Certezas y esperanzas

Amanecemos con una noticia que se esperaba hace más de un mes: la pareja más buscada de México fue finalmente detenida. El alcalde Abarca y su esposa fueron aprendidos esta madrugada en la Ciudad de México. La atención está puesta en su declaración y en lo que su mujer tenga que decir. Desde luego, lo que todos queremos escuchar es precisamente lo que no queremos que nos digan. Necesitamos saber qué pasó con los estudiantes de Ayotzinapa, nos rehusamos a que nos confirmen una sentencia fatal.
Imagino a los padres de estos cuarenta y tres muchachos. Ya sabrán la verdad, la esperanza le dará paso a la certeza. Dicen que mata más un anhelo que no llega que una verdad terrible.
Por otro lado, Reforma reporta que uno de los líderes de la agrupación delictiva Guerreros Unidos confesó haber asesinado a los chicos y también indicó dónde dejaron sus restos. Hay que esperar. Hay que apelar a un poco de paciencia para enterarnos si es o no verdad su dicho. Por desgracia, la fatalidad no juega a favor. El Gobernador interino de Guerrero, el señor Ortega, insiste en que el tiene información de que los normalistas están vivos. ¡Ojalá!
La revista Proceso reporta que los padres de los muchachos desaparecidos recibieron por parte del exgobernador Aguirre la oferta de cien mil pesos si dejaban de buscar a sus hijos. ¿Eso vale un hijo de la nación? ¿Con cien mil pesos, menos de nueve mil euros, se borra la vida de un mexicano? ¿Qué Aguirre no tiene conciencia? Con razón andamos buscando a nuestros jóvenes en basureros.
Amanecemos con muchas novedades. Estamos pendientes de lo que los señores Abarca tienen que decir. Ellos sí saben. Ellos deben decirnos. Al igual que los padres, desde Estrasburgo hasta Ayotzinapa, desde Berlín hasta Iguala, desde Nueva York hasta Chilpancingo queremos respuestas. Nos urge saber: ¿Dónde están los normalistas?
Y, a estas alturas del partido, es cada vez más importante saber ¿por qué los mandaron desaparecer?
¡Pobres padres! Se acabarán los diálogos sin sentido, los informes imprecisos, las esperanzas y llegarán las certezas. A más de un mes en que se les ha llevado al límite, por fin, están a punto de saber.

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Se fue el Gobernador de Guerrero

Sí, no pudo más. La presión nacional, la indignación que se encendió en todo el mundo, la solidaridad con los jóvenes desaparecidos, la petición del Padre Solalinde pudieron más que la falta de sensibilidad del partido que lo llevó al poder y que la necedad de permanecer sentado en una silla que le quedó muy grande.
Se va el Gobernador Aguirre cuando parecía que apenas iba llegando. El tiempo que estuvo ahí no le sirvió para cumplir promesas de campaña, para responder ante desastres naturales, para enterarse de lo que sucedía en los municipios del estado que el voto ciudadano le encomendó.
¿Qué pasó con el Gobernador Aguirre? No se trata de desconocer la gravedad de los problemas que le tocó enfrentar, ni de desestimar los obstáculos que efectivamente encontró en el camino, pero no se vio a un hombre decidido a aprovechar su tiempo de mandato para hacer las cosas bien y dejar un estado mejor.
Como si no fuera suficiente con los destrozos que dejaron los berrinches de la naturaleza, la inseguridad, la falta de empleo y la inestabilidad económica de la región, ahora para aumentar el descontento hay muchachos desaparecidos. Es cierto que él no se los llevó, sin embargo, tampoco hizo mucho para recuperarlos.
Se le veía desbordado, desorientado pero con ganas de seguir en el cargo. No ofreció su renuncia, se la tuvieron que pedir en más de una ocasión. No estuvo a la altura de las circunstancias en ningún momento, ni antes, ni después, ni durante. Después de mucha presión, pidió licencia, con ganas de que no le aceptaran la petición, con deseos de seguir en la silla del Gobernador.
Pasará a la historia como el Gobernador que se fue por la puerta chica y con la mirada al suelo. Pero, eso no le sirve de consuelo a los padres, ni termina con la pesadilla, ni es ningún logro, la verdad sea dicha. Se libera un poco la presión política, pero para efectos prácticos, las cosas siguen igual.
No sabemos dónde están los muchachos ni por qué se los llevaron. Se fue el Gobernador de Guerrero, sólo eso sucedió. No hay nada que festejar.

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Las deudas de la izquierda mexicana

La izquierda en México le queda a deber a la sociedad. Parece una constante: justo cuando creemos que va a brillar, se opaca. Ya no nos parecen chistosas sus ocurrencias y las interpelaciones que se escuchaban en voz de Porfirio Muñoz Ledo, que tanto nos divirtieron, hoy suenan tan lejanas, tan ajenas. No nos gusta el desacato en el Congreso, nos molestan las tomas de tribuna y la mayoría pensamos que existen mejores formas de expresar desacuerdos e inconformidades.
Pero la izquierda en México se queda atisbando lo que pudo ser y no es. Me evoca la imagen de una pequeñita que se para de puntitas para ver lo que sucede al otro lado de la ventana, no tiene estatura para elevarse por sí misma. La evidencia de sus compromisos a medias, toman Reforma, molestan a la ciudadanía con campamentos abandonados en los que no hay quien esté al frente. Se anotan al clientelismo que tanto critican y forman alianzas que únicamente ellos entienden. No hay claridad de miras ni solidez en sus valores.
Tuvieron la oportunidad de oro de formar un camino amarillo entre el Distrito Federal y el Pacifico, una ruta turística en la que se desarrollara industria , se generara empleo y se dibujaran círculos virtuosos desde la Ciudad de México hasta Acapulco o Zihuatanejo. La perdieron. Los gobernadores de Guerrero y Morelos al igual que el Jefe de Gobierno pertenecen al mismo partido. En teoría hablan el mismo idioma y no hay impedimentos políticos que se interpusieran en tan buen afán. ¿Qué sucedió?
Guerrero vive momentos de angustiosa ingobernabilidad, el Gobernador Aguirre expone sin pudor su incompetencia y habla de las nulas capacidades que tiene para contrarrestar los efectos del crimen . El Gobernador de Morelos, estado de la eterna primavera, Graco Ramírez tiene indices delincuenciales sorprendentemente altos. Por los caminos del Sur da miedo andar. No se diga escarbar la tierra, todo el territorio se volvió una fosa clandestina. En vez de aprovechar los atributos de los rincones más bellos del mundo, los ensucian y los hacen peligrosos, ¿así cómo?¿A quién le van a echar la culpa los señores de la izquierda? No han dado evidencias de saber administrar el poder, han quedado muy por debajo de la expectativa. Sin embargo, hay gente que todavía les tiene fe, hay huestes fieles que no se han cansado de esperar a pesar de las evidencias . Gente de bien que todavía confía. A ellos es a los que la izquierda mexicana les debe más. ¿Cuándo pagarán con buenos resultados esa deuda ?

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Tristes y enojados

Era evidente. Las personas que marcharon por las calles de la Ciudad de México para reclamar con vida a los normalistas de Iguala se dividían en dos grupos, los que estaban tristes y los que estaban enojados. Era de esperarse encontrar los ánimos caldeados y sólo los más ingenios dejarían de ver que muchos oportunistas se colgarían de esta marcha para hacer fechorías. La mejor forma de predecir el futuro es volver la vista al pasado.
Lo sucedido al ingeniero Cárdenas y a Adolfo Gilly es inaceptable desde todo punto de vista. Hay mucho enojo en el ambiente y ofrecer disculpas no va a devolver a los chicos que siguen desaparecidos. El PRD debe dar respuestas serias, asumir responsabilidad y eso quiere decir, dejarse de tonterías, poner manos a la obra para arreglar el cochinero de candidatos y gente que pusieron en oficina para dirigir los destinos de una comunidad.
Ver las imágenes del ataque a Cuauhtémoc Cárdenas y a sus acompañantes, sus rostros que reflejaban confusión y pánico, me llevó a pensar en los chicos desaparecidos. En lo similar de la situación. Personas que eran atacadas en desigualdad de circunstancias. Unos armados, los otros no. Unos enardecidos, otros aterrorizados. Cárdenas llegó despeinado y descolocado a un vehículo que lo sacó de la zona de peligro. Gilly llevaba la cara cubierta de sangre, Salvador Nava iba con la cara pálida. Se leía preocupación y alivio de sentirse a salvo. La cosa pudo escalar y terminar en un desaguisado, en un martirio ocasionado por gente que marchaba para pedir respeto de derechos humanos. ¿Cómo se explica eso?
La combinación de enojo y tristeza da malos resultados. Entre la multitud el efecto Fuenteovejuna, en el que una gran bestialidad se diluye por la colectividad, tiene tentación de aparecer. Yo no fui, fuimos todos. Pero cada quien en lo individual arrojó piedras con la intención de lastimar. De dañar a un hombre que tiene más de ochenta años. Por fortuna, no pasó nada. Por desgracia siguen desaparecidos los estudiantes normalistas y lo peor es que siguen apareciendo fosas con cadáveres.
Es evidente que los mexicanos andamos tristes y enojados. No nos gusta ver a gobernadores rebasados, a presidentes mortificados, a chicos desaparecidos, a padres con los brazos vacíos. Eso nos entristece. Nos enojan las respuestas de quienes con honor debieran estar dando la cara.

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Tristes y enojados

Era evidente. Las personas que marcharon por las calles de la Ciudad de México para reclamar con vida a los normalistas de Iguala se dividían en dos grupos, los que estaban tristes y los que estaban enojados. Era de esperarse encontrar los ánimos caldeados y sólo los más ingenios dejarían de ver que muchos oportunistas se colgarían de esta marcha para hacer fechorías. La mejor forma de predecir el futuro es volver la vista al pasado.
Lo sucedido al ingeniero Cárdenas y a Adolfo Gilly es inaceptable desde todo punto de vista. Hay mucho enojo en el ambiente y ofrecer disculpas no va a devolver a los chicos que siguen desaparecidos. El PRD debe dar respuestas serias, asumir responsabilidad y eso quiere decir, dejarse de tonterías, poner manos a la obra para arreglar el cochinero de candidatos y gente que pusieron en oficina para dirigir los destinos de una comunidad.
Ver las imágenes del ataque a Cuauhtémoc Cárdenas y a sus acompañantes, sus rostros que reflejaban confusión y pánico, me llevó a pensar en los chicos desaparecidos. En lo similar de la situación. Personas que eran atacadas en desigualdad de circunstancias. Unos armados, los otros no. Unos enardecidos, otros aterrorizados. Cárdenas llegó despeinado y descolocado a un vehículo que lo sacó de la zona de peligro. Gilly llevaba la cara cubierta de sangre, Salvador Nava iba con la cara pálida. Se leía preocupación y alivio de sentirse a salvo. La cosa pudo escalar y terminar en un desaguisado, en un martirio ocasionado por gente que marchaba para pedir respeto de derechos humanos. ¿Cómo se explica eso?
La combinación de enojo y tristeza da malos resultados. Entre la multitud el efecto Fuenteovejuna, en el que una gran bestialidad se diluye por la colectividad, tiene tentación de aparecer. Yo no fui, fuimos todos. Pero cada quien en lo individual arrojó piedras con la intención de lastimar. De dañar a un hombre que tiene más de ochenta años. Por fortuna, no pasó nada. Por desgracia siguen desaparecidos los estudiantes normalistas y lo peor es que siguen apareciendo fosas con cadáveres.
Es evidente que los mexicanos andamos tristes y enojados. No nos gusta ver a gobernadores rebasados, a presidentes mortificados, a chicos desaparecidos, a padres con los brazos vacíos. Eso nos entristece. Nos enojan las respuestas de quienes con honor debieran estar dando la cara.

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Por convenencieros

Los partidos políticos en todo el mundo hacen movimientos arriesgados con tal de afianzar plazas o de no ceder territorios. Postulan candidatos que no son de su entera satisfacción pero se hacen los disimulados. Al son de ojos que no ven, corazón que no siente, anotan en sus listas a personajes a los que les dan apoyo, dinero, imagen y los lanzan en campaña. Más aún los llevan a la victoria y los sientan a gobernar ciertos territorios.
Los votantes, al ver el escudo de la organización, tachan la papeleta, unos creyendo en la afiliación política del candidato, otros porque les gusta el partido y otros porque les dieron algún incentivo. En la papeleta para emitir el voto aparece el nombre y símbolo de un partido político. La evidencia nos muestra que esas instituciones ni conocen bien a sus candidatos, los afilian por conveniencia, y dejan, tanto a los que votaron por su elegido como a los que no, a merced de delincuentes, de cuatreros o de sujetos de alta peligrosidad. Eso es así, si les creemos. Si efectivamente confiamos en que, de verdad, no sabían a quien estaban eligiendo. Lo mano es que ante la evidencia brota la desconfianza. ¿Y si sí sabían?
Que nadie se rasgue las vestiduras en el mundo político antes de mirarse al espejo. Todos tienen manchas y nadie está para lanzar la primera piedra. Apenas alguien abre la boca, ya le están sacando un video con personajes dudosos, una foto sonriente del brazo de un delincuente, una conversación con un mafioso. Una colección maravillosa de complicidades tejidas en torno a la conveniencis. Y mientras nuestros políticos caen en vergüenza y salen a disculparse, pero poquito, México se convierte en una narcofosa de terror. No es consuelo, pero así pasa en todas partes.
Muchos votantes también son convenencieros, cambian su voto por un refresco, por un permiso, por una chamba, en vez de hacerlo por el anhelo de una mejor propuesta o de un proyecto superior. Al igual que cuando estábamos en la escuela y nos íbamos con el que tenía la mejor torta en vez de irnos a jugar con el amiguito favorito, así se hace con los candidatos. Se cambia por conveniencia y, cono sucedía en la escuela, el niño de la torta resulta díscolo y no convida. Sin jugar y sin torta. Pero la política no es juego de niños y las consecuencias no es quedarse sin jugar.
Hay que ver la evidencia. ¿Quién se atreve a escarbar un hoyo sin miedo de lo que pueda encontrar en su pedazo de tierra? El niño que se quedó sin torta y sin jugar, se lamenta: eso me pasa por convenenciero. Miren la cara de los políticos hoy y verán. Casi, casi, si nos concentramos podremos verlos decir lo mismo.

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Jueves pozolero

Por fin es jueves y si estás en Acapulco eso quiere decir que llegó el día pozolero. La tradición marca que llegada la hora de la comida llego también el momento del banquete y el festín. Será le festival de sabores y texturas que se despliega en la mesa para seducir los sentidos del comensal.
Pero, ¡cuidado! El jueves pozolero sigue un rito especial, con pasos y etapas específicas que se deben respetar para disfrutar en serio.
Lo primero que hay que hacer para abrir el apetito y forjar al estómago es tomarse un amargo. El amargo es el mezcal de la región de Guerrero, un alcohol fuerte que sirve como liquido bautismal y umbral necesario para abrir puertas. En la etiqueta ceremonial se dice que después del primer trago, los espíritus propiciatorios arreglan el cuerpo para recibir lo que sigue. Por eso, mientras más largo sea el trago, mejor.
En seguida llegan las botanas, un desfile de antojitos guerrerenses de la mejor factura. Taquitos dorados, tamalitos de frijol, cazuelitas de carne deshebrada, chilitos jalapeños rellenos de atún, tostaditas de tinga, sopecitos, pedacitos de queso fresco y miles de delicias que han de ser en diminutivo. Es preciso que la probadita sea pequeña para alcanzar a comer de todo. El pozolero experimentado es prudente, no se avalanza sobre los primeros platos. Se sirve, pero poquito, para llegar a la meta habiendo saboreado todo.
Por fin llega el momento estelar. El rey de la tarde se abre camino y entra en escena. El plato humeante trae el manjar bien caliente. Puede ser rojo, blanco o verde. En gustos se rompen géneros. Hay quien prefiere las maravillas del rojo, o los atrevidos que eligen el verde y mezclan la carne de cerdo con sardinas. A mí me gusta el blanco. Los afeites son de mil colores, rojo de rábanos y chile piquín, verde del orégano y la lechuga, ocre de las tostadas.
Pero lo que más me gusta del jueves pozolero es el ambiente festivo que propicia. Las platicas animadas que hay en las mesas, las carcajadas y los chistes, el pretexto de la reunión y de la convivencia es lo que más me gusta del jueves pozolero.
Las mesas del jueves pozolero son muy divertidas. Hoy la compartimos con mi prima Pily, con su hija que es la prima consentida de mis hijas y con sus amigas de La Piedad. Entre las platicas se mezclan las anécdotas de mi familia, con nuestros recuerdos de infancia y con las experiencias que ellas acaban de vivir en la playa. Risas y risas, gestos, caras sorprendidas y sonrisas enormes. El pasado remoto, el reciente, el de hace una hora forman el milagro del presente perfecto.
Por fin es jueves pozolero y si estás en Acapulco eso quiere decir que llegó el día de la fascinación que propicia el compartir el pan y la sal.

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Distraídos

Por andar distraídos pasa lo que pasa. En esta era en la que nos enteramos de todo en tiempo real, en la que las cosas están sucediendo y ya lo sabemos, lo lógico sería que los problemas se resolvieran con la misma velocidad que nos enteramos de ellos y que los pendientes se solventarán rápido y bien. Sin embargo, no es así.
Hay tantos temas que ocupan nuestra mente, tantos foquitos de alerta encendidos en el tablero de control que no sabemos a qué ponerle atención. El doctor Mireles es acusado de homicidio y antes era aliado del Gobierno. Se dice traicionado por el representante del Presidente, pone cara de niño bueno y en una entrevista radiofónica nos enteramos que le gusta tener novias menores de edad y hay fotos del señor posando junto a un cadáver. Él se defiende y dice que no presume la cabeza del muerto, que está ayudando a un perito del Ministerio Público y sabrá Dios dónde está la verdad. Lo cierto es que el comisionado Alfredo Castillo ahorita es amigo de los autodefensas y al rato no. Michoacán tiene muchos signos de alerta, pero no es el único estado con problemas. En Tamaulipas hay ejecuciones a diario. En Tampico la gente de bien sale a las calles y se manifiesta. Exigen que se ponga un cerco a la inseguridad. Alrededor de doce mil personas vestidas de blanco salieron este fin de semana a la calle a decir ¡Basta ya! Están hartos de que la delincuencia crezca, los asesinatos, los robos y los actos delictivos se multipliquen y la autoridad no informe nada. En vez de eso tratan de tapar los hechos, de meterlos debajo del tapete.
El Estado de México, Guerrero, Veracruz, Puebla, Oaxaca, tienen problemas, sea con el magisterio sea con los sindicatos que toman las calles e impiden el desarrollo pacífico de las actividades diarias, sea porque sus gobernantes parece que viven dormidos.
El poder legislativo acuna proyectos de leyes secundarias que nos pueden cambiar el modo de vida y no nos queda claro quién será el beneficiado, pero sospechamos que los beneficios no serán para el grueso de la población.
Y, mientras nosotros volvemos la mirada a todos los asuntos nacionales y ocupamos nuestra atención en dar seguimiento a nuestra propia vida frente a los acontecimientos de la nación ¿qué hace la Asamblea Legislativa del D.F.? Se inventa un nuevo bono, cómo no. Setenta y cuatro mil pesos adicionales por cabeza se suman a los otros cien mil que nuestros industriosos asambleístas ya reciben.
Estos gentiles personajes son una carga pesada para el erario. Ahora son cincuenta y nueve millones de pesos anuales más pesados. Bueno, si acaso se llegan aprobar a este merecidísimo bono, premio a su maravillosa actividad legislativa. ¡Faltaba más!

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Mi Acapulco se pone de pie.

Amanece y el azul profundo del mar se mezcla con el rosa algodonado de las nubes en el cielo. En el cielo. Sí. En el cielo. Las montañas, los edificios y las palmeras se reflejan en el agua. Recién se apagaron las luces de las farolas que iluminan la ciudad. Una brisa mañanera abraza y despeina las copas de los tabachines y de los cocoteros. Si se observa con cuidado es posible ver la sonrisa del puerto. Las chachalacas salen de sus nidos, una formación de pelícanos atraviesan de un lado al otro la bahía y el ratatatá de la lancha de pescadores llama la atención de las gaviotas hambrientas que salen disparadas detrás de ella. La mar en calma es un espejo tan grande en el que cabe todo lo que alcanzo a ver desde mi ventana.
Muchos se pierden este espectáculo, están dormidos después de la fiesta de anoche. Salieron a cenar, se fueron a bailar y se quedaron hasta minutos antes de que rompiera la noche. Tal cómo antes, así cómo siempre. Acapulco se pone de pie. La ocupación fue casi al cien por ciento. Los hoteleros, lo a restauranteros, los comerciantes están felices, la belleza del lugar saca una vez más la casta y se sitúa en el corazón de sus visitantes.
La zona turística está sumamente vigilada. Hay guardias por todos lados. Desde policía municipal, estatal, federal hasta marinos. También hay uniformados de Asuntos Internos que preguntan a todo el mundo si están bien y si se saben el teléfono de emergencia, por cualquier cosa. La gente se ve contenta y relajada. Se asolean en las playas, caminan por sus plazas, comen en restaurantes, salen a los bares y a bailar. Hay tráfico en el Boulevard de las Naciones, en la Avenida Escénica y en la Costera Miguel Alemán, es decir, el movimiento abarca desde la Zona Diamante hasta la Zona Dorada. Desde Caleta hasta Barra Vieja hay gente feliz paseándose por el puerto. Son buenas noticias.
Mientras llegue gente a la zona turística, Acapulco se recuperará más rápido. Es cierto, la franja más cercana a la playa está tan hermosa como siempre, lista para seguir recibiendo a los eternos amantes del sol y la arena. También es cierto que en las colonias al interior las cosas no están tan recuperadas y que siguen pasando cosas. Cosas feas.
Los que amamos Acapulco nos sentimos felices de ver la ocupación tan alta, de saber que está llenísimo. Ni siquiera nos quejamos del tráfico que no te deja avanzar, ni de los bocinazos de la gente que quiere llegar a dónde sea, ni de que hay que hacer reservación en todos lados para que te reciban, ni de las colas interminables para entrar o salir del puerto. Al contrario, sonreímos y miramos al cielo para dar gracias a Dios.
Pedimos por la recuperación de Acapulco y poco a poco en milagro nos está siendo concedido. Por lo pronto las visitas ya encontraron la casa tan hermosos como siempre, ahora falta arreglarlo en lo profundo. Acapulco se está poniendo de pie y eso son buenas noticias. Me gusta esté tono acapulqueño, este azul,profundo que se mezcla con el rosa, este contraste que es parte de la belleza inevitable de este paraíso terrenal.

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El nivel del agua

Pasan dos cosas al mismo tiempo, baja el agua y se muestran las heridas. Sin duda, no se puede culpar a nadie de la furia de la naturaleza. Fue mala suerte que Ingrid y Manuel llegaran al mismo tiempo a territorio nacional para nublar y mojar más del ochenta por ciento del país. Ni hablar. Sin embargo, al bajar el nivel del agua también se debe hacer un análisis de los daños. ¿Cuáles se pudieron evitar? ¿Cuáles fueron provocados por negligencia? ¿Cuáles por corrupción?
Sin duda la negligencia fue no avisar sobre la potencia de los meteoros que entraban a México por ambos lados. Dice David Korenfeld, titular de la Comisión Nacional del Agua que la dependencia a su cargo lanzó un comunicado para alertar sobre las condiciones meteorológicas para el fin de semana. Me imagino que el comunicado fue muy discreto. En Acapulco nadie le adviritió a nadie de lo que estaba por ocurrir. La negligencia obligó a incurrir en gastos y a destinar recursos que hacían mas falta en otro lado. Para sacar a los cincuenta mil turistas varados en el puerto hubo necesidad de ampliar la frecuencia de vuelos comerciales y mandar vuelos con aeronaves de la marina y las fuerzas armadas. Dicen que las lineas aéreas dieron espacios gratis, yo no se de nadie que haya aprovechado un lugar en un avión de línea sin haber pagado un clavo. Fue al revés, la gente tuvo que pagar un sobre precio para salir de Acapulco. Sin embargo, a pesar de las horas haciendo filas, de los circos ya espectáculos que dio la gente bien que estuvo en el Foro Imperial, ellos fueron los menos afectados. Lo triste es que todos los esfuerzos y recursos que se invirtieron por sacar a tanto angustiado, se pudieron haber canalizado mejor si se hubiera hecho una alerta enérgica y una advertencia contundente de lo que estaba por venir. Mientras en Acapulco había llanto y desesperación por salir del puerto, en las comunidades de Atoyac, Tecpan, en la Costa Grande, en la Chica, el hambre y la muerte se hacían presentes.
Los daños por corrupción son los que más indignan, y que por desgracia, fueron los que más lastimaron. La devastación y las vidas de las personas que fueron arrastradas por la corriente tienen su origen en la tranza y el cochupo. Viviendas construidas en humedales, en cuencas y pasos de arroyos y ríos. El agua tiene memoria y reclama sus espacios. No. Muchas de las heridas no fueron provocadas por la mala suerte, ni por la conjunción de Ingrid y Manuel. Fue la catástrofe que se gestó cuando alguien construyó donde no debía. La desgracia se acunó con las manos manchadas por la corrupción.
Veo al gobernador Ángel Aguirre caminado con el agua hasta el pecho en la comunidad de Tixtla. En realidad trae el agua hasta el cuello. Al dejar de llover, al volver los ríos y lagunas a sus cauces cotidianos, se ven los niveles de maldad causados por la falta de probidad. El soborno aceptado, la mordida ofrecida, el asalto, el engaño, las estampas del abuso más vil que le arranca al ser humano el don más preciado que tiene: la vida.
Al bajar el nivel del agua se verán las marcas de humedad, se contarán los daños, se informará sobre el número de muertos. Las cifras no corresponderán con la realidad que supera cualquier ficción. ¿Pero, cuándo se hará el recuento de lo mal hecho? ¿Quién responderá por la negligencia? ¿Quién por la corrupción?
Hay responsables. Unos por omisión, otros por obra. Unos pensaron que sus trampas ya habían quedado borradas por el paso del tiempo, pero al bajar el nivel del agua, quedaron expuestas.

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