Una historia sobre las fantasías y la crisis de los cuarentas

La uruguaya,

Pedro Mairal

Editorial Planeta, EMECÉ,

Buenos Aires, 2017

La uruguaya es una novela que apela a sorprendernos a partir de elementos que son conocidos. La tarea es difícil porque causar asombro a partir de hechos cotidianos no es fácil. Un hombre que está traspasando la barrera de los cuarenta años, que tuvo pasadas glorias, que vive en un país con falta de oportunidades, en medio de una crisis económica que afecta la vida personal, no tiene nada de espectacular ni asombroso. Es tan común que todos nos podemos identificar. Pedro Mairal aprovecha esta coyuntura para convertir esta sensación que está en el colectivo mundial para apelar a un sentimiento universal.

Según Mairal, La uruguaya es la historia de un naufragio. Se trata de la historia de un fracaso, lo cual es una paradoja dado que la novela ha triunfado. Ganó el premio literario Tigre Juan 2017 y una serie de entusiastas lectores y críticos que alaban el testo. Pedro Mairal nos relata la historia del héroe a la inversa. Lucas Pereyra, un escritor que acaba de entrar en la complicada edad de los cuarenta viaja desde Buenos Aires hasta Montevideo para recoger un dinero que le han mandado desde el extranjero y acaso, también, para buscar un romance. Una historia de reveses donde madurez, insatisfacción y literatura se reúnen.

Lucas Pereyra, el protagonista, está casado y tiene un hijo. No atraviesa su mejor momento. Ni el matrimonio ni su carrera ven un buen porvernir. La economía no le ayuda, se ve obligado a buscar su dinero en un lugar donde no se devalúe. En esta novela, todo pierde valor.

“Estabas harta, de mí, de mi nube tóxica, mi lluvia ácida. Te noto derrotado, me dijiste, vencido” (p. 13)

Pero una escapada corta y la perspectiva de cruzar el Río de la Plata para acudir, entre otras cosas, al encuentro de una joven amiga parece motivo suficiente para proporcionarle cierto alivio. Una vez en Uruguay —que parece algo así como la tierra prometida donde todo será felicidad y dulzura— las cosas no terminan de salir tal como se habían planeado, así que no le quedará más remedio que afrontar la realidad.

“Estaba hecho mierda, derrotado, pero invencible” (p. 153)

El tratamiento dado por Mairal a la anécdota demuestra el dominio de la pluma. Está narrada en primera persona, pero tiene un tratamiento especial: se trata de una confesión. La acción que transcurre en un día, La uruguaya puede ser una fotografía venerable de la crisis de los cuarenta que pudo ser un culebrón trágico de una anécdota insulsa, pero el tratamiento jocoso redime a la novela. Pero, quedarnos en ese punto sería perdernos la riqueza que entraña este libro, hay algo más detrás de estas páginas. Es la burla de los reveses de la insatisfacción, es la ironía sobre el atolladero de las expectativas, es la falla del triunfo y de las esperanzas insatisfechas. Más que una novela más sobre el desamor, La Uruguaya es una novela sobre las fantasías estridentes de un adulto que se comporta como un adolescente.

“Guerra me mandaba esas cosas y yo quedaba partido, colgado de esa emoción que no se disipaba. Eso era Montevideo para mí. Estaba enamorado de una mujer y enamorado de la ciudad en la que vivía. Y, todo me lo inventé, casi todo.” (p. 49)

Mairal entreteje hilos narrativos que van de lo extraordinario a lo cotidiano con tanta facilidad que no se le notan las costuras. Sin duda, creo que hay más insatisfacción que desamor. El libro y en el personaje exsudan frustración. Lucas se siente asfixiado en una situación de pareja y deposita en esa desgracia otras que tienen que ver con no estar trabajando, no estar escribiendo, no ganar dinero. Busca una puerta.

“El paisaje ondulado, amable, quebrado, ya lejos de la jodida pampa metafísica, la mañana, un caballito pastando, la entrega de ese ─no ser─ que se siente al viajar, las nubes… Arriba en el vidrio la ventana decía Salida de emergencia, sólo esas palabras contra el fondo del cielo. Parecía la metáfora de algo. La posibilidad de escaparse hacia la nada celeste” (p. 23)

El humor es lo que salva el libro de ser muy amargo, de otra forma, la anécdota no hubiera dado para tanto y la novela habría perdido sabor, se habría diluido. La uruguaya es la historia de un derrumbe. Ese gran fracaso provoca identificación, en la medida que tiene humor. Un humor tragicómico. Montevideo aparece como una ciudad idealizada, hecha de canciones, poemas y fragmentos de novelas. Y se confronta con el Montevideo más áspero y real. Sin duda. Para el argentino, para el porteño, Montevideo es un espacio idealizado, quizás un poco ingenuamente.

“Un desastre Guerra. No está bueno enterarse de tanto… La verdad a veces es demasiado” (p. 89)

“Me costaba hacerla coincidir con mi delirio de meses. No digo que no estuviera linda —de hecho con esos jeans y esa remera medio abierta en la espalda estaba más buena que las vacaciones —pero el fantasma de Guerra que me había acompañado era tan poderoso que me resutlaba extraño que fuera ella ahora, frente a mis ojos, la verdadera.” (p. 85)

La primera persona es arma fina para contar esta historia. Está hablando Catalina, su mujer. La uruguaya es una confesión es la liberación del mea culpa y el reconocimiento humillado de que se cometió un error que rompió el equilibrio. Para lograr ese nivel de intimidad que necesitaba el relato, la primera persona que utilizó Marial fue ideal. Es lo que provoca empatía y lo que da esa sensación de intimidad y de pudor. Lucas parece estar diciendo cosas que no hay que decir. Habla del dinero, que siempre es un tabú. Habla de la infidelidad, de la intimidad más profunda de la pareja, del miedo a los hijos. Todos los temas que toca son los que se prefieren callar. Por eso la primera persona le permite moverse libremente. Las partes que están como en segunda persona son los momentos álgidos de la confesión. Es una primera persona que a veces cambia a segunda, en ocasiones tienen momentos de primera persona del plural. El yo permite el tú, el él, el ella. Así Mairal demuestra el dominio de la pluma.

La uruguaya es de lectura fácil y rápida. Permite avanzar rápidamente y llegar al punto final. La última frase del libro es una joya que vale la pena leer.

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Seis años y seguimos escribiendo

Me toma por sorpresa, parece que no ha pasado tanto tiempo y ya llevamos seis años de unirnos a través de estas ventanas. Escribir, lanzar palabras al aire con la esperanza de que alguien las alcance a ver, que alguien reciba el mensaje y de alguna forma dé señales de haber leído. El proyecto parecía descabellado. Lo era y lo sigue siendo. No obstante, las ideas que no nos hacen reír, los planes que nos parece que serán difíciles de concretar, cuando rinden frutos, nos siguen sorprendiendo.

¿Cómo es posible? Estas ventanas se abren en México, España, Estados Unidos, Rusia, Austria, Japón, Australia, Inglaterra, Escocia, Israel, Palestina, Argentina, Perú, Uruguay, India, Finlandia, Francia, Portugal, Italia, Guatemala, Canadá, Bangladesh. Nunca lo imaginé. Este blog sigue cosechando lectores. Se asoman a esta ventana y se quedan a seguir leyendo.

Gracias.

Gracias a todos los que a lo largo de seis años me han acompañado. A los primeros y a los recién llegados, a los que se asoman a diario, a los que lo hacen de vez en cuando, a los jóvenes y a los que guardan la juventud en el espíritu, a los que han pasado por las aulas en que he impartido clase, a los que me conocen en forma física y a los que se han vuelto cómplices en forma virtual, a todos ustedes que me leen vaya todo mi agradecimiento sincero y profundo.

Son seis, vayamos juntos por más letras y renglones, por más motivos que nos lleven a reunirnos en ese punto mágico que se llama lectura.

Gracias, siempre.

4321, Paul Auster: las posibilidades de un personaje*

4321

Auster, Paul

Seix Barral, 2017

Cuando alguien declara que se ha preparado toda la vida para escribir algo, no queda más que levantar las cejas y preguntarse de qué se trata. Cuando quien lo dice es Paul Auster las proporciones cambian de dimensión. En el diálogo interno del lector siempre hay una duda, si esperó tanto para cumplir este objetivo ¿lo habrá logrado? Por supuesto, ya sabemos que lo que digan los autores de sus obras está demás. No queda más que saciar la curiosidad y atacar el mamotreto de novecientas cincuenta y siete páginas para enterarnos.

4321 es una novela que gira en torno a las posibilidades de un personaje: Archie Ferguson que Auster se encarga de convertir en múltiples líneas narrativas. Como si se tratara de llevar la teoría de cuerdas a la literatura, en la que se van desenvolviendo varios mundos paralelos en los que lo único que coincide son los personajes pero cuyas realidades son totalmente diversas, Auster nos presenta la vida en torno a un personaje protagónico que nació en 1947 en Newark, cuya madre es Rose Adler y cuyo padre es Stanley Ferguson (apellido que obtiene en forma extraña cuando su abuelo llega a Estados Unidos) y que está enamorado de Amy. Todo lo demás tendrá variantes narrativas a lo largo de la novela.

Auster le da a Ferguson cuatro alternativas diferentes de desarrollo. Lo sota e cuatro vidas. Enfrenta el tema de la paternidad, la amistad, el amor, la devoción materna, la familia, el arte, la literatura, la política, la vida, la muerte, Dios en forma distinta a partir de decisiones que se toman en cierto momento de la vida, que parecen irrelevantes y se convierten en puntos nodales. Pero, ¿y si en vez de eso hubiera decidido aquello? No se preocupe, señor lector. El autor nos dotará de alternativas. Si de opciones se trata, nadie quedará defraudado.

Pareciera que Auster, al entretejer todas estas líneas narrativas, se hubiera planteado el objetivo de escribir una propuesta de la nueva novela. Una en la que la trama sea tan importante que se multiplique por cuatro o que sea tan irrelevante que hasta se pueda contar cuatro veces. Como si se tratara de un chef haciendo recetas, el autor mete todo tipo de ingredientes y caben en el espacio de 4321: cuento corto, poemas, ensayos, historia y anécdota.

La lectura de 4321 ha de ser lenta, un lector desesperado aventará el libro tan lejos como le dé el brazo. El lector tiene que estar atento ya que puede desorientarse en un principio, al punto que parece que el autor cometió un error, pues sorprende tanto el cambio en el estilo como en los temas, como el hecho de que esté moviendo todo lo que ya nos había dicho. En la narración  el estilo es muy descriptivo, exhaustivo y hay un uso  frecuente de oraciones  complejas y extensas. El lenguaje es muy cercano a la edad en la que se encuentra el personaje y el vocabulario va de acuerdo a ello.

La novela comienza como una historia de la inmigración a principios del siglo XX y parte de una anécdota, verosímil y graciosa, de un tal Isaac Reznikoff, judío ruso quien en su viaje en barco hacia Estados Unidos decide, como tantos, cambiarse el nombre al llegar a su destino para poder así comenzar una nueva vida. Un compañero de viaje le aconseja que se ponga el nombre de “Rockefeller”, con lo cual seguro se garantizará su buena suerte, pero en el momento de tener que decirle su nombre al oficial en Ellis Island, Reznikoff olvida el nombre sugerido por su compañero y en cambio le dice al oficial en yiddish “IIkh hob fargessen” (“lo he olvidado”), lo cual el oficial de inmigración malinterpreta como “Isaac Ferguson”, nombre con el cual queda bautizado. (p.9)

Este origen de error y confusión sienta el tono y la actitud hacia el sueño americano: “nada ocurrió tal como había imaginado que sería su país de adopción” (p.9) Nos enteramos de la historia del Isaac, su establecimiento en Nueva Jersey, su matrimonio y el nacimiento de sus hijos, prestándoles atención a los detalles históricos en una narrativa de corte realista. Se cuenta igualmente el matrimonio de su hijo Stanley con Rose Adler y el capítulo termina con el nacimiento del protagonista de la novela, Archibald (“Archie”) Ferguson, en Newark, Nueva Jersey, en 1947. “Así nació Ferguson, y al emerger del cuerpo de su madre, durante unos segundos fue el ser humano más joven de la tierra”. (p. 40)

El siguiente capítulo es la continuación del primero y conocemos detalles de la infancia de Ferguson. La fiesta austeriana empeiza en el capitulo 1.2 cuando parece que la narración falla y que algo se deshace. Pero, no es así, es Paul Auster el de la pluma. No es error, es intención. Se nos presenta el primer giro, la primera de muchas variaciones sobre la vida del protagonista. Las variantes 1.3 y 1.4 nos dejan claro que estamos leyendo narraciones paralelas. Los personajes son constantes, sin embargo, el papel que juegan es diferente. Sus destinos también lo son.

Como telón de fondo vemos detalles de la Historia de los Estados Unidos, los momentos históricos como la Segunda Guerra Mundial, el discurso del Dr. Martin Luther King, el asesinato de Kennedy, los movimientos de derechos humanos, la guerra de Vietnam y también eventos deportivos como el cambio de sede de los Dodgers que dejaron Nueva York para irse a California. Pareciera que Auster le quiere rendir un homenaje a la generación de los baby boomers y nos entrega un manual de entendimiento, un registro de época.

También, Auster nos regala una lista de lecturas, de autores para revisar, tanto de la literatura estadounidense como del mundo en general. Lo mismo con la música, nos sugiere, a través de lo que lee y escucha Ferguson qué es lo que un joven de clase media de los Estados Unidos en el tiempo de la posguerra y Guerra Fría leía y escuchaba en su momento.

Las cuatro historias de Ferguson en 4321 nos llevan a preguntarnos si el experimento de Auster es o no fallido. Por momentos los personajes nos resultan entrañables y en otros son francamente fastidiosos. La serie de detalles abruma al lector y se entiende a aquellos que, a pesar de los esfuerzos, no logró llegar al final. Para recorrer todas las páginas de este libro hace falta perseverancia. Ahora nos queda preguntarnos si llegar al punto final valió la pena o si alguna de estas líneas narrativas quedó demás.

Por escrito número 4

Seguimos insistiendo: queremos atrapar lectores y nunca dejarlos ir

¿Qué es un libro? 

Un libro es un dispositivo raro que cada día menos personas saben usar. Creo que esto se debe a que la mayoría de ellos vienen sin instructivo y a la gente le da vergüenza confesar que no sabe cómo utilizarlo. Es muy fácil, basta ponerlo entre las manos, abrirlo y dejar correr la mirada por sus renglones. Al hacerlo, el dispositivo se conecta en forma directa y en tiempo real con esa sección del cerebro humano que se llama imaginación, que también está cayendo en el desuso, y se producen colores, rostros, objetos, sonidos y olores. Sí, de forma misteriosa y sin que existan cables o conexiones o passwords, lo que alguien escribió se ilumina en la mente de quien lo está leyendo.

Los libros son como planos alternos en los que corren otras vidas que tienen sus propios sueños y complejidades. Lo mismo sucede si son de los que tienen números o teorías, si son técnicos o de autoayuda, si se refieren a ciencias exactas o humanidades. Pero si son de literatura, estos artilugios se transforman en agentes mágicos que ponen al descubierto mundos extraordinarios: sirven como máquinas de tiempo, como boletos de avión, como camarote de barco o asiento de tren. Dan voz a los tímidos, incluso a muertos y reviven a los que hace años, incluso siglos ya no están físicamente en esta tierra. Nos dan la oportunidad de apreciar al otro que con una pluma tuvo la capacidad de crear. 

Frente a un libro, tenemos la impresión de que el artefacto cuenta con la capacidad de meternos en realidades que nos hacen olvidar el mundo que nos rodea. Olvidamos la silla y la habitación en la que nos encontramos para ir a perseguir molinos, para sentir el viento de la desgracia que sentenció a la Cándida Eréndira, o padecemos el calor insufrible de Comala, nos perdemos en la penumbra de la casa de Aura, entendemos el invierno de Auster, vemos lo elemental en la evidencia que presenta Holmes, viajamos con Ulises, caminamos con Bloom o con Santiago, nos llega el aroma de naranja y azahares que Ana Karenina disfrutó con Vronski en Italia… Vivimos con ellos, lo que ellos viven. 

El hecho de que Sancho sea un hombre al que reconocemos y del que sabemos estatura, complexión, señas particulares y color de su vetimenta habla de lo eficiente que es el libro, es tan bueno que nos ha llevado a conocer más sobre las infidelidades de Madame Bovary que de lo que sucede con la vida de la vecina de enfrente. 

Un libro es un aparato que puede utilizarse a toda hora y por gente de toda edad. Es un cacharro que puede usarse una y mil veces sin que se descomponga. Es una maquinaria que forma vinculos. Antes de que San Anselmo viniera con la idea de la lectura en silencio, el libro era un motivo de reunión y un personaje central en torno al cual se organizaban reuniones. ¿Qué imagen puede ser más entrañable que la de una madre leyendo a sus hijos antes de dormir? Tal vez, la de un padre tomando un cuento para compartir con los suyos.

Un libro es, al mismo tiempo, puerta y ventana que nos permiten asomarnos a lugares que la vista no alcanza. Es un secreto que se revela con paciencia y al que no le molesta repetir una y otra vez hasta que se entienda. Es un ser generoso que, aunque siempre cuenta la misma historia, es capaz de sorprendernos con alguna novedad en la relectura. Es paciente, esperará en el estante su turno una y otra vez, para ser elegido. 

Un libro, es sobretodo, un salvoconducto. El que sabe utilizarlo jamás estará solo, no conocerá el aburrimiento, ahuyentará la estupidez y se nutrirá de su generosidad. Ojalá fueramos más los que con pasión nos entregaramos al libro. Sin embargo, como todo lo bueno, existe una restricción, para disfrutarlo, hay que saber leer. En el mundo, una de las cicatrices más grandes es la línea que divide a los que son y no son analfabetas. Ojalá pudieramos borrarla y enseñar las bondades que se engendran en las páginas de un libro. Regalar un libro y enseñar a usarlo es una de la mejores acciones que se pueden ejercer. Sí, enseñemos a usar los libros.

  ¡Feliz dia del libro!

  

Lecturas de verano

¿Será cierto que las lecturas de verano son diferentes a las que se hacen en otras épocas del año? Muchos opinan que sí. Piensan que al igual que la forma de vestir se aligera durante el verano, así también nos volvemos más indulgentes con los autores que elegimos para acompañarnos en la vacación. Hay quienes creen que no es igual leer bajo los rayos del sol que iluminados por el foco de la lampara de noche.
Puede que tengan razón, no es igual leer después de un día ajetreado, en las ultimas horas, con la mente poblada de cotidianidad que tener un libro y todo el día por delante para recorrer sus renglones, pasar sus hojas e internarnos en su mundo.
Sin embargo, la buena disposición del lector no puede afectar, en modo alguno, la buena o mala escritura del autor. Es cierto que es muy agradable leer tendida sobre el pasto, al lado de la alberca, bañada por rayos de sol. Pero la calidad de un libro no varía por la actitud relajada que acompaña al ocio y a la diversión.
¿Será que Auster se eleva en invierno y Nabokov se aligera en los días estivales? No creo. Los sustantivos, verbos, puntos y comas están ahí lo mismo en Febrero que en Julio. De lo que sí estoy segura es de que el verano es un estupendo pretexto para leer de corrido y, en todo caso, hay más tiempo para disfrutar de esos mundos forjados con letras, para profundizar y para reflexionar. Es decir, no creo que lector habitual cambie sus rutinas o sus ritos, lo que se modifica es la intensidad de ellos, si acaso.
Hay quienes sostienen que el verano es el tiempo propicio para los libros ligeros, creo que el clima no logrará modificar los gustos ni transformar a los lectores. Lo que es bueno para invierno lo es para el verano y viceversa, creo yo.
En lo que la mayoría estamos de acuerdo es que una forma de aprovechar los días del verano es leyendo. En los días de vacaciones se ganan lectores, hay gente que regularmente no lee y aprovecha la temporada para hacerlo. Muchos estupendos lectores de hoy se forjaron experimentando en los días de ocio. Aquí la selección adquiere relevancia.
A mí siempre me pasa lo mismo, sobreestimo mi capacidad de lectura. Llevo más libros de los que puedo leer. Cada año es igual. No importa, siempre será así. Tal vez algún verano logre leer todo lo que creo. A lo mejor este verano sí logro acabar con la lista.
Ya metí mi selección a la maleta y estoy fascinada con lo que me espera:
Los elegidos para estas vacaciones son: Donna Tart (The Golddinch), Banana Yoshimoto (Kitchen), Guillaume Musso (Parce que je t’aime), Orán Pamuk (Ensayos) Inés Arredondo (La señal) y Salvador Novo (Joyas de la amistad).
The New Yorker ya publicó su lista de lecturas para el verano, USA Today y el País también.
Cada lista es diferente, no hay parámetros ni tendencias más que el gusto de quien recomienda. Todo cabe en la canasta de libros para el verano, novelas negras, thriller psicológicos, romances, crónicas de viaje, biografías, novelas históricas o lo que sea. Novedades o clásicos. Autores nacionales y extranjeros. Lo que no cabe es el esnobismo que propone que una elección es mejor que la otra. Todas son buenas porque son puertas para entrar a mundos fantásticos.

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2013 en conclusión

El 31 de diciembre es una buena fecha para hacer un resumen y llegar a ciertas conclusiones. Reflexionar sobre el lugar en el que nos encontramos hoy y compararlo con el del año pasado. ¿Estoy igual, voy para atrás o logré caminar hacia adelante? No se puede generalizar, hay que hacer un análisis pormenorizado para llegar a una conclusión que abarque todos los aspectos.
Decir que 2013 fue un año difícil suena a lugar común pero es cierto, este año fue duro. Urbi et orbi se escuchan las quejas de la situación económica, de la desaceleración, de la lenta recuperación y de la nula generación de fuentes de empleo. Este año que termina empezó con grandes expectativas que se fueron apagando poco a poco. Para la mayoría de las personas, el primer semestre fue mejor que el segundo, hubo mayor actividad que fue decreciendo hasta llegar a niveles de inactividad en muchos sectores. Incluso hubo negocios tuvieron que bajar la cortina porque no aguantaron más. Muchas empresas vendieron menos que el año pasado y los profesionistas facturaron cantidades mucho menores que en el 2012. ¡Ah! Eso sí. Las cifras de corrupción se incrementaron., también el precio de la gasolina, energía eléctrica y de otros servicios. Aumentarán los impuestos, el poder adquisitivo, quién sabe.
Sin embargo, hay que reconocer que a pesar de todo, 2013 no cerró tan mal como se esperaba. A pesar de las dificultades, hay esperanza de que las cosas en el 2014 mejorarán sensiblemente. En México se recompone el escenario por una simple razón, el gasto corriente se liberará y esa sola consideración basta para generar una mayor actividad económica que la que hubo este año en que el gasto estuvo muy restringido. A final 2013 terminó menos mal de lo que se pronosticaba y eso son buenas noticias.
2013 pasa a la historia como un año de acontecimientos inéditos, un Papa renuncia por su propia voluntad, hay. Pontífice latinoamericano y más importante, jesuita. En el Vaticano se cambia la sede de oro por una de madera, el apartamento lujoso se cambia por un sencillo hostal y se habla de cambios profundos. Muere Mandela y Obama pierde popularidad, parece que la hermosa sonrisa y el signo del color de la piel no le bastaron para concretar las reformas de gran calado que Estados Unidos requiere. En cambio, el Congreso mexicano aprueba reformas constitucionales que modificaran la vida de la Nación. Habrá inversión extranjera en el renglón de hidrocarburos, y Enrique Peña se faja al no escuchar los gritos de ¡Auxilio, Socorro, nos roban el petróleo!,,pero,las guardias civiles y otros pendientes siguen reclamando su atención,pero ahí se le ve sumamente distraído.
Sí, este año que concluye fue uno de muchos contrastes.En lo personal el primer semestre fue estupendo, tan bueno fue que me permitió cosechar y estar preparada para el semestre de vacas flacas. Además este año estuvo lleno de satisfacciones personales: me vestí de toga y birrete, obtuve mi grado de doctor. Crucé un umbral al mismo tiempo que dos de mis amigos. Me regalaron una máquina de escribir mecánica. Publiqué un libro y gané algunos premios. Leí, leí y leí. Sigo leyendo. Nuevamente recorrí el Camino de Santiago. La palabra serenidad tomó sentido. Acompañé a Dany en su graduación de primaria y a Andrea a Madrid a presentar su primer libro. Supe lo que es sentirse la mamá más orgullosa de la tierra. Viví momentos de angustia en Acapulco y me enteré de que la desgracia sí hace distinciones. Perdí un vuelo muy importante pero gané la experiencia de saber de que estamos hechos los seres humanos ante la desgracia, supe lo que es la lealtad a toda prueba en las acciones de Reyna, la solidaridad de la familia y de los amigos que sin estar en el puerto se hicieron presentes para ofrecer ayuda. Un amigo deshizo sus planes para caminar conmigo y estar a mi lado en uno de los momentos más alegres de mi vida. Carlos entró al quirófano y me enseñó lo que es la fortaleza física y la voluntad de estar bien como un acto de amor a los suyos. Compartí con mis hermanos de alma las risas y las preocupaciones que nos trajo este año, confirmé que los lazos del amor superan a los de la sangre. Jugué tenis. Hubo gente que plasmó con letras doradas su nombre en mi lista, hubo otros que se dieron de baja por sus acciones. Aprendí que para estar cerca de alguien se requiere de la voluntad de ambos. Comprendí que la vida se trata de dar y recibir. Tuve la suerte de viajar, lejos y cerca. Me llené de colores, sabores y aromas ajenos y propios. Desayuné, varias veces, crepas de frutos rojos con mi mamá. Disfruté muchas tazas de café. Bebí champaña. Conté bendiciones y cuando se me olvidó hacerlo, Carlos me tomó de la mano y me recordó cómo hacerlo.
En general, 2013 me dejó avanzar, incluso más de lo que hubiera pensado. Decido mirar al frente y dejar en el pasado lo feo, no vuelvo la mirada hacia atrás para no terminar como estatua de sal. Aunque, a veces la tentación de regresar es mucha, la venzo con la filosofía del sólo,por hoy. Bien que se que el camino al pasado no existe, la flecha siempre señala hacia adelante. Prefiero aprovechar las oportunidades que Dios me da que quejarme por lo que no se consigue. Termino este año con un gran sentimiento de gratitud. Cierro los ojos y doy gracias a Dios por tantas bendiciones, por tanta protección y tanto amor que muchas veces pasé por alto. Hoy, 31 de diciembre, el análisis resulta positivo. Es preciso dar gracias al que todo lo da. Poner el corazón, lo más limpiecito que se pueda, a los pies de la Cruz y agradecer por lo que podemos ver y por lo que no, por lo que entendemos y por aquello que no nos queda claro. Dejarnos llevar para alcanzar la serenidad. Ser dócil a su voluntad y al mismo tiempo guerrera infatigable.
Crecí y creció este espacio. Esa es una enorme alegría. Escribí. Escribí. Escribí y me leyeron. Cada día son más los que nos reunimos por aquí, en la intimidad que se genera entre el escritor y su lector. Mi agradecimiento total a cada uno de los que se asoman a ver lo que estoy pensando. Además de dar las gracias, deseo un año lleno de salud, amor y prosperidad a todos los que pasan por aquí y se detienen a leer. Espero que me sigan acompañando en esta ventana que abro al mundo. ¡Feliz año nuevo!

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