Las alertas que no se quieren escuchar

México está en boca del mundo. Nos ven con la misma ternura con la que alguien puede ver a un pájaro enfrentando las fauces de un león. Sin embargo, el pájaro parece un dodo que no entiende bien los peligros que va a enfrentar. Es cierto, no somos gorriones, somos aguilas aztecas, así que las amenazas sobre una fábrica de aires acondicionados que no llegará, nos tira algunas plumas, pero no nos despeluca. El león que nos quiere asustar, sin duda, es fuerte, pero luce torpe y en ocasiones las mordidas que tira lo hieren en su propio cuerpo. Si el águila es astuta, sabrá sacar ventaja y salir victoriosa. 

Pero, el águila parece dodo. En vez de moverse con agilidad, opta por la torpeza y se amarra los pies. Elige la estrategia del avestruz y esconde la cabeza en un hoyo en vez de poner manos a la obra. Se encierra en sí mismo y toma decisiones caprichosas. Con el tipo de cambio en carrera descendente, con la incertidumbre en el precio del petróleo, con la tasa de interés amenazando con subir, con el crecimiento estancado y la inflación subiendo, el Gobierno Federal eleva las tarifas de sus servicios en forma arbitraria e indolente. ¿Qué no se enteran que las crisis mundiales se deben al hartazgo de la gente? 

Brexit, Trump, el no gobierno que afectó a España por tanto tiempo, son manifestaciones de que la gente está enfadada de cargar con las decisiones y ser los únicos que tienen que sacrificarse sin ver beneficios. No hay forma de querer continuar cuando los bienes en tu mesa son cada vez más escasos, cuando el dinero en el bolsillo alcanza para comprar menos y lo único que crece son deudas y angustias. En un rasgo terrible de insensibilidad, las autoridades elevan sus tarifas, como si la gente tuviera de sobra para cubrir los incrementos. Cada que se suben los precios de los servicios que presta el Gobierno, se resta la capacidad de las familias, se aumentan las deudas.

Por si fuera poco, las amenazas del león de melena despeinada nos advierten sobre el cierre de fuentes de empleo y sobre deportaciones masivas. Eso se traduce en mucha gente buscando trabajo. ¿Qué debemos hacer? Favorecer la creación de proyectos de emprendimiento que generen espacios laborales. ¿Qué encontramos? Locales clausurados, emprendedores agobiados por trámites interminables y corrupción rampante. Empresarios agobiados con extorsiones que llegan en forma de inspectores que se hacen de la vista gorda si se les entrega un fajo igual de gordo de billetes. Además, cargas fiscales, obligaciones tributarias y tarifas que crecen alegremente, mientras el empresariado pierde entusiasmo.

No en balde, estamos en boca del mundo y nos ve con ternura. Vamos caminando con torpeza y nos metemos a la boca del lobo con una inocencia que provoca alarma. Estamos siendo tan hábiles como quien se pega un balazo en la pierna. Debemos alejar al dodo y dejar que el águila azteca extienda las alas y emprenda el vuelo. Hay que apoyar al talento que tenemos, en casa hay que cuidar las ganas de quienes tienen proyectos e ideas, hay que fomentar la creatividad e impulsar la actividad. No me refiero a grandes proyectos industriales, que siempre son bienvenidos, me refiero a las pequeñas y medianas empresas que son las que sostienen a este país.

Tristemente, estos negocios pequeños son los que más sufren este tipo de embates. El incremento de tarifas les pega en forma estridente y los puede dejar fuera de mercado. Es absurdo que descuidemos nuestra posibilidad de salir adelante en forma autónoma. Es como si el dodo tuviera un salvavidas y lo ponchara con su propio pico. Es como si no quisieramos escuchar las alertas que suenan en nuestro entorno. Se equivocan las autoridadades al esordecerse. Confiar en la paciencia de la gente es mala estrategia, basta abrir los ojos para darse cuenta.

Variables descompuestas

Increíble, faltan 139 días para que acabe el año. Entramos en la recta final y empezamos a preocuparnos por la asignación de presupuestos en las empresas, por la elaboración de planes estratégicos y por el replanteamiento de metas para el año que entra. Los tiempos corporativos corporativos marcan las horas de preparación para llegar con todo listo a la fiesta de fin de año. Sin embargo, antes de pensar en arbolitos, esferas y luces en pleno verano, todavía hay que esperar ciertos acontecimientos.

Ayer el Banco de México redujo, una vez más, el pronóstico de crecimiento, bajó la tasa por debajo del 2%. El mundo, según el Fondo Monetario Internacional crecería alrededor del 3.2. El repentino auge en Estados Unidos y el impulso de su economía no nos está ayudando. Las variables macroeconómicas se están desajustando.

El súper peso se devaluó. Hemos pasado de una cotización de catorce pesos por dólar a nivles de dieciséis cincuenta. El impacto no se ha reflejado de inmediato gracias a que el Banco de México ha soltado reservas que inyecta al mercado para evitar que la carrera devaluatoria se descontrole. Sin embargo, varios grupos empresariales ya empiezan a sentir la presión y para aliviarla van a reflejar el impacto subiendo los precios de sus productos.

Si los productos suben en general, evidentemente los niveles de inflación irán a la alza. Lo que antes se podía comprar con un peso ya no va alcanzar. Los sueldos se achican y las mesas de la gente se verán más vacias pues el dinero de las quincenas ya no será suficiente para pagar lo mismo que a principios de año. El consumo irá a la baja y la demanda agregada se achicará. 

Mientras las tasas de desempleo bajan según el INEGI, las de subempleo suben. La economía informal crece, son cada vez más las personas que intercambian bienes y servicios sin que esto repercuta en las arcas de la nación, no pagan impuestos.

Los precios del petróleo, nuestro principal producto de exportación están bajando y no hay indicios de que en el futuro próximo vayan a bajar. En un país que depende tanto de los hidrocarburos, resulta preocupante esta novedad.

La corrupción avanza y nos cuesta el uno por ciento del total del producto interno bruto. Iniciar un negocio, operarlo o hacerlo crecer implica un impuesto oculto que no se refleja en estados financieros. Es un freno tener que sacar la billetera para que los trámites avancen. 

El descontento de la gente aumenta y la popularidad de Enrique Peña Nieto marca el nivel más modesto de su presidencia. La gente no está de acuerdo con los modos con los que dirige al país. 

Las variables que antes se veían controladas se empiezan a descomponer. Faltan 139 días para que acabe el año y en el panorama los nubarrones se están pintando de negro. El Presidente, el Secretario de Hacienda y las autoridades del Banco de México saben de la tormenta que se avecina. ¿Qué esperan para reactivar la economía? 

México necesita inversión productiva y generación de empleos. Necesita impulsar a los emprendedores y ayudar a los empresarios. Urge aplacar los apetitos voraces de la corrupción. La canoa está haciendo agua y los tapones con los que tratan de evitar el hundimiento resultan tan efectivos como una aspirina para tratar un infarto. 

A 139 días de que acabe el año, los vientos se sienten húmedos y pesados. Traen aromas del pasado que muchos recordamos y quisiéramos olvidar. 

  

El enemigo invisible

El ser humano tiene varios enemigos invisibles dependiendo de tema en cuestión. Todos hemos escuchado que la presión arterial alta es, en términos de salud, un peligro silencioso ya que casi no da signos de su presencia y cuando los da, a veces es demasiado tarde.
En economía, el enemigo invisible es la inflación desacelerada. Es ese adversario que provoca la pérdida del valor del dinero en forma lenta y sin escándalos. Poco a poco, los bienes elevan sus precios, despacito. Semana a semana se nota como la moneda que traemos en el bolsillo rinde menos y no alcanza para comprar lo que con anterioridad sí.
Los efectos son tan letales como los de esas inflaciones aceleradas, en las que los ahorros valían la mitad de un día para otro. Lo que pasa es que la velocidad de una generaba escándalos y el paso acompasado de la otra le ayuda a mimetizarse. Se esconde detrás de la cotidianidad y de otros problemas urgentes que ocupan la mente de las personas.
Sin embargo, de repente vemos que el desempleo y la inseguridad suben. Que la actividad económica se desacelera y que los billetes en la bolsa rinden menos. Nos enteramos que el nivel de endeudamiento en tarjetas de crédito se eleva y que los números de cartera vencida son muy altos.
Hoy, muchas familias mexicanas están viviendo de ese crédito de plástico que es súper caro y que es el único disponible. La deuda crece a mayor velocidad que el ingreso y se genera una burbuja que estallará tarde o temprano.
Pero, a pesar de la angustia la gente no lo nota. El enemigo invisible se los está comiendo a mordidas y, al no verlo, no se pone remedio. La inflación va creciendo día a día. Las cosas cada día son más caras, las colegiaturas más elevadas, los bienes de consumo cuestan más, los servicios médicos salen en una fortuna. Las personas siguen gastando al mismo ritmo, piensan que ellos siguen ganando igual, que incluso reciben aumentos de sueldo. No se dan cuenta de que hay un enemigo invisible que los ataca y les quita parte de su ingreso.
Hay que tomar decisiones.
Para variar las medidas macroeconómicas tardan en bajar al nivel de los individuos. Tardan más cuando no hay medidas de ajuste. Ojo, en el horizonte no se ven medidas de corrección.
Hay que ser cautelosos. Para que este enemigo invisible haga menos daño, hay que aplicar continencia. Ser cuidadosos con los gastos. Revisar y actuar. Sí, es triste, pero hay que asumir que no se puede gastar tanto como en el pasado. Hay que ajustarse el cinturón.
Sí, es difícil. Especialmente cuando se ve el derroche con el que viven nuestros gobernantes. Sin embargo, hay que hacerlo. Es necesario poner manos a la obra, porque ellos, los que se gastan con voracidad el fruto de nuestros impuestos y que son los que deben de ponerle remedio a esta situación, andan muy ocupados gastando.
Hay que escuchar el aviso, antes de que estalle la burbuja y sea demasiado tarde.

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México en perspectiva

Lo fácil es, y siempre ha sido, echar las campanas al vuelo o dar aullidos de dolor en términos de la economía nacional. Ambas posturas son exageradas y falsas. En México, ni hay razones para repiqueteos ni la situación económica se va tan mal si nos comparamos con el exterior. Conste, me refiero únicamente a variables económicas, no a las guerras políticas, ni a la recuperación del Estado como garante de los derechos ciudadanos. Eso urge y hace falta. Sólo apuntó a números que tienen que ver con oferta y demanda gráfica das en los ejes de las x y de las y.
Vamos por partes, la paridad cambiaría de países con monedas emergentes se han devaluado y el derrumbe toma la forma en cifras mayores a los movimientos del peso mexicano. El desplome en Argentina llegó a los números trágicos de 33%, Sudáfrica va cerquita con 23%, Turquía 19%, Brasil 13%, India 10%, Perú y Chile 9%, Colombia y Rusia 9%, según las cifras de Joel. Martínez, columnista de
Reforma, quien opina que esta caída no ha tocado fondo. Es verdad, el derrumbe de estos tipos de cambio no sorprende, sus economías presentan cifras deficitarias en su cuenta corriente, es decir, comparan más de lo que venden. ¿Remedio? Bajar el precio de su moneda.
También tienen males estructurales en sus números, China enfrenta un enfriamiento en el entusiasmo internacional, ya no resultan tan atractivos, más bien lucen sumamente complicados. Las economías emergentes padecen de burbujas crediticias, modelos de crecimiento agotado, proteccionismo, crisis de precios y claro inestabilidad. En México, esos problemas no se ven, se ven otros. El déficit pronosticado por el Fondo. Monetario Internacional es de un dígito, 1.5% y en diciembre registramos un superávit en la balanza comercial.
La economía mexicana no tiene desequilibrios estructurales. El tipo de cambio no se precipitó al nivel de otras monedas, únicamente el 0.36 %, que no es poco pero si se compara con los demás, no sale mal librado. El aumento en los índices de inflación se debieron, básicamente, al incremento de obligaciones tributarias, con lo que puede presumirse que está bajo control.
La percepción es que México va saliendo bien librado del colapso de los demás países emergentes y lo está logrando con galanura. El riesgo país cerró en 113 puntos, mejor que Chile que tiene 122 y que Brasil con 193. Desde la perspectiva del exterior, México no luce nada mal, desde la interior, es otro cantar.
Aunque la incertidumbre y la inseguridad han impuesto costos de competitividad altos a los empresarios mexicanos, aunque los riesgos de poner negocios en ciertas zonas del país son elevados y eso puede lesionar la oferta de inversión mexicana. Aunque la suma de las circunstancias poco favorables en términos de seguridad nacional abonen a mayor fragilidad y menor competitividad, México, a la vista del entorno mundial sigue siendo muy apetitoso.
Me parece que hay cosas bien hechas que no hay porque dejar de ver. Ahora, hay que fortalecer el Estado de Derecho. Eso es lo que urge en un país cuya perspectiva es favorable en el concierto mundial. Sólo es cuestión de comparar.

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Como hace veinte años

–Pareciera que las señales macroeconómicas nos indican que vamos a regresar a como estábamos hace veinte años– dice el experto en economía al terminar su conferencia. Sí, el mismo que estudió en aquella escuela prestigiada y al que todos acuden como en su tiempo se acercaban al Oráculo de Delfos.
El viejo conserje que limpia el auditorio lo escuchó, sacudió la cabeza varias veces mientras el gran maestro peroraba acerca de los aciertos para bajar la inflación, para controlar el tipo de cambio, para impulsar el crecimiento del Producto Interno Bruto y para mantener las reservas en niveles históricos.
También sacudió la cabeza cuando el hombre advertía frente al micrófono de los riesgos de volver a las practicas de hace veinte años, de impulsar el gasto e incrementando el déficit.
Tanto sacudía el hombre la cabeza que me distrajo. Lo veía agarrar con todas sus fuerzas la escoba y al agitar la cabeza el overol color naranja se movía al mismo ritmo, como si estuviera contradiciendo al orador con toro el cuerpo.
Al finalizar la conferencia me acerqué a preguntarle qué le había parecido la opinión del experto. El hombre se sorprendió, elevó los hombros y me dijo con voz cascada:
–¡Ay, señorita! ¿Gustarme? No me gustó nada. De todos los hombres importantes que he visto pasar por este foro, de todos, este es el más mentiroso.
–¿No me diga?– me parecía que si el conferencista lo hubiera escuchado, le haría gracia la opinión de este señor.
–¡Uy, sí! Mire, ojalá que estuviéramos como hace veinte años. Entonces mis hijos salían a las calles, jugaban en los parques y los padres no sentíamos pendiente. El trabajo estaba al alcance de quien lo quisiera, todo era cuestión de buscarlo. Hoy, el trabajo es tan escaso que nadie lo encuentra. En aquellos años no sabíamos lo que eran los Zetas, los Templarios, ni nada de esas cosas. Los viciosos no se metían con nadie y los malditos eran malos sólo,si te metías con ellos. Los militares estaban en sus cuarteles y no en las plazas de los pueblos. Este señor viene y nos advierte que vamos a retroceder veinte años. ¿Sabe qué me dan ganas de decirle?
–¿Qué?
–Que ojalá, que no se haga tonto. Que si hay reservas, es porque hemos expulsado a muchos que desde donde están mandan dinero a sus familias. Que esta economía sigue basada en el petróleo y que en realidad no hemos entendido la lección. ¿Si no, dígame porqué estaría un profesor de economía barriendo un auditorio, cuando hace veinte años tenía una cátedra en la universidad? Ojalá estuviéramos como hace veinte años.
El hombre tomó su escoba y se alejó barriendo. Ni siquiera me dejó decirle que en parte, tenía razón.

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Sin sorpresas

La única sorpresa con la que me topé esta mañana fue la de salir del club y ver que habían evacuado el edificio. Mi marido me esperaba en la recepción con cara de angustiaTembló, ¿por qué no te saliste?, ¿qué no oíste los silbatos? habían evacuado todo el edificio y nosotras, las que estábamos en el baño de mujeres, entre los ruidos de las secadoras y el chisme matutino ni cuenta nos dimos del temblor, ni del operativo para desalojar las instalaciones.
Retiembla México en sus centros. Los datos dicen que eso es lo normal, estamos en la zona del eje volcánico, el Popo no deja de escupir fumarolas, los signos dicen que el subsuelo está en actividad y es mejor que la energía se libere de a poquitos. Sabemos que en México siempre tiembla.
También sabemos que este sexenio, a pesar de los pactos, planes nacionales de desarrollo, discursos y parafernalias empezó lento en términos económicos. Los números no se ven bien desde hace rato, así que no hay que sorprendernos de que el gobierno haya disminuido, una vez más, su pronóstico de crecimiento. Lo sorprendente es que no se esté haciendo nada para frenar esta caída. A principios del año la suposición era que el crecimiento del PIB fuera del 3.5%, una cifra modesta que no daba mucho para presumir, ahora ya vamos por los niveles del 1.8%.
El gobierno peñista contrae el gasto y con ello apaga el fuego que da energía al aparato económico. Se desincentiva la inversión. Por si fuera poco las remesas familiares, que en otras ocasiones salvaban el número, cayeron por debajo de los niveles del 2010.
No. No hay sorpresas. Esto ya lo veíamos venir. Los números cuentan historias muy precisas a quienes saben leerlas. Los relatos numéricos no aceptan interpretaciones, son objetivos. No dejan nada al terreno del gusto. Así son las cosas. Las muestran con sinceridad y no hay posibilidad de engaño. Lo que pasa es que no hay muchos que las quieran leer.
Es como el cuento del pastor y el lobo. De tanta advertencia, ya nadie hace caso. Lo bueno es que los números no son soberbios, jamás dicen: te lo dije. Pero las ocho columnas de varios diarios nacionales hacen sendos escándalos de lo que antes sólo reportaban en las páginas interiores. La verdad es que no hay que hacer tanto escándalo. Los números dicen que en el segundo semestre del año las cosas van a mejorar. ¿Por qué? Porque en Estados Unidos habrá una aceleración de la actividad económica que nos beneficiará.
Lo cierto es que hoy que andamos de escandalosos con la reducción del cálculo estimado de desarrollo. En vez de andar cortándonos las venas, deberíamos aprovechar para impulsar los cambios que sustenten el crecimiento en serio. ¿Cómo hacer entender a nuestros próceres que PEMEX ya no puede más? ¿Cómo transmitir que no todo es cuestión de ideas, que hay cosas que deben sustentarse en los números? ¿Cómo pedirles a tantos que cierren la boca y mejor hagan cuentas? Ya no alcanza. No hay forma de que alcance si seguimos haciendo lo mismo todo el tiempo. Hay que cambiar, si no, ya sabemos. Los números no mienten.
En serio, la sorpresa de hoy en la mañana fue el temblor. La reducción de la que nos informó el INEGI, por desgracia, ya la esperábamos. Nada nuevo bajo el sol.

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Indicadores y referencias del primer trimestre en México

La actividad económica se mide con indicadores que informan del desempeño de las naciones. Sin embargo, las cifras no dicen mucho si no se comparan contra algo, si no se tiene una referencia. En términos generales, las alusiones se hacen en uno de dos sentidos: con cifras del pasado o con números de otros.
Si vemos el desempeño de México en términos de inflación que según el Banco Central es de 4.6%, podríamos pensar que la cifra no suena mal. Pero, al referenciar los números, los descubrimientos no resultan tan agradables. La inflación anual en México se ubicó como la segunda más alta entre los países miembros de la Organización para la Cooperación ya el Desarrollo Económicos (OCDE), sólo Turquía reportó una inflación más alta.
El organismo reportó que en abril del 2013 los precios de los alimentos aumentaron sensiblemente y esto ocasionó el incremento en el indice inflacionario. También compara las cifras históricas de México, en abril la inflación fue de 4.6% mientras que en marzo fue de 4.3%; tres décimas parece una cifra poco relevante, y, en el momento de relacionarla con las cifras de la OCDE vemos que no es así. El incremento inflacionario fue mayor en más de tres veces el promedio registrado por el organismo.
Es muy pronto para saber lo que sucederá en el segundo trimestre, falta todavía casi un mes para concluir el periodo, pero si nos basamos en las cifras de la OCDE, podemos ver que el mes de abril no fue nada bueno y en mayo los escenarios no mejoraron mucho, tal vez hasta empeoraron.
La ANTAD, la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales, reportó ventas reales menores en abril de 2013 en comparación de las del 2012. El Indicador IMEF Manufacturero registró un nivel de 48.3, por debajo de los 50 puntos y el nivel más bajo desde junio de 2009.
Los números en sí mismos no dicen nada si no se acompañan con una referencia. La referencia nos debe de dar pie a una interpretación. A un pronóstico sustentado, lo cual no quiere decir que tengamos una bola de cristal en las manos, ni mucho menos la verdad absoluta. Simplemente, datos
Los indicadores, tal como los vemos, ¿traen buenas noticias? No. Pero hay referencias que nos hacen respirar, se anticipan mejoras en la segunda mitad del año dado que en los Estados Unidos se reactivará la economía pues se liberará gasto publico.
Pero, según pronósticos de Jonathan Heath, si el crecimiento del segundo semestre no supera al primero, difícilmente llegaremos a una tasa de crecimiento superior al 3%. Si ponemos en referencia esta cifra vemos que será un crecimiento inferior al del primer año del sexenio anterior que fue de 3.26%.
Así, con estas referencias, podemos concluir de forma informada si el optimismo gubernamental y su ola de entusiasmo está o no sustentada. También podremos ver si el desencanto de empresarios, obreros y algunos legisladores es exagerado o no.

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