El esplendor de Schoenberg y la Sala Nezahualcoyotl

Ayer asistí al concierto de gala en el que se dio por terminada la temporada de verano de la Orquesta Sinfónica de Minería. Entre un aguacero torrencial, corrimos desde el estacionamiento hasta las puertas de la Sala Nezahualcoyotl que nos brindó techo y cobijo. No sería lo único que esa tarde noche recibiríamos ahí. La lluvia fue el preludio orquestal que daría el tono ideal que Shoenberg desearía para la ejecución de una de las piezas más complicadas de montar en el repertorio sinfónico del planeta.
Ocupamos nuestros lugares, junto al coro, lo que fue un lujo mayúsculo y al son de la tercera llamada comenzó el espectáculo de clase mundial en honor a los cien años del estreno mundial de Gurrelieder. Las cuatrocientas un almas que derramaron las notas para contar el cuento del mal amor del Rey Valdemar a la pequeña Tove me dejaron el corazón agitado, conmovido. ¡Qué bien supo Shoenberg traducir la pasión del amor prohibido en un pentagrama!
El rey Valdemar cabalga ansioso por estrechar a su amada Tove-Lille, el momento del abrazo es un estallido de instrumentos musicales que logra estremecer a los que estamos escuchando como Tove se rinde al amor de Valdemar. Schoenberg se ayuda de atmósferas naturales como el claro de luna, la penumbra, el lago que dibuja por medio de sonidos que te internan en el bosque y, sobre todo, en el amor apasionado del Rey. Se cantarán alternativamente su amor. Tove fue cantada por una potente Gweneth-Ann Jefers, soprano, considerada en el Reino Unido como una de las voces con más potencia y vitalidad. A pesar de ser una mujer robusta y de piel oscura, Gweneth-Ann se transformar en la pequeña y delicada Tove, quien en la felicidad del beso, en la ternura de la caricia y en la pasión del abrazo, se diluye hasta desfallecer.
Helvig, la reina y esposa de Valdemar, presa de celos, asesinará a la pequeña Tove-Lille. La Paloma, interpretada por Ruxandra Donose, la mezzosoprano que nos cuenta con un tono de voz, a la vez cálido y sensual, que la amada del Rey ha sido asesinada. Canta la desolación de Valdemar contenta elocuencia que sentimos la garganta rasposa. Odiamos a Helvig por haber destrozado la joya de Gurra. Adoramos la voz de Ruxandra.
Tras el preludio orquestal, comienza la segunda parte que canta la blasfemia del Rey Valdemar, quien reclama a Dios que le haya quitado el amor que tanta dicha le daba. Señor, habrías de ruborizarte por matar el único cordero de un mendigo y va más lejos todavía, Señor Dios, yo también soy soberano… Nunca le arrebataría a mis súbditos la única luz comienza el llamado del rey a sus huestes macabras y espectrales. El coro de voces masculinas nos aterroriza, nos hace sentir que, efectivamente, estamos sentados al lado de un ejercito de fantasmas.
Los hombres de Valdemar desatan una pesadilla y cantan el infortunio y desolación a la tierra. Valdemar ya grita, ya clama por su pequeña Tove, en la voz poco potente del tenor John Uhlenhopp, que se diluía entre el clamor de los instrumentos.
Los hombres de Valdemar, en un arresto más gótico que romántico de Shoenberg, regresan a sus tumbas. Será comedia y no drama. Hay un final feliz. No para el mal a le de Valdemar y Tove, para la humanidad. Gurrelieder termina en un preludio orquestal en el que se rinde homenaje a la resurrección de la naturaleza y al ritmo de los ciclos naturales. Las voces femeninas se integran a las masculinas que finalizan este hermoso concierto con un himno deslumbrante al sol.
Sí. Vivas al director Carlos Miguel Prieto, a Samuel Pascoe, director coral, a la Orquesta Sinfónica de Minería. Pero vayan tres vivas al maestro Juan Arturo Brennan por su invitación.
Una tarde noche espléndida en la Sala Nezahualcoyotl escuchando los cantos de amor de Tove y Valdemar, en la perfección que Shoenberg imaginó. Una forma de resurrección.

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Schoenberg en la Sala Nezahualcóyotl

En México hay muchas cosas que se hacen bien. Muy bien. Hay un México de clase mundial y no me refiero a ese país diseñado y operado para una clase específica inalcanzable para los mortales que no pertenecemos a un partidazo o a un sindicato, que no tenemos padrinos, o que no manejamos una chequera forrada de billetes. Hay un México que está a la mano del que se quiera acercar, en el que todo marcha melódicamente y que está al nivel de Alemania o Austria y a veces superior a Inglaterra y Francia. Sí, no exagero y no estoy soñando.
Me refiero al México que es capaz de acunar en sus seno a la Orquesta Sinfónica de Minería a la que califico, sin que me tiemble la mano, de clase mundial y les diré por qué. El próximo fin de semana, en la maravillosa Sala Nezahualcóyotl se llevará a cabo el Concierto de Gala por el fin de la temporada de verano 2013 y se hará, nada más y nada menos que con Gurrelieder de Schönberg.
Gurre-lieder, Canciones de Gurre, es un ciclo de canciones compuesto por Arnold Schönberg (1874-1951) al comienzo de su carrera. Esta enorme pieza orquestal requiere monumentales fuerzas para su ejecución, por ello sus lecturas son poco frecuentes. Basado en textos del poeta danés Jens Peter Jacobsen y traducido al alemán por Robert Franz Arnold, este oratorio con canciones para cinco voces, narrador, coros y orquesta está compuesto en el primer estilo del compositor, antes del dodecafonismo que le dió fama, y está fuertemente influenciado por Wagner y Mahler. La primera parte fue terminada en 1901 y la segunda en 1911, ambas difieren completamente en estilo mostrando la evolución de Schönberg hacia la dodecafonencia, se aproximan más al estilo romántico alemán del que el autor se abrevó desde la juventud. Schönberg empezó a componer muy joven. Franz Schreker lo estrenó en Viena en 1913 y Leopold Stokowski hizo el primer registro integral en 1932.
La plantilla orquestal/coral para Gurrelieder es inmensa. La orquestación de la obra en cuestión es 4 flautines, 4 flautas, 3 oboes, 2 cornos ingleses, 5 clarinetes, 2 clarinetes bajos, 3 fagotes, 2 contrafagotes, 10 cornos, 6 trompetas, 1 trompeta baja, 7 trombones, 4 arpas, 6 timbales, celesta, percusión con platillos, campanillas, triángulo, tam-tam, bombo, xilofón, tamboril, redoblante, una desmesurada sección de cuerdas, más cinco voces solistas (soprano, mezzo, dos tenores y barítono), un recitante, tres coros masculinos (a cuatro voces) y un coro mixto (a 8 voces). Son 401 almas las que se necesitan para tocar esta pieza, si contamos al director.
Esa es la razón por la cual es tan raro ponerla en escena. En México la Orquesta Sinfónica de Jalapa la trajo hace veinte años. En el mundo es muy extraño encontrarla en los programas de conciertos. Tan extraño es que cuando se solicita la partitura a la editorial, los nietos son avisados para que puedan asistir a escuchar la obra del abuelo. Cada que Gurrelieder se incluye en un programa es un acontecimiento mundial. Los conocedores viajan de todas partes del mundo al lugar en el que se efectuará el concierto para tener la oportunidad de escuchar las maravillas de Schönberg.
Pues Gurrelieder estará en la Sala Nezahualcóyotl y yo cuento con la fortuna de tener boletos para mí y para mi familia. Nos los regaló el maestro Juan Arturo Brennan, quien tuvo la gentileza de explicarme todo esto que hoy leen. Me contó la historia del mal amor del Rey Valdemar, de eso van los cantos de Gurre, y sobretodo, me dibujó una sonrisa en el rostro. Me recordó que hay un México de clase mundial accesible a todos. Los boletos del concierto cuestan $300.00, es decir, menos de 20.00€.
Por eso digo que estamos a nivel de Austria y Alemania, en dónde hace tiempo no se escucha este oratorio. Ni París, ni Londres lo han hecho en fechas recientes. Por eso, por eso precisamente no me tiembla la mano al decir que hay un México de clase mundial accesible a quién se quiera acercar.
Dicen que la música tiene efectos curativos. Juan Arturo y su música me pusieron los lentes con los que me gusta ver a mi México. Me llenó los oídos y me dio una lección que va más allá de las notas musicales.

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