Los besos de Emmanuel Macron y la cordura de Merkel

No hay duda, el entusiasmo por besar a alguien más siempre ha estado presente en el ánimo humano. Pero, ¿besar a Trump? A la pobre Melania no le queda otra, pero esas efusiones cariñosas entre el presidente de Estados Unidos y Emmanuel Macron pasaron de la sorpresa, a la risa hasta llegar al dolor de estómago. La pregunta que todos nos hicimos fue ¿a qué viene tanto amor?

Los papeles se voltean y entre tanta simpatía advertimos que detrás hay una agenda que no alcanzamos a comprender. ¿Cómo? Y, por fin, sale el peine y Trump convertido en el vocero del líder francés anuncia la salida del acuerdo de paz con Irán de Estados Unidos y dice que va acompañado por Francia.

No quiero imaginarme la cara de Macron al enterarse de lo hecho por Trump. Sin duda, hay que cuidar las amistades. No hay que dejarse besar por cualquiera. Los conflictos están a las puertas de Europa y las ocurrencias de Trump cuestan más en territorio europeo que en el estadounidense. Y, en todo caso, que cada quien se haga responsable de sus palabras.

Merkel le viene a componer la nota a Macron, ¿Qué haríamos sin su cordura? El medio oriente es un avispero que no necesita la imprudencia de un troglodita agitando, a ver qué pasa. Alemania busca arreglar las cosas y evitar males mayores. Por fin, Macron declara que es necesario fortalecer la política exterior y buscar la paz.

Europa ya no puede confiar en Trump, ojala Theresa May escuchara con atención. Estos angloparlantes han servido para fortalecer la unión de Europa aunque no por las mejores razones. Merkel se encarga de componerle la nota a Macron. Hay que mirar al largo plazo. Fijar la vista al horizonte, en donde ya no estén sujetos tan ocurrentes como Trump y tan oportunistas como May.

Macron recibió la medalla Carlomagno para afirmar, con este símbolo, que su compromiso está con Europa y con el fortalecimiento del proyecto europeo, besos a parte y con la cordura de Merkel, que así sea.

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Mirar a los invisibles en París

París no es sólo glamour, luces y romance. El París que describe Víctor Hugo sigue existiendo. Entre el lujo, la belleza y la majestuosidad de la hermosura de la capital francesa hay una realidad alterna que, como el telón en un teatro, está ahí pero nadie la toma en cuenta. Hay pobreza, hay gente que duerme en la calle a cielo abierto y lo terrible es que no se cuenta con una cifra de cuántas personas viven en esa condición. Por eso, Anne Hidalgo, la alcaldesa de París, mas que prometer, se puso en acción.

Poner manos a la obra en un tema que muchos preferirían ignorar tiene un mérito enorme. Un político que se ensucia las manos para hacer lo que se debe, merece reconocimiento. Hacerlo de la forma en que lo hizo Hidalgo, me parece glorioso. La alcaldesa convocó a voluntarios para que la noche del jueves para amanecer viernes se contara a la gente que vive en situación de calle. La respuesta fue gloriosa, se necesitaban mil personas, acudieron más de mil trescientos.

«Ahora hay mucha gente en la calle y tenemos que partir de cifras reales (…) para poner los medios», dijo Hidalgo y se puso manos a la obra. Dejó de lado las promesas insulsas, dejó de lado el encono, la división y el oportunismo baratero que sólo genera odios y resentimiento. Se puso a trabajar e hizo uso de su mejor activo: los ciudadanos de París que se volcaron a las calles para ayudar a Hidalgo a hacer visibles a los que nadie ve.

La gente salió de sus casas y recorrió las calles entre la una y las tres de la madrugada para contar, para hacer un censo y ver de qué están hablando en términos de dimensiones y parámetros. Pero, también logró que los parisinos pusieran la mirada en un punto que no les debiera ser ciego.

Sí, en París, cerca de la Torre Eiffel, por las calles del Barrio Latino, en las cercanías de Champs Élysées, frente a los museos, hay gente que vive sin un techo y para entender su situación y la gravedad del problema el primer paso es verlos, saber cuántos son y después, pensar en soluciones.

Mirar a los invisibles de París me parece una forma ejecutiva de empezar a resolver un problema. Tomar al toro por los cuernos, ver y hacer en vez de negar y negar es hacer lo que le toca a un servidor público. Parece que por allá se están dando pasos correctos para dar solución, una respuesta humana a una realidad que no debiera ser, que no debiéramos ignorar.

Parece que no sólo los bebés vienen de París, también nos llega esperanza.

La visión de Charlie Hebdo 

Los kioskos de París ponen en sus vitrinas el ejemplar de la semana de Charlie Hebdo. Lo sabemos, no es una revista fina, no usa un lenguaje diplomático ni le gusta atenuar la realidad, en todo caso, la exagera. Usan el cartón político como un género de opinión y se escapan de todo cartabón teórico de reglas y preceptos. Si se tiene la piel delgada, mejor no acercarse a estas páginas. Enarbolados en la libertad de expresión, toman posiciones extremas y de repente se les pasa la mano. Sin embargo, retratan el sentir general y se atreven a poner en tinta lo que muchos no se atreven. 

Si el Presidente Trump se asomara a ver las viñetas de Charlie Hebdo vería una caricatura que lo retrata según lo ven muchos franceses. Visión que muchos otros comparten. Lo dibujan con una figura muy similar a la de un cerdo, un sujeto gordo que usa ropa que le deja expuesto el trasero, parte que se rasca constantemente. Lo plasman llegando tarde, minimizando la ceremonia del 14 de julio, sin saber que significa su presencia, haciendo comentarios fuera de lugar y sin darse cuenta que no se da cuenta, comiendo sin modales, diciendo estupideces, cometiendo incorrecciones con la esposa del anfitrión, en fin, siendo quien es.

A Macron lo dibujan como un Apolo o como un Eros que mira a su invitado con desprecio.  El cartón ocupa toda la plana de la página 2. En la portada la cara del Presidente Francés se representa con los dientes de fuera y los ojos abiertos mientras el estadounidense va con los ojos cerrados y cara de bulldog. Las caras de ambos se asientan sobre unas cuchillas que llevan los colores de Israel, el Estado Judío. Abajo, como aplastados, se ven caras de personas angustiadas que sistiene banderas francesas. Make 14 julliet great again. El que quiera entender, debe abrir los ojos. El mensaje deja la piel de gallina.

Charlie Hebdo no es una publicación complaciente, todo lo contrario. Parece que ellos ven a Macron como a un hombre serio y de Trump confirman lo que todos en el mundo alcanzamos a ver. El comentario editorial es fulminante, la profundidad de este señor se refleja en 140 caracteres, no da para mucho más. También lo plasman como un tarado muy peligroso.

Debo decir que, en general, Charlie Hebdo no es de mis publicaciones favoritas. Creo que hay temas que siempre se deben tratar con respeto y que ellos abordan en forma sumamente insolente y hasta desconsiderada. No obstante, el ejemplar de esta semana me causó gracia y despertó mi empatía. No se trata de una postura puritana —lejos de ellos— en la que se ve a los Estados Unidos como la encarnación de la antifrance, se trata de reflejar una figura que sólo los estadounidenses entienden qué hace ahí. 

Con Trump en París

En lo único que no pensé fue en la posibilidad de coincidir con Donald Trump en París. La Ciudad Luz se desquicia con semejante visitante. Desviaciones, guardias, ejército en las calles, alertas, antipatía, críticas, todo eso flota entre el ambiente. A los parisinos no les gusta la visita. A mí también se me saltan las tuercas. Entre el tráfico, los parisinos fuera de casa, los miles de turistas y la lluvia nocturna, el clima se nos desordena. 

París se siente extrañame te sola. Las colas interminables se acortan, podemos pasar a ver la Saint Chapelle rapidísimo, las colas al Museé D’Orsay son cortísimas, en L’Orangerie casi no hay gente. Es una delicia. Pero, claro que me da por aospechar. ¿Que pasa aquí? Si preguntas, la gente sonríe para ocultar los nervios.Los profesionales te dicen que todo está bien ¿será? Hay cierta desarmonía.

No hay nada que indique que hay algo raro, sólo la historia reciente. Por lo demás todo en su lugar, como debe de ser. Pero el tráfico se nota. Trump está en París y su presencia desquicia a todos. Macron lo ve con un dejo dedesprecio. Le dice que es el representante de un país amigo, pero le pone distancia. Podemos concluir que estamos de acuerdo en que no estamos de acuerdo.

Veo a loa dos mandatarios, uno parece un ganso que sonríe mientras la casa se le desmorona, el otro es un cisne educado que sabe poner las palabras adecuadas para sus ideas. Dice que la reunión que tuvieron se contrastará con una cena amigable en la Torre Eiffel, al buen entendedor, pocas palabras.

El ganso habla de su gansito, dice que sus reuniones con abogados rusos no tuvieron importancia. Aquí se burlan de el hombre que se cree tan poderoso y propios y extraños se aguantan la risa. Cenaron. Estarán juntos en la ceremonia del 14 de Julio. Melania tiene permanente cara de angustia mientras Mme. Macron sonríe  con serenidad. Hay electricidad en el ambiente.

El francés que se quiere parecer a todos los franceses

Con la promesa de inclusión como bandera, Emmanuel Macron entró al Eliseo para ser el presidente más joven de la V Republica francesa. En el discurso de transmisión de poderes, se dirigió a la gente para decir “los franceses han elegido la esperanza y el espíritu de conquista. El mundo y Europa necesitan hoy más que nunca de una Francia fuerte y segura de su destino, de una Francia que lleve en alto la voz de la solidaridad, que sepa inventar el futuro”, 

Con aire fresco y palabras de unión, en una ceremonia sencilla en la que Hollande le pasó la estafeta a su delfín, Macron insiste en la integración como fuente se soluciones, deja atrás las palabras odiosas de su adversaria y se olvida de causar miedo al diferente. Es más, se vale de la diversidad para sustentar su plan. Habló a los que se sienten olvidados y se comprometió con aquellos que no votaron por él.

Claro, los discursos inaugurales son muy optimistas siempre. Prometer no empobrece. Pero, el presidente frances está dando pasos que generan confianza.  Empieza a dar muestras de modernidad. En los detalles están los signos. Los invitados al banquete de festejos, recibieron como regalo una camara digital 360 grados. Tal vez, sea una pista de la forma en la que ve al mundo. Un gobireno tiene sus signos: Macron, un hombre que ha meditado sobre el país que dirigirá y la función que ocupará, sostiene que la democracia francesa está marcada por un vacío en su centro, una figura ausente: el rey. “Hemos intentado colmar este vacío, colocar otras figuras: son los momentos napoleónicos y gaullistas, especialmente”, dijo en una entrevista con la publicación Le 1, recogida en el libro Macron por Macron, veremos como se ven las cosas desde el despacho presidencial. El nuevo presidente cree que al normalizar el cargo —una normalización que con Hollande llegó a su paroxismo— se ha ahondado el vacío. “Lo que se espera de un presidente de la República es que ocupe esta función”. Y él empezará a hacerlo de inmediato. El lunes tendrá que formar gobierno, conformar su gabinete.

Su primer viaje de Estado será a Berlín, busca fortalecer la unión de Europa. El mundo mira a los dirigentes europeos y espera aue sean personas mesuradas y atinadas. Los estadounidenses deben sentirse algo envidiosos, Francia tiene un hombre joven, gentil, de visión amplia, con un vocabulario claro con palabras que dan certeza e ideas que alimentan esperanza. Este hombre, que mas que dividir quiere unir, que mas que marcar las desigualdades, quiere parecerse a todos los franceses. ¡Buena suerte! La idea es buena.

Paseo de los ingleses

Al pensar en El Paseo de los ingleses, imaginaba a Henri Matisse caminando con los pinceles en la mano planenado su siguiente pintura, moviendo los colores de lugar y colocándolos donde le parecían mas bonitos. Casi puedo ver a Chagall estudiando los reflejos del mar para entender los juegos de luz que más tarde  plasmaría en sus vitrales. Cada que pienso en Niza recuerdo el Mediterraneo, el casino, las vistas, los cafes y la memoria se llena de nombres queridos y eventos divertidos. 

Nunca vi al Paseo de los ingleses como un lugar peligroso al que debiera evitar para estar a salvo. Siempre fue la recomendación para quienes viajarían a la Costa Azul. Era el paso obligado para quienes llegaban en avión o en tren. Propios y ajenos se llenaban la vista con los bañistas al sol, con playa y cielo, con un ambiente refinado y a la vez relajado tan típico del sur de Francia.

Ni Matisse ni Chagall  ni Picasso ni Dalí ni nadie jamás se imaginaron ver el pavimento del Paseo de los ingleses pintado de rojo. En la conmemoración de la fiesta nacional, los franceses y sus visitas salieron a buscar los fuegos artificiales y a participar de los festejos. Azul, blanco y rojo eran los colores reinantes, ganó el último. La sangre quedó. Un hombre condujo un camión con el unico fin de arrollar a quien tuviera enfrente. Zigzagueó para atinar a la mayor cantidad de personas. Se llevó entre las ruedas a más de ochenta personas, no le interesó que sus víctimas también fueran niños. Menos le importó que en ello se le fuera la vida. Terminó muerto.

En medio de lo inexplicable, en el caos que se produce por una tragedia se piden respuestas que nadie puede dar. El ministro Valla dice que hay que acostumbrarse a vivir así, resulta complicado hacerse a la idea de estar sobre un varril de pólvora al que ya le encendieron la mecha. Los franceses le reclaman al Presidente Hollande, durante su mandato ha tenido que salir a dar ánimo a su gente, a tratar de explicar, de unificar. Los franceses están enfadados de tantos discursos.

La gente eleva la voz, quiere que sus autoridades den mejores respuestas, exigen resultados. No hay respuestas ni resultados. No hay palabras adecuadas. No hay forma. El enemigo no sólo es huidizo sino inmaterial. No lo entendemos. Estamos frente al choque de civilizaciones. Enfrentamos muertes y asesinatos.

El Paseo de los ingleses fue diseñado como un bulevar para caminar en paz. ¿Ya no será eso posible? Nos tendremos que conformar a ver esas imagenes de familias en la calle sólo en los cuadros que se pintaron antes. No. Espero que no.

Dios mío, qué te hemos hecho (la película)

Todavía es difícil ver cine de comedia en francés. La cartelera se llena de películas de acción, de dramas y de todo tipo de producciones, en la mayoría norteamericanas y las demás naciones tienen que luchar por un espacio para proyectar sus creaciones, incluso las nacionales. Las oportunidades para ver cine de otras partes del mundo son escasas, por eso, cuando veo que se exhibe algo diferente, de inmediato capta mi atención y trato de ir.

Ese fue el caso de Dios mio, qué te hemos hecho, una película de comedia francesa que sin ser cine de arte, sin grandes pretensiones, llegó a la pantalla para arrancar risas y regalarle oportunidades a las carcajadas. Hacía mucho tiempo que no me reía tanto en una forma tan blanca. Es una producción que se puede ver en  familia sin la preocupación de pasar vergüenzas,  se puede ver con hijos, con padres y es una excelente pieza para ver con la abuelita. No hay sexo explícito, no hay vulgaridad ni lenguaje soez para provocar el chiste. También es un reflejo de lo que sucede en Francia como resultado de la migración.

Claude y Marie Verneuil son un matrimonio francés muy tradicional, son católicos parácticantes  y padres de cuatro hijas, a las que han tratado de inculcar sus valores y costumbres. La película inicia con La fotografía del matrimonio de su hija mayor con un musulmán, seguida de la de su segunda hija con un judio y al de la tercera con un chino. Para la tercera fotografia el padre ya está descolocado y la madre va vestida de negro. Aunque el matrimonio trata de mantener una mente abierta, les resulta difícil lidiar con la convivencia y en el fondo, siguen depositando todos sus esperanzas de que su hija menor se por la iglesia y parece que lo lograrán, tendrán su boda católica, sin embargo, no es exactamente lo que ellos esperan.

Las situaciones jocosas se dan en la convivencia entre el judío, el musulman y el chino conviviendo con jna familia tradicional francesa que viven en Chillon, donde ser cosmopolita no es tan fácil como París. Una mirada superficial  basta para morirse de risa y cumplir el objetivo de entretenmiento del cine. Pero también cabe un análisis del mosaico en que se están transformando los países eurpeos por el fenómeno migratorio. Los cambios de barrio de Montmatre se reflejan en un comentario de Claude Verneuil, en el que de dice que ya no hay lugares para comer a la francesa, pues todo está invadido de locales que ofrecen comida china, tailandesa, árabe y eso es impensable en un país que siente verdadero orgullo de su comida que es un tesoro nacional. Y las bromas pesadas entre los yernos muestran como Francia se transforma por la presencia de judíos, musulmanes y chinos. En la película se insinúa que China es la que está quedándose con la mejor tajada del pastel. 

Se ve la dificultad de aceptar al diferente, de lo complicado que es tolerar al que piensa distinto y tambien se aprecia como las ideas preconcebidas llegar a alterar los juicios para engendrar conclusiones equivocadas. Es una imagen de lo que está pasando en Francia, sí, pero también en Alemania, en España, en Holanda, en Italia y que se parece tanto a lo que sucede en Nueva York o Loa Angeles.

Al salir del cine, después de tantas risas, me sentí contenta. Tuve la oportunidad de pasarla bien y de eso se trata el cine. También vi el reflejo de la globalizacion en la cotidianidad, en la vida de una familia a la que se puede entender y con la que se puede empatizar. También de eso se trata el cine.



¿Más miedo?

Después de los actos terroristas que sucedieron en Francia, los programas noticiosos de las principales cadenas estadounidenses muestran escenas de militares custodiando los lugares turísticos de París, televisan mesas de debates, emiten opiniones, todas en torno a la poca atención que Europa pone en la entrada y salida de gente a su territorio.
Como si esa fuera la razón, dicen que la falta de visa que permite a los turistas viajar por territorio europeo en entera libertad hace que gente pueda brincar de Turquía a cualquier país en el Viejo Continente y eso resulta muy peligroso. Todos opinan que se deben incrementar los protocolos de vigilancia, que se debe compartir la información de inteligencia para evitar mayores actos terroristas.
También transmiten, como si no estuviera vinculado, lo que parece ser un estupendo trabajo de las agencias que llevó a evitar un ataque terrorista al Capitolio hace algunos años. Vaya. Además, los comerciales nos enseñan a veteranos de guerra mutilados, a familiares llorando, a niños abrazando a sus padres en uniforme y a gente alrededor de un funeral militar. ¡Qué miedo!
La solución que los estadounidenses recomiendan a los europeos es aumentar los filtros de vigilancia, incrementar los cuidados cibernéticos, legislar para abrir los canales y poder espiar a los ciudadanos que resulten sospechosos, en fin, más miedo.
Yo me pregunto si esa es la respuesta. Será que sospechando unos de otros, desconfiando del vecino, premiando al soplón, metiendo las narices en las casas que resulten misteriosas encontraremos las fórmulas para evitar la radicalización que lleva al terrorismo. Me parece que se hace lo mismo que se critica.
Las imágenes de Panetta, anterior Jefe de Inteligencia de la CIA, advirtiendo sobre ataques más radicales, se multiplican. Advertencias y acotaciones “Nosotros somos las víctimas” se repiten una y otra y otra vez. La intensidad me genera sospechas. Tanta advertencia hace que los focos del escepticismo se enciendan. No creo que más miedo sea la solución.
Me parece, en todo caso que ese es el problema.

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La carta de los senadores

A veces, todavía albergo la fantasía de que en el Senado de la República se tratan los grandes asuntos de la nación. Pienso que ese es el espacio donde las ideas perseveran y se preservan, donde las máximas peticiones se elevan a rangos superiores sin malicia ni intenciones perversas. Sí.
Durante la visita que hizo el presidente francés, François Hollande, a México asistió a varios eventos y reuniones. En uno de ellos, la senadora panista, Mariana Gómez del Campo, le entregó una carta firmada por otros senadores, en la que le hacía una atenta petición al mandatario francés.
Le solicitaba que interviniera en el caso de Maude Versini, ya que a esta pobre mujer se le ha apartado injustamente de sus hijos. ¿Qué pensaría el presidente francés al leer semejante petición? ¿Sabrá Hollande quiénes son Layda Sansores, María Luisa Calderón, Alejandro Encinas, y demás personajes que acompañaron con su firma está petición? Seguro el señor Hollande está al tanto del caso de la ex esposa de Arturo Montiel y no sospecha ni por un segundo que la solicitud venida de los máximos tribunos de la política mexicana tenga tintes protagonistas ni mucho menos arribistas o mediatiqueros. No, de ninguna manera.
Tampoco Hollande se preguntará por qué los Senadores de la República se acercan a una autoridad extranjera para que intervenga en la vida nacional, ni pensará mal de aquellos que le abren la puerta a que un no nacional meta la mano en un asunto doméstico. No le pasará por la cabeza que eso de meterse en asuntos del ámbito jurídico de un país no es prudente. ¿Por qué habría de hacerlo si son Senadores en funciones los que le piden eso? ¿Sabrá quienes eran Miramón y Mejía? A lo mejor él sí y los firmantes no. Sería bueno que se dieran una vuelta por el Cerro de las Campanas.
O tal vez, ahora a Hollande sí le ganó la prudencia que le faltó al recibir a Cassez en París. Es posible que después de los escándalos que él mismo ha protagonizado haya aprendido la lección. No quiere que sus niveles de popularidad bajen, aún más. Que impere la prudencia, pensará.
Y, es que, ¿quién no toma distancia ante un personaje como Maude Versini? Las mismas autoridades francesas prefirieron apoyar a un personaje como Florance Cassez y darle la vuelta a la ex de Arturo. Montiel ¿por qué será? ¿No es más defendible el caso de una madre despojada de sus hijos que el de una supuesta secuestradora? Algo sabrá el presidente francés que pinta su raya. Hollande no ve la necesidad de violentar al presidente Peña con un caso como este.
Pero los senadores le entregan la carta. Hollande ha de pensar que este tipo de casos son sumamente raros en México, para que los senadores se tomen el tiempo y la molestia de involucrarlo en este embrollo, en vez de atender casos similares entre mexicanos, seguro es que en esta nación eso no pasa. Seguro sólo les pasa a Montiel y a Versini. Sí, ha de ser eso, pues en vez de estar legislando todos los cambios que el país necesita para salir adelante, vienen a pedir apoyo para la señora Maude.
También le ha de extrañar que los Senadores y en especial Gómez del Campo vengan con una petición y no esté bien enterada del caso. Le dicen en la cartaque la señora ya perdió la custodia de sus hijos, y eso según sus asesores, todavía no ha sucedido. ¿Sabrán algo que él desconoce? Porque sería imposible que un personaje como Mariana Gómez llegara tan mal preparada y con un planteamiento falso ante un presidente extranjero. Eso ha de pensar Hollande.
¿Qué nos queda pensar a nosotros de la carta de los Senadores?

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La percepción francesa

Tal parece que los franceses están cambiando de punto de vista. Los galos, que siempre han criticado la visión puritana de los estadounidenses, hoy parecen acercarse a este modo de ver las cosas. Tres nombres parecen confirmar lo que digo, Miley Cyrus, Maddonna y François Hollande.
Hoy por hoy, a las cantantes les salió mal la campaña publicitaria, por lo menos en Francia. Los vídeos porno chic con los que promocionan sus canciones tienen como principal objetivo causar impacto. Pareciera ser que el lema hay que hacer que hablen de mí, no importa si es bien o mal, pero que hablen, les salió mal a las estrellas. Se pasaron de tono, sacrificaron lo chic en favor de lo porno y la televisión francesa las vetó y como castigo las arrinconó a los horarios de después de las diez de la noche. Cyrus fue las más perjudicada ya que su público objetivo a esas horas está dormido. La estrategia no funcionó, y es evidente que a pesar de que la vulgaridad vende, el riesgo de que te sancionen es grande. Madonna es maestra de caminar en el filo de la navaja con gran éxito, pero en esta ocasión le salió mal. Se tropezó y ahí se fue dando tumbos. Lo sorprendente es que haya sido Francia, con esa me te tan abierta, la que se haya puesto estricta. Cambia el punto de vista de los franceses.
El otro caso es el de François Hollande. Ese es más sorprendente aún. La tradición francesa ha rechazado los escándalos sexuales de sus mandatarios y ha criticado a la prensa norteamericana al armar soberanos irigotes por las relaciones extramaritales de sus políticos. Los Kennedy, los Clinton y tantos otros la han pasado mal al ser exhibidos en sus deslices amorosos. Los franceses opinaron, hasta hace pocos días, que lo que la gente haga en el interior de su habitación es un asunto de carácter privado, íntimo. Tanto es así que le abrieron la puerta del Eliseo a un hombre que no está casado con su actual pareja. Mente abierta que privilegia la ejecución política por encima del chisme del corazón. Es impensable que un presidente llegue a la Casa Blanca acompañado de su pareja sin estar unidos por el vínculo matrimonial. En París las cosas son diferentes. El Sena no es el Potomac. Pero parece que a Hollande las cosas se le voltearon. A los franceses les empezó a interesar lo que sucede en la casa presidencial. Pronto, tal vez demasiado rápido, empezó a perder popularidad. Su imagen cayó estrepitosamente. Independientemente de su desempeño como mandatario, se le criticaba el grosor de la corbata, lo desgarbado de su figura, el peinado, las arrugas en la camisa y los zapatos sucios, entre otras cosas que a otros mandatarios o les criticaron . Tal vez, o dieron esos motivos. Encima, agarraron con las manos en la masa a monsieur François cuando iba a visitar a la novia que tiene fuera de la casa presidencial.
Vaya, vaya, la prensa del corazón ha hecho presa del presidente francés, y muestran fotos del señor llegando en una motoneta a visitar a la dama. Lo critican hasta por la falta de elegancia del vehículo elegido. Hay que admitir que en la foto Hollande no se ve como un caballero en montura adecuada, que el hombre no fotografía bien y que lo que prometió en campaña no ha bajado a los niveles de la realidad. Además ya se sabe que el términos de elegancia y buen gusto, los franceses son sumamente estrictos.
Hoy, los franceses elevan el dedo y juzgan. Dicen con precisión lo que no les gusta y están dispuestos a retirar de su vista lo que les parece grotesco. Fuera Cyrus y Madonna hasta que traigan algo que no ofenda mi visión estética, han dictaminado. Hollande ya puede empezar a medirle el agua a los camotes. ¿La percepción en Francia está cambiando o sigue dándole mayor valor a lo estético por encima de lo que no lo es? ¿O, será que el amor secreto de un presidente siempre es material picante?

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