Dar la cara

Dar la cara es lo mínimo indispensable que se debe hacer en cualquier situación, con más razón si se trata de defender un punto de vista, ideales o verdades. El que se tapa el rostro es que algo quiere esconder. Es cobardía pura. El anonimato es perdida de identidad. Cuando alguien se ampara detrás de una capucha le está negando paternidad a sus ideas. A mi no me gustan los padres irresponsables que no dan la cara por sus hijos.
Los súper héroes se tapan la cara en un acto de modestia para seguir con una vida normal cuando están en su identidad de vida normal. Aquí no estamos ni en
Ciudad Gótica, ni en Metrópolis. Estos personajes que han salido a la calle con garrotes y en grito de guerra a protestar, más me huelen a anarquistas que a otra cosa.
No se trata de desestimar las ganas de protestar. Para estar en desacuerdo con las cosas sobran las razones. Para quejarse nada mas basta mirar los periódicos y ver como los indices económicos bajan y los de inseguridad suben.
Pero para hacerlo hay que dar la cara. Los mejores ideales se vuelven basura cuando se les mancha con cobardía. Ojo, cobardía no es sinónimo de miedo. Cobardía es hacer las cosas por debajo de la mesa, por la espalda.
Brutos, el asesino de Julio César, fue yerno de Catón el republicano. Sus ideales eran legítimos, sus modos no. Traicionó a quien en su estima lo llevó al poder, conspiró en su contra y por fin lo asesinó.
¿Tú también?, pregunta el César al traidor en la obra de Shakespeare. Ser republicano es bueno, ser traidor no.
Salir a manifestarse, dar una opinión, es bueno. Salir a las calles a defender un punto de vista es legitimo, causar pánico y destrozos con el rostro oculto en una capucha, no. Pensar en defender los nuestro es válido. Armarse y utilizar pistolas y metrallas de uso exclusivo del ejercito, no. Especialmente cuando no doy la cara. Especialmente cuando las razones para ocultarla no es una cuestión de modestia, sino más bien de cobardía. Además, los superhéroes están en las tiras cómicas, no en las calles.

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Sin odio

Vivir sin odio es vivir sin cargas. Hay distintos tipos de odio pero, en términos generales, uno nace del resentimiento y otro germina de manera espontánea. El recuerdo constante del mal recibido es distinto al desprecio sin razón, de todas formas ambos son pesados. El peor de todos los odios es el que se genera por la condición de otro ser humano, por sus diferencias. Es vil, pues nace de un juicio en el que yo me situó en una posición de superioridad y desde ahí sanciono. Es el peor porque en la mayoría de los casos no pasa por el tamiz de la razón.
Aborrecer a alguien por su preferencia sexual es una de las prácticas más comunes e ilógicas. En el mundo es difícil ser diferente. Juárez lo dijo de manera contundente, el respeto al derecho ajeno es la paz. Hoy en día, para sentirnos de avanzada, hablamos de tolerancia. Tolerar es sinónimo de aguantar, de apechugar. Tolerar no es suficiente. Es necesario respetar.¿Por qué debo yo de juzgar si a ti te gusta el azul o el rosa?
Tengo muchos amigos gays. Tengo muchos amigos heterosexuales. Con ninguno hablo de lo que sucede en mi habitación cuando cierro la puerta. Para mi son iguales. La intimidad es algo sagrado y personal. Nadie debe juzgarla, hacerlo nos deja fuera de lugar.
La soberbia es el pecado capital más grande, es atribuirnos funciones que no nos corresponden, es sentirnos Dios sin serlo. Hay muchos que disfrazan su odio con variedad pieles para que pasen como algo adecuado, para justificar su odio. Dicen que ser gay es indecente, es en contra de la naturaleza, que Dios no lo ve bien. ¡Ah, que caray! Yo entiendo que Dios es amor. Amor inagotable que no se detiene ni por el color, ni por el sexo, ni por credo, ni por preferencia sexual.
El odio gratuito es una forma de estupidez mayúscula, la homofobia es eso. Despreciar a alguien por sus elecciones es absurdo y no me da motivo para verlo por encima del hombro. Si el odio es una carga para el alma ¿Por qué voy a acarrear un lastre por la vida de balde? Especialmente cuando lo que elige el otro no me afecta, ni me falta en forma alguna. En su territorio, nada tengo que opinar.
Igualdad y respeto. Ser gay o ser buga, ser homosexual o ser heterosexual no es ni mejor ni peor, es sencillamente diferente. Ni superior, ni inferior. La estupidez y la grandeza de alma se alojan en el corazón del ser humano con independencia de sus preferencias sexuales. La pequeñez de espíritu se da cuando le dejamos más espacio a la antipatía que se obsequia sin motivos. El desprecio encoge el alma y destiñe la inteligencia.
Yo me pronuncio por un México sin homofobia. Entre odiar y amar yo prefiero amar. Sin duda. Sin vacilación.

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