Los besos de Emmanuel Macron y la cordura de Merkel

No hay duda, el entusiasmo por besar a alguien más siempre ha estado presente en el ánimo humano. Pero, ¿besar a Trump? A la pobre Melania no le queda otra, pero esas efusiones cariñosas entre el presidente de Estados Unidos y Emmanuel Macron pasaron de la sorpresa, a la risa hasta llegar al dolor de estómago. La pregunta que todos nos hicimos fue ¿a qué viene tanto amor?

Los papeles se voltean y entre tanta simpatía advertimos que detrás hay una agenda que no alcanzamos a comprender. ¿Cómo? Y, por fin, sale el peine y Trump convertido en el vocero del líder francés anuncia la salida del acuerdo de paz con Irán de Estados Unidos y dice que va acompañado por Francia.

No quiero imaginarme la cara de Macron al enterarse de lo hecho por Trump. Sin duda, hay que cuidar las amistades. No hay que dejarse besar por cualquiera. Los conflictos están a las puertas de Europa y las ocurrencias de Trump cuestan más en territorio europeo que en el estadounidense. Y, en todo caso, que cada quien se haga responsable de sus palabras.

Merkel le viene a componer la nota a Macron, ¿Qué haríamos sin su cordura? El medio oriente es un avispero que no necesita la imprudencia de un troglodita agitando, a ver qué pasa. Alemania busca arreglar las cosas y evitar males mayores. Por fin, Macron declara que es necesario fortalecer la política exterior y buscar la paz.

Europa ya no puede confiar en Trump, ojala Theresa May escuchara con atención. Estos angloparlantes han servido para fortalecer la unión de Europa aunque no por las mejores razones. Merkel se encarga de componerle la nota a Macron. Hay que mirar al largo plazo. Fijar la vista al horizonte, en donde ya no estén sujetos tan ocurrentes como Trump y tan oportunistas como May.

Macron recibió la medalla Carlomagno para afirmar, con este símbolo, que su compromiso está con Europa y con el fortalecimiento del proyecto europeo, besos a parte y con la cordura de Merkel, que así sea.

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La visión de Charlie Hebdo 

Los kioskos de París ponen en sus vitrinas el ejemplar de la semana de Charlie Hebdo. Lo sabemos, no es una revista fina, no usa un lenguaje diplomático ni le gusta atenuar la realidad, en todo caso, la exagera. Usan el cartón político como un género de opinión y se escapan de todo cartabón teórico de reglas y preceptos. Si se tiene la piel delgada, mejor no acercarse a estas páginas. Enarbolados en la libertad de expresión, toman posiciones extremas y de repente se les pasa la mano. Sin embargo, retratan el sentir general y se atreven a poner en tinta lo que muchos no se atreven. 

Si el Presidente Trump se asomara a ver las viñetas de Charlie Hebdo vería una caricatura que lo retrata según lo ven muchos franceses. Visión que muchos otros comparten. Lo dibujan con una figura muy similar a la de un cerdo, un sujeto gordo que usa ropa que le deja expuesto el trasero, parte que se rasca constantemente. Lo plasman llegando tarde, minimizando la ceremonia del 14 de julio, sin saber que significa su presencia, haciendo comentarios fuera de lugar y sin darse cuenta que no se da cuenta, comiendo sin modales, diciendo estupideces, cometiendo incorrecciones con la esposa del anfitrión, en fin, siendo quien es.

A Macron lo dibujan como un Apolo o como un Eros que mira a su invitado con desprecio.  El cartón ocupa toda la plana de la página 2. En la portada la cara del Presidente Francés se representa con los dientes de fuera y los ojos abiertos mientras el estadounidense va con los ojos cerrados y cara de bulldog. Las caras de ambos se asientan sobre unas cuchillas que llevan los colores de Israel, el Estado Judío. Abajo, como aplastados, se ven caras de personas angustiadas que sistiene banderas francesas. Make 14 julliet great again. El que quiera entender, debe abrir los ojos. El mensaje deja la piel de gallina.

Charlie Hebdo no es una publicación complaciente, todo lo contrario. Parece que ellos ven a Macron como a un hombre serio y de Trump confirman lo que todos en el mundo alcanzamos a ver. El comentario editorial es fulminante, la profundidad de este señor se refleja en 140 caracteres, no da para mucho más. También lo plasman como un tarado muy peligroso.

Debo decir que, en general, Charlie Hebdo no es de mis publicaciones favoritas. Creo que hay temas que siempre se deben tratar con respeto y que ellos abordan en forma sumamente insolente y hasta desconsiderada. No obstante, el ejemplar de esta semana me causó gracia y despertó mi empatía. No se trata de una postura puritana —lejos de ellos— en la que se ve a los Estados Unidos como la encarnación de la antifrance, se trata de reflejar una figura que sólo los estadounidenses entienden qué hace ahí. 

El francés que se quiere parecer a todos los franceses

Con la promesa de inclusión como bandera, Emmanuel Macron entró al Eliseo para ser el presidente más joven de la V Republica francesa. En el discurso de transmisión de poderes, se dirigió a la gente para decir “los franceses han elegido la esperanza y el espíritu de conquista. El mundo y Europa necesitan hoy más que nunca de una Francia fuerte y segura de su destino, de una Francia que lleve en alto la voz de la solidaridad, que sepa inventar el futuro”, 

Con aire fresco y palabras de unión, en una ceremonia sencilla en la que Hollande le pasó la estafeta a su delfín, Macron insiste en la integración como fuente se soluciones, deja atrás las palabras odiosas de su adversaria y se olvida de causar miedo al diferente. Es más, se vale de la diversidad para sustentar su plan. Habló a los que se sienten olvidados y se comprometió con aquellos que no votaron por él.

Claro, los discursos inaugurales son muy optimistas siempre. Prometer no empobrece. Pero, el presidente frances está dando pasos que generan confianza.  Empieza a dar muestras de modernidad. En los detalles están los signos. Los invitados al banquete de festejos, recibieron como regalo una camara digital 360 grados. Tal vez, sea una pista de la forma en la que ve al mundo. Un gobireno tiene sus signos: Macron, un hombre que ha meditado sobre el país que dirigirá y la función que ocupará, sostiene que la democracia francesa está marcada por un vacío en su centro, una figura ausente: el rey. “Hemos intentado colmar este vacío, colocar otras figuras: son los momentos napoleónicos y gaullistas, especialmente”, dijo en una entrevista con la publicación Le 1, recogida en el libro Macron por Macron, veremos como se ven las cosas desde el despacho presidencial. El nuevo presidente cree que al normalizar el cargo —una normalización que con Hollande llegó a su paroxismo— se ha ahondado el vacío. “Lo que se espera de un presidente de la República es que ocupe esta función”. Y él empezará a hacerlo de inmediato. El lunes tendrá que formar gobierno, conformar su gabinete.

Su primer viaje de Estado será a Berlín, busca fortalecer la unión de Europa. El mundo mira a los dirigentes europeos y espera aue sean personas mesuradas y atinadas. Los estadounidenses deben sentirse algo envidiosos, Francia tiene un hombre joven, gentil, de visión amplia, con un vocabulario claro con palabras que dan certeza e ideas que alimentan esperanza. Este hombre, que mas que dividir quiere unir, que mas que marcar las desigualdades, quiere parecerse a todos los franceses. ¡Buena suerte! La idea es buena.

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