Tontitos

El Washington Post publica un reportaje interesante en el que nos da a conocer la historia de algunas familias mexicanas, residentes legales en El Paso, Texas, que apoyaron a Trump y siguen convencidos por su decisión. Los que fueron incluídos por el periódico en este informe son individuos que nacieron en México y que cruzaron la frontera en forma ilegal y que por años trabajaron sin papeles, que llevan años viviendo allá y que lograron regularizar su situación. Es interesante escuchar su punto de vista y entender las razones para sufragar por un personaje como el candidato republicano y llevarlo a triunfar.

Para el señor Ramón De la Rosa, un hombre de setenta y tres años, Trump significa el regreso del esplendor americano. Está seguro que en menos de un mes, Estados Unidos tendrá de vuelta el brillo que se perdió porque los empleos ya no están ahí sino en China. Está seguro de que Trump es una solución porque dejará de cobrar impuestos altos y cree en las promesas sobre generar programas de estampillas de comida y de ayuda para la gente que trabaja duro. Al preguntarle si se sintió ofendido por los insultos que el presidente electo profirió contra los mexicanos que van a Estados Unidos, llamándolos violadores, y narcotraficantes, De la Rosa afirma que esas son cosas que dijo para ganar votos, porque es Tontito y no sabe de política, pero que en realidad no las siente. 

Por otro lado, Cecilia Kahze es una mexicana de cuarenta y cinco años nacida en Chihuahua, una mujer de cabello rubio y ojos azules, también votó por Trump. Es ciudadana americana desde que tiene diecisiete años. Cuando llegó a Estados Unidos se espantó por el recismomen contra de los mexicanos.Le gritaban espaldamojada, pero ella no se siente aludida, se ve a sí misma como una persona trabajadora y productiva por eso, las promesas de gloria de Trump la sedujeron. Los beneficios que ella escuchó la hicieron desestimar las amenazas y el desprecio contra los mexicanos. 

De la Rosa dice, Santa Claus viene de China, en la casa las cazuelas son Chinas, nuestra ropa, nuestro calzado, nuestros calzones dicen Made in China, eso está mal. Adolpho Telles, representante del Partido Republicano, se dice sorprendido y cuenta que la gente decía por lo bajo que iba a votar por Trump, les daba pena y temían ser criticados, pero en El Paso sí  genreró votos a Trump. Clinton ganó ahí, el 68% votaron por ella, pero no fue por una mayoría apabullante. Jenny Carrillo de cincuenta y ocho años, hija de una mujer que cruzó la frontera en forma ilegal, nacida en territorio estadounidense, lloró al enterarse de la noticia del nuevo presidente. Dice que es curioso que algunos miembros de la comunidad latina no se sientan parte de ella y crean que serán bien vistos por el nuevo presidente.

Ramón de la Rosa le llamó tontito a Trump en forma cariñosa, con cierta indulgencia y hasta con un dejo de ternura. Cecilia Kahze ve al futuro presidente para arriba y está segura de que ella no forma parte del grupo al que Trump hizo referencia en campaña. El muro los tiene sin cuidado y no ven una amenaza en las nuevas políticas migratorias. ¡Qué curioso! Hay otro su grupo de personas que le dieron su voto al republicano porque se identificaron con sus valores, Ismael Aguayo y su esposa Darlene votaron por él porque dijo que quienes abortan son asesinos y por ello lo apoyaron.

El hijo de Cecilia Kahze y de Peter, un hombre descendiente de apaches, no votó. Le ganó la desesperanza. Ni Hillary Clinton ni Donald Trump le parecieron buenas opciones. Declara al periódico estar enfadado con su madre por su falta de congruencia, siendo una chihahuense, con familia en México, votó por alguien que ofende sin conocer. ¿Tontito?, reflexiona, no creo que sea tontito, los tontitos fueron otros. 

Es verdad, y cuando se den cuenta Trump estará sentado en la Oficina Oval despachando en la Casa Blanca.


Con información del Washington Post.

El odio como estrategia

 Resulta que el odio, este sentimiento poderoso de aversión y rechazo que crece como una hiedra incontrolable, es un elemento   poderoso que trae grandes resultados a quienes fincan sus estrategias sobre estas bases. Detestar algo o a alguien, por absurdo que parezca, logra afiliaciones inmediatas e irracionales. Es fácil odiar, no requiere de mucho análisis y el potencial de alcance es un radio de amplio espectro. 

Basta ver lo sencillo que es despertar odio hacia figuras tan inocuas como Justin Bieber o Lindsay Lohan. Ellos, contribuyan o no a su falta de simpatía, son focos de desprecio. Eso viene con la popularidad, nadie es monedita de oro y no es obligación caerle bien a todo el mundo. Incluso, hay figuras a las que les gusta provocar esa antipatía en la gente, porque les trae grandes beneficios: están en la mente del público. Miley Cyrus es el mejor ejemplo, escandaliza para seguir vigente y vender más. María Felix decía que era preferible que la gente hablara mal a que no hablara nada. Entonces, la estrategia era azuzar. Pero, insisto, estos personajes son inocuos. Son inofensivos pues su radio de influencia, aunque es amplio es irrelevante en el sentido que no hace daño.

El problema está cuando la estrategia de odio la adopta alguien que sí puede perjudicar, cuyas palabras pueden destruir o provocar mal. Si los dichos de alguien lástiman a otros, el tema del desprecio toma otros tintes. Ya no se trata de una táctica para conseguir algo, se trata de una cuestión de conciencia y de valores que no se debe tomar a la ligera. Se trata de estatura y altura de miras. Un líder se mide así, por sus parámetros y su capacidad para influir.

Hitler fue un gran líder y tuvo parámetros muy claros. Ojo, dije gran líder no buen líder. El reverendo Marin Luther King fue un buen líder y fue grande también. Ambos sustentaron su liderazgo en el odio. Uno buscó el desprecio como forma de sostenerse en el poder y otro para combatirlo. Uno hizo de la muerte la moneda de justificación a partir de la ruina y destrucción de un grupo específico y otro intentó combatir la ponzoña que se cierte sobre el diferente. 

Ayer, en el súper martes, vi a un líder que cimienta su triunfo en el odio. Incitando al aborrecimiento, sembrando inquina, provocando animadversión y lo que me pareció impresionante es que su audiencia no filtraba la información por ningún tipo de análisis. Trump, se dirgió a las personas que lo acompañaban en el salón de eventos en Florida y al mundo entero con un grito de guerra absurdo: ¿quién va a pagar el muro? Y las hordas embrabecidas gritaban México a máximo desprecio. En las calles, la violencia en contra de los latinos va en aumento. Los musulmanes también son foco  de desprecio y los judios van por el mismo camino. ¿No hemos visto ya este modelo con anterioridad? 

Lo peor, es que el odio es una navaja de doble filo, corta en ambas direcciones. Yo misma, en el momento en que veía a Donald Trump sentí un desprecio salvaje por ese imbécil que se atreve a decir barbaridades contra toda lógica. A pesar del análisis, el aborrecimiento aflora y la antipatía se convierte en algo más, gana potencia y crece como hierba mala, sin control. A eso le apuestan estos personajes. Por ello reciben apoyo de grupos como el KuKuxKlan. ¿Será que los estadounidenses no se asustan con este tipo de modelos autoritarios? Tal vez los que brindan ese apoyo incondicional deberían darse una vuelta por el Museo de la Tolerancia. Es una obligación histórica no repetir los errores del pasado. Evidentemente, no ven las señales de alerta, tal vez porque no las conocen, las ignoran. La ignoracia es un campo fertil de cultivo para el desprecio.

La estrategia del odio es efectiva. Trump no merece mi desprecio, ni el de nadie. Si merece cuidado, vigilancia, escrutinio. Parar a un ser despreciable que siembra odio no es fácil, pregúntenle a Ted Cruz. Lo dejaron ir muy rápido y muy lejos. No o van a parar si usan su misma estrategia, Trump les lleva ventaja. Hay que atacarlo en forma diferente, detectando sus debilidades que son evidentes. Trump es mentiroso, hay que rescarle por ahí. ¿Cuántos fraudes habrá hecho, cuántas trampas, cuántos actos de corrupción? No será dificil encontrarlos. Al exhibirlos, este hombre de pies de barro se desplomará. Ya hay una demanda en su contra, presentada en una corte de Nueva York, se le acusa de fraude. Ya va a recibir el primer golpe.

El odio es una estrategia efectiva, la verdad es aun mejor. 

  

El Pato Lucas, Trump y los latinos

Los personajes de las caricaturas de looney tunes fueron construidos a partir de ciertos estereotipos que arrancan risas pero que muestran la perspectiva a lo diferente. Pepe le Pú es un zorrillo francés, ¿qué mas queda por decir? A los mexicanos nos dibujan como ratones que corren rapidísimo y viven en entornos paupérrimos. Los estadounidenses son puerquitos tatamudos, conejos burlones de orejas largas, gatos negros bastante bobos que no consiguen su objetivo o patos que siempre terminan con el pico volteado y puestos en rídiculo.

Pues sí. A mí, Donald Trump me recuerda al Pato Lucas, un bocón que dice y se desdice a distra y siniestra, un sujeto con diarrea verbal al que le basta abrir el pico para liberar palabras convenencieras sin que medie un filtro de reflexión. Igual que el Pato Lucas, es un sujeto muy descolocado, con aires de grandeza que comete el mismo error que el Gato Silvestre: no sabe medir a los latinos. Trump debería poner atención.

Sean Penn me recuerda al Gato Silvestre, ese que siempre quiere atrapar a Speedy González y termina golpeado, con chipotes, magullado, con cara de tonto y sin lograr su objetivo. Igual que el Pato Lucas, El Gato Silvestre no sabe medir a los latinos. Los cree de menor estatura y los ve por debajo de sus capacidades, por eso termina sin atrapar a su presa. Jamás consigue su objetivo, lo único que logra es quedar en rídiculo y matar de risa a su audiencia. ¿Qué pasó con Sean Penn? Un año antes estaba entregando un Oscar haciendo gala de su idiotez y mal gusto, sintiendose el rey del mundo, andaba internándose en tierras sinaloenses, creyéndose reportero de investigación y terminó lleno de vergüenza y apestado por la sospecha. En serio, ¿puede haber alguien tan estúpido como para confundir un león con un minino e irle a jalar los bigotes a su propia casa?  Tal vez, nadie le dijo quien era Joaquín Guzmán Loera. Ya se enteró. Ahora, muere de miedo por las represalias de capos de la droga que no son muñequitos de caricatura. Nadie lo quiere cerca, no sea que el FBI les ponga también el ojo.

Por lo general, en los episodios de las caricaturas, la estupidez se evidencia cuando hay una brecha entre la realidad y lo que se cree que es real. Incluso, El Tonto Coyote, peronaje analítico, falla al corretear al Correcaminos porque no calcula adecuadamente la velocidad de crucero de su presa. Trump mide mal a los latinos. Lo digo porque para él todos son mexicanos, según este sujeto, del Bravo para abajo todo es igual y entramos en la misma bolsa. Somos seres amenazadores, vendedores de droga, pandilleros y asesinos. No sabe y por ello no aprecia nuestros valores. No entiende el valioso engrane que sin los latinos en la economía de su país. Es ignorante.

Tal vez, Donald Trump termine con el pico volteado, como El Pato Lucas. Ojalá. Pero los latinos debemos ser un poco más como Speedy González, más veloces y más contestatarios. El ratoncito, como somos dibujados los latinos, no se amedrenta frente al gato, ostensiblemente mas grande y poderoso. Lo encara y le dice gatito tonto. A Lucas, que lo amenaza con su propio rifle, se lo voltea y le dispara con su misma arma, poniéndole el pico en la nuca. ¿Qué esperan las autoridades latinas para hacer lo mismo? No veo a los Presidentes latinos ni a sus cancilleres abriendo la boca.

Ignorarlo no está rindiendo frutos. Callarse frente a tantas necedades de Trump más que prudencia, parece una actitud pusilánime. Ya es tiempo de hacer lo del Correcaminos, encararlo y hacerle una trompetilla. Hay que dispararle con su propio rifle. Llegó el momento de mirarlo de frente y evidenciar la falta de congruencia de ste sujeto. El tipo nos provee de material suficiente para dejarlo en la lona. ¿Qué esperamos? Callados estamos dejando que avance peligrosamente a la silla presidencial. Incluso, hay chicanos que se estan dejando engañar por las frases de este hombre. ¿Cómo no? Si no hay quien eleve la voz y diga ¡basta!

En fin, ya va siendo hora de darle batalla a este deslenguado y, como en sus propias caricaturas, evidenciar como queda en rídiculo, tal como el Pato Lucas. Trump con el pico en la nuca. ¿No creen? Es tarea nuestra, de nadie más. 

  
  

Trump y Merkel

El domingo pasado, Jorge Volpi abordó con preocupación el discurso racista de Donlad Trump. Dijo que reducirlo a las palabras de un payaso era sumamente preocupante ya que así había empezado Hitler y los alemanes siguen avergonzados por los resultados de una política xenófoba. A mí me pareció un poco exagerada la afirmación pero aún no había pasado el incidente de la conferencia de prensa en la que Jorge Ramos fue arrastrado a la puerta por la gente se seguridad a instancias Donald, el anfritrión.

Con independencia de lo bajo que es subirse a la estrategia de la xenofobia para ganar adeptos, de lo efectista que puede resultar y de que en un momento determinado a Trump le puede resultar que el chirrión le salga por el palito, creo que sería, como afirma Volpi, un grave error no parar en seco a este señor.

Es verdad que muchos detractores de Jorge Ramos afirman que fue a provocar a Trump y que le gusta ser visto como la victima. Ni hablar, en este caso lo fue. En esta tesitura, con astucia, logró evidenciar a un millonario con cara de mandril y cerebro de cacahuate que le gusta atacar a una raza determinada. Ya sucedió antes y pregunten en Polonia sobre la gravedad de estos discursos. 

Las palabras que usa Trump son graves, las reacciones de odio son peores. En el chorro verborreíco que se avienta desde un microfono va infiltrado un desprecio que se inocula en miles de estadounidenses que, en su ignorancia, olvidan los orígenes de esa nación y ejercen su aborrecimiento contra latinos, negros, musulmanes, chinos, italianos o cualquiera que ellos consideren que llegaron a su territorio a ensuciar su suelo y a contaminar su sangre tan pura. Ya sucedió antes y pregunten en Armenia sobre la gravedad de estas influencias.

Pero si las palabras de Trump son graves, las acciones de Merkel no son menos. Mientras Trump pide muros kilométrico para marcar fronteras, Merkel pone espinas para que los inmigrantes se ensarten antes de pasar al territorio alemán. No han pasado ni tres décadas de que se derribó el muro en Berlín y ya se quiere elevar otro. Los alemanes tiene un museo de memoria sobre el Holocausto, ¿no sería conveniente que la señora Merkel se diera una vueltecita por ahí? Al señor Trump, magnate del entretenimiento, mejor ni le sugerimos la visita, sabemos que los museos no son lo suyo, como tampoco lo es la historia ni la geografía ni la diplomacia. 

Luego, el señor Trump sale con la ocurrencia de traerse a Arpagio para hablar de migración en México. ¿Y las autoridades mexicanas están sordas? Esos dos personajes deberían ser declarados personas non gratas en todo el territorio que va desde el río Bravo hasta la Patagonia. Eso piensan ellos que es la extensión de México. Me parece que las reacciones de los gobiernos latinoamericanos están siendo muy tibias frente a las palabras de este señor. Uno que quiere dejar sin nacionalidad a niños nacidos en Estados Unidos y que declara su desprecio por los latinos y otro que piensa que es lo mismo matar pollos que asesinar personas. Pregunten en Berlín sobre lo que significa dividir familias y se valorará la gravedad de estas acciones.

Sólo los locos olvidan y los incesatos están condenados a revivir las atrocidades del pasado. 

Merkel los llama sin papeles, Trump les dice mexicanos, para ambos la custión de la migración es un problema que se resuelve con muros y espinas. Imagino que ambos creen que el cáncer se puede curar con una aspirina.  Sí, Merkel es una gran estadista, ni hablar, Trump nunca llegará a serlo. La memoria es un recurso que tiene la Humanidad para parar a los incensatos. 

  
 

La sordera estadounidense

Esta semana los ciudadanos estadounidenses irán a las urnas para decidir la suerte del Congreso y de varios de sus Gobernadores. Como siempre sucede con las elecciones intermedias, los electores pasan revista al poder ejecutivo, evalúan su actuar al votar la conformación de las cámaras.
En Estados Unidos la selección es poco complicada, sólo hay dos partidos: el conservador, es decir, los republicanos y los liberales, es decir los demócratas.
A decir verdad, republicanos y demócratas se parecen mucho. Todos quieren llevar agua a su molino prácticamente de la misma forma, quieren ganar adeptos y hacen campañas que asombren al elector, que capten su atención y despierten su preferencia. En la era digital, las campañas se modifican. Es preciso sorprender para atrapar el interés del elector que vive distraído, pendiente de lo que sucede en tiempo real a través de una pantalla, que escucha lo que quiere y a quienes quiere, que confirma sus gustos y puntos de vista a partir de las selecciones electrónicas que le dan sus preferencias.
¿Cómo hacerse escuchar por una sociedad que vive atrapada por aparatos electrónicos? La forma más fácil es escandalizar, causar miedo. Para desactivar la sordera del pueblo estadounidense es necesario asustarlos. Entonces, a México le va mal.
Los mensajes que se envían por cadenas de televisión de paga que dicen con voces proféticas y airadas que las células de ISIS se quieren infiltrar en territorio norteamericano por la frontera sur, el Ébola llegará a Estados Unidos proveniente de las tierras septentrionales, las calamidades vuelan a la velocidad del viento de sur.
Por ahí, la actual situación de la política nacional en México no ayuda mucho. Las voces de la narcoinfluencia son realidad, sin embargo, no somos la fuente de todos los males estadounidenses. Allá lo entienden, moderan el discurso oficial pero sueltan los perros mediáticos. Dejan que reporteros eleven la voz y les dan discretos aplausos. Que no se note mucho el desprecio en el Congreso, que se disimulen las pocas ganas de entrarle al tema migratorio para asegurar el voto latino que ya pesa y pesa mucho. Total, luego con ignorarlos es más que suficiente.
El pronóstico es que le irá mal a los demócratas. Obama no tiene contentos a los votantes, la gente de a pie le reclama la recesión vivida en sus periodos, los latinos piden cuentas por el incumplimiento de sus promesas, los intelectuales hablan del cierre de Guantánamo, los pacifistas se preguntan cómo fue que no se acabo la guerra, y los estadounidenses se preguntan si Hillary Clinton hubiera sido mejor opción.
Pero no hay debate serio. La gente opta por forjarse opinión consumiendo datos que los asustan en vez de hacerlos reflexionar, si no, ¿por qué la indiferencia gana en las urnas?
Si a George Bush Jr. la historia le está pasando factura, a Obama hace rato que se la esta cobrando. Se le acusa de tibio y él dice tener las manos atadas. Mientras tanto, la falta de diálogo entre demócratas y republicanos tiene muchos destinos conglelados, inanimados, viviendo miedos absurdos y terrores infundados. ¿Y si se escucharan entre ellos? ¿Si escucharan a sus electores? Tal vez las urnas estarían más concurridas.
Pero si la sordera estadounidense afecta a los votantes, imaginen cuanto impactará a aquellos que ni se ven, ni se oyen. ¡Ah, pero eso sí, que trabajan como burros! Eso ya lo sabemos. La otra pregunta relevante es, ¿a quién beneficia esta sordera

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Obama y Peña Nieto

En la foto aparecen Barack Obama y Enrique Peña Nieto y se están dando un apretón de manos. Uno aparece sonriente, con el saco desabotonado, las piernas cruzadas; el otro aprieta los labios, está derechito y sentado con las rodillas muy juntas. Tal vez Obama está relajado por que al ser el anfitrión se siente en casa, cuatro años de ejercer el poder dan experiencia y está satisfecho, es posible que Peña Nieto al ser la visita esté guardando las normas o que esté midiendo muy bien sus pasos, son los primeros y debe darlos con cuidado. Lo cierto es que Enrique Peña Nieto está desde ahora haciendo cambios. Fijó un nuevo rumbo el la agenda bilateral, dio un golpe de timón y transformó un dialogo monotemático en uno de mayores miras e hizo bien. Fijó las bases de interlocución con nuestro principal socio comercial. Desplazó el tema de seguridad nacional y guerra contra el narcotráfico para abrirle espacios a la educación, a las relaciones económicas, a las fronteras seguras y al tema migratorio. Se establecieron las pautas de una nueva forma de ver la relación entre países que comparten mucho, no únicamente kilómetros y kilómetros de frontera, sino problemas sensibles que involucran a seres humanos. Lo sabe Obama que tiene una deuda con sus electores latinos, lo saben los republicanos que están poniendo manos a la obra para recomponer su relación con los hispanos estadounidenses, lo sabemos los mexicanos que estamos cansados de poner siempre la cuota de sangre, ¿lo sabrá Enrique Peña Nieto? Yo creo que sí, por eso se le ve tenso en la foto. La actitud del presidente de Estados Unidos es la de un hombre que le desea suerte a otro que va a empezar su camino. La de Enrique Peña Nieto es la de aquel que sabe que la tarea no está fácil. Ojalá que Obama entienda de la importancia de este acuerdo. Espero que Peña Nieto sostenga los temas que hábilmente introdujo en su primera visita a la Casa Blanca y se comprometa a sacarlos adelante. Y sí no… Que ambas naciones se los demanden. Muchos ojos están observando a ambos lados de la frontera.

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Obama reelecto

Barack Obama sonríe, las estadísticas marcan una tendencia favorable, su contrincante ha reconocido su derrota, es un hecho, los votantes en Estados Unidos lo han reelegido. Pero, ¿Quiénes reeligieron a Obama? ¿Qué votos le ganaron cuatro años más como habitante de la Casa Blanca?
Conocer esta respuesta es de suma importancia para entender donde están las esperanzas del pueblo estadounidense. Y, a pesar de lo que muchos podrían pensar, Romney incluido, el tema económico no fue el que determinó la elección. El candidato republicano centro su estrategia de campaña en una sencilla pregunta: ¿Estas mejor ahora que hace cuatro años? La respuesta es evidente, en la mayoría de los casos la respuesta sería: no. El país está padeciendo una desaceleración económica y los pronósticos son poco optimistas. La estrategia republicana sonaba bien, una crítica dura que evidenciara que su contrincante no era un buen operador económico. Sin embargo, no funcionó. ¿Por qué?
Por que el voto que inclinó la balanza en favor del candidato demócrata estuvo dado por dos sectores de la población que cada día más ganan terreno: los jóvenes y los latinos. Según el Washington Post el 18% del electorado estadounidense tiene entre 18 y 24 años y más del 24% de ellos prefirieron a Obama.
El voto latino cobra cada día más fuerza e importancia, tanta como que en esta elección representaron el 10% de los votantes de acuerdo con las cifras del Washington. Post. De ellos el 69% prefirieron a Obama. El menosprecio del partido republicano por el voto de los hispanos les cobró factura. Las posturas inflexibles en temas de migración hicieron que Romney cediera en favor de su contrincante el 69 % de los votos de este sector.
Sí,los jóvenes y los latinos le dieron al presidente la posibilidad de reelegirse. Amanece en Washington. Se acabó la campaña. Ahora viene el tiempo de gobernar, de cumplir promesas, de transformar en realidad las expectativas. Vienen los tiempos de exigir. Barack Obama no ha logrado una reforma migratoria a pesar de haber tenido una mayoría demócrata en el congreso.
Los latinos han confiado en él, le han dado una oportunidad para reivindicarse. Esperemos que Obama cumpla y que los latinos aprovechen su fuerza para que las promesas de campaña a su favor se cumplan. Que así como el voto hispano ayudó al candidato demócrata, el hoy presidente electo sepa corresponder a esta confianza.
Barack Obama sonríe victorioso, con él los jóvenes y los latinos. Gana la esperanza. Ojalá se mantenga el compromiso con quienes le dieron el triunfo.

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