Los neoliberales y la guillotina

Parece que el término neoliberal está de moda. Todo el mundo opina y la mayor parte de lo que se dice no son cosas buenas. El Presidente López Obrador lo ha convertido en el receptáculo de la basura más inmunda, en antihéroe por antonomasia, el sinónimo de ratería y seguramente algunos padres ya dejaron de asustar a los niños con el robachicos y ahora les meten miedo con los neoliberales. Parecen tan lejanos aquellos años noventa en los que entender de economía, de finanzas públicas, de política monetaria y fiscal era algo bueno.

Ahora, ser neoliberal es lo mismo que ser un ratero. Parece que gracias a los neoliberales, el país se entregó a una horrible mafia del poder que dejó un cochinero por su terrible deshonestidad y por las negras intenciones de llenarse los bolsillos de dinero proveniente de la corrupción. En estos momentos, muchos preferirán ser neoliberales de clóset que decir que no está mal eso de aspirar al libre tránsito de personas y mercancías, a ver que las fronteras se desdibujan, que los países se globalizan y las zonas en el mundo cooperan. Mejor pico de cera, porque el Señor Presidente decretó la muerte del neoliberalismo. ¡Qué les corten la cabeza!

De la misma manera que El Incorruptible, Maximilien Robespierre se constituyó el defensor de los sectores más desposeídos y sobre esas bases gobernó Francia de forma autocrática, sumiendo al país en un período de persecuciones políticas, incertidumbre generalizada y continuas ejecuciones por traición, sedición, conspiración, entre muchos otros crímenes, así México está empezando a purificarse y a purgarse de estos malvados neoliberales. Así como Robespierre fue firme, autoritario y decidido a depurar a Francia de cualquier opositor a la Revolución y llegó a justificar en su defensa el uso de la pena de muerte a la que tanto se había opuesto en el pasado, así los neoliberales se deberán ir a la sombra o a la guillotina para que entiendan que al país no le debieron haber hecho tanto mal.

Yo que creí que cuidar los índices de inflación, las tasas de interés, el tipo de cambio era bueno; yo que pensaba que la independencia del Banco de México —como la de cualquier otro banco central en el mundo— sería un freno contra la indisciplina fiscal y monetaria de todos estos gobiernos que nos arrastraron de una crisis a otra; yo que sostuve que la vigencia de tratados internacionales era buena igual que la apertura a la competencia global; yo que me convencí de que las fuerzas del mercado con una intervención del Estado como arbitro para una competencia igualitaria era conveniente, ahora me entero que debo haber estado equivocada.

Aparentemente, la deshonestidad, los compadrazgos, la frivolidad, los contratos sin licitación salieron de las mentes perturbadas de Friedman y Keynes, en vez de las malas prácticas de quienes ejercieron el poder en gobiernos anteriores. Entiendo que las políticas neoliberales agrandaron la brecha entre los que todo lo tienen y los que nada poseen. Pero, hasta donde alcanzo a ver, la distribución de la riqueza también falló en Cuba, en la Unión Soviética, en las economías que estaban del otro lado de la cortina de hierro y nada más hace falta echarle un vistazo a los efectos de la política bolivariana en Venezuela para ver que, a lo mejor el Presidente López Obrador trae un desface de percepción.

No sé, a mí me parece que el neoliberalismo tiene aspectos criticables, pero no todo lo que se hizo bajo esta óptica ha estado mal. La economía en México está ahora en una encrucijada. No quiere imitar a esos gurús económicos a los que tanto se ha criticado, abe preguntarse: ¿Hay verdades universales en economía? Entonces, se recurre a la teoría. La eficiencia con la que los recursos están distribuidos es un determinante crítico del rendimiento de una economía. La eficiencia requiere alinear los incentivos de la producción doméstica y las empresas con los costos sociales y las prestaciones. Los incentivos a los que se enfrentan los emprendedores, inversionistas y productores son particularmente importantes para el crecimiento económico. El crecimiento necesita un sistema de derechos de propiedad y ejecución de contratos que asegure a quienes invierten que pueden conservar el retorno de sus inversiones. Y la economía debe estar abierta a las ideas e innovaciones del resto del mundo. Pero las economías pueden descarrilarse por inestabilidad macroeconómica, continúa. El gobierno debe aplicar una política monetaria sólida, lo que implica restringir el crecimiento de liquidez al incremento de la demanda del valor nominal del dinero con una inflación razonable.

Caigo en la cuenta y me acuerdo de Robespierre. Me paso la mano por el cuello y concluyo que no me gustan las guillotinas.

 

México vs Brasil

A unas horas de que la euforia mundialista de inicio y millones de amantes del futbol en el planeta conviertan a la Copa del Mundo en el único tema en antesalas, sobremesas, juntas de trabajo, pláticas familiares y negociaciones de todo estilo, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva salta a la escena con una declaración por demás polémica.
Lula dijo ” México fue presentado como la gran novedad del siglo XXI y que estaba mejor que Brasil. Pero me fui a enterar y todo es peor que en Brasil.” Habrá que estar de acuerdo con el expresidente brasileño en términos futbolísticos. La Selección Nacional parece dejar un gusto agrio a la afición mexicana. Las selecciones menores, grandes promesas y con resultados indiscutiblemente buenos, desilusionan al traspasar el umbral de la mayoría de edad. En ese sentido, la novedad, tal como lo dice Lula, resulta peor que Brasil. México le ganó a la selección brasileña juvenil en el mundial de la categoría y se ve difícil que se repita la proeza con la Selección Nacional grande. Es difícil no estar de acuerdo con Lula.
Sin embargo, las declaraciones no se hicieron en ese contexto. Lula se refería a la economía mexicana y lo hace en un ambiente electoral para agitar el avispero brasileño y para paliar las ineficiencias que son notorias en la economía de su país.
Por suerte, es fácil darle marco a las palabras del expresidente brasileño. También es sencillo comparar las cifras de inflación, tasas de desempleo, tipo de cambio, calificación de la deuda, etcétera. Las declaraciones de Lula tienen la fortaleza de un castillo de arena. En México las tasas de interés son más bajas, el riesgo país es menor, la economía es más abierta al mundo, integrada al libre comercio, la confianza internacional se manifiesta mejor hacia México que hacía Brasil. Las palabras de Lula quedan como bravatas de boxeador antes de la pelea.
Pero ¿cuál pelea? Lula fue invitado por la izquierda mexicana, lo trataron como visitante distinguido, lo pasearon, lo alimentaron, lo cuidaron, lo atendieron y como sucede tantas veces, a pesar de todas las atenciones, el invitado se fue hablando mal aunque fue objeto de tantos esmeros.
Es triste que un político de la talla de Lula haga estas declaraciones en medio de estadios sin terminar, de manifestaciones de descontento, de amenazas de huelgas generalizadas y de tanto encono entre su gente. Brasil y México son países atractivos que tienen problemas. Muchos de esos desafíos se comparten aquí y allá. Creo que cada país tiene su camino de desarrollo y su pronóstico para el futuro. Antagonizar es vanalizar.
Las palabras se las lleva el viento y mañana que inicie la Copa del Mundo nadie recordará lo que dijo Lula. Ni siquiera será importante si Dilma Rousseff acompañará a Blatter en la inauguración o no. Eso será parte de la anécdota. Al final, lo relevante serán los sentimientos y sensaciones que desencadena la pasión del futbol. Al final lo importante serán los goles anotados y las cifras macroeconómicas.
No será difícil evaluar en qué campo gana México y en cuál Brasil.

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El enemigo invisible

El ser humano tiene varios enemigos invisibles dependiendo de tema en cuestión. Todos hemos escuchado que la presión arterial alta es, en términos de salud, un peligro silencioso ya que casi no da signos de su presencia y cuando los da, a veces es demasiado tarde.
En economía, el enemigo invisible es la inflación desacelerada. Es ese adversario que provoca la pérdida del valor del dinero en forma lenta y sin escándalos. Poco a poco, los bienes elevan sus precios, despacito. Semana a semana se nota como la moneda que traemos en el bolsillo rinde menos y no alcanza para comprar lo que con anterioridad sí.
Los efectos son tan letales como los de esas inflaciones aceleradas, en las que los ahorros valían la mitad de un día para otro. Lo que pasa es que la velocidad de una generaba escándalos y el paso acompasado de la otra le ayuda a mimetizarse. Se esconde detrás de la cotidianidad y de otros problemas urgentes que ocupan la mente de las personas.
Sin embargo, de repente vemos que el desempleo y la inseguridad suben. Que la actividad económica se desacelera y que los billetes en la bolsa rinden menos. Nos enteramos que el nivel de endeudamiento en tarjetas de crédito se eleva y que los números de cartera vencida son muy altos.
Hoy, muchas familias mexicanas están viviendo de ese crédito de plástico que es súper caro y que es el único disponible. La deuda crece a mayor velocidad que el ingreso y se genera una burbuja que estallará tarde o temprano.
Pero, a pesar de la angustia la gente no lo nota. El enemigo invisible se los está comiendo a mordidas y, al no verlo, no se pone remedio. La inflación va creciendo día a día. Las cosas cada día son más caras, las colegiaturas más elevadas, los bienes de consumo cuestan más, los servicios médicos salen en una fortuna. Las personas siguen gastando al mismo ritmo, piensan que ellos siguen ganando igual, que incluso reciben aumentos de sueldo. No se dan cuenta de que hay un enemigo invisible que los ataca y les quita parte de su ingreso.
Hay que tomar decisiones.
Para variar las medidas macroeconómicas tardan en bajar al nivel de los individuos. Tardan más cuando no hay medidas de ajuste. Ojo, en el horizonte no se ven medidas de corrección.
Hay que ser cautelosos. Para que este enemigo invisible haga menos daño, hay que aplicar continencia. Ser cuidadosos con los gastos. Revisar y actuar. Sí, es triste, pero hay que asumir que no se puede gastar tanto como en el pasado. Hay que ajustarse el cinturón.
Sí, es difícil. Especialmente cuando se ve el derroche con el que viven nuestros gobernantes. Sin embargo, hay que hacerlo. Es necesario poner manos a la obra, porque ellos, los que se gastan con voracidad el fruto de nuestros impuestos y que son los que deben de ponerle remedio a esta situación, andan muy ocupados gastando.
Hay que escuchar el aviso, antes de que estalle la burbuja y sea demasiado tarde.

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México en perspectiva

Lo fácil es, y siempre ha sido, echar las campanas al vuelo o dar aullidos de dolor en términos de la economía nacional. Ambas posturas son exageradas y falsas. En México, ni hay razones para repiqueteos ni la situación económica se va tan mal si nos comparamos con el exterior. Conste, me refiero únicamente a variables económicas, no a las guerras políticas, ni a la recuperación del Estado como garante de los derechos ciudadanos. Eso urge y hace falta. Sólo apuntó a números que tienen que ver con oferta y demanda gráfica das en los ejes de las x y de las y.
Vamos por partes, la paridad cambiaría de países con monedas emergentes se han devaluado y el derrumbe toma la forma en cifras mayores a los movimientos del peso mexicano. El desplome en Argentina llegó a los números trágicos de 33%, Sudáfrica va cerquita con 23%, Turquía 19%, Brasil 13%, India 10%, Perú y Chile 9%, Colombia y Rusia 9%, según las cifras de Joel. Martínez, columnista de
Reforma, quien opina que esta caída no ha tocado fondo. Es verdad, el derrumbe de estos tipos de cambio no sorprende, sus economías presentan cifras deficitarias en su cuenta corriente, es decir, comparan más de lo que venden. ¿Remedio? Bajar el precio de su moneda.
También tienen males estructurales en sus números, China enfrenta un enfriamiento en el entusiasmo internacional, ya no resultan tan atractivos, más bien lucen sumamente complicados. Las economías emergentes padecen de burbujas crediticias, modelos de crecimiento agotado, proteccionismo, crisis de precios y claro inestabilidad. En México, esos problemas no se ven, se ven otros. El déficit pronosticado por el Fondo. Monetario Internacional es de un dígito, 1.5% y en diciembre registramos un superávit en la balanza comercial.
La economía mexicana no tiene desequilibrios estructurales. El tipo de cambio no se precipitó al nivel de otras monedas, únicamente el 0.36 %, que no es poco pero si se compara con los demás, no sale mal librado. El aumento en los índices de inflación se debieron, básicamente, al incremento de obligaciones tributarias, con lo que puede presumirse que está bajo control.
La percepción es que México va saliendo bien librado del colapso de los demás países emergentes y lo está logrando con galanura. El riesgo país cerró en 113 puntos, mejor que Chile que tiene 122 y que Brasil con 193. Desde la perspectiva del exterior, México no luce nada mal, desde la interior, es otro cantar.
Aunque la incertidumbre y la inseguridad han impuesto costos de competitividad altos a los empresarios mexicanos, aunque los riesgos de poner negocios en ciertas zonas del país son elevados y eso puede lesionar la oferta de inversión mexicana. Aunque la suma de las circunstancias poco favorables en términos de seguridad nacional abonen a mayor fragilidad y menor competitividad, México, a la vista del entorno mundial sigue siendo muy apetitoso.
Me parece que hay cosas bien hechas que no hay porque dejar de ver. Ahora, hay que fortalecer el Estado de Derecho. Eso es lo que urge en un país cuya perspectiva es favorable en el concierto mundial. Sólo es cuestión de comparar.

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¿Es suficiente con abaratar el crédito?

El Banco de México baja las tasas de interés. Anuncia, siguiendo la tendencia mundial, que se abarata el crédito en el país. La Tasa de Interés Interbancaria baja a los niveles de 3.5%, la más baja registrada en casi dieciocho años. ¿Por qué hace eso Banxico?
Para impulsar la economía del país. Sí, es lógico. Si cualquiera de nosotros tuviera la opción de poner su dinero a trabajar, evidentemente, elegiría aquello que le causara menos trastornos y le representara menos riesgo. Si el dinero en el banco da lo que cada quien considera suficiente, para qué invertirlo en crear empresas que generen empleos, que derramen benéficos, que den utilidades. Mejor en la bóveda de un banco que meterte en líos fiscales, laborales, y todas esas mortificaciones que a muchos nos encantan y nos desgastan.
Claro que dejar el dinero guardado en una cuenta bancaria es es la mejor forma de deprimir una economía y de ponerle en la torre a un país. Por eso Banxico baja la tasa. ¡Qué el dinero salga y se ponga a generar fuera de una bóveda bancaria. Consciente de que el país esta desacelerado –no se lo digan al secretario de Hacienda porque se enoja– ponen manos a la obra y le dan a la gente pretextos para sacar el dinero y ponerlo a trabajar productivamente.
La buena noticia, aunque sea una pequeña buena noticia, es que el país ya paró su decrecimiento y por primera vez en el año tuvo un crecimiento de menos del 1%. No. No es de risa, a veces uno tiene que afianzarse a las buenas noticias, aunque sean diminutas.
¿Es suficiente? ¿Basta con bajar la Tasa de Interés Interbancario? No. No lo creo. Hay que impulsar de manera decidida a la gente que quiere trabajar e invertir para sacar adelante este país. Pero apoyarlos en serio. Parece que en México es pecado querer empezar a trabajar en generar empleos. Las trabas son muchas, las barreras de entrada son múltiples y en ocasiones insondables, la corrupción es un enemigo hambriento que muestra su voracidad sin pudor.
Los cotos de poder son territorios que se defienden a fuerza de billetazos, mismos que cada día son mas escasos. La reforma fiscal, no está diseñada para apoyar la actividad productiva, más bien se ensaña y la castiga. El presidente Peña defiende su propuesta y ni cuenta se da de que con ella puede matar a la gallina de los huevos de oro.
Y por si fuera poco, además de la tramitología, de una propuesta impositiva poco conveniente, está el impuesto de la inseguridad. La contribución que algunos le tienen que hacer al hampa para no verse perjudicados y el perjuicio en sí mismo de convivir con gente que está dispuesta a violar la ley amparados en la seguridad de que aquí no pasa nada.
¿Es suficiente abaratar el crédito para acelerar la economía mexicana? No. No lo creo. Sin embargo, creo que es un buen comienzo. Eso sí.

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Deuda pública

Muchos temblaron de miedo cuando supieron que Enrique Peña Nieto había ganado las elecciones presidenciales. El PRI está de vuelta en Los Pinos, se lamentaron muchos, propios y extraños, que recordaban los peores tiempos del partidazo. Otros, felices de ver al PAN disolviéndose en sus pleitos internos y por el odio al presidente saliente, vitoreaban la llegada del tricolor al poder.
Regresan los que sí saben gobernar, los que mantuvieron la calma del país, los que sostuvieron la paz, los que sí saben hacer las cosas, gritaban los simpatizantes del PRI. Otros, con un poco de prudencia decían, es bueno un cambio de estafeta en el poder, además las cosas no son como hace veinte años, la oposición ya creció y no dejará que estos vuelvan a los desmanes.
Parece que los que tenían razón fueron los que temblaron al ver al partidazo sentado en la silla presidencial. Parece que hubiéramos regresado las manecillas veinte años y estuviéramos situados en el sexenio de Miguel de la Madrid. Adiós a la esfuerzos que dieron fruto de las administraciones de Zedillo, Fox y Calderón.
Esta no es un tema de política, ni de ideologías. Todo es cuestión de sumas y restas, la reforma fiscal propuesta por el presidente Peña llega a un país desacelerado – decir que está en recesión pone de malas al secretario de Hacienda, cuidado– y es evidente que por medio de la recaudación no alcanzará para cubrir el gasto gubernamental. ¿Cuál es la solución del partidazo? Si no alcanza –y no va a alcanzar– hay que pedir un préstamo. Así lo hicieron los presidentes priístas Luis Echeverría, José López Portillo y Miguel de la Madrid.
¿Ahorrar? ¿Ser austeros? No, eso no está en los planes del Presidente que puso en la silla el partidazo. Impulsar la economía, alentar la inversión productiva, la creación de empleos. No. ¿Eso para qué? Se puede pedir prestado.
Pedir prestado, para un gobierno como para un particular, es entrar en una ficción de prosperidad. Se obtiene la forma de gastar, se gasta y se olvida que hay que pagar. Es un mundo de fantasía.En los primeros momentos, todos felices, gobiernos y particulares salen a lucir billetes que no son propios y cuando viene el dueño a reclamarlos, llega el llanto y la desesperación. La realidad es dura. La hemos vivido en carne propia, la hemos visto en paises europeos que ya no quieren queso sino salir de la ratonera. Si ya lo sabemos ¿Por qué insistir en esa ruta de fracaso? El secretario Videgaray manda una reforma fiscal que frena las áreas productivas y que nos regresará a las prácticas de hace veinte años, es decir desde los ochentas no se aumentaba la deuda como lo intenta hacer este gobierno.
¿Qué no sabe el secretario de Hacienda que en aquellos años los niveles de inflación y de descontrol en el tipo de cambio impactó de tal forma a las Finanzas Públicas que nos puso de rodillas? Fueron muchos años de esfuerzo para encarrilar a México y sanear las variables económicas como para echarlos a la basura.
La esperanza de los mexicanos era contar con una oposición que frenara al partidazo si este caía en la tentación de volver a las estrategias del pasado. El PRD, que tanto se burló de las alianzas entre el PRI y el PAN, nos dio la estocada, cambió un fondo para la Ciudad de México por los votos para aprobar aquello contra lo cual nos advirtieron, ¿entonces? Las convicciones vienen y van a conveniencia.
Si la Cámara de Diputados falló al momento de evaluar la ley de Ingresos, que el Senado enmiende esta terrible falta de visión. Regresen al presente. La deuda no es la solución. Metan manos a la obra. Si el presente gobierno quiere gastar, apoyen con leyes impositivas que impulsen la economía, no que la frene.
No es buena idea endeudarse, es un pésimo planteamiento gastar más de lo que se tiene. Las consecuencias son fatales. Cuándo un particular lo hace, cae en bancarrota y tiene que pagar los platos rotos de su irresponsabilidad. Cuándo lo hace un gobierno, adivinen quiénes pagan las fiestas ajenas.

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Con cuidado

La Bolsa Mexicana de Valores está que arde, supera los rendimientos de los principales indices bursátiles del mundo. Mientras el Dow Jones da un rendimiento del 6.62 %, el Standard and Poors de 6.46% y el Nasdaq de 5.96%, la poderosa bolsa mexicana genera un potente 15.35%. ¡Qué maravilla! Sin embargo, es momento de andar con cuidado.
La buena situación macroeconómica de México ha favorecido la llegada de capitales al mercado accionario. Esto ha generado un espejo de liquidez con el dinero que llega de fuera buscando mejores rendimientos. Por una simple reacción entre las curvas de oferta y demanda los precios del mercado accionario se han elevado. Este incremento en los valores bursátiles no se debe a los buenos resultados presentados por las empresas, se debe a la especulación.
La especulación es una actividad riesgosa. Tiene características que la hacen emocionante, genera dinero en muy poco tiempo, pero no tiene palabra de honor. Nunca se sabe cuando va a parar esta producción de dinero, y como en las apuestas, la incertidumbre aumenta la tentación de ir por más. En medio de este espejismo, sólo se percibe que de un día para otro se pueden duplicar las inversiones, y pareciera que la varita mágica no dejará de dar. Lo malo es que la actividad especulativa así como da quita, con la misma rapidez con la que quintuplica el dinero lo desaparece. Por lo mismo, hay que tener cuidado.
Muchos están felices porque en los últimos seis meses se han inyectado cantidades récord de liquidez al sistema por los buenos rendimientos del país. La friolera de 55 mil millones de dólares según cifras de Actinver. Esta inundación de dinero en México ha elevado los precios de forma artificial y no se sostendrán a largo plazo. No hay forma de que así suceda.
El grave peligro de estos espejismos financieros es caer en la fantasía y confundirla con la realidad, es muy fácil, ya nos ha sucedido. A mediados de los ochenta me tocó ver a familias que contagiadas por la fiebre bursátil vendían sus casas para ganar más intereses y perdieron todo. Se quedaron con aire en las manos y en las cuentas de un día al otro.
Privilegiar la actividad especulativa sobre la productiva es una mala idea. Basta volverse a ver a Europa, a Estados Unidos y a nuestra propia historia. En el discurso de apertura del primer periodo de Barack Obama, el presidente estadounidense lanza sentencias en contra de aquellos que prefirieron especular en vez de trabajar. Tiene razón. Sin embargo, la tentación es mucha.
Hay que tener cuidado. Desoír el canto seductor de las sirenas. Hacer como Ulises y amarrarnos al mástil, el peligro es mucho. Jugar a la ruleta es divertido si se conocen las reglas. Lo mismo sucede con la Bolsa.
Hoy, ni los mexicanos, ni la gente en general, puede permitirse el lujo de dejarse hechizar tan fácilmente. Ya sabemos las posibles consecuencias. Hay que andar con cuidado.

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EL riesgo de ser atractivo

Es verdad, México se vuelve cada vez más atractivo en el escenario mundial. La problemática europea, la desaceleración de Estados Unidos han hecho lo que hace algunos años nos hubiera parecido no únicamente increíble sino imposible, hay mayores riesgos allá que en la economía mexicana.
Ha habido una lluvia de capitales que llegan a los mercados emergentes, y México ocupa uno de los lugares más destacados en las preferencias de estas inversiones que, seducidas por la estabilidad, la poca inflación, el tipo de cambio favorable, los rendimientos adecuados y muchas bellezas más que atraen al capital especulativo.
El problema de ser tan atractivo es lo que estamos atrayendo. Es como cuando una hermosa chica adolescente escucha que su madre le dice: fíjate en los pretendientes, hay chicos buenos y chicos que sólo quieren pasar el rato. Igualito pasa en la economía, hay capital que se invierte a largo plazo y capitales que se van tan rápido como llegaron. El capital especulativo es como ese muchacho guapo y exigente que quiere todo a cambio de nada. El capital productivo es ese buen chico que se queda en las buenas y en las malas. ¿A quién preferimos?
México es atractivo y están llegando a territorio nacional ambos tipos de recursos. El problema de que llegue mucho capital especulativo es el espejismo que se crea o, como dicen las madres, que nos volemos, que no seamos lo suficientemente reflexivos y no sepamos diferenciar una cosa de la otra.
El capital especulativo puede generar una burbuja financiera que estallé y nos traiga una crisis financiera que nos tome por sorpresa, cuando estábamos en pleno romance. El gobierno y las autoridades encargadas de las políticas monetarias nos deben proteger, deben cuidar que no nos dejemos apantallar con espejitos ya que nos pueden desencadenar procesos muy lastimosos. El abandono duele. No tenemos que volver los ojos ni a Grecia, ni a Irlanda, ni a Portugal ni a España, aquí mismo ya hemos sufrido en carne propia estas desilusiones que genera el capital especulativo. A pesar de ser hermosos nos hemos quedado llorando y con las manos llenas de aire.
El atractivo de México, como la belleza en la adolescencia, se debe disfrutar, pero jamás permitir engolosinarnos sin freno. Continencia. El mundo enfrenta escenarios volátiles. Las principales economías del mundo superaran sus problemas, saldrán de sus crisis y aquellos que privilegiaron la especulación por encima de la actividad productiva pagaran caro las consecuencias.
México ya sabe lo que es vivir y salir de la crisis. Hay que ser cautos, no podemos renunciar a nuestra memoria histórica. Ya sabemos que más vale la disciplina fiscal, un presupuesto balanceado, un manejo prudente del patrimonio y de las deudas, cuidado de los ahorros y reservas. Prudencia.
Reflexión, prudencia, continencia. Son las recomendaciones que una madre le hace a su hija, son las mismas que debemos observar ahora que México es tan atractivo. Elegir bien y no dejarnos engatusar. Sabiduría para aprovechar está tendencia. Privilegiar el largo plazo aprovechando el presente. Calcular y medir bien el riesgo de ser atractivo y disfrutar.

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