Lo que en realidad sucedió a Serena Williams

El escándalo que se ha levantado en torno a la derrota se Serena Williams en la final del USOpen y los comentarios que a suscitado me dejan perpleja. Desde Don Lemon hasta Christopher Cuomo han tratado de hacer un panegírico torciendo la situación esgrimiendo razones que son sinrazones para justificar a la tenista afroamericana. Algunas veces se abusa del uso del micrófono. Dicen que lo que sucedió no hubiera pasado si ella hubiera sido hombre o si hubiera sido blanca. ¿En serio piensan jugar esa carta? Entonces, o no vieron lo que sucedió o les dieron línea para torcer la realidad.

Defender a Serena Williams es no entender. Justificar es no entender. El tenis es un juego de honor, es un juego de nobleza. Es un deporte con reglas que deben respetarse. Serena Williams recibió un warning por recibir instrucciones de su coach —lo que está prohibido— y le fue a gritar al juez de silla. Le dijo que ella no era tramposa y que ella no estaba recibiendo instrucciones de su entrenador. Más tarde, en conferencia de prensa el coach confesó que sí le estaba diciendo qué debía hacer, pero que como todos lo hacen, él lo hizo. Entonces, ¿es tramposa o no?

Luego, rompió una raqueta, recibió otro warning y le aplicó el castigo: perdió un punto. Eso dice el reglamento. Entonces llegó lo peor: le dijo a Carlos Ramos, el juez de silla que era un ladrón por robarle un punto y mentiroso por decirle tramposa. Entonces, la volvió a amonestar y eso la llevó a perder un juego.

Invocar que eso le sucedió a Serena Williams por ser negra o por ser mujer es faltarle al respeto a la raza negra y a las mujeres. Carlos Ramos es un prestigiado juez y lo único que hizo fue aplicar el reglamento. No debemos confundirnos. Cuando un tramposo se quiere esconder en su color de piel o en su género insulta y no debemos permitirlo.

Lo que en realidad sucedió fue que Serena Williams estaba desesperada porque no pudo ganar. Así de sencillo. La sacó de sus casillas que una novata le estuviera pasando encima. No le pudo ganar. Y, como lo hizo en el pasado, al darse cuenta de que no iba a ganar le echó a perder el triunfo a sus contrincantes. Lo hizo con Kim Clijsters también en en USOpen y ahora lo repitió con Naomi Osaka. ¡Qué pena! Una campeona como ella se revela como una mujer berrinchuda que no sabe perder.

¿No podría Carlos Ramos decir que le quitaron injustamente la miniatura del trofeo por discriminación por tener origen latino? Lo que en realidad sucedió a Serena Williams es que nos supo ganar. No le busquemos tres pies al gato.

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Bondad, maldad, justicia y abuso

Cuando nos da por prometer, ponemos nuestra mejor cara. Planteamos nuestros mejores argumentos, elegimos las palabras más adecuadas, nos ponemos los vestidos más lucidores y elevamos la vara lo más que podemos. A la hora de cumplir, la cosa se pone fea. En esa condición, quien honra su palabra es una persona honorable. Lo malo es que la honorabilidad es un bien muy escaso y estamos enfrentados a gente que no es capaz de concretar sus promesas.

Lo malo son esas caras bondadosas, esas palabras condescendientes, esas figuras hermosas que seducen y nos llenan de esperanza. Nadie tiene la exclusividad, el mundo esta lleno de ejemplos: Lula tiene una cara de benignidad que casi se nos olvida que está imputado por corrupción, Puigdemont tuvo palabras tan bien estructuradas que por poco pasamos por alto que llevó a su pueblo a montarse en una fantasía muy cara, Sarkozy sedujo con esa figura y esa pareja tan hermosa y llevó a los franceses a creer en una realidad alterna, Donald Trump le untó miel en la oreja a sus votantes, Benjamin Netanyahu está siendo investigado por la policía israelí y piensen en los que quieran, todos se parecen.

Ejemplos de las caras que vemos y de los corazones no sabemos. Pero, por sus obras los conoceréis. La justicia y su brazo largo que parece muy corto, a veces toca a los grandes y no sólo a los que no pueden pagar para demostrar su inocencia. La maldad de quien ejerce el poder tiene un efecto multiplicador y el abuso de autoridad tiene consecuencias terribles en el ánimo de la gente. Tendríamos que tener mayor cuidado al estarle jalando los bigotes al tigre.

Vemos, oímos y ya no queremos callar. Las caritas de bondad que son abusivas ya nos tienen enfadadísimos, el exceso al que nos han sometido merece que les llegue su momento de justicia. Para algunos así está siendo, para otros aún no. Lo terrible es que la mayoría de estos figurines que se extralimitan en el uso de poder llegaron ahí por nuestra voluntad: votamos por ellos. Sería bueno poner más atención.

Chalchihuatlán y Chenaló

A veces vemos sin ver, o peor aún: perdemos la mirada en la lejanía y desestimamos lo que tenemos lejos. Estamos acostumbrados a pensar que la tragedia está lejos, que la guerra está más allá de nuestras fronteras, que los conflictos de identidad pertenecen a otras latitudes y nos olvidamos de lo que tenemos cerca en nuestra casa, con nuestra gente. El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, A.C., lanza una severa advertencia, hay una situación de emergencia en la zona de los Altos de Chiapas.

Hay comunidades que están viviendo en terror, se escuchan rumores de que entrará gente armada a agredir a personas que se encuentran en la zona, falta la comida, los negocios bajaron las cortinas, las gasolineras están cerrando, se amenaza con cortes de energía eléctrica. La gente reporta estar abandonada a su suerte, tienen miedo y el ruido de los balazos no para. Hay aproximadamente setenta mil personas afectadas por esta crisis de la que nadie habla.

El conflicto que desató la violencia es viejo, tiene cuarenta y cinco años. Se trata de una disputa por los límites territoriales entre Chalchihuatlán y Chenaló. La confrontación inició en 1975 cuando San Pablo Chalchihuatlán recibió el Reconocimiento y Titulación de Biens Comunales que tardó quince años en ser ejecutado. El municipio vecino de Chenaló se inconformó y empezaron los dimes y diretes, los juicios y expedientes, los temas con el Tribunal Unitario Agrario y con la espera eterna de una sentencia.

El que espera se desespera, especialmente cuando pasan los años y las soluciones no llegan. Los enojos crecen, los enconos se vuelven más agrios y algo que pudo haberse solucionado en forma sencilla se convierte en un problema que pone en peligro a setenta mil personas que están siendo desplazadas, que tienen que abandonar su tierra porque tienen miedo de perder la vida.

Pero, tan acostumbrados como estamos a mirar lejos y a sentir que los problemas están en otro lado, dejamos que nuestra gente padezca sin ser atendida. La gente está armada y centenares de familias han sido desplazadas. Muchos huyen a refugiarse a los montes, mientras otros cortan las carreteras y bloquean los accesos a los municipios dejándolos completamente incomunicados.

Esto sucede en casa, en nuestro México, con nuestra gente. Pareciera que más de cuarenta años no le han sido suficientes a nuestras autoridades para arreglar este problema. Mirar a otro lado no ayuda a nadie. Pero, a veces vemos sin ver o preferimos mirar a otro lado. Sin embargo, llegan momentos en los que las lagrimas de los nuestros no pueden ser desatendidas. Chiapas no está lejos: está en México.

La solidaridad que debemos de mostrar con nuestra propia gente inicia cuando los miramos, cuando al verlos nos enteramos y forjamos un criterio al respecto. Así, con la mirada puesta en la gente que tiene que salir huyendo y que no encuentra amparo en las instituciones, que encuentra refugio en cuevas en vez de en el Estado. Así podemos empezar a exigir.

Mientras los futuros candidatos a los puestos de elección popular están eligiendo sus trajes y posan para las fotos en las que presumirán sus mejores sonrisas, en los Altos de Chiapas hay dos comunidades que están siendo asoladas por la angustia, el llanto y la desesperación. Es obligación del Estado Mexicano garantizar la paz, ese es el contrato social que tenemos establecido. Ese es el derecho que nos deben certificar.

No obstante, mientras todos estamos distraídos en los grandes temas nacionales, en los Altos de Chiapas hay gente que recorre los pasos del conflicto y la tristeza. ¿Qué no hemos aprendido la lección de la Historia? En Chenaló y Chalchihuatrlán hay una crisis que nadie parece ver.

Los culpables

¿Por qué será que en París no han pasado tres días y ya atraparon al supuesto autor intelectual de los atentados del viernes y aquí no lo logramos? Pasan las semanas, los meses, los años y no queda claro lo que pasó en Ayotzinapa, en Ciudad Juárez, en el Penal del Altiplano,en Lomas Taurinas. ¿Será que allá el brazo de la justicia es más largo o que aquí nos quedamos cortos?

Tal vez seamos más desconfiados. No creemos. Nos muestran caras, nos cuentan versiones oficiales, nos dan a conocer la verdad histórica y nosotros torcemos la boca y nada más no creemos. Ni Aburto ni la pareja presidencial de Iguala ni las explicaciones sobre la línea 12 del metro nos llenan el ojo. Lo cierto es que allá ya hay detenidos y aquí avanza la impunidad. 

Nos atarantamos o sencillamente nos hacemos de la vista gorda. Nos creemos las versiones que nos dan a conocer ni nos conformamos con lo que nos dicen, pero tampoco hacemos nada. Sabemos que secuestrar camiones, que romper vidrios, que vandalizar establecimientos está mal y lo seguimos tolerando. Se quema la puerta Mariana del Palacio Nacional y al año siguiente pasa lo mismo. Se detiene a unos cuantos y salen tan campantes tres días después con planes de hacer lo mismo el año que entra. 

Los franceses respiran sabiendo que el que les hizo mal afrontará las consecuencias, los mexicanos temblamos ante la idea de que el mal perpetrado se podría repetir porque el culpable anda suelto. Sentimos que los rostros que nos muestran y los cuentos que nos narran no son ciertos. Queda la sensación de que nos están dando atole con el dedo y no nos falta razón. Las cárceles en México están llenas de gente que no tiene dinero para pagar un buen abogado. Muchos culpables andan sueltos.

Nos da la impresion que ser culpable en México no es lo mismo que serlo en Francia. ¿Por qué será? Será que allá confían más y aca nos da por sospechar de todo. Será que allá son más confiados y aquí no. Tanto franceses como mexicanos tenemos razones para ser como somos. Lo cierto es que no han pasado más que unas cuantas horas y en París ya está detenido el supuesto autor intelectual de los ataques, aquí seguimos esperando tantas respuestas. 

  

Entre bombas Molotov

Aquí no se trata del legítimo derecho a protestar. Se trata de diferenciar una cosa de la otra. Protestar, mostrar inconformidad, dolor, rabia es legitimo, sin embargo, para todo hay modos. Sí, modos y límites.
Mostrar desacuerdos es un derecho, pero si para hacerme escuchar quiero secuestrar a un chofer que conduce una pipa de gas y la quiero hacer estallar, ya me pasé de lista, ya no se trata de una protesta, se trata de un crimen en grado de tentativa.
¿Qué hubiera pasado si la pipa de gas que los vándalos se apropiaron si, en verdad, la hubieran hecho estallar? ¿Cuántos muertos, heridos, afectados? ¿Cuántas casas, negocios, autos destrozados? ¿Quién paga esos desmanes?
El 20 de noviembre, un grupo de descontrolados, con bombas Molotov en mano, salieron a las calles y dada la evidencia, no tenían ganas de manifestarse, su intención era delinquir. Eso es diferente a caminar en forma ordenada para expresar desacuerdos.
Dos policías resultaron heridos, están quemados en el hospital. Fueron agredidos y parece que la ampollas en esas pieles no valen nada, los detenidos ya están libres. Unos, porque pagaron fianzas y otros porque fueron arrestados sin deberla ni tenerla.
Mal, muy mal. Levantar inocentes está pésimo, liberar culpables también. A los jueces, en su leal saber y entender, no encontraron delitos graves. La Ciudad, gobernada por el mismo partido que llevó al alcalde de Iguala al poder, se niega a lavarse la cara. Más bien se lava las manos, apapacha vándalos y abraza la impunidad. ¿Así, cómo?
Mientras, los ciudadanos de bien, la gente que movemos a la nación con el trabajo honesto y esfuerzo diario tenemos que hacernos a la idea de que vivir entre bombas Molotov será parte de nuestra cotidianidad ya que, según las autoridades, eso no es un delito grave.
Pero esos jueces, ¿no tendrán hijos, madre, hermanos o seres queridos? ¿No sabrán que una bomba Molotov no es un chiste, que es un artefacto que saca ojos y corta dedos? Hasta dónde yo me quedé, esos artilugios son de portación ilegal. Son peligrosos, especialmente si los manejan personas sometidas al influjo de una droga.
Lo peor, es que este descontrol, inocentes pagan el pato y los culpables salen a las calles. La impunidad coronada de bombas molotov. ¿Hasta cuándo?

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Vendedora de espejos

Cuando las huestes de Hernán Cortés llegaron a Tenochtitlán quedaron deslumbrados ante la belleza de una ciudad como la que jamás habían conocido. Riqueza, urbanismo, estética y oro, mucho oro. Entre gente civilizada, una demostración de buena voluntad es el intercambio de regalos. Los aztecas ofrecieron oro, los conquistadores espejos. El brillo sorprendió a los indígenas que quedaron conformes y felices con sus regalos. Los españoles más.
Hoy, cuando alguien engaña a mansalva y da gato por liebre, se dice que te vendió espejos. El que vende se relame los bigotes y se ríe de la ingenuidad del que compra, el que adquiere cree en la honestidad y es capaz de entregar algo valioso a cambio de cacahuates. Cuando cae en la cuenta, le crecen las orejas del burro y se arrepiente se su ingenuidad.
¿Cuántas caras bonitas venden ilusiones? ¿Cuántos utilizan su halo de ángel para convencer? Hay tantos ejemplos se lobos con piel de cordero. Manipuladores que ponen su cara de yo no fui y se salen con la suya.
Así es Florence Cassez, una mujer a la que se le privó del derecho de presunción de inocencia pero que no pudo demostrar que no era culpable de los hechos que le imputaron. Un mal manejo le abrió el camino para salir de la cárcel a pesar de que la evidencia señala que hay probabilidades altas de que sea culpable. Lo que sí es seguro es que andaba con malas amistades y que gozaba de una vida fruto de actividades delictivas. Ya sé que eso no la hace culpable, pero andaba muy cerca de la culpabilidad. Tanto así que dormía con un culpable. Cherchez la femme dicen sus paisanos.
En un acto que parece más de buena voluntad que de otra cosa, la justicia mexicana le otorgó un amparo que la puso en libertad. Muchos aplaudieron el gesto, yo no. Muchos de los que se felicitaron por esta acción lo hicieron para pegarle a Felipe Calderón y a Genaro García Luna, no por un acto de reivindicación de la equidad.
La mujer de las malas compañías salió de México de inmediato, voló a París en primera clase, llegó a Francia y fue recibida como si se tratara de un héroe nacional. El presidente Hollande le dio la bienvenida en el aeropuerto y luego le abrió las puertas del Eliseo. Puros excesos provocados por el encantamiento de una cara bonita. En sus discursos, plagados de mentiras, dijo a quien la quiso escuchar que ella era una inocente que padeció en el país de los salvajes. Repetir mil veces una mentira no la convierte en verdad.
Hoy, la juez que le otorgó el amparo, los intelectuales que la aplaudieron, las autoridades que abogaron por ella, el presidente Hollande y todos los que metieron la mano a su favor, se deben de sentir avergonzados. La vendedora de espejos contraataca y presenta una denuncia por encarcelamiento ilegal. Sus cinco minutos de fama inmerecida no le han sido suficientes, quiere seguir sacando beneficios. Hay gente que no tiene medida. Se le olvida que la ambición rompe el saco.
Nosotros debemos recordar que Florence Cassez jamás demostró su inocencia y que estaba acusada de pertenecer a una banda criminal de secuestradores que brutalizaban a sus víctimas con crueldad extrema. Hay testimonios de gente que reconoció su voz, que la identificó y que narró la insensibilidad de esta mujer. No se nos olvide que si ella está en libertad fue por un mal manejo de procedimiento, no porque sea una damisela inocente a la que se le mancilló su inmaculada imagen. No. Casse está milla nauticas lejos de eso.
Hay que recordarlo para que no nos vuelvan a vender espejos. Hay que tener precaución con esta extraordinaria vendedora, que no vuelva a abusar de la buena voluntad.

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La impunidad y la distibución de la riqueza

Combinar la palabra impunidad con una mala distribución de la riqueza da como resultado el aumento de actos penalizables. Pasa en lo pequeño y en lo enorme. Desde lo doméstico hasta lo macroeconómico si yo tolero algo que está mal, si no sanciono una conducta punible, estoy invitando a que ésta se repita. Peor si los actos castigables me retribuyen más que portarme bien.
Si, por ejemplo, la mamá le dice a un niño que no se coma las galletas y que si lo hace no verá la tele esa tarde, y lo que en realidad sucede es que al ver la caja vacía la mamá vuelve la mirada a otro lado, ¿qué mensaje está recibiendo el niño? Si además el niño en cuestión vende esas galletas y con ello obtiene más dinero que lo que le dan de domingo, ¿qué mensaje le estamos dando al niño? Les aseguro que tenemos un vendedor de galletas en ciernes, y la madre podrá gritar, amenazar, hacer escándalos, pedir las sales, que si el castigo prometido no se da, el acto se repetira ad infinitum.
Es más, lo que sigue es que el chico invite a sus hermanos al consumo y venta de galletas. Después otros niños querrán participar de la riqueza y se ofrecerán a participar e incluso habrá algunos que ofrezcan protección a cambio de dinero. Es lógico que así suceda, el negocio resulta con una mayor rentabilidad que la actividad de portarse bien y el riesgo de portarse mal es nulo.
Así pasa con el narcotráfico. No pretendo ser una promotora de una actividad ilícita, mi intención es evidenciar que la mala distribución de la riqueza y la impunidad es lo que tienen a México herido. No debe sorprender a nadie que un campesino prefiera sembrar marihuana que cebollas, si uno tiene un mejor margen de contribución que el otro.
No hay por qué sorprenderse de ver al hijo de un ex gobernador cotorreando con un narcotraficante, a una alcaldesa pidiendo dinero y manifestando abiertamente su apetito y sus deseos de ser diputada, a un funcionario retratado entre fajos de billetes, si después de todo no les pasa nada.
Los actos ilegales son sujetos de castigo para inhibir conductas indeseables que afectan la vida en comunidad. Si los castigos no llegan, sólo hay razón para no llevarlas a cabo, un dilema ético, pero eso está muy alejado de las mentes de estos personajes.
Esta espiral tiene muchas desventajas para la sociedades: es corruptora, peligrosa, belicosa, destructora, atenta contra el bien común y las buenas costumbres pero tiene una gran ventaja en lo particular, el riesgo que se corre es casi inexistente. Además las retribuciones son altas.
En un país en el que el desempleo no da tregua, en el que las cifras de crecimiento bajan constantemente, en el que gente buena intenta salir adelante en forma decente sin lograrlo, la combinación de impunidad y distribución desigual de la riqueza tienen un efecto corruptor avasallador.
No es justo dejarle todo a la consciencia de la gente. No está bien delegar toda la responsabilidad al dilema ético. La impunidad se debe acabar. Los delitos deben ser castigados y los castigos deben corresponder al tamaño de la falta. Si no, no hay razón para escandalizarse del cinismo de hijos de ex gobernadores, de alcaldesas, de funcionarios públicos. Ellos están recibiendo el mensaje de que si se portan mal, no pasa nada. Además portarse bien no les retribuye lo mismo.

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Pena de muerte en Arizona

Justicia es dar con ecuanimidad a cada quien lo que le corresponde. Lo mismo para lo bueno que para lo malo, la justicia es una virtud que se sustenta en el derecho, la razón y la equidad. Esto se debe acentuar especialmente cuando se habla de imponer un castigo, más aún si se trata de la vida. Mayor énfasis y cuidado debe haber si se trata de una condena de muerte.
Es frecuente darnos cuenta que en nombre de la justicia se llevan a cabo actos de venganza, muchos de los cuales son peores que la falta que dio origen a la sanción. Hay castigos que son acciones de lesa humanidad, como cuando un niño es golpeado por sus padres por una travesura o un reo es sentenciado a una inyección letal que lo someterá a una agonía de horas. ¿Será eso justicia?
Según el Washington Post, la semana pasada la ejecución de un reo en Arizona se prolongó casi dos horas. ¡Dos horas! Durante esos minutos el hombre boqueaba, se retorcía, jalaba aire, se convulsionaba y la muerte no aparecía. El interno Joseph Rudolph Wood, sentenciado por el delito de asesinato, falleció una hora y 57 minutos después de que se le suministrará la inyección letal. Me pregunto, ¿es esa una forma civilizada de ejercer la justicia?
Durante la ejecución, los abogados de Wood interpusieron una apelación de emergencia ante una corte federal en la que exigían la suspensión inmediata de procedimiento ya que su cliente estuvo “jadeando y resoplando durante más de una hora”. No obstante la propia Gobernadora de Arizona insistió en que el recluso falleció de una manera legal y “con testigos presenciales e informes médicos que acreditan que no sufrió”. ¿Cómo de que no?
No me imagino lo que la Gobernadora clasificara de sufrimiento si piensa que morir así no es padecer. Por lo pronto las ejecuciones en el estado de Arizona se han suspendido, ojalá la medida fuera permanente. Ojalá que la pena de muerte no fuera una forma de administrar justicia.
El laboratorio que producía anteriormente la inyección que se aplicaba a los condenados a muerte se rehusa a seguir fabricándola. Declararon que un laboratorio farmacéutico debe ver por la vida, no generar la muerte. Pero, como siempre sucede, alguien aprovechó el hueco e intentó proporcionar el mismo servicio. Lo malo es que el producto que ofrecen provoca la muerte de reo en forma lenta y poco tranquila. A pesar de lo que diga la Gobernadora, la nueva inyección causa una muerte cruel, lenta y dolorosa, con sufrimiento.
La pena de muerte en Arizona se ha suspendido en tanto se investiga lo que sucede con la inyección. Esperemos que sea de forma permanente. Si las autoridades quieren seguir matando reos, ojalá que el nuevo laboratorio que tenga consciencia y haga lo que el anterior. Especialmente cuando el producto que fabrican no les sale bien, es de tan mala calidad y con efectos secundarios tan terribles.

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Veinte minutos y una inyección letal

La pena de muerte es un camino atroz y equivocado. Desde la horca hasta la silla eléctrica, los métodos son brutales, crueles y dolorosos .La intención de Joseph Ignace Guillotin fue encontrar una forma de ejecución rápida e indolora. Sus motivos fueron humanitarios, lo movió el deseo de evitarle al reo la angustia de morir torturado y con una agonía larga. Sin embargo, la brutalidad de descabezar un cuerpo humano es terrible.
Pensar en esas formas de ejecutar a alguien nos debería remontar al pasado, a las épocas de la Revolución Francesa, o a pueblos bárbaros a los que no les importa inflingir angustia, dolor y martirio, o en las formas in misericordia del pueblo romano; pero no. La agonía de un reo en los Estados Unidos duró casi media hora y no sucedió en el siglo XVIII, fue hace unas horas.
Funcionarios de prisiones del estado de Oklahoma detuvieron a la mitad del procedimiento la primera de dos ejecuciones programadas para este martes. ¿Por qué trataron de parar la ejecución? Para que no se le administrara al condenado una nueva combinación de fármacos que no había sido probada y no funcionó como se esperaba. ¡Dios bendito!
Los Informes de la cadena BBC indican que el prisionero Clayton Lockett recibió la inyección letal, con una nueva fórmula y no murió de inmediato. Continuó retorciéndose en la camilla y apretando los dientes por lo menos durante 20 minutos, después que se le suministrara la primera droga, ante lo cual los funcionarios suspendieron el procedimiento.
¡Veinte minutos de una agonía inhumana! Dolores, retortijones, rechinidos, bruxitis, angustia. Ojos abiertos, desorbitados, boca abierta, estertores y un final que no debió ser.
No sé, y francamente no me importa, lo que hizo Clayton Lockett para hacerse acreedor de esta pena de muerte. Imagino que fueron hechos brutales los que le hicieron merecer una condena semejante. Lo que sí es claro es que no debió morir así. La justicia no debe ser una seña de animalidad.
Clayton Lockett murió exhausto de un ataque al corazón, según lo confirmó el director de la prisión, Robert Patton. La ejecución de un segundo preso, inicialmente programada para el martes, fue pospuesta. En la declaración de Patton se aseguró que la vena en la que se le administró el medicamento a Lockett se colapsó. Y luego sobrevino la terrible consecuencia.
No. No está bien. Es inhumano, es salvaje. Eso no es justicia. No puede serlo. Así lo entienden los fabricantes europeos que se niegan a vender productos para este efecto. Este punto de cordura por parte de los proveedores resultó peor.
Imaginar lo que este hombre vivió en los últimos minutos de su vida es atroz. La desmesura provocada por semejante crueldad es un despropósito. Veinte minutos que le supieron a eternidad. Una caída al precipicio, sufriendo segundo a segundo, los efectos no deseados ni previstos en una inyección letal. El sustituto no es opción. Varios estados de la Unión Americana han luchado por encontrar nuevas fuentes de medicamentos para las inyecciones letales. ¿Y si en lugar de eso se olvidaran de la pena de muerte?
¿Será que los que no previeron estos efectos merezcan también la pena capital? Apuesto a que a ellos la opción no les parece tan óptima.
Veinte minutos que sin reflejos de atrocidad.

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Las palabras de una hermana

Otra vez fue en Texas y una vez más fue a las seis de la tarde. El pabellón de la muerte recibió a otro mexicano para ser ejecutado con una inyección letal. De nada sirvieron las sentencias dilatorias de la jueza que no estaba de acuerdo con el cambio de la fórmula mortífera. Ni los esfuerzos diplomáticos del canciller Meade, ni del Senado de la República, ni la sentencia de la Corte Internacional, ni la evidencia de que el sentenciado no estaba en pleno uso de sus facultades mentales, ni de que el juicio tuvo muchas irregularidades. La pena de muerte se ejecutó en tiempo y forma.
No se alega, ni en este caso ni en el de otros once mexicanos, la inocencia o culpabilidad de estas personas. Cometieron los crímenes que los llevaron a esa situación de muerte. Lo que se discute son las formas. No fueron sometidos a procesos justos, no se respetaron los tratados internacionales, es más, en la mayoría de los casos los procesos se llevaron a cabo sin que las autoridades consulares tuvieran conocimiento. Por supuesto, no hubo traductores, ni se contó con una defensa adecuada. Pero, sí eran culpables.
En el caso de Ramiro Hernández Llanas fue condenado por matar a Glen Lynch, persona que le dio trabajo y protección, y también por violar varias veces a la señora Lynch.
Ramiro Hernández fue sentenciado en un proceso fast track plagado de tintes raciales en el que no se escucharon las opiniones de expertos que rindieron dictámenes de sus trastornos mentales. Pero, las fechorías de las que se le acusaron, sí las cometió.
Tal vez sea por eso que las palabras de la hermana de Ramiro Hernández me impresionaron. La mujer, con una tranquilidad auténtica, declaró que su hermano se fue feliz y en paz. Dijo que por fin sería liberado y que pidió perdón. Perdón a las familias que había afectado y a las que había causado dolor. Estas familias merecían sentir que se hizo justicia.
Sin amargura, sin rencor, ubicada en la zona de la verdad, la hermana de Ramiro Hernández no aprovechó el micrófono para hacer un panegírico de lo indefendible. No se victimizó, no minitió. Con la dignidad de las palabras verdaderas dio un mensaje maravilloso. No denostó a su hermano. Le dio buenas palabras, limpias de las manchas del chantaje y del oportunismo.
Hace falta gente así. Clara y honesta.
¿Y si nuestros funcionarios aprendieran algo de esta mujer?
Fue a las seis y fue en Texas, un castigo fue dado al criminal que lo perpetró, de lo que no estoy muy segura es si lo que se hizo con Hernández fue justo o no. De acuerdo a la Corte Internacional, no. De acuerdo a su hermana, sí. el péndulo de la justicia oscila en ese espectro. />
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