Intentos fallidos de inclusión

Resulta ahora, que nos asaltan intentos fallidos de inclusión. Para ponernos a la vanguardia y abrir la puerta y que todos puedan acceder, le andamos dando de golpes al lenguaje. Nos olvidamos de la estética de las palabras y les acomodamos adefesios que afean la comunicación y nos llevan a defender sinsentidos absurdos.

Ahora, no sólo escuchamos las reminiscencias del “chiquillas y chiquillos” de Vicente Fox, sino que nos topamos con calamidades como: portavoza al referirnos a la portavoz, como si el femenino requiriera necesariamente de la letra a para serlo. O, peor aún, los que usan la @ para incluir a todos, como si fuese la bendición urbi et orbi. O, en el colmo de la sin razón, le agregamos una x a los vocablos para no hacer alusión al género y que nadie se sienta ofendido o se sienta relegado.

Lo irritante de este asunto no tiene tanto que ver con las patadas que se le ponen al lenguaje, al final el argumento de la lingüística puede parecer petulante. Lo que me pone los pelos de punta es que quienes buscan inclusión piensen que con un signo se resuelve el problema. ¡Por favor!, ¿a ese grado de frivolidad estamos llegando?

Además, el lenguaje no es algo nimio, no es un elemento insignificante. El lenguaje es el conducto que hace posible el milagro de la comunicación. Quienes arruinan las palabras se asemejan a los que dejan basura en una esquina o a los que rayan las paredes ajenas. Podrán buscar muchas justificaciones, pero el hecho contundente e incontrovertible es que aventar una bolsa con desperdicios o pintarrajear un muro no es algo que sorprenda agradablemente.

Es verdad, nadie se ha muerto al ver que alguien te dejó en la banqueta su basura o que te rayaron las paredes. Pero, lindo no es. Como tampoco lo es estar leyendo y escuchando la forma ruinosa en que la gente usa el lenguaje para defender aquello que no tiene sustento. Para incluir de verdad, hacen falta más que palabras. gf0qfji1-575x323-2

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El francés que se quiere parecer a todos los franceses

Con la promesa de inclusión como bandera, Emmanuel Macron entró al Eliseo para ser el presidente más joven de la V Republica francesa. En el discurso de transmisión de poderes, se dirigió a la gente para decir “los franceses han elegido la esperanza y el espíritu de conquista. El mundo y Europa necesitan hoy más que nunca de una Francia fuerte y segura de su destino, de una Francia que lleve en alto la voz de la solidaridad, que sepa inventar el futuro”, 

Con aire fresco y palabras de unión, en una ceremonia sencilla en la que Hollande le pasó la estafeta a su delfín, Macron insiste en la integración como fuente se soluciones, deja atrás las palabras odiosas de su adversaria y se olvida de causar miedo al diferente. Es más, se vale de la diversidad para sustentar su plan. Habló a los que se sienten olvidados y se comprometió con aquellos que no votaron por él.

Claro, los discursos inaugurales son muy optimistas siempre. Prometer no empobrece. Pero, el presidente frances está dando pasos que generan confianza.  Empieza a dar muestras de modernidad. En los detalles están los signos. Los invitados al banquete de festejos, recibieron como regalo una camara digital 360 grados. Tal vez, sea una pista de la forma en la que ve al mundo. Un gobireno tiene sus signos: Macron, un hombre que ha meditado sobre el país que dirigirá y la función que ocupará, sostiene que la democracia francesa está marcada por un vacío en su centro, una figura ausente: el rey. “Hemos intentado colmar este vacío, colocar otras figuras: son los momentos napoleónicos y gaullistas, especialmente”, dijo en una entrevista con la publicación Le 1, recogida en el libro Macron por Macron, veremos como se ven las cosas desde el despacho presidencial. El nuevo presidente cree que al normalizar el cargo —una normalización que con Hollande llegó a su paroxismo— se ha ahondado el vacío. “Lo que se espera de un presidente de la República es que ocupe esta función”. Y él empezará a hacerlo de inmediato. El lunes tendrá que formar gobierno, conformar su gabinete.

Su primer viaje de Estado será a Berlín, busca fortalecer la unión de Europa. El mundo mira a los dirigentes europeos y espera aue sean personas mesuradas y atinadas. Los estadounidenses deben sentirse algo envidiosos, Francia tiene un hombre joven, gentil, de visión amplia, con un vocabulario claro con palabras que dan certeza e ideas que alimentan esperanza. Este hombre, que mas que dividir quiere unir, que mas que marcar las desigualdades, quiere parecerse a todos los franceses. ¡Buena suerte! La idea es buena.

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