El papel de Vladimir Putin

Me imagino a Vladimir Putin sonriente, acariciando a un gato, sentado en su oficina viendo el mapa del mundo. Mientras los ojos se centran en lo que sucede en Estados Unidos, en Asia, en Europa, en Africa, él mueve los hilos de sus marionetas. Así, sin hacer mucho ruido, sin llamar mucho la atención, pone a sus personajes en acción e ilumina los colores del mapamundi como mejor le conviene. Deja que otros sean los que griten y él sonríe. Que se preocupen otros, dirá y le rascará la espalda a su gato que ronrroneará complacido.

Entretanto, al otro lado del mundo, en el Capitolio, el ala demócrata se rasca la cabeza pensando qué fue lo que salió mal. Se devanarán los sesos tratando de comprender cómo le hicieron para perder La Casa Blanca teniendo una candidata tan preparada, que ganó todos los debates y se les hace bolas el engrudo al darse cuenta frente a quien perdió. El personaje impresentable, el misogino, cínico, ignorante, la representación más burda del estadounidense, la cara del gringo que no sale de su casa y quiere juzgar al mundo, el manotas que todo destruye no tenía posibilidades de sentarse en la Oficina Oval y ahí está. Unos empiezan a sospechar que algo anda mal.

Además, la evidencia revela a una mayoría votante sufragando en favor de Hillary Clinton y un colegio electoral que permite que alguien que no fue el más votado llegue a ser Presidente no jugó a facor del ala demócrata, pero hay suspicacias y ¿cómo no? Estados Unidos está dividido y ve como su futuro presidente avanza haciendo ganzadas, llamando a líderes de países como Taiwán, haciendo enojar a China, jugando al tío lolo con México, amenazando a sus connacionales para que no slagan de su país, y Putin sonriendo. No se trata de ser un mal perdedor, pero como que hay algo que no embona.

No el balde, el periódico inglés The Gardian reporta que el Presidente Obama está recibiendo mucha presión para que revele el papel que jugó Rusia en las elecciones de los Estados Unidos. Obama guarda silencio y aguanta con estoicismo, de nada vale. ¿Creerá que si abre la boca será peor? Trump sale a declarar que Rusia no manipuló nada. Los que estamos observando pensamos que eso de andar dando explicaciones no pedidas, es muestra de una acusación manifiesta. El presidente electo se pone de cuernos y se va de cabeza.

Putin sigue sonriendo y cómo no. Mueve los hilos de sus marionetas y las cosas le van saliendo bien. Mira los resultados tras bambalinas y ve a sus criaturas respondiendo a sus deseos. El brillo en sus ojos da cuenta de que las cosas le van saliendo bien, pondrá palomitas en diferentes lugares se su mapamundi y pintará las cosas del color que mas le gusta. Y, le ganará la risa al darse cuenta de dónde es el lugar en el que mejor le están saliendo las cosas. Claro, como dije desde el principio, eso es lo que me imagino y la imaginación es eso. Sin embargo, puede parecer verdad, ¿o no?

Presidente Trump

Don’t say a prayer for me now,

Save it till the morning after…

Duran Duran.

¿Cómo se cuenta esto que no tiene ni pies ni cabeza? Y, en todo caso, ¿por qué flota esa tristeza en el ambiente si en realidad lo que pasó no es de mi incumbencia? Mi abuela decía que meter la nariz en donde no te llaman, es de pésima educación. La metichería es un defecto mayúsculo. El tema del futuro presidente de los Estados Unidos es un tema doméstico y los vecinos no tenemos otra cosa que hacer más que ver, oír y callar. Todo lo demás es como la alharaca de los pájaros. En todo caso, los extranjeros somos esos observadores que, sentados en la fila diez del teatro, observan una representación a la que llegaron con boletos prestados. 

Lo que pasa es que el espectáculo es triste. La protagonista termina con la espalda encorvada, reclinada sobre un escritorio con la respiración entrecortada y sentimos que el aire en los pulmones le quema. El bulto que le engrosa la garganta es contagioso, lo alcanzamos a sentir. Abrirá la ventana, tal vez para dejar que entre aire fresco o quizás para dejar salir ese grito que interpela: ¿qué hicieron?

Será por eso que estamos cabizbajos. En la soledad, ella no está tan sola. Sin que la hayamos escuchado, sin que hayamos entendido las palabras que se le esconden en el corazón, sentimos el zarpazo que la dejó hecha girones. El poder de destrucción de la guadaña la alcanzó, vino a reclamarla. La hoz le cortó el camino y le mutiló la aspiración. La severidad del destino la aventó a una grieta profunda y oscura. ¿Por qué lo hicieron?

Pasará un examen sobre sí misma. Fue por ser mujer, por no ser simpática, por no ser una comunicadora efectista, por no saber usar el correo electrónico, por haber tenido un marido mujeriego y quedarme junto a él, por no tener un peinador maravilloso, porque el traje sastre hacía lucir los brazos tan cortos, por las arrugas alrededor de los ojos, por la sonrisa esquiva, por no haber sido amiga del FBI. ¿Por qué?

No sé quién soy mientras todo esto sucede. Ella sonríe con labios torcidos para aguantar el embate de los sentimientos que emanan de las entrañas. Sonríe para felicitar al adversario y se preguntará que vieron en él que no encontraron en ella. La congoja late a ritmos de estertor. Pensará, como lo pienso yo y como lo hace todo el mundo que esto es un error, que tiene que ser un error, que debe ser un error. Se equivocaron, pensará y seguramente, tendrá razón. 

Los suyos no la eligieron, el mundo la quería a ella. La mayoría de los países mostraban un claro favoritismo por ella, las encuestas, las tendencias, la economía, el consumo interno, la política exterior y todas las variables que maneja tan bien, estaban de su lado. ¿Entonces? Le abrieron la puerta al jabalí para que entrara corriendo a una cristalería.

El aturdimiento reinante me hace pensar en lo que habrá sentido Eva al ser expulsada del Paraíso. ¿Qué fue eso?, sin poder comprender a cabalidad, se mesara el pelo, se tallará los ojos y desaparecerá de la escena, se diluirá como una pastilla efervescente y pronto su figura se habrá desvanecido. Después de martes, será miércoles, jueves, viernes, sábado, domingo, lunes y otra vez será martes. El regreso al mundo y a otros temas, a otros sustos y a otros miedos. Ella, aferrada a las manecillas de los tiempos, gritará ¿cómo pudieron hacer esto? Nadie escuchará, ya es invisible. Nadie la escuchó cuando era visible. Ahora, todo es Trump, Presidente.

De espejismos y debates

La señora Clinton salió a escena con un impecable traje blanco. El señor Trump vistió de azul marino. Ella sonriente, el un poco serio, ambos le recetaron a sus votantes más de lo mismo y el mundo pudo atisbar aquello en lo que se ha convertido la sociedad estadounidense. Sin grandes novedades, el debate de las Vegas encendió en varios expertos extranjeros una ilusión absurda. ¿Por quién votarías tú?, se preguntaban en los programas postdebate los analistas con caras de sabelotodos. Unos respondían con palabras complicadas y lenguajes afectados sus razones de preferencia por uno y otro candidato, como si sus preferencias fueran de interés y sobretodo, como si ellos fueran electores reales. Aunque los opinadores no eran estadounidenses, ya soñaban con el apoyo que le darían a la candidata demócrata si tuvieran la posibilidad de sufragar. Los efectos de Trump son inéditos.

Tan emocionados lucían, que hasta se les trababa la lengua y se les hacía agua la boca. Se les notaba el encandilamiento que les obnubilaba la vista y en un efecto sumamente sospechoso vitoreaban a Hillary y abucheaban a Trump con gran felicidad.  Nada nuevo bajo el sol, sin embargo, algo me despertó un recelo curioso. Imaginé que todos estabamos asistiendo a una puesta en escena en la que ya todo estaba acordado y cada quien representaba su papel con exactitud. Del nasty woman,  a la declaración de que el candidato republicano reconocerá la legitimidad de las elecciones, sólo si él gana, no hay nada novedoso. Lo que sí llama la atención es como la señora Clinton sale impoluta ante acusaciones reales y graves.

En la estridencia del señor Trump, nadie escucha —ni pide explicaciones plausibles— sobre la Fundación Clinton. Como entre un espejismo, la candidata demócrata sonrié y nada de muertito. Guarda silencio y aguarda con paciencia la oportunidad de que su adversario se tropiece con la lengua y, claro, no tiene que esperar mucho. Donlad sale con su ganzada y ella suspira aliviada. Nadie se detiene a pensar ¿qué explicación se debe dar sobre los donativos que un expresidente va recolectando y las cantidades que recibe una candidata por ir a dar conferencias ? 

Me pregunto si la señora Clinton al lado de otro candidato presidencial, luciría tan efectiva. Es frente a un impresentable como Trump que ella se agiganta. Sin embargo, una mujer que guardó secretos de estado en una cuenta de correo personal, un personaje al que el FBI no toca mientras hay militares que estan enfrentando procesos por esots temas, una historia de complejas complicidades, en las que ella fue protagonista de lo que hoy crítica, no resulta tan maravillosa. Pero,  muchos le compran sus espejismos y se encandilan. Eso, convoca mi sospecha.

Es verdad, de las dos opciones, Hillary Clinton es la menos mala. Frente a Trump hasta Incitatus, el caballo de Calígula, emperador romano sería mejor. Eso no significa que ella sea buena. Significa que, como alternativa, es lo que mejor vale. Aunque, honestamente, no hay mucho para emocionar. Los demás habitantes del mundo estamos invitados a atisbar lo que va sucediendo ahí adentro y contemplar en lo que se convirtió la sociedad estadounidense. De lejitos, no nos tenemos que confundir.

Debates que no son nuestros y nos afectan

Ayer por la noche, al terminar de ver el debate entre Hillary Clinton y Donald Trump sentí un gran vacío. Las pifias del candidato republicano ya ni sorprenden ni causan escándalo, lo que sorprendió fue la tibieza con la que la candidata demócrata la trató. Tuvo la oportunidad de noquearlo y la despedició. Todo eso es verdad y lo sentí tan ajeno. Mis conclusiones sirven de poco, lo mismo que las de cualquier extranjero que los mire pelear, hablando de temas vulgares en forma tan descarada. No sirve de nada, esos debates no son nuestros; pero nos afectan.

En una costumbre muy estadounidense, la ropa sucia se expone al público. Los temas de sábanas se exhiben y revelan a un misógino que habla imbecilidad y media con otro estúpido del mismo calibre y el asunto se eleva al nivel de debate presidencial. La infidelidad marital y la perseverancia de una esposa que permanece al lado de su marido por razones tan íntimas que nada más a ellas conciernen están en boca de los candidatos a dirigir el destino de una de las naciones más poderosas del mundo. ¿Por qué es interesante eso?

Nos quieren chantajear con la imagen de un niño lleno de polvo, sobreviviente de un bombardeo en Aleppo, como si los participantes no tuvieran nada que ver. Hablan de discriminación por cuestiones de credo, pero lo que está en la mente es la platica de casillero y la ropa interior de un expresidente. Ella nadó de muertito y él se perdió en la ambigüedad que le fascina. A decir verdad, todos sabemos que los políticos estiran la realidad para llevar agua a su molino. También sabemos que en un debate no se solucionan los problemas, nada más nos enteramos de los estilos de cada quien.

A lo lejos, vemos dos personajes: uno se diluye como pastilla efervescente —o eso esperamos— y la otra se va consolidando —o eso queremos—. Nada podemos hacer más que contemplar a dos que como pájaros de pelea, se despluman y se exhiben dejando ver las costuras de su intimidad. Más cerca que nosotros, pero también a la distancia, Bill Clinton y la señora Trump observan a sus cónyuges. ¿Qué pensarán? Los hijos de Trump y Chelsea Clinton también están ahí escuchando las faltas más personales de sus padres. ¿Qué sentirán?

Y, en la tribuna, nosotros viendo debates ajenos que tarde o temprano nos van a afectar.

El vestido rojo de Hillary

Ayer, se llevó a cabo el primer debate entre Hillary Clinton y Donald Trump. Ambos subieron al estrado como buenos competidores, se dieron la mano en forma civilizada y desde su trinchera cada quien, independientemente de los golpes mediáticos y discursivos, lució lo que en realidad es. Si el debate no hubiera sido en Estados Unidos, Clinton debería estar muy tranquila pues fue muy superior a su adversario.

Hillary llegó brillante, con un hermoso traje rojo, que la hizo lucir bonita, por primera vez en su vida de imagen pública. Se le veía feliz, sonriente y en control. Hablaba fluídamente de cifras, datos, información. Entanto Trump se exhibía como un ganso que camina con torpeza en territorios que no le son conocidos. Donald se veía cansado, trastabillante y confundido pero, al ser un hombre de medios, supo sacar raja a su favor. 

Si Hillary atacaba, él usaba sus palabras para mostrar concordancia y a partir de ello la atacaba. Fue cínico, seductor a su manera, moderado en su estridencia pero no dejó de ser Trump. Eso debería jugar a favor de la candidata democrata pues los hechos y las cifras están de su lado, por lo que si el debate no hubiera sido en Estados Unidos, ella estaría sintiéndose más cerca de la Casa Blanca.

Un acierto que mostró el debate fue tener una pantalla en la que los candidatos siempre estuvieron a cuadro. Los que quisimos, pudimos ver las caras de ambos en todo momento: sus gestos, sus manoteos, sus sonrisas y todo lo que nos dijeron sin palabras y expresaron con el cuerpo. Ella con el reflejo del vestido rojo  y una sonrisa amplia lució radiante mientras él con un traje azul marino se veía cenizo y apagado.

Digo que si el debate hubiera sido en otro lada, la candidata debería sentirse muy segura, pero Estados Unidos es una sociedad de consumo. El impulso rige las decisiones de la mayoría de sus habitantes, el filtro del análisis se usa realmente poco y les gusta más la imagen, los gritos, las bravatas, no hay otra forma de explicar el fenómeno de un candidato republicano tan impresentable. Por eso, Hillary debe estar preocupada, porque Trump sigue siendo una estrella de medios y aunque eso no lo transforma en estadista, si puede generarle votos.

Ayer, Hillary lució mejor. Pero, ¿cuántos norteamericanos la habrán escuchado como debe de ser? Espero que si no atendieron sus palabras, sí se hayan dado cuenta de que la mujer del vestido rojo dio una mejor imagen que el hombre del traje azul.

El rechazo de Hillary

Como si el Presidente Peña no tuviera suficiente, hoy se desayuna con la noticia de que Hillary Clinton rechaza la invitación que le hicieron para venir a México. No vendrá antes de las elecciones. No sólo declaró que no acepta venir, también declaró que después del ” desafortunado incidente diplomático” ella se va a dedicar a otras cosas, como seguir adelante con su campaña. Parece lógico el motivo del desprecio,  se niega a recorrer los pasos de Trump a quien exhibe como una persona incapaz de  comunicarse en forma efectiva con un Jefe de Estado.

Por su parte, en forma discreta pero contundente Bill Clinton dijo haberse quedado estupefacto con el viaje de Trump a México. El expresidente estadounidense no está solo en el asombro, lo acompañamos los mexicanos y los ojos internacionales. Aún no se entiende a carta cabal las intenciones que germinaron en Los Pinos y dados los resultados, parece que ellos tampoco lo logran comprender. Se tiende un nubarrón oscuro que no da pie a una interpretación correcta de los objetivos de Trump y mucho menos los de Peña. Los dos quedaron con las manos manchadas, el candidato republicano se lució como un cobarde que de frente dice una cosa y de espaldas se desdice. El presidente Peña quedó como un hombre ingenuo que se metió a la boca del lobo, por voluntad propia y salió con la camisa hecha girones.

Era evidente que Hillary Clinton rechazaría la invitación. Con claridad de ideas, la candidata demócrata a la,presidencia de Estados Unidos va a aprovechar la ventana de oportunidad que se le abre. Pondrá todo su esfuerzo en hacer evidente que Trump es un hombre poco honorable, incapaz de articular palabras sin que pueda serles fiel y lo tachará de incompetente. Todas las pruebas las sustentará con lo sucedido en la visita a México. Y, ¿adivienen quién será exhibido junto a Trump?

Sin decir nada, sin necesidad de pronunciar nombres, Hillary da cátedra. Sin duda, hará uso de su derecho de guardar silencio. No abrirá la boca para no llenarsela de moscas. Mientras, en Los Pinos, el Presidente tuitea que nadie lo aconsejó invitar a Trump, y se echa la culpa. ¿Cuándo entenderemos que el silencio es la prerrogativa de los sabios?

El gobierno que merecen

Mañana es el súper martes en Estados Unidos. Se le conoce así por el peso de la toma de decisiones de ese día. Al terminar esa jornada, se conocerán los canditados republicanos y demócrtatas que se medirán en la contienda que llevará al ganador a despachar desde la oficina oval. Por increíble que parezca, los republicanos tendrán como candidato a Donald Trump y los demócratas irán de la mano con Hillary Clinton.

Los republicanos dejan al mundo con la boca abierta. Ponen sus esperanzas en un hombre que ha hecho de la corrección un trapo, de la educación un elemento prescindible, de la cordura un girón, del odio estandarte, de la diferencia una amenaza y de la estupidez moneda de camnio. La sorpresa es como esta fórmula ha tenido tanto éxito. Trump, es justo decirlo, ha sido consistente, no ha tratado de disimular su xenofobia, no de ocultar su punto de vista. Ha sido como la tortuga de la fábula de Esopo y ha caminado con buen rumbo a la meta. 

En cambio, los intelectuales, políticos y diplomáticos se parecen a la liebre. Han visto como el bocón de Trump avanza, han despreciado sus pasos y desde la comodidad del letargo, como echados a dormir, han esperado a que el señor se tropiece con la lengua y no ha sucedido. Mientras unos se quedaban en la seguridad de que tanta idiotez no tenía posibilidades de vida, cerraron la boca dejando que la gente cayera en la cuenta de lo insostenible que es un personaje como Trump. Debieron hablar.

Ahora, a unos cuantos momentos del súper martes y dadas las tendencias, muchos quieren salir a decir lo que antes callaron. Quieren meter el acelerador, apresurarse para ganarle a esta tortuga deleznable y se ve muy difícil que lo puedan rebasar antes de que cruce la meta. Ahora sí,  muchos salen preocupados a alertar del monstruo que se dirige a la Casa Blanca, esperemos que no sea muy tarde. Lo malo es que ya le dieron vuelo para ser elegido el próximo Noviembre.

Claro, no todo está dicho.

Sin embargo, cada nación tiene el gobierno que se merece. ¿Será que los Estados Unidos merecen a una persona con las miras tan cortas, la educación tan desgastada, el prejuicio tan alto, el desprecio como marca personal y el relumbrón como mejor cualidad? Cuidado, el señor presume muchas cosas que en realidad no es. Basta verlo, por amor de Dios. Ojalá que los estadounidenses no merezcan un mentiroso. Ojalá que pongan atención 

 

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