El repudio al veredicto en Ferguson

El veredicto fue a favor de Darren Wilson, el policía blanco que disparó y mató a Michael Brown, un joven de raza negra que estaba desarmado. Evidentemente, la decisión causó irritación y los ánimos se incendiaron. La violencia resurgió con mayor fuerza que cuando acababan de suceder los hechos.
Era de esperarse una reacción de repudio, desde el principio el caso de Brown atrajo la atención de la gente en el mundo. La mirada en el condado de Ferguson y la solidaridad con un muchacho que, aparentemente, perdió la vida sin razón alguna, contagió de indignación a personas que salieron a las calles en varias ciudades de los Estados Unidos.
Apenas unos minutos después de que se diera a conocer el fallo judicial, los policías en Ferguson ya trataban de contener a los manifestantes con gases lacrimógenos. Quemaron patrullas y autos. El Presidente Obama se dirigió al pueblo estadounidense, es válido sentir rabia y desilusión, no lo es pasarse de la raya, no lo es traspasar fronteras y aprovechar el vuelo para perpetrar actos ilegales.
Nos resultan similares las reacciones airadas de la gente. A la voz de ahí vamos todos juntos, la multitud se atreve a llegar a límites que como individuos sería impensable traspasar. Sin embargo, allá hubo sesenta y siete detenidos, acá se detiene gente y se le libera pocas horas después por errores de procedimiento. Ni sabemos si es tolerancia, estupidez o en serio se llevan a inocentes y dejan a los verdaderos perpetradores en libertad.
Allá, los padres de Michael Brown llaman a la calma y aunque dicen sentirse defraudados por la decisión judicial, declaran que la violencia no sirve. Claro, ellos pudieron sepultar a su hijo, acá no.
Hay protestas por el desenlace del caso, la espera fue larga y el sofocón fue grande. La gente toma pancartas y sale a la calle. Piden justicia para Brown, también allá piden por los 43 normalistas desaparecidos.

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¿Por qué asesinaron a Michael Brown?

Tal parece que ser joven negro en Estados Unidos no es bueno, en Missouri es peor. Las prácticas racistas no terminan, la apariencia física es suficiente evidencia para abrir fuego en contra de un chico de dieciocho años que va caminando sin armas por la calle. Al menos esa razón les bastó a los policías del condado Ferguson para disparar contra un joven sin que se haya explicado qué hizo Michael Brown para que lo mataran a balazos quienes lo debían proteger.
Pero, según datos del diario USA Today, éste no es hecho aislado. En los últimos siete años hay un promedio semanal escandaloso: dos personas de raza negra han sido asesinadas por policías blancos. En muchos de los casos estas muertes han sido ataques sin sentido. El reporte dice que en el dieciocho por ciento de estos incidentes los asesinados eran jóvenes menores a veintiún años. La mayoría son crímenes que nunca llegaran a ver la justicia porque la complicidad entre cuerpos policiacos y el encubrimiento terminan dejando impunes a homicidas racistas que se esconden detrás de una placa o de un uniforme.
Lo saben quienes se han manifestado durante cinco días consecutivos y quieren una justificación. Exigen que se haga justicia.
Las diferentes iglesias, con sus respectivos reverendos al frente, han marchado desde sus parroquias hasta el lugar en donde fue asesinado Michael Brown. Todos quieren protestar y dar un paso al frente. Las periferias de San Luis Missouri han sido colapsadas durante cinco días. La policía los reprime, sin sofocar la sed de justicia. Nadie puede apagar por decreto la rabia.
Las protestas se repiten en varias ciudades de Estados Unidos, las cadenas de oración se multiplican, se hacen minutos de silencio, las manifestaciones en contra de las muertes como la de Michael Brown son pacíficas, au que llenas de pasión.. En Nueva York, Washington, D.C., Austin, Texas, los protestantes elevan la manos y gritan Hands up, don’t shoot. ‘¡Arriba las manos, no dispare!
Ya se agitó el avispero, la gente se enfada de las prácticas racistas disfrazadas de prácticas policiacas y ya no se deja engañar. Los dreamers se unen a las protestas. En Miami, en Savanah, en Oakland se exige a gritos justicia para Michael Brown. En todo Estados Unidos se siente la indignación, el racismo no es novedad.
La pregunta del por qué mataron a un joven que caminaba desarmado flota en el ambiente. La respuesta, también.

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