El show que montó Donald Trump

Cuando una persona viene del mundo del entretenimiento, monta espectáculos cuyo objetivo es captar audiencias. Trump lo hizo y lo logró. ¿Por que no repetir la estrategia que siempre le cosecha buenos resultados? Este ha sido uno de los informes, State of the union, más vistos en los últimos años. No sólo los estadounidenses estaban al pendiente de lo que diría su presidente, en el mundo entero hubo gente pegada al televisor esperando lo que el señor diría y en México muchos catastrofistas estaban seguros de que escucharíamos una noticia fatal.

Pero, el mundo del espectáculo no funciona así. La intención de quien monta una producción es generar un golpe mediático que capte al público objetivo y lo divierta para que siga enganchado y no se vaya a otro lado. Por eso, Trump sigue con el objetivo claro y el foco puesto en sus votantes a quienes les dice lo que quieren oír. También, para esta ocasión, adoptó una estrategia que funciona bien en la industria: trató de conmover.

Sus adeptos le habrán creído, los republicanos le aplaudieron como morsas:con el agua hasta el cuello y vitoreando. Pero, eso de tratar de sacarle las lágrimas al respetable a costillas ajenas, como que no todo el mundo se la traga. Es más, estoy segura de que un buen número de espectadores se sintieron ofendidos la escuchar las palabras del señor Trump. Otros, habrán echado los ojos para atrás y habrán movido la cabeza.

El discurso de informe lo habrá dejado exhausto. Andy Borowitz dice que seguro que el presidente terminó cansadísimo de pretender ser quien no es, de fingir empatía por quien siente desprecio. Yo, creo todo lo contrario. El señor está tan acostumbrado que ya ni le salen los colores, disfrazarse y hacerse pasar por algo diferente le es cotidiano. En fin, así es la fiesta del espectáculo y el show continuará. Continuará hasta que la verdad lo alcance. Entonces…, entonces sí.

Pero, hoy por hoy, ni noticias fabulosas, ni confirmación de las tragedias que vaticinó el oráculo. Palabras, aire, actuación y mucho show. ¿Dónde está la sorpresa? ¿Dónde quedó la bolita?

El día del Presidente

Por años, en la época del partidazo, cuando el PRI era la fuerza política preponderante y las cámaras eran comparsa subordinada al ejecutivo, el 1 de septiembre se paraba el país, las actividades quedaban suspendidas, la señal de televisión era tomada por la Secretaría de Gobernación y todos los mexicanos veíamos al Tlatoani informar sobre el estado de la nación. Nos sentabamos frente al televisor a ver lo que nos contaban. Entonces, en el mes de agosto, el señor Presidente se encerraba para preparar un discurso que sería visto y evaluado por sus gobernados. Era tal la magnitud que los niños no íbamos a la escuela y de alguna manera con el Informe se daba inicio al festejo de las Fiestas Patrias.

Era todo un ritual muy estructurado y conocido por todos. Por la mañana del primer día de septiembre el Señor Presidente salía de Palacio Nacional en un auto descapotado con rumbo al Palacio Legislativo —México, Ciudad de los Palacios—. En el camino llovía confeti y se escuchaban aplausos al ver que el hombre con la banda presidencial saludaba como Señorita México. Al llegar al recinto legislativo, diputados y señadores se ponían de pie a ovacionar al invitado de honor. El Presidente tomaba el micrófono de la máxima magistratura de la Nación e informaba. Durante el discurso, sobraban ocasiones para que los legisladores aplaudieran a su jefe y al términar, salía triunfante, vitoreado, regresaba a Palacio Nacional en una especie de desfile conmemorativo a la envestidura presidencial y, ya de vuelta en Palacio Nacional, la ceremonia del besamanos cerraba con broche de oro. Por eso le decían el día del Presidente, al día en que se leía el Informe. Era la oportunidad que se nos daba a los súbditos para inclinarnos frente a nuestro líder.

Cada cual tomaba un estilo particular según la capacidad de su pluma. Unos más apasionados, otros muy planos, algunos aburridos, casi todos súper largos y así nos enteramos de que en Cantarel había tanto petróleo que nos tendríamos que acostumbrar a administrar la abundancia, que la banca pasaba a manos del Estado o que regresaba a manos de partículares, oíamos del optimismo exacerbado o cifras y cifras sobre obra pública, salud, economía, agricultura y la forma en que se administraban tierra, trabajo y capital. Algunos legiladores se dormían y las olas de aplausos los despertaban. El Presidente llevaba a su familia, al gabinetazo, a invitados especiales y los reporteros daban cuenta de una fiesta al estilo revista del corazón. Todos criticaban semejante exceso y hablaban de lo ridículo del formato. 

Entonces, un primero de septiembre, en el silencio subordinado de quienes escuchaban el Informe en 1988, último informe del Presidente de la Madrid, se elevó la voz de Porfirio Muñoz Ledo y lo increpó. Todo México sufrió un sobresalto, se razgó el velo en el Palacio Legislativo y de ahí en adelante el Primero de Septiembre cambió para siempre. El día del Presidente dejó de ser una fiesta para convertirse en el día de burla. Se desató el griterío. Los mexicanos veíamos con morbo el Informe para ver qué cara pondría, si alguien se atrevía a vociferar. Se atrevían y mucho. Nos resultaba una alegría morbosa. Era ver como se le despostillaba la corona al rey, como se le descomponía el penacho al Tlatoani. 

Pronto, dejó de ser divertido. La travesura de los gritos se convirtió en el exceso majadero de mantas, máscaras, toma de tribuna y si en los tiempos del presidencialismo priísta los legisladores de arrastraban obedientes, después se regodeaban en el lodo mostrandose como sujetos majaderos, vulgares, irrespetuosos que hubieran sido capaces de aventar jitomates a quien porta la banda presidencial. Tanto fue así, que hubo quien haciendo una metáfora de sí mismo, se puso una cara de cerdo. Pasaron de ser sirvientes sumisos a ser arrabaleros de quinto patio. Las puertas del Palacio Legislativo se cerraron al Ejecutivo y el Presidente dejó de ir a informar. Enviaba el escrito con un mandadero que generalmente era el Secretario de Gobernación.

Salinas aguantó los embates, Fox decidió dejar de ir, Calderón entró por la puerta de atras, Peña usa el Palacio Nacional para reunir a gente segura que no le va hacer pasar un mal rato. Las críticas siguieron. Ahora los experimentos para informar hacen que se privilegie el formato publicitario. Cientos de spots del Señor Presidente que en pocos segundos nos dice que hay que contar lo que sí cuenta. Radio, cine , televisión están inundados con estos aununcios de mexicanos notables, de caras poco conocidas, que relatan su historia de éxito. La cámara abre la lente y vemos a un Enrique Peña acartonado repitiendo la frase que le fabricaron a modo. Vemos al presidente impopular a toda hora y en todo lugar.

Esa no es forma de informar.¿Cómo estará la cosa que ya se extraña aquel formato de antaño? 

El Presidente debe ir al Palacio Legislativo a dirigirse a los mexicanos a decirnos cual es el estado de la nación y cómo ha administrado al país. Pero, necesita respeto. A los gobernados nos hace falta oír la expresión del punto de vista de quien maneja nuestros destinos. No queremos besamanos, tampoco jitomatazos. Queremos que se nos diga qué hace el hombre que ejecuta leyes, ejerce presupuestos y toma decisiones. Queremos material de análisis. El ejercicio de dirigirse a la Nación es sano porque propicia reflexión y, vaya que nos hace falta.

Necesitamos un día del Presidente, para que nos diga cómo ha trabajado. Me gustaría que fuera un acto sencillo, digno, respetuoso. Ahora, no tenemos nada. 

Muchas preguntas, malas respuestas

El caso Ayotzinapa me genera muchas preguntas que tienen malas respuestas. Ahora, después de informe internacional, son cada vez más las dudas y las evidencias de las malas respuestas.  Desde un principio, no me queda claro qué estaban haciendo estos estudiantes tan lejos de su casa, tampoco entiendo las razones de su muerte. Sé que a estas alturas es políticamente incorrecto recordar que estos muchachos no andaban rezando el rosario, andaban secuestrando camiones. Pero, la verdad lisa y llana es que eso hacían. ¿Por qué la correcion le gana la carrera a la verdad? ¿Cuál verdad? ¿Por qué todos ven tan normal que jóvenes anden robando autobuses y quemándolos? 
Se tiende una nube de humo sobre la forma crónologica en que sucedieron los hechos, imagino que se quiere proteger a alguien y me figuro que ese alguien es el ejército. ¿No habría sido más fácil justificar una acción violenta revelando lo que estos chicos estaban provocando? Desde ese simple hecho, explicar claramente por qué estos normalistas dejaron Ayotzinapa para ir a Iguala, hay mucha turbiedad. ¿Qué andaban haciendo tan lejos? Más aún, ¿por qué los mataron?, ¿los mataron?, ¿qué pasó en realidad?
Tampoco entiendo como la izquierda, léase PRD y Morena, ahora tienen la piel tan delgada y reclaman el esclarecimiento del caso, cuando estos partidos eran uno mismo al llevar a la Presidencia Municipl de Iguala al principal implicado. Ni hablar de Ángel Aguirre, gobernador en funciones en los tiempos del desaguisado. ¿Cómo se atreven? Le endosan el problema que ellos generaron al gobierno federal, gritan en contra del presidente, se lavan las manos y se olvidan de su parte de responsabilidad. No hay que olvidar que Andrés Manuel López Obrador dio el espaldarazo al Alcalde de Ayotzinapa y hay evidencia gráfica que lo confirma. Decir que él se toma fotos con mucha gente no es pretexto. ¿Entonces? Nos enfrentamos a malas respuestas.
Peores respuestas dió la Procuraduría General de la República. Atraen el caso, pudiendo haber dejado a la autoridad estatal que se hiciera bolas y se evidenciará esa y muchas más de sus ineficiencias, ese y muchos más de sus cochupos. Pero en vez de lucirse y embarrarle en la cara el barro de la ineficiencia, son ellos los que quedan embarrados. Un soberbio Murillo Karam sale a dar una explicación terrible, manchada de rojo y, según los científicos, inverosímil. ¿Por qué lo hizo? Cierra el caso decretando que esa es la verdad histórica, se confunde de tiempos y piensa que su voz es ley. Abusa retando la inteligencia del pueblo. ¿Para qué?, ¿imaginó que dando carpetazo al asunto todo quedaría olvidado? Peores respuestas. La administración de Peña sigue sin darse cuenta de la dignidad de callarse y guardar silencio cuando no hay algo bueno que decir.
En la búsqueda de estos muchachos, nos enteramos que el subsuelo mexicano es una inmensa fosa común. La peor de las preguntas sigue sin respuesta. ¿Quiénes son todas esas personas? ¿Qué les pasó? ¿Cómo se llaman? ¿Qué hicieron para que los mataran y terminaran enterrados sin nombre? ¿Por que nadie habla de ellos?

¿Por qué nos mienten?

En medio del escándalo, en un escenario en el que nadie sabe y nadie supo, hay muchas preguntas que nadie quiere contestar y cuando lo hacen, dan muy malas respuestas.

  
  

El día del presidente

Antes, el día del Informe Presidencial, el Jefe del Ejecutivo asistía a la sede del Congreso y desde la tribuna máxima de la Nación daba cuentas del desempeño de su gestión a lo largo de un año. Durante el priato, ese fue el día del presidente. Con una democracia sui generis, con cámaras arrodilladas a la voluntad presidencial y con un pueblo al que le tocaba apechugar la única opción, el 1 de septiembre era la fiesta del Señor Presidente.

Aplausos, paseillos, caras de complacencia, besamanos, sí, señor, cómo no, señor, lo que diga, señor… Eran lo esperado cada primero de septiembre, después de escuchar o ver por television un discurso aburrido con cifras interminables, incomprensibles, fastidiosas. Hubo de todo, mentiras, lágrimas, buenas intenciones, falsas promesas, expropiaciones, de todo. Hubo tiempos en los que el Informe daba miedo porque el Presidente aprovechaba para dar noticias incómodas y terribles para el pueblo. Los aplausos se escuchaban cada que el presidente terminaba de leer un párrafo y sonreía muy complacido.   Y después el papel picado, el festejo, la banda de guerra, el recorrido en auto descapotable hasta Palacio Nacional, el banquete y la veneración a la persona más aplaudida del país. La conexion con los resultados era lo de menos.

Pero, los tiempos cambiaron y al Presidente de la Madrid le tocó la primera interpelación. Porfirio Múñoz Ledo, gritó en  plena lectura a voz en cuello: Pido la palabra. Por primera vez, un Presidente dejaba de leer el Informe, ante la sopresa propia y de los asistentes y el nerviosismo de todos. De ahí en adelante, Salinas, Zedillo y Fox padecerían el primero de septiembre el ir al recinto camaral, sufir desprecios, gritos e improperios que rayaron en faltas de respeto, hasta terminar con el improperio de la toma de posesión de Felipe Calderón. Fue rudeza innecesaria.

Dos cosas quedaron claras, el formato estaba desgastado y el Presidente no era bienvenido en el Palacio Legislativo. Al principio daba risa ver las interpelaciones a la figura presidencial, sin embargo, los excesos fueron dejando de ser chistosos y pasaron a ser indignantes. Poco faltó para que el Presidente fuera agarrado a jitomatazos y los niveles de la vida democrtica perdieron altura.

Se decidió entregar el Informe por escrito, incluso mandarlo con un propio y luego dar un mensaje a la nación desde los Pinos con todo controlado y sin gritos ni aventones. Sin embargo, la aspiración siempre ha sido que el Presidente dialogue de cara a la Nación con diputados y senadores. No se ha encontrado un formato adecuado. La altura de miras de partidos gobernantes y oposición no alcanza el nivel de civilidad. 

Lo que hoy tenemos está peor que lo que teníamos. El día del Presidente se pasó del 1 al 2 de septiembre, pero ahora el Presidente no se toma la molestía de asistir a la sede camaral, ¿para qué, ahí no me tratan bien? Tiene razón. Sin embargo, el actual formato está de terror. Ayer, Enrique Peña Nieto se encarnó en López Portillo, dió el discurso más largo de su sexenio y a cada pausa lo llenaban de aplausos, haciendólo creer que el México de ensueño que informaba existía más allá de la fantasía, que era verdad.

  

El recuento del Presidente Peña

Escuchamos el mensaje que resume los primeros dos años de gestión con el PRI en Palacio Nacional. El Presidente Peña presume a propios y a extraños que sí pudo llegar a buen puerto con su proyecto de reformas. Todas las que se planteó pasaron por el Congreso, lograron la bendición del número necesario de legisladores, una veces se asoció con la derecha, otras con la izquierda y, lo cierto, es que cumplió.
¿Cómo salieron las cosas? Ese es otro cantar.
Si oímos a Videgaray, vamos en caballo de hacienda. El propio Enrique Peña se ve contento, satisfecho por lo logrado. Es justo decir que no hizo manoteos triunfalistas. Fue moderado al presumir sus éxitos.
Si escuchamos a la izquierda, que piensa que México esta vendido y que todo lo bueno esta a disposición de los extranjeros, no hay más que preguntarse ¿qué hay que celebrar?
Como siempre sucede, la verdad es esquiva, no se deja ver a primera vista. Yo no le creo a Videgaray, tampoco a la izquierda, ni a los intelectuales que la apoyan. Cada quien fija sus posturas y emite opiniones.
Lo mejor para tomarle el pulso a México es salir a la calle y observar. Ver cuántos negocios nuevos abren en comparación con los que cierran,; cuántas personas con deseos y posibilidades de trabajar tienen empleo y cuántas no; cuántas fuentes de empleo nuevas se han generado y cómo se ha comportado el índice de desempleo.
Todos tenemos una opinión de cómo está México después de que el PRI regresó a la silla presidencial. Hay días que lloramos, que nos quejamos, que nos sorprendemos, pero lo mismo sucedió en las administraciones pasadas, con independencia del partido que las llevó al poder; igual sucede en el resto del mundo. Las opiniones en ese sentido, forman parte del sabor de la nación.
Pero, hay datos que son contundentes. Cifras y datos duros que no dependen del punto de vista. Ayer el presidente Peña presumió sus reformas, anunció megaobras y nos catapultó al Primer mundo. Ayer, el Banco de México bajó, otra vez, su pronóstico de crecimiento.
Entonces, ¿en qué quedamos? Ahí está la verdadera evaluación de los primeros dos años de gobierno del Presidente Peña.

IMG_1655.JPG

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: