas compañías. Cómo decía mi abuelita, para acompañantes en el camino, de los buenos hay que elegir siempre a los mejores. Marcelo lo hizo al revés.

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¿Qué pensará Marcelo?

¿Por qué no me sorprenden las declaraciones de López Obrador? ¿Será que de repente tengo dotes de vidente y ya sabía que esto iba a pasar? ¿Será que la mejor forma de adivinar el futuro es volver la vista al pasado? Pues si, señoras y señores, Andre Manuel López Obrador ha rechazado el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que es nada más y nada menos la institución encargada de avalar las elecciones en México. El tribunal deshechó la impugnación que el candidato de las izquierdas, apoyado por sus partidos, presentó con la esperanza de invalidar la elección de Peña Nieto como presidente.
Ningún mexicano nos podemos sentir orgullosos de la última elección presidencial. Sabemos que hay hoyos negros, excesos en los gastos de campaña, negociaciones que se hacen debajo de la mesa. Todos los partidos las hicieron, ninguno tiene las manos limpias. Es muy lamentable, especialmente por lo caras que nos resultan las instituciones garantes del voto libre.
Sí. Sí. Imposible estar de acuerdo con la compra de votos, los artificios, los apoyos por fuerita y todo eso. Pero de ahí a llamar a la desobediencia civil ya me parece un sinsentido total. No se trata de que López Obrador esté desafiando a Peña Nieto, sino de que una vez más los ciudadanos de a pie tendremos que lidiar y pagar por los exabruptos de un señor que no entiende que en la vida se gana y se pierde. En la pasada elección cabían las suspicacias, en esta no, por el margen que dio la diferencia de votos.
¿Quieren poner a prueba mis dotes de vidente? Permítanme entonces recordar como se convulsionó México por la protesta de López Obrador en el 2006. El Paseo de la Reforma invadido, negocios quebrando, el país en ascuas. Al señor le gusta la ruta de la confrontación. No hay duda que se dirigirá por ahí.
¿Pero qué tan solo o tan acompañado estará el, por segunda vez declarado, perdedor en la elección presidencial?
¿Lo seguirá la izquierda seria que ha ganado espacios en México? ¿Lo acompañaran Marcelo Ebrard, Miguel Mancera, Graco Ramírez? ¿Qué pasará con el jefe de gobierno electo y el gobernador electo?¿Opinarãn que todos los procesos electorales fueron sucios?
Me atrevo a predecir que no estarán muy de acuerdo en seguir esa ruta. Me aventuro a creer que si AMLO se anecia y rigidiza su postura, el eterno aspirante a la presidencia se quedará con pocos seguidores serios.
Y a todo esto, ¿Qué pensará Marcelo?

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