Homilia de la misa de Gallo

En la homilia de la misa de Gallo, el Santo Padre nos llama a la reflexión sobre la gratuidad del regalo que recibimos cada Navidad. Cita a San Pablo, Ha aparecido la Gracia de Dios qie trae la salvación a los hombres (Tt2,11). El reflejo de la noche santa, en medio de la nochebuena viene a nosotros el niño que nace en el pesebre para recordarnos que se cumplió l apro esa del amor entre nosotros. 

Se abren las puertas del cielo y los ángeles vienen en tropel a manifestar la gloria que se manifesró en Belén y que puede, si queremos, beotar del tronco de nuestros corazones. Por eso la Navidad es una noche de alegría. Lo mismo si estuvimos en una fiesta multitudinaria, en una cena íntima, solos en nuestro cuarto, en cualquier lugar del mundo podemos recibir ese regalo, basta que abramos el espíritu y lo dejemos entrar. 

Dios con nosotros es concreto, es una compañía real, no orbita en los circuitos celestiales, ni nos observa desde las alturas,no está  sentado en una nube, está aquí en nuestras vidas, cumpliendo la profecía de Isaías para caminar a nuestro lado, cuidar nuesteos pasos y acompañarnos. El pesebre significa eso, un niño que vino a estar con nosotros, un bebé que desde la ternura de un recién nacido tiene el poder que germina en esperanza.

Déjemonos interpelar por el Niño del Pesebre, dice el Papa Frencisco. El misterio de la Navidad es luz y alegría, pero debemos tener la voluntad de abrir los brazos y levantar al niño. El no llegará volando a nosotros, somos cada uno los que tenemos que inclinarnos y abrazarlo para dejarnos tocar por su ternura. En ese acto de ternura se engendra la esperanza que ilumina las tinieblas, que nos da vida, que nos trae paz y fortaleza a nuestros corazones.

En la homilia de la misa de gallo, el Papa Francisco nos llama a dejar de ser comodinos, Dios viene pero para que llegue a cada uno, tenemos que hacer los nuestro y dejarlo entrar. Hay que abrir los brazos, la mente, el corazón y el espíritu. Con el alma les deseo que esa sea la Feliz Navidad que todos tengamos.


 

El insondable misterio de la familia

Definir lo que es la base de la sociedad debería ser algo sencillo, no lo es. Hoy es más complicado que nunca. Hemos logrado complicar lo que es tan elemental como asomarnos a ver lo que sucede todos los días, hemos optado por alejarnos de la realidad y meternos en un laberinto. Entre los códigos civiles, los usos y costumbres, la palabra sagrada, el juicio público, resulta demasiado dificil encontrar consensos. La familia, nos guste o no, se ha transformado, pero sigue siendo el cimiento sobre el que se construye comunidad.

El grupo tradicional que era fundado por la unión de un hombre y una mujer, hace rato dejó  de ser el común denominador. Incluso antes de que se hablara abiertamente de preferencias sexuales diversas, el mundo ya había visto un modelo familiar cuya morfología no dependía de la estructura de padre y madre. Las mujeres que se quedaron viudas por las innumerables guerras del siglo pasado, salieron adelante jugando el papel proveedor y cuidadoso, eran papá y mamá. Pero, hoy hay muchas madres solteras que luchan por los hijos que un padre irresponsable dejó en el camino. Tambien hay las que vieron partir a sus maridos a tierras extranjeras para buscar un mejor destino. Los divorcios, los matrimonios de segundas nupcias. 

Desde luego, también están los hombres viudos que salen al frente y ven por su familia sin una figura femenina. Los abuelos que se hacen cargo de los nietos mientras padre y madre salen a trabajar, las nanas que cuidan a hijos ajenos mientras los propios están en manos de alguien más, las tías que están al pendiente de los sobrinos, los hermanos mayores que vigilan a los hermanos, en fin. Y, claro, la idea de parejas que cohabitan siendo del mismo genero.

Las discusiones que he oído ultimamente, tienen que ver más con el juicio que con el análisis. Las diferencias sufren del rigor y en vez de pasarlas por el tamiz de la razón, reciben condena. Me parece que no debiera ser así. Escudarse en la palabra de Dios, me resulta cobarde si cada quien va a adoptar una postura penalizadora. Radicalizar las posiciones no lleva a buen puerto.

La familia es el espacio en el que nos sentimos queridos, apoyados, respaldados, el el sitio al que volvemos cuando estamos cansados, en el que encontramos consuelo y donde podemos bajar las armas. Es el grupo a quien amamos y nos ama y por el que estamos dispuestos a darlo todo sin reservas. Los lazos consanguineos a veces no significan nada, Caín y Abel lo ejemplifican, a veces lo son todo. Padres que abusan, madres que abandonan, hermanos que traicionan son el pan de cada día, como lo son las abuelas cariñosas, los tíos cuidadosos, las vecinas que están al pendiente.

¿Qué es familia? Es un misterio que hemos hecho insondable. El Ser Humano complica lo sencillo. Muchos de los que levantan el dedo juzgón tienen cola que les pisen. Gran parte de los que gritan en contra de los matrimonios igualitarios han protegido a abusadores y a malvivientes. No es raro que quienes abrazan el juicio vayan de la mano del odio. El odio si es contranatura. Por eso, a mí me gusta pensar en el amor como la mejor alternativa. Más análisis y menos juicio. Más amor y menos condena.

Me gusta pensar en la figura de Cristo preguntando a la adúltera dónde estaban aquellos que la condenaban. Me imagino a todos estos que se abrazan de las imagenes, arrugando la nariz al ver a Jesús comiendo con prostitutas o conviviendo con tribunos. Me gusta la imagen de Francisco abriendo las puertas de la Iglesia y cuestiono la desobediencia de quienes lo contradicen. ¿Quién es el que tiene las llaves? ¿Quién es el sucesor de Pedro? 

En el Año de la Misericordia, los católicos deberiamos estar abriendo los brazos en vez de estar apretando los dientes. Los príncipes de la Igesia deberían recordar que, como lo dijo el Papa, son pastores. Desde sus castillos de alabastro no van a entender lo que sucede a nivel del piso. Me parece que el insondable misterio de la familia se resuelve con amor. 

¿Qué pasó en Cuba?

Con el entusiasmo que genera la visita del papa Francisco, hemos dicho que antes de llegar a México hizo una escala en Cuba, como si se tratara de  una pausa para descansar. No fue asi. Menuda escala, se detuvo en la isla para reunirse con el patriarca de las iglesias rusas ortodoxas. Una reunion que tardó casi mil años en sucederse, después que las hermanas más parecidas de las religiones cristiana, se hubieran separado.

En tiempos en que las diferencias dividen y que muchos quieren elevar muros para evitar que los otros pasen, Francisco y Cirilo abren los brazos y tienden puentes. Redactaron un acuerdo con treinta puntos que pronto tendremos tiempo de leer, analizar y entender. Las diferencias entre los ortodoxos y los católicos tienen que ver con la figura de María, con la idea del Purgatorio y del Primado. Por lo demás, creemos en lo mismo. Las dferencias no son mínimas, pero, al parecer, ambos jerarcas piensan que no son tan hondas que sean insalvables.

Desde la visión católica, Francisco busca reconciliación y hacer fuerza entre los que creemos en Cristo. Desde el punto de vista de Cirilo es la oportunidad de abrazar a los que escencialmente creemos en lo mismo. No es un tema menor lo que sucedía en Cuba, una isla en la que el régimen comunista y eminentemente ateo, reune una grey separada por la Historia. Reunir a ambos jerarcas y unirlos es un signo de esperanza en términos religiosos. Es curioso que esta reunion haya sido en ese lugar. Muchos le quieren dar lecturas simbólicas, es posible que se allá dado ahí por una conveniencia de tiempos y movimientos. Quién sabe. Raúl Castro se lleva el reflector y las palmas como el operador que posibilitó el encuentro.

No es una pausa a un viaje trasatlántico, es un punto histórico en el que dos obispos conjuntaron sus agendas. Me gusta la sobriedad de esa reunión. Sin cánticos melosos y cursis, sin chispazos mediaticos que nos lleva a reflexiones barateras. No hay golpes mediáticos, ni tantos flashes, sino sencillez y simplicidad. Quiero ver esos puntos de encuentro y entender cómo, tal vez, lo que hace muchos años separó el hombre, hoy lo pueda juntar Dios.

  

¿Resistencia contra el Papa Francisco?

Vaya, vaya. No será la primera vez que un dignatario encuentra resistencias ni será Francisco el primer Pontífice al que se le quiera dar un golpe de estado. Aunque parezca lo contrario, en la Iglesia hay intereses y muchos están dispuestos a defenderlos. Eso, al Santo Padre no debe sorprenderle y me imagino que tampoco debe de intimidarlo.

El Sínodo de la Familia y lo que de esta reunión consultiva resulte es un tema muy esperado por la grey católica. Muchos, como yo, que profesamos esta fe, deseamos que haya compasión, amor y comprensión. Esparamos que la directriz rectora sea inclusiva y de consuelo a los que se han sentido separados y rechazados por una institución a la que hemos llamado Madre. Una madre extiende brazos, no expulsa a sus hijos.

Una buena madre acoge. Sí, también guía, regaña, asienta valores, pero al final abraza y enjuga lágrimas. Una mala madre rechaza, señala, se escandaliza y avienta a sus hijos a las calles de la desesperación, no le interesa la tristeza de los suyos y se sienta en la tranquilidad de su hogar a juzgar y a contemplar lo buena y santa que es. 

Una peor madre, se apretrecha en su necedad, saca provecho de sus juicios y mientras sus hijitos amados sufren, ella mira a otro lado y contempla los lujos de su casa, consulta la hora y admira sus joyas, se rodea de otros hijos que la aplauden mientras ella cultiva su ego. Tambien hay de esas madres, que pueden andar de fiestas mientras Lázaro recoge los mendrugos que caen de sus mesas. Abrazan a sus consentidos y se olvidan de los que le resultan molestos.

Divorciados, homosexuales, parejas que se dieron una segunda oportunidad y hoy funcionan bien, gente de bien que quiere mirar al cielo, que se identifica con la Cruz y quiere acogerse a ella, encuentran sotanas que quieren impedir un encuentro con el Altisimo. ¿Por? Como nuevos fariseos se preocupan más  en juzgar que en ser pastores, en lanzar la primera piedra que en prestar oídos.

Lo bueno es que el Vaticano no es una democracia y que el Sínodo no es un parlamento. Lo mejor es que todos esos que ya traen la piedra en la mano pueden ser silenciados con un golpe de autoridad. El que trae las llaves de Pedro se llama Francisco y viene en serio a reformar la Iglesia. Lo que él ate, quedará atado en el cielo y lo que él desate quedará desatado, eso dijo el Buen Pastor en el que creemos los católicos. ¿Será que esos que oponen resistencia no creen en la bondad de Cristo?

Muchos que traen colgando un crucifijo ya olvidaron al crucificado. Deseo que Francisco pueda elevar la voz en favor de todos los que esperan con gozo el resultado de esre Sínodo. Ojalá que los que tienen ganas de empezar con las pedradas, se vaya  avergonzados y sea este Papa quien acoja a tantos que buscan consuelo en una Santa Madre Iglesia.

  

Francisco en México

Una de las grandes ventajas de manifestarme abiertamente católica es que hoy puedo decir sin tapujos y sin que medie algún tipo de pudor o sin motivo de sonrojo que a mí me da mucho gusto que venga el Papa Francisco a México. 

Me da ese gusto sencillo, hasta inocente, que siente cualquier fiel. Como cualquier oveja que distingue el báculo del pastor y se alegra, así yo. Me entusiasma la figura y lo que representa. Me causa entusiasmo que desde la sede de Pedro se vuelva la vista a uno de los países en donde el catolicismo se ha anidado con mayor fervor. También, recibo con interés la noticia y espero escuchar los discursos inteligentes de un hombre que lleva un mensaje de paz. En México se necesitan palabras de paz. 

Lo curioso es como, desde los primeros momentos en que se supo la noticia, ya traían al santo padre en volantines. Que si yo le quiero dar tribuna, que si no te toca a ti, me toca a mí… Sin importar los colores, ya cualquiera aprovecha el vuelo y quiere aparecer en el reflector. Muy bonito, muy bonito. ¿Y la laicidad del Estado? Se me olvida que aquí, si Nietzche hubiera sido político mexicano, también hubiera querido apartar su asiento junto al Papa desde el primer minuto en que conociera la noticia. ¡Faltaba más!

Digo que me da un gusto sencillo y llano, así de esos que dan porque sí. Pero también espero que el Papa venga a hacer lo que sus antecesores no hicieron. Me gustaría ver al Santo Padre en una audiencia con las victimas de abuso y pederastia. Me encantaría que fuera una reunión de escucha y consuelo, alejada de medios, flashes, de miedos y consignas.

Si la iglesia es madre y una madre brinda aliento, en ese rubro ha hecho falta cuidado, compromiso y atención. Por eso, además de esa alegría infantil que me da saber que Francisco vendrá a México, también te go jna gran esperanza en ello.

  

San Francisco de Asis

Hoy se conmemoran las fiestas de San Francisco de Asis, nacido a la tierra el tres de octubre y recibido en la luz de Dios el cuatro. Este gran santo para los católicos es admirado por propios y extraños por esa valentía que se necesita para dejar atrás la riqueza y darle la cara a la humildad.

El Poverello, como se le conoce, tuvo una vida sobria, no una vida pobre. En la pobreza hay carencias aue lastiman, en la sobriedad existe la decisión de adaptarse a las circunstancias, a vivir feliz con lo necesario, a agradecer por lo que se tiene y a encontrar a Dios a cada paso.

Es importante recordar al Grande de Asis a pesar de que han pasado tantos años en que el santo fue llamado a reformar la Iglesia. No eran tiempos sencillos, todo lo contrario. El exceso se había apoderado del Vaticano. La sede papal estaba ocupada por Alejandro II, es decir, por Rodigo Borgia. La frivolidad, las ambiciones  y los intereses de la máxima potestad católica se encontraban lejos del pésebre de Belen, de la carpintería de Nazareth y del madero del Calvario. Tal vez ni recordarán su significado.

Pero llegó un hombre que decidió dejar la comodidad de su origen y ser sobrio. Ni Rodrigo Borgia fue ajeno a la propuesta de Francisco de Asis. Un hombre con un hábito muy sencillo, de figura delgada y mirada penetrante logró deshacer el corazón de hielo de un Pontífice poderoso. A imagen y semejanza de Cristo, vivió y se ganó la admiración papal. Tanto así que  le solicitaba consejo y lo llamó en el lecho de muerte.  

La sencillez de Francisco impacta al visitante que va a la ciudad amurallada de Asis. La sobriedad de su tumba pone de rodillas al más indiferente. Lo sigue haciendo. Por eso, en un mundo tan parecido al que vivió en santo, es preciso conmemorar su vida, su ejemplo. Hoy, el consumismo acelerado, la obsolescencia programada, la cotidianidad basada en el reflejo de una pantalla, el imperio de lo virtual por sobre lo real, tiene al mundo con un gran vacío. 

En la pobreza hay carencias que lastiman, en el exceso también. La principal es la falta de agradecimiento. En la superabundancia se genera el desperdicio, la indolencia y se abre un hueco que crece rapidamente sin que las cosas materiales lo pueda llenar. En el grado máximo de demasía, nace la soberbia y germina la idiotez. San Francisco de Asis lo supo y de ese entendimiento brotó su grandeza. 

En la fórmula Hazme un intrumento de tu paz, está la clave de la filosofa franciscana. Buscar amar en vez de ser amado, consolar en vez de ser consolado, perdonar para ser perdonado, morir para volver a nacer. La sobriedad puede resultar dificil pero es sencilla y empieza en pequeños pasos. Si necesito uno, no tomo ni dos ni tres, sólo uno. Ese uno, lo cuido, lo respero, lo uso, no lo atesoro, no me aferro, me desprendo, lo agradezco. Elevo la mirada al cielo y doy gracias. 

Así vivió Francisco, así predicó su fe. No en vano ha sido inspiración de dos papas tan distintos. No en vano, al acercarse al gran santo, los corazones se siguen conmoviendo.

  

¿Qué es lo que está pasando en el Vaticano?

Ayer por la noche le pregunté al concierge del hotel a qué hora estaría bien llegar al Vaticano para entrar a la Basílica de San Pedro. El hombre, un romano de sesenta años, más o menos, arrugó la boca suspiró y contestó lo que seguro le dijo a varios otros turístas, a las siete de la mañana. No, no. No quiero entrar a los Museos Vaticanos, quiero ir sólo a la Basílica. Siete de la mañana, señora, si no quiere hacer una cola de varias horas.

Me retiré del mostrador con la certeza de que el hombre ni me había entendido, ni me había querido entender. De todos modos, nos levantamos temprano, desayunamos a toda prisa y a las nueve de la mañana estábamos frente a la Columnata de Bernini. ¡Santa María! ¿Qué está pasando en el Vaticano? Efectivamente, la cola traspasaba la frontera del Estado que se anida en Roma. Pregunté al policía y me dijo que el tiempo estimado para entrar era de tres horas y media, tal vez cuatro. El corazón se me hizo pasa y el estómago un nudo. 

Por supuesto, de inmediato, un argentino se acercó y me dijo que por módicos cien euros podíamos unirnos a un tour para visitar los Museos, la Capilla Sixtina y al final entrar a San Pedro. ¡Dios mio! Si quieres llegar a pasar, sin insolaciones y quemaduras solares de tercer grado, hay que pagar. Aclaro, el que quiera entrar sin pagar, puede. Claro, todo tiene un precio. El fast track cien euros, lo otro, horas y horas bajo el rayo del sol. Hablar de las multitudes que encontramos en los pasillos de los edificios está demás. Ni el Louvre, ni Versalles, ni La Sagrada Familia, ni nada se compara con el apetito que está generando el Vaticano entre la gente del mundo. Si para entrar a San Pedro la cola era larga, para hacerlo a los museos era eterna. Imposibe decir dónde había más gente.

¿Qué pasa?, le pregunté al guía. Es el Papa Francisco, desde que inicio su pontificado esto es así y todos los días son temporada alta aquí. Esta cola se ve en junio como en enero, con calor o lloviendo, en invierno y en verano. La Plaza de San Pedro y sus alrededores están atiborradas de personas que quieren entrar. Nunca vi una cosa igual. Asistí a misa con Juan Pablo II aquí en San Pedro, a una audiencia de los miércoles en la explanada y ni entonces había estas multitudes. Recién elegido Benedicto XVI, la monjita que estaba a cargo de la tiendita de souvenirs me dijo, el Vaticano se siente muy solo, había poquísima gente. Hoy está abarrotado.

Quisiera saber qué mueve a toda esta gente a venir. Ciertamente no es únicamnte fe pero tampoco es cultura. La gente que está en los museos es mucha pero es más la que entra a San Pedro. Los lugares de oración, frente a la Capilla de San Esteban, donde está Juan Pablo II y frente a la capilla de San Jerónimo, donde están los restos de Juan XXIII, tienen fieles que hacen oración, pero no son la mayoría. El ábside, reservado a la oración tiene gente, pero no tanta. Tampoco es el espacio de las selfies por antonomasia, ¿entonces? 

Es curioso, el guía sonríe al ver mi cara. Es el fenómeno de Francisco, te lo juro. Ya de regreso, en el taxi, el chofer nos cuenta que fue integrante del coro de la Capilla Sixtina. Me confirma las palabras del guía. También me dice que algo parecido sucedió con el Papa Bueno, Juan XXIII atraía multitdes, tal como lo hizo Juan Pablo II, especialmente en los primeros años de su pontificado. Sí, puede ser y puede que no lo sea. Lo que sí pude confirmar hoy es que algo diferente pasa en el Vaticano que está atrayendo multitudes, quisiera saber qué es.

La paz siempre es posible

Empezar el 2015 reflexionando sobre la paz es una forma de empezar con el pie derecho. La paz ha sido un tema tan sobado que ha perdido forma en el imaginario colectivo. Es un bien anhelado, pero no sabemos dónde está, quién la escondió ni cómo recuperarla. Pedimos algo que no logramos definir.
Y, a pesar de todo, la paz siempre es posible.
Pero para darle paso, es necesario hablar en concreto y con objetivos en corto. Pensar en la Paz es más sencillo si el sujeto está en primera persona y en la sala de mi casa que si lo conjugo en plural y me refiero a Palestina e Israel.
Golda Meyer, primera ministro de aquel naciente estado de Israel dijo que la Paz se lograría el día que amaramos tanto a nuestros hijos como para olvidar los rencores que habitan el corazón. Parece que la respuesta se encuentra alojada en lo profundo de nuestro ser.
Para alcanzar la paz, hay que ordenar el alma. Concentrarnos en limpiar el espíritu, sacar los pensamientos de destrucción y evitar el odio. Para ello es necesario estar atentos a lo que tenemos en el corazón, a lo que le damos espacio para convivir con nosotros y que nos sirve de compañía.
La tradición budista nos pide vaciar la existencia de maldad para darle paso a lo que es bueno y verdadero. Sí no le hacemos espacio, no hay forma de que la belleza, la bondad, la concordia entren.
El Papa Francisco nos invita a pensar el la Paz y nos dice que su raíz se encuentra en la oración. Ya en Navidad nos invitó a retomar la amistad con Dios, a procurarlo y hablar con él varias veces durante el día.
Empezar el año con palabras de esperanza, entender que lo bueno tiene espacio en nuestro destino, que los caminos nos llevan a la posibilidad de la Paz, es una buena noticia. Empezar el año de la mano del mejor amigo es una buena idea.
Paz y bien, era el saludo de Francisco de Asís y el Pontífice que lleva su nombre lo retoma y lo hace suyo en el mensaje que nos envía a los católicos del mundo. Pero la Paz no tiene credo, ni color, ni preferencia.
Que la Paz sea entre nosotros y venga acompañada de salud y prosperidad este 2015.
Abramos las puertas de nuestro corazón, para que salga la fealdad, entre la belleza y la luz habite entre nosotros.

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El Papa Francisco acepta visitar México

El Papa Francisco aceptó la invitación para visitar México que le hizo el Presidente Enrique Peña Nieto. Eso es un motivo de alegría para la grey católica mexicana que todavía representa una gran parte de la población. Pero los católicos debemos estar de plácemes porque ésta es la oportunidad de que el líder de los católicos se reúna con las víctimas de abusos sufridos por malos pastores que excedieron su investidura y disfrazados de corderos ocultaron su piel de lobos y mordieron a tantos inocentes.
Una fracción de fieles a la fe católica estamos felices de ver que se abre la oportunidad que Benedicto XVI perdió para consolar a tantos que lloraron por culpa de los que debieron protegerlos. Que venga Francisco a hablar de esperanza, de perdón, sí, pero también de justicia para los que con su conducta le arrancaron la inocencia, la dignidad y la vida a tantos que hoy viven en una confusión terrible . Los que dijeron tener vocación de pastores eran víboras ponzoñosas que los hirieron de muerte.
Que venga Francisco a prestar oídos a tanta atrocidad, a tanta vejación, a toda esta tortura que dejó a muchos atrapados en el dolor, la ira y el sufrimiento, mientras los malditos seguían haciendo de las suyas y gozando de protecciones, prebendas y complicidades fétidas.
Que venga Francisco a limpiar la casa, a ordenar el chiquero y a poner las cosas en su lugar. Que repita las palabras de Jesús plasmadas por Mateo apartaos de mi, malditos que practican la iniquidad Mt7:23 y que repita las palabras del Salmo 6: Apartaos de mi los que hacen la iniquidad porque el Señor ha oído mi llanto. Muchos deberán de estar temblando ante esta idea, se pondrán la capa de terciopelo e intentarán cubrir de humo tanta maldad. Pero este Papa no es tonto y ha hecho muchas promesas, es tiempo de bajarlas del monte Vaticano y traerlas a la realidad.
Que Francisco venga a oír a las víctimas que no han sido escuchadas y a las que no se les ha pedido perdón. Esa esperanza guardo y por ello estoy feliz de que el Papa Francisco haya aceptado la invitación del Presidente Peña. Ojalá además se la invitación acepte el reto y haga lo que ha faltado hacer.

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Papas parecidos

Juan XXIII y Francisco son papas parecidos. La gente se empeña en señalar las semejanzas físicas que no son las más importantes. Las similitudes empiezan por la avanzada edad en el momento en que fueron elegidos como cabezas de la Iglesia Católica, ambos tenían setenta y siete años. Sin embargo, gracias a su vitalidad, a sus rostros sonrientes, a la creatividad en su gestión y a su gran capacidad para responder a los retos con gestos humanos, a ninguno de ambos se les notó la avanzada edad.
Ambos papas gustan de mantener un canal de comunicación cercano con los fieles, rompen el protocolo frecuentemente y se alejan de la rigidez de sus antecesores. Juan XXIII fue mucho más cálido que Pío XII y la sencillez de Francisco contrasta con el amor por el protocolo de Benedicto XVI. Hasta ahí, las comparaciones atestiguan estilos muy similares de conducirse como líderes y como pastores.
Ambos tienen una visión amorosa de Dios. Para ellos es de mayor importancia el lado misericordioso del Altísimo que el aspecto de un poderoso justiciero. Sitúan al Amor por encima de la justicia. Tienen la vista puesta en el cielo no en el infierno.
En diciembre de 1958, como uno de los primeros actos de su pontificado el papa visitó la cárcel de Regina Coeli. Ahí, para escándalo de muchos, el Sumo Pontífice, se comportó más que como un príncipe de la Iglesia, como el verdadero Vicario de Cristo: abrazó a un asesino cuando éste le preguntó sí había perdón para él.
Francisco tampoco ha dejado de sorprender. Desde que dejó Buenos Aires y fue elegido papa, vive fuera de los departamentos vaticanos, lejos del lujo y la rigidez protocolaria. No ha tenido empacho en levantar la mano contra obispos corruptos, en cesar a los que no llevan una vida evangélica, y no tiene miedo de la curia poderosa. Quiere poner la casa en orden. No le da la vuelta a temas tan espinosos como la exclusión de la comunión eucarística a los católicos divorciados y vueltos a casar o su opinión sobre los homosexuales.
El mayor parecido, sin embargo, es la circunstancia que les tocó vivir. Es esa vocación reformadora del cristianismo. Juan XXIII era consciente del gran consuelo que la Humanidad buscaba en la Iglesia. Los católicos no merecían una institución fuera de tiempo. Francisco parece compartir la visión que su antecesor tuvo hace más de cincuenta años.
Ambos papas sabían de la importancia de los tiempos. Se ha perdido tiempo. La Iglesia ha involucionado y ha desamparado a muchos de sus más pequeños, ha dejado de ver a los más pobres. No toda la Iglesia, eso es obvio. Sería una terrible falta a la justicia no reconocer el trabajo de los que sí se han comprometido con los más necesitados. Pero muchos de sus jerarcas se han dejado tentar y han caído al lado oscuro.
Francisco puede y da evidencias de que quiere retomar el rumbo señalado por el Papa Bueno. Sea en esta canonización que nuestro actual papa encuentre los bríos con los que Juan XXIII abordó con tanto acierto los retos de la historia. Quiera Dios que sean papas parecidos.

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