Grandes transformaciones

Uno de los grandes favores que le debemos a los avances tecnológicos es la voz que se le ha otorgado al ciudadano. El poder individual de cada persona que tiene acceso a un teléfono inteligente ha hecho que la Humanidad cambie. La capacidad de denuncia se ha incrementado y ya no es tan fácil abusar o maltratar como lo era en el pasado. Basta que haya aguien con un aparatito que atrape a otro haciendo una fechoría y lo suba a redes sociales, para que quede huella.

Hemos visto hijas que con prepotencia han amenazado con clausurar lugares y tener como resultado la destitución de su padre; nos hemos reído de legisladores que llegan tarde a un vuelo y quieren, a base de gritos y malos tratos exigir privilegios, también nos hemos burlado de las faltas de orotografía que exhiben a los populares cuando comparten algo en redes sociales. Hemos denunciado a policias corruptos que extorsionan y abusan de los débiles. Ha habido movimientos sociales que se han sustentado en estos avances y que de otra forma jamás hubieran prosperado. Dictadores han caído y sabemos lo que está sucediendo con las niñas en el Africa  ecuatorial.

Las barreras de acceso se están derrumbando, antes eran pocos los que tenían acceso a un teléfono móvil, hoy casi cualquiera lo tiene. Tanto han cambiado las cosas, que el otro día pasó un hombre pidiendo limosna y hablando por teléfono al mismo tiempo. Esa ventana que permite estar al pendiente de lo que pasa al lado o a miles de kilómetros, es accesible para mucha gente incluso en un país con pobreza alimentaria.

Cada persona con un celular tiene voz y la ejerce. No hay forma de evitar o de menguar su capacidad de elección. No hay manera de evitar los memes y los vines. Cada uno, de acuerdo a su inteligencia, elige el contenido de lo que consume y de lo que ofrece. Esa es una gran trasnformación.

La que hace falta es la consecuencia posterior, el análisis de contenido. Hay mucha basura  mediática. De repente, la violencia asalta la pantalla, la brutalidad se hace presente y la vulgaridad impera. Hay videos de asesinatos, fotografías de niños pequeños y de jovencitas que no tienen nada de tierno, comentarios racistas, clonación de tarjetas, robo de identidad y muchos cambios que no han sido agradables. A veces, lo mejor es cerrar esa ventana para que no nos alcance la intoxicación.

También hace falta la consecuencia que trae la denuncia, ¿de que sirve exhibir a alguien haciendo el mal si no pasa nada? La sensación de impunidad es un cáncer que corroe a quienes se sienten afectados por un delito no castigado y a quienes se envalentonan ante la posibilidad mínima de ser sancionados. 

Sí, hay grandes transformaciones y falta mucho por hacer con ellas. Eso es bueno, queda tanto en qué pensar, por reflexionar y tenemos el espacio abierto para ello.  

 

Economía colaborativa

El mundo está cambiando y hay transformaciones que son para bien. Hoy, existen nuevas formas de hacer las cosas, que apenas salen del cascarón encuentran un impulso desarrollador y en poco tiempo extienden su influencia alrededor del mundo. También, en estas épocas, estamos viendo como conctos viejos se recliclan y vuelven a ganar vigencia para convertirse en una práctica que a un tiempo sorprende y se vuelve común. Algo así está sucediendo con la economía colaborativa. 

La nueva realidad en expansión está impulsando modelos económicos que se basan en la abundancia de compartir. Es buscar una forma de cooperar apoyándo las cadenas de distribución y consumo en forma responsable. Es dar la mano y hacer negocio. Este concepto que suena como una utopía del nuevo milenio se hace realidad gracias a los desarrollos tecnológicos que han llenado vacíos y acortado distancias. Ya todo es posible en el mundo de Internet.

La economía colaborativa es una forma de hacer negocios que tiene una base que no parece tan empresarial y que, a pesar de ello, funciona. Es centrar al ser humano como una creatura creativa que es el núcleo de un sistema activo, con capacidad de pensamiento y decisión, en vez de visualizarlo como un consumidor pasivo, receptivo y sin capacidad de elegir.

Hoy, es cada día más común hablar de economía colaborativa, de lo mejor que es hacer las cosas cooperando, de tomar el presente en las manos y ser creadores del futuro que esperamos, en vez de espectadores quietos y obedientes. No es un llamado de guerra, es todo lo contrario, es generar riqueza por medio de la ayuda mutua que beneficia a cada parte de la cadena de valor.

Su más grande fortaleza es el avance tecnológico que posibilita impactos sociales, ambientales

 y económicos positivos. La debilidad que lo vuelve más vulnerable son las viejas formas de pensar que dictan un actuar egoísta y temeroso que impide la colaboración. Claro, no hay que ser ingenuos, para entrar a un esquema de economíacolaborativa  y que todos ganen hay que pasar por un proceso de reflexión y análisis. Debe haber claridad tanto en los benedicios y las responsabilidades.

Eso que suena tan ídilico y dificil de aterrizar, por esos misteriosos reglones que escribe el dedo de Dios, se está convirtiendo cada vez más en una realidad maravillosa, que esá sacando negocios adelante, con buenos margenes de utilidad. Sí, en el mundo las cosas están cambiando, algunas de ellas para bien, otras para mejor.

El mundo virtual

Se ha dado por llamar al Internet mundo virtual , tal vez fue una forma poética de describir un espacio que no entendíamos muy bien, sin embargo, llamarlo así es una trampa en la que han caído muchos. Virtual, según se desprende de la definición de la Real Academia de la Lengua, es el ámbito de lo potencial de lo probable, es lo etéreo pero también lo irreal. No hay nada de irreal en lo que pasa en la Red.
Si compramos algo por Internet, recibimos un paquete con todas sus dimensiones y nos lo cobran descontando dinero real de nuestra cuenta bancaria. Si chateamos con alguien, generamos sentimientos de verdad: la gente se ríe con los memes, se indigna ante las circunstancias, se enoja y se contenta con quien está lejos, se enamora y todo esto es de verdad. He conocido matrimonios de personas que se encontraron en un espacio virtual y ahora cohabitan y tienen una vida de verdad, aunque decir que lo otro no es real, es mentir.
El problema es que nos sentimos protegidos por la pantalla, creemos que nos da anonimato y no es así, al menos no siempre. La pantalla ejerce la magia del espejo, sentimos que al traspasarlo llegamos a un mundo fantástico y fantasioso como la Tierra de nunca jamás. No es así. Internet es fantástico, no fantasioso. El otro día vi un graffiti que atrapó mi atención, estaba en un muro lateral de las oficinas de Yahoo! en San Francisco, tal vez por eso me impactó más. Con letra mal trazada decía Lo que pasa en la Red es real .
¡Vaya sentencia y vaya lugar para colocarla! Se nos olvida que este universo al que llamamos mundo virtual, ni es paralelo, ni es irreal. Es concreto y forma parte de nuestra cotidianidad, ¿así o más real lo queremos? Por lo tanto afecta nuestro entorno, nuestro comportamiento, nuestros hábitos y rutinas, nuestro estado de ánimo y hasta nuestra seguridad.
El el mundo que no se vive a través de una pantalla, nos cuidamos, estamos alerta y tomamos nuestras medidas de precaución. No dejamos la puerta abierta de la casa, no enseñamos no prestamos contraseñas, no gritamos secretos ni propios no de extraños, si nos desnudamos, corremos las cortinas de la habitación. Es decir, somos prudentes.
Pero al estar frente a una pantalla, la prudencia desaparece. Los tímidos se recargan y en la red son desinhibidos, los cautos se descuidan y los torpes se vuelven diestros. Todos somos más atrevidos en la Red, especialmente los adolescentes. Se piensa que el mundo virtual desaparece al oprimir un botón y no es así.
Lo bueno y lo malo que hacemos en este espacio deja huella y es imposible borrarla. Mientras no seamos conscientes de que el mundo virtual es real, seguiremos viendo como los fraudes cibernéticos crecen, como los abusos se multiplican y los crímenes escalan. Todo ello causa angustia y lágrimas de verdad.
Lo que pasa en la Red es real. Tenemos que entenderlo. Tal vez así, habrá menos fotos comprometedoras en el ciberespacio, menos plagios, menos bullying, menos robos, menos secuestros, menos niños abusados, menos pornografía infantil, menos delincuentes que abusan de los que creen que Internet es un mundo virtual.
Veo el graffiti con letra mal trazada y veo como los empleados de Yahoo! entran a sus trabajos. No son hologramas, son gente de carne y hueso que llegan a cumplir con su jornada laboral. El mundo de lo intangible es como un acento tácito, no se ve físicamente pero ahí está. Es un espacio que aunque no se ve y no se puede tocar, existe y tiene una potencia poderosa.
La sensibilidad del que rayó ese muro de Yahoo! me atrapa y me lleva a darle la razón. Lo que pasa en la Red es real. Es urgente entenderlo, ya.

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Hace veinticinco años todo era diferente

Hace veinticinco años todo era diferente, distinto de verdad. Si se quería hablar por teléfono había que acercarse al aparato y discar el número para lograr la comunicación. Hoy la gente ya no habla, manda mensajes llenos de símbolos para expresar el estado de animo. Las computadoras tenían un lugar especial en la casa de los afortunados que lograban poseer tan extraordinario artilugio. En estos días las computadoras de escritorio van de salida y la vida la tenemos en el puño contenida en un aparato inteligente.
Hace diez años el mundo emergió de la debacle de las punto com y se empezó a considerar a la Red como un espacio de posibilidades infinitas que benefician además de a los geeks y nerds a la gente común y corriente.
La gratuidad de la información, la facilidad para entrar y convivir con el mundo virtual, la reducción de costos de operación y la posibilidad de vivir vidas paralelas en las que no se está provisto de cuerpo, de belleza, de dinero, transformó a la humanidad en un plazo muy corto. Tan corto que muchos aún ni se enteran de lo que pasó y otros ya están modificando lo que ya cambió.
Hace apenas un cuarto de siglo las siglas TIC no significaban nada ya han dado más de lo que prometían. Cualquiera con un aparato adecuado que se conecte a la red puede conversar y ver al otro que puede estar separado por océanos y mares o a un metro de distancia. Créanme, he visto gente chatear que está sentada codo a codo.
Falta mucho más. Las compañías están usando financiamiento mediante donativos públicos, los consumidores participan en el diseño de productos y la gente con discapacidades ha encontrado un estupendo terreno de desarrollo, los escritores publicamos en físico y en electrónico, la lista ouede seguir ad infinitum.
Las tendencias suelen ser pendulares, ya lo sabemos. La virulencia de las redes sociales empieza a sentir el yugo de tanta popularidad. Ha diez años de estar sumidos en la hiperconectividad hay quienes prefieren un poco más de privacidad. Las manifestaciones no se hacen esperar. Ya hay redes antisociales, plataformas que ayudan a escapar de los demás.
Redes como Cloak que tiende un velo virtual sobre la persona. Unbabyme.com que protege al usuario de las múltiples fotos que los padres orgullosos suben de sus monaduchas, son redes que cuentan ya con doscientos mil usuarios. No son muchos si se comparan con las cifras de Facebook o de Twitter, pero no son pocos.
Hace veinticinco años nos resultaba impensable hablar por teléfono en el coche, hoy eso representa una de las causas de muerte más frecuente. De pronto, los códigos cambiaron, ser moderno era estar pendiente de una pantalla, escuchar al lejano y desentender al próximo. Hoy, ya hay lugares que exigen dejar el celular sin sonido antes de acceder. Cines, salas de concierto, recintos religiosos, universidades, académicos, padres de familia queremos gente aquí y ahora, presentes y atentos. Los códigos de educación se adaptan, si no quieres pasar por un ordinario hay que guardar el aparatito en ciertos espacios.
Queremos aprovechar y usar la tecnología a nuestro favor. Aprender y enseñar el uso ordenado de los aparatos, y como me decía mi abuelita hace veinticinco años, hay un lugar para cada cosa para que cada cosa esté en su lugar.
Sí, hace veinticinco años todo era tan diferente, sin embargo, estoy convencida de que lo esencial sigue igual.

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Alonso Mateo el icono fashion de cinco años

Siempre se ha dicho que el estilo no tiene edad. Tal parece que nunca esta afirmación ha sido tan cierta como en la figura de Alonso Mateo, un pequeño de cinco años cuya cuenta de Instagram reúne más de veinticuatro mil seguidores. Tan popular es este chiquitín nacido en Monterrey que la revista The Cut lo cataloga como un icono de estilo.
Es verdad que un pequeño de esta edad no logra esta visibilidad por sí solo, su madre Fernanda Espinosa, tiene mucho crédito. En las fotos podemos ver al niño vestido de mocasines y blazers, lentes de sol, camisas con las mangas enrolladas, modelando como si estuviera desfilando en pasarela.
Dicen que es el niño quien escoge los atuendos y accesorios con los que se viste. Me parece tan difícil creer que el pequeñito lo haga solo sin la asesoría de la madre. Dicen que el chiquito se toma fotos frente al espejo con su propio IPod, o su iPad y las sube a su cuenta de Instagram.
Me resulta difícil simpatizar con las palabras de la madre que dice ” la educación que le doy a Alonso lo mantiene aterrizado”. Eso no lo sé. Lo que si es evidente es que el niño ha crecido dando gran importancia a la visibilidad y al gusto por la moda.
Es indiscutible que Alonso Mateo gusta y tiene popularidad. Las fotos del niño son muy estudiadas, las poses se alejan de la improvisación, todo en equilibrio, no hay arrugas, ni nada fuera de su lugar. No son las fotos espontáneas que una mamá sube a la red para presumir al festivo fruto de sus entrañas. No. Son fotografías que tienen una intención. De ninguna manera es casual el número de seguidores que Alonso Mateo tiene. Es la cosecha de un trabajo arduo que se ha hecho con el niño, que dicho sea de paso, está muy lindo.
¿Me gusta ver sus fotos? No lo sé. Me hace gracia ver a un pequeñito posando como un profesional pero no me dan ternura. Tal vez esa sea parte de la intención.
La sensación que me queda al ver esas fotografías es de preocupación. Recuerdo, sin remedio, a tantos y tantos niños que han gozado de la popularidad que les da el talento. Pienso en Michael Jackson, en Gary Coleman, y en tantos otros que sí fueron populares y que también padecieron las propias Jodie Foster y Brooke Shields dan cuenta de la angustia que les produjo abrir las puertas de la fama a tan temprana edad. La prisa que lleva a que algunos seres humanos se brinquen las etapas de vida y asuman roles distintos a los que corresponden a su edad es muy seductora.
Sin embargo, hay que decir que en estos momentos de desprecio a la otredad, la imagen de un pequeño mexicano que vive en los Ángeles y tiene tanta popularidad llama la atención.

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