Lo que nos ocupa

La semana ha estado dificil y llena de información, tanto local como global. El mundo pudo atestiguar la serie de mandatarios que en fila pronunciaron discursos en el estado de las Naciones Unidas. El círculo financiero estuvo pendiente de la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos para enterarse qué sucedería con las tasas de interés. Hubo disturbios en Charlotte por temas raciales, Angela Merkel pierde popularidad, un grupo de actores salen a hacer un video para apoyar a Hillary Clinton y tratar de frenar a Trump, Vicente Fernández le canta a la candidata demócrata, en la Ciudad de México secuestraron a una ciudadana española cuyo cadaver fue encontrado después de haber pagado un rescate negociado siguiendo portocolos, según la autoridad y entre tanto ajetreo la noticia que más llama la atención es la ruptura de Brad Pitt y Angelina Jolie.

Evidentemente, los impactos de la inseguridad que pueden derivar en una crisis de relaciones internacionales, la decisión de mover la tasa de referencia, lo que los mandatarios tienen que decirle al mundo, el discurso flamígero — y a destiempo— de Ban Ki Moon, las consecuencias de dejar aue un tirano llegue a la oficina oval, el liderazgo alemán, la violencia étnica,son  temas que afectan la vida de propios y extraños en forma indirecta y, a veces tan directa que nos mueve la cotidianidad. No obstante, la Humanidad prefiere hablar de la ruptura de una de las parejas más bellas en la faz de la Tierra. 

¿Será que el tema resulta más accesible o se tratará de un mecanismo de defensa? Tal vez sea una forma primitiva de consuelo: los ricos y los bellos también lloran. Un matrimonio qque nace torcido, jamás su rama endereza. Si Angelina mató a hierro a Jennifer Aniston, a hierro muere a manos de la Cotillard. Brad Pitt se deprime a pesar de la perfección estética de su rostro y de lo abultado de su cuenta de cheques. Qué me importa que tengamos a un ganso a las puertas de la Casa Blanca si Angelina llora en silencio sin dar declaraciones a la prensa, pensarán algunos. Nada me interesa que la Reserva Federal haya sido consciente de la situación mundial, lo importante es que una familia famosa está padeciendo algo similar a lo que veo de cerca. 

No nos mueve la violencia racial, nos enfadaron los temas de terrorismo neoyorkino, nos interesan poco los discursos presidenciales en la ONU, hablar de la inseguridad en la Ciudad de México ya no asusta a nadie, lo que se convierte en el tema de la semana es que Brangelina ya no existe más. ¡Qué curioso! 

Crisis en España

El nivel de una crisis económica se puede medir eficientemente a través de los números, el índice de inflación, la tasa de desempleo, el tipo de cambio, el índice de precios al consumidor, el producto interno bruto, dan cuenta de avances o retrocesos de una nación. Pero las crisis se sienten a través de las letras. Por medio de palabras los expertos, académicos e intelectuales explican, opinan y dan a conocer sus sentir respecto a la situación económica en cierto lugar del mundo.
Cada quien le arranca a la pluma las ideas que reflejen con mayor precisión, desde su óptica, la imagen de lo que sucede en el lugar en el que les tocó vivir. Por lo tanto, si quieres sentir y calibrar la situación económica de un pueblo, no bastan los números, también hay que leer.
En España las cosas andan mal. No lo digo yo, ni sus políticos, ya sabemos que los políticos son ambiguos; lo dicen sus intelectuales. Sí, ya sabemos que los intelectuales critican y tienen visiones ácidas. Las páginas de los diarios españoles ya llevan rato denunciando la mala situación en la madre patria. Pero, cuando la tristeza y el pesimismo llegan a las hojas de la revista del domingo, la cosa se advierte muy mal.
Javier Marías escribe de las faltas de oportunidad en España, de la poca ayuda que las mentes brillantes ibéricas reciben y los atentados contra la cultura que él ve se efectúan por parte del gobierno contra las actividades creativas. Se queja de la expulsión de cerebros que huyen a otros lugares del mundo. Tan enojado está Marías que declinó la invitación para participar con su imagen en la Marca España. Juan José Millás se queja de los pocos benéficos que reciben los españoles de a pie en comparación con los corporativos, narra lo que muchos sienten: para pagar el recibo de energía eléctrica se han tenido que quitar de la luz. Se han quedado en el lado oscuro, en la sombra, en más de un sentido. María Castelló reflexiona en la posibilidad de dejar la patria y sumergirse en el exilio. Se pregunta: ¿Si no salgo de aquí ya, quedará alguna posibilidad de una vida digna?
El efecto es tan contundente como el de un número, pero a diferencia de la frialdad de las cifras, las palabras calibran el sentimiento del pueblo español. Tan fuerte ve la crisis en España Almudena Grandes que es capaz de recomendar a los lectores que cuiden su dinero, les advierte que no se dejen engañar, que no compren novelas por comprar. Dice textualmente ” …cada día más necios confunden valor y precio. Y, encima hay que aguantar que tantos famosos de medio pelo, periodistas, estrellas de televisión, seudoartistócratas y demás aparezcan en telediarios exhibiendo libros que, dicen ellos, son sus novelas.” Cuando una escritora exitosa sale a aconsejar, como si fuera maestra de literatura de primer grado, que no compren basura, que compren literatura, lo que en realidad leemos es un grito desesperado que se disfraza de intelectualidad. Grandes, en su articulo del domingo, no escribió en favor de la literatura por los medios tradicionales, es decir, no recomendó libros por sus estructuras, tramas, ritmos, ideas. No. Tampoco critico otros por su superficialidad, o por su pésima gramática, o por sus faltas de ortografía. Lo hizo a partir de un aspecto económico. Fue como decir, si tienen poco dinero y van a lo van a gastar en un libro, prefieran éstos que aquellos.
Me apena leer a estos señores de las letras. Para mi España siempre ha sido un lugar brillante. Barcelona es en mi mente la de los Juegos Olímpicos, no la ciudad sombría de Carmen Laforet o de Juan Goytisolo. Madrid es el lugar en el que se han cumplido sueños, no en el que se rompen. Castilla, Toledo, mi segundo hogar. Galicia, La Coruña son camino y Santiago es destino.
No visualizo España como un país que expulse a su gente. Mis padres sí. Ellos recibieron a tantos emigrantes que llegaron a México en busca de un nuevo comienzo, de una tierra en donde no se sienten extranjeros, si no parte integral de la vida de la nación. Muchos de ellos, de los que llegaron huyendo del yugo de la dictadura, volvieron a sus tierras transformados y prósperos. Hoy, nuevamente, los españoles están regresando a México. Vuelven a mi tierra a construir sueños. ¿Veremos de nuevo a personajes de la talla de León Felipe enriquecer el territorio mexicano?
Es posible, al leer sus textos adivino su tristeza, su ansiedad y su desesperación. Tanta que Marías no quiere ser parte de la Marca España, que María Castelló se aproxima al tema del exilio y Almudena Grandes se atreve a suplicarle a los lectores que compren a unos y no a otros, que si van a gastar, cuiden su dinero.
Hay veces que para entender las crisis son mas efectivas las letras que los números.

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