¿Y el presidente Hollande?

¿Qué pasará por la mente de presidente francés François Hollande? Hace poco tiempo lo vi, lo vio el mundo entero recibir a una doncella que fue rescatada de una situación de desgracia. Lo vi armar un recibimiento al mejor estilo hollywoodense para Florance Cassez que en lugar de parecer la novia de un secuestrador parecía una estrella de rock, una celebridad que llegaba a París después de vivir penurias terribles en México.
Ni hablar, sobre el affaire Cassez siempre habrá una nube de humo que nos impida ver si la mujer era inocente o simplemente se rodeó de malas compañías y estas la hicieron sospechosa de acciones viles y de crímenes espantosos, mientras ella, sin darse cuenta, volaba sobre el fango sin mancharse. La justicia mexicana quedó mal parada con las víctimas de los delitos imputados a la francesa. Lo que sí hay que decir es que el gobierno francés luchó hasta el cansancio en favor de esta mujer. A Sarkozy no le importó comprometer las relaciones diplomáticas con México, faltarle al respeto al Congreso mexicano al hablar en la tribuna del asunto, Carla Bruni, entonces primera dama, le enviaba regalos a la prisión a esta mujer. François Hollande heredó el affaire y le dio seguimiento hasta ver liberada a esta criatura cuya inocencia jamás quedó demostrada.
Lo que sí queda demostrado es que a las francesas les gustan los mexicanos y en el enamoramiento no alcanzan a ver los peligros que tienen en la punta de la nariz.
Vean a Maude Versini, tan enamorada de Arturo Montiel, hechizada por las atenciones que le prodigaba un hombre poderoso, que no vió lo que había detrás de las joyas, las mansiones, la vida cómoda con chofer, mucama, nanas y valet a la puerta. Se distrajo con las bolsas, los zapatos, los relojes, los autos y la vida de revista rosa. No alcanzó a ver lo difícil que sería tener a un hombre así de enemigo. Pensó que la vida de atenciones se prolongaría por siempre, jamás imaginó que los tigres son animales hermosos y también de mucho peligro. Creyó que esta vida de privilegio le iba a alcanzar para vivir igual en París compartiéndola con su nueva pareja, rodeada de sus hijos, empezando de nuevo, con lo mejor de todos los mundos y, no fue así.
En fin, ella nos cuenta la parte en la que una madre es despojada de sus hijos. Eso es terrible. Se los quitan y no le permiten acercarse a ellos. Eso está peor. La mujer de las portadas de revista de repente se ve convertida en una víctima de las mieles que tanto gozó. Ahora es una hormiga que le debe dar batalla a un elefante. La diferencia de fuerzas es evidente. El cuento de la Cenicienta se convirtió en una historia de terror, al príncipe azul le crecieron los colmillos. Tal vez siempre los tuvo largos. Tan largos, que ahora esta doncella francesa está a punto de desfallecer en esta lucha. Es más, para la justicia mexicana, Maude Versini ya perdió.
Y, vuelvo a mi pregunta ¿Y el presidente Hollande? ¿Dónde está ahora que se le necesita? ¿Por qué abandona su vocación salvadora? ¿Por qué deja a su suerte a Maude? Me pregunto cuál es la diferencia entre Cassez y Versini. ¿Acaso no son ellas dos víctimas del amor que las cegó y no les permitió medir las consecuencias?
Claro que, francamente, me parece mucho más defendible el caso de una madre que quiere ver a sus hijos y no se lo permiten. ¿Por qué las autoridades francesas prefirieron apoyar a una presunta secuestradora y dejan sola a quien no puede ver a sus niños?
¿Qué banderas encontradas, antagónicas, representan Cassez y Versini? ¿Qué tiene Cassez que adolece Versini? ¿Dónde está la egalité que proclaman los franceses? ¿Por qué no son iguales estas dos ciudadanas francesas? ¿Será que unos somos más iguales que otros?
François Hollande no demuestra el mismo interés por una como lo hizo por la otra, me pregunto por qué. La respuesta que se me viene a la mente no le favorece al presidente francés.

20131104-071913.jpg

Mata más una esperanza

Nunca como hoy entiendo el dicho este que dice Mata más una esperanza que una desilusión. La agonía de los padres de los doce jóvenes del barrio de Tepito que fueron secuestrados en el antro Heavens After de la Zona Rosa de la Ciudad de México terminó. Ya saben la verdad.
Aparecieron trece cadáveres en las inmediaciones de Talamanalco en una fosa clandestina en el rancho La Negra. Aarecieron trece, sólo cinco han sido identificados.
Es una desgracia, sin duda, pero ya saben lo que sucedió. La vida dejó de estar en pausa, la duda se despejó. La verdad, por más dolorosa que sea, libera. Es evidente que para estos padres no fue agradable recibir la llamada en la que fueron notificados de lo que sucedió con sus hijos. Pero, en medio de todo, la espera terminó.
Se acabó la duda. No habrá más días esperando que la puerta se abra para verlos entrar, ni habrá horas y horas junto al teléfono pidiéndole que suene para oír su voz, ni juntas con la policía para escuchar que el realidad no saben nada, ni con la autoridades que, en apariencia, daba golpes de ciego y no daban respuestas contundentes.
Después de noventa días les llegó la respuesta, no la que querían, sin embargo, sí la que esperaban. Después de tantos y tantos días, es obvio que estarían sospechando que la llamada no les iba a traer una noticia buena. Pero la esperanza es necia, se arraiga a pesar de que no haya razones, brota porque es lo último que debe morir.
Hoy la verdad, aunque dura, ya se conoce. Podrán las familias llorar a sus hijos. Enterrarlos. Decirles adiós. Darles una tumba. En estos momentos, después de noventa días de espera, pocos sabemos de la importancia de saber la verdad; de lo relevante de un pedazo de piedra que tenga grabados el nombre y las fechas de nacimiento y muerte de aquel ser tan querido. De un lugar para lograrlos y ¿por qué no? Para orar por ellos.
No. No hay consuelo. Pero hay que dar las condolencias. Acompañar ese dolor y esa herida que, siendo de ellos, también es nuestra.

20130824-085136.jpg

Las consecuencias de Lady Profeco

El que no sea padre que aviente la primera piedra. No hay un sólo padre en la faz de la tierra que no recuerde un berrinche de un hijo. No hay madre que en plena pataleta se quede impasible, que cuando la gente se da cuenta de la rabieta del angelito, no le pida al cielo que se abra la tierra para desaparecer. Todos hemos padecido, alguna vez, una escena de malos modos, una contestación mal puesta, una grosería abierta y certera. Claro que hay niveles.
Así como los hijos no deben pagar por los errores de los padres, porque no es justo, hay cierto dejo de injusticia cuando un padre paga por los actos de sus hijos. Lo equitativo es que cada quien se haga responsable de sus actos. Lo malo es que la vida no opera así. Si tu hijo rompe, tú pagas, si tu niña ensucia, tú lavas, si tu criatura traspasa los límites, tú das la cara. Uno como padre apechuga y da un paso al frente. Limpias el cochinero, recoges con dignidad los pedacitos de cara y vergüenza que tu hijo dejó por los suelos, y en la intimidad del hogar le pones una buena nalgada, o varias, al escuincle malcriado, para que no se le ocurra volverlo a hacer. Pero hay padres que festejan las patanerías de los hijos, que las consienten y que pretenden que el mundo aguante a sus monstruos sin chistar. Pues, no. La vida, tarde o temprano te pone en tu lugar.
Así, ayer Humberto Benítez Treviño fue destituido de su cargo como Procurador del Consumidor por el desaguisado de su hijita Andrea, que pensó que su papi era señor feudal y no servidor público, que se creyó princesa y ordenó a las huestes a cargo de su padre que clausuraran un restaurante porque no le dieron a la nena la mesa que ella quería.
Esta destitución es tan relevante que el propio Secretario de Gobernación fue el encargado de darla a conocer.
Humberto Benítez Treviño declaró que no pensaba renunciar porque él no dio la orden para la clausura del restaurante. Pues, peor tantito. Si no fue él, ¿quién fue? ¿qué le dio valor a los cuatro achichincles de la Profeco para salir corriendo a ejecutar las ordenes de Lady Profeco?
Osorio Chong, después de dar a conocer la destitución,reconoció la trayectoria de Benítez Treviño, ¿cómo no?, el señor fue Procurador General de Justicia de la Nación, fue maestro reconocido, hombre cercano al Presidente de la República, abogado prominente, y fue despedido por un acto que él no cometió. Ahora, al hablar de él, lo primero que vendrá a nuestra mente no serán sus méritos personales, será la imagen de Lady Profeco. La hija le manchó el expediente al padre.
¿Qué pensará Andrea Benítez? ¿Estará arrinconada, volteada a la pared, reflexionando lo que hizo mal? ¿La habrán regañado? ¿Le habrán castigado sus juguetes? Dijo el Secretario de Gobernación que hay evidencias de que Humberto Benítez no dio la orden, ni participó en los hechos, no hay responsabilidad administrativa que la Función Pública deba perseguir. Tal vez, tal vez no, pero el papá ya pagó por el berrinche de su niña, ¿y ella?
Andrea Benítez hizo uso indebido de los recursos de la Nación. ¿A poco la destitución de su papá resuelve el desaguisado? Si no es él quien causó el daño, es evidente que fue ella. Y ¿Qué la señorita no va a hacer cargo de lo propio y dar la cara? ¿Seguirá escondida detrás de los pantalones de su padre?
Hay veces en que los padres no podemos tapar el sol con un dedo, hay otras en las que no debemos. Es nuestra obligación educar a los hijos a tener valores, civilidad y a hacerse cargo de sus acciones y reacciones, de lo contrario, estaremos condenados a vivir pagando sus platos rotos. ¿O, será que nuestros hijos son un espejo que refleja nuestra propia imagen?

20130516-065325.jpg

Transporte escolar

Todos los días, a las seis de la mañana, despido a mis hijas. Es la hora en la que el transporte escolar pasa por ellas. Será hasta diez minutos antes de que den las cuatro de la tarde cuando regresen a casa. Casi diez hora fuera y más del veinte por ciento de ese tiempo están en el autobús escolar. Se van antes de que salga el sol, regresan mareadas. Es verdad que la promesa es que lleguen a las tres y veinte, pero en la Ciudad de México no hay palabra de honor cuando se trata de tránsito.
Jamás he estado de acuerdo con la imposición del servicio de transporte escolar. No es únicamente el incremento en el gasto familiar y el golpe al flujo de efectivo de la casa, que es duro créanme, un quince por ciento adicional no es poco, en una economía en la que los sueldos crecen a niveles cercanos a cero.
En honor a la verdad, debo decir que para el colegio de mis hijas el asunto del autobús escolar no es negocio, es más bien una complicación. He hecho cuentas, ya les dije que a mi me gusta contar, y llegué a la conclusión de que facturan este servicio prácticamente al costo. Además fue de las pocas instituciones que se defendió con unas y dientes para no imponer a los padres esta carga adicional. Sin embargo, desde el año pasado hubo que acatar la disposición.
He esperado un año para ver los beneficios de esta ocurrencia oficial. Sigo esperando. Me argumentaron que los niveles de contaminación bajarían al reducirse el número de coches en circulación. Ni bajó la contaminación, ni se redujo el numero de coches circulando. Me dijeron que se elevaría la velocidad promedio de crucero en la ciudad y por lo tanto disminuirían las emisiones de gases contaminantes. Eso sí sucedió, la velocidad aumentó de 20 a 25 km/ hr. en la cuadra donde esta la escuela. Por desgracia los semáforos están mal sincronizados y a la siguiente cuadra invariablemente toca un alto que provoca embotellamientos y emisiones que se querían evitar. La velocidad de crucero baja a 0 km/hr. ¿Entonces?
Puedo hablar eternamente de lo mal que ha funcionado esta disposición oficial, de los pocos resultados que ha dado en términos de vialidad. También puedo decir que para muchas familias este servicio les aligera la vida y les es muy útil. Padres y madres ganan tiempo y productividad al no tener que ir por sus hijos a la escuela. Si, por eso este servicio debería ser opcional.
En mi caso el ritmo familiar se ha alterado. Las horas de comida que eran las de convivencia familiar se han trastocado. Esto no es poca cosa. Se han violentado los espacios de comunicación, los momentos que en torno a la mesa, acompañados por el pan ya la sal, convivíamos y nos enterábamos de lo que sucedía en la vida de cada uno. Y soy de las afortunadas que únicamente se le movieron los horarios.
Muchas familias padecen, igual que yo, el transporte escolar, pues han perdido definitivamente esos minutos de cercanía. Para muchos padres, el trayecto de la casa a la escuela en las mañanas, era la oportunidad para estar con sus hijos, pues salen a trabajar ya llegan tan tarde que encuentran a los hijos dormidos. Para muchas madres ir a recoger a sus hijos era la oportunidad para conocer a sus amigos, platicar con otras madres, enterarse por otras fuentes de lo que pasa en el entorno escolar. Estar al pendiente.
Eso sin hablar de que hay estudios de que el autobús es un lugar propicio para el bullying, para que los niños se descontrolen y hagan fechorías, de unos a otros o a transeúntes o conductores de vehículos. En el mejor escenario, los niños llegan hartos a casa después de un trayecto de más de una hora, en comparación con los minutos de recorrido cuando los recogían sus padres.
A la luz de los resultados esperados por las autoridades de la ciudad, me parece que se ha perdido más de lo que se ha ganado. Ya ha pasado un año y no veo frutos. Insisto, el transporte escolar debería ser una opción, no una imposición.

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: