A los españoles (la respuesta de Artur Mas)

La semana pasada, el períodico El País publicó una carta en al que Felipe González se dirigía a los catalanes y los llamaba a la relfexión con respecto al peligro que, desde su punto de vista, pone en riesgo la convivencia entre españoles y catalanes. Faltaba más, en el panorama se cierne la intención de que Cataluña se independice de España. En una relación, no hay amenaza más grande que una ruptura. Lo escrito por el expresidente es una pieza que será un referente de estudio para las siguientes generaciones, sea cual sea el giro que de esta historia. En lo impecable que es ese diario, se publica, a una semana de distancia, la respuesta de Artur Mas, presidente de la Generalitat y prinicpal impulsor del movimiento independentista, y la titula: A los españoles.

Digo que El País es impecable y respetuoso, dejó el texto intocado, no corrigió ni las faltas gramaticales, ni las fallas de puntuación. Respetó el estilo. Si la pieza del expresidente español es pulcra, correcta e intachable y refleja la reflexión de quien eleva la pluma, la de Mas parece un toque al botepronto. El incio de la de González da una introducción, tiene la cortesia de presentar a lectores no doctos el tema y una justificación del porque de su pensamiento. Tiene un cuidado extremo para sus destinatarios y va subiendo el tono en forma gradual y mesurada. Pregunta los beneficios que traerá esta independencia y da los argumentos para no estar de acuerdo con ese destino.

La de Mas comienza in media res, le da lo mismo si el lector sabe de la turbulencia o no. Se va a críticar, pegando duro y a la cabeza y sutileza del lenguaje es lo de menos “Para dar lecciones de democracia a los catalanes hay que tener mucha audacia”.  Y, de inmediato comienzan los golpes bajos” hay que ser muy poco responsable, tamaña provocación indica hasta qué punto hemos llegado”. Un lector que no esté involucrado en el tema, al leer estos renglones, tendrá varias preguntas que hacer. Es verdad, la carta va dirigida a los españoles, sin embargo, parece que es una respuesta airada a Felipe González.

“Catalunya ha amado a España”  dice , para luego reclamar una falta de reciprocidad, solidaridad y fraternidad. Continúa diciendo que “Catalunya a resistido tenzmente dictaduras” —¿y Castilla, La Mancha, Aragón, Andalucía, El País Vasco, Galicia, Asturias… no?— Sitúa a los catalanes en una posición poco digna, que no creo que a sus compatriotas les guste, de víctimas que estiran la mano. “Catalunya ha amado sin ser amada, ha ayudado a pesar de no ser ayudada, ha dado mucho y ha recibido poco o nada, si acaso migajas cuando no el menosprecio de gobernantes y gobiernos.” A lo lejos, con la distancia de los océanos, con la mirada que no se contamina del prejuicio, las palabras de Mas no son las de un dignatario. No hay decoro ni encuentro pundonor en responder así.

Mas olvida la condición de Cataluña, de la propia Barcelona hace unos cuantos años, y con él muchos ya no ven esa misma ciudad oscura, vieja, atrasada que Carmen Laforet describe en Nada. Es dificil pensar que la hermosa Ciudad Condal, tan moderna y disfrutable, fue un lugar inhóspito que expulsó a muchos que se hicieron a la mar para probar fortuna. Olvidan. En un acto de soberbia, Mas piensa que ellos solos, por sus propios méritos, sin ayuda alguna orquestaron esa transformación. No. Europa los impulsó, como lo hizo con Lisboa, con Oporto, con Dublín. Sí, los catalanes han hecho de su capital una joya, ni hablar.

Artur Mas dice que ” el problema no es España, es el Estado español que nos rrata como súbditos”. Pues sí, hasta donde me quedé España es una monarquía, y trata como súbditos a todos los territorios que se subordinan a la Corona, igual que todos los demás. Dicho esto, y a tantos kilómetros, debo de admitir que ciertamente Mas tiene un punto, los catalanes siempre han sido republicanos, ahí coincido. Sigo pensando que los reyes, reinas y demás miembros de la corte tienen la sangre tan roja como cualquier catalán, como yo, y que ningún decreto de un monarca le cambia el color al torrente sanguíneo, ni hay nombramiento que sirva de anilina para hacerla azul. Ni hablar, lleva razón.

Sin embargo, esas no son formas. En el colmo de la victimización, Mas lanza una recriminación: “ Somos pueblos hermanos pero es imposible vivir juntos sufriendo insultos, malos tratos y amenazas cuando pedimos democracia y que se respete nuestra dignidad” . El buen juez por su casa empieza. Esas son las últimas palabras de su carta. Así cierra el texto.

Por ningún lado leí una justificación formal de  porque Cataluña se debe independizar. No hay un pliego que describa las ventajas de la independencia ni una lista de como esto va a mejorar la vida de la gente que ahí  vive. Nada. La aventura independentista parece una intoxicación de pasado que nubla la objetividad y clausura las vías al análisis. Entiendo que Rajoy jugó su parte y que la necedad de cerrar la puerta para pedir opinión a los interesados ha levantado ámpula. Sí, pero eso es una cosa y otra es entender cómo mejorarán las vidas de los catalanes sin España. Sigo sin ver como.

Por lo menos, Felipe González enumeró las amenazas que ve en el horizonte y expresó sus razones. Tuvo la atencion de dirigirse a quien envió su escrito con respeto y cuidado.  Mas se puso los guantes de box, se subió al ring y en vez de dar la pelea se puso a sollozar. Perdió de vista que le escribió a los españoles, a quienes olvidó desde el primer renglón. Dio palos de ciego. No se acerco, ni de chiste, a la estatura de las palabras de González. No dio el debate de altura que los catalanes merecen ni se tomó la molestia de convencer con ideas sustentadas en cifras. Dicen por allá que asuntos que no se cuentan, son puros cuentos. ¿Será?

  

La carta de Felipe González a los catalanes

Felipe González dirige una carta muy lúcida a los catalanes en la que los llama a reflexionar. El documento, estoy segura, será un motivo de consulta para generaciones por venir, sea cual sea el porvenir del pueblo catalán. Desde México, la disyuntiva que se les presenta es difícil de entender, como lo es desde Francia o de Alemania. ¿Qué ganan los catalanes? Se pregunta el mundo.

En México recibimos a muchos catalanes que han salido de allá por muy diversos motivos. Es decir, no sólo han llegado los que huyeron de la dictadura y vivieron su exilio en estas tierras, sino que muchos han visto en esta nación el cuerno de abundancia que les atrae en tiempos de crisis peninsulares. Hemos recibido a mucha gente que ha llegado a probar fortuna y que a base de esfuerzos y gran trabajo, han transformado sus ilusiones en realidades más grandes que las dimensiones soñadas. Son ellos los que a la distancia, pero con el corazón puesto allá, apoyan o critican a Artur Mas.

En el extremo de las posiciones, con el respeto que da observar las posturas desde afuera, sigo sin entender las ansias de independencia que albergan algunos. La ventaja que da estar fuera de la caja es que el punto de vista está exento de pasiones. Sé que hay mucha historia que los define, que hay una lengua que se debe defender y costumbres que se deben atesorar. Sí. Sin embargo, la desconexión, como la llama Felipe González, parece darles lo mismo que les quita continuar en España. Seguir siendo parte del país ni les borra lo catalán, independizarse no los hace más catalanes.

Pero lo más importante es ¿para qué? Cuando alguien va a decidir, lo más coherente es hacer un análisis en el que se valoren ventajas y desventajas, en el que se comparen los beneficios y los perjuicios, en el que se evalúen las fortalezas y oportunidades así como las debilidades y los riesgos. En la justipreciación, si lo bueno supera a lo malo, se sigue adelante, si no, no. ¿Qué ventaja ganan con la desconexión? ¿Qué fortaleza alcanzan? ¿Qué debilidad previenen? ¿Qué riesgo evitan?

Con independencia de la legalidad o ilegalidad de lo que plantea Mas o de la necedad de cerrar el diálogo, a lo lejos pareciera que la única voz que vale es la que busca imponer una superioridad de especie que busca acallar a los que piensan que separarse no es buena idea. Los que expresan una opinión contraria a la separación se le mira con sospecha. No quieren ver que al momento de incumplir la ley, se viola la principal promesa de civilidad, cumplir y hacer cumplir la ley. Los que opinan que la desconexión trae las mismas ventajas que el que corta la manguera del tanque de oxígeno, son ignorados. No necesitamos más liquidacionistas en nuestra historia que propongan romper la convivencia y las reglas del juego con planteamientos falsamente democraticos.

En el documento, Felipe González llama a la unidad, a evitar que se desgarre esa concordia de la convivencia ya que eso puede afectar la vida de los de hoy y de los del futuro. El llamado es una pieza que vale la pena revisar. Vale para España y Cataluña, y para muchos en el resto de mundo. No son tiempos de dividir. Cada día es mayor la interdependencia entre todos nosotros: españoles de todas las identidades, europeos de la Unión, lationamericanos de más de 20 países, por no hablar de nuestros vecinos del sur o del resto del mundo.

Las pérdidas para los catalanes son evidentes, quedarían fuera de la zona euro, vivirían una situación similar a la de Grecia y Tsipras, la situación económica sería delicada, la situación de movilidad por Europa se complicaría, necesitarían pasaporte. ¿Todo eso a cambio de qué? Sea cual sea el resultado de la falseada contienda electoral, puede ser el comienzo de la verdadera “vía muerta

Las palabras de Felipe González son brillantes y también sentidas. Merece la pena revisarlas, reflexionarlas y extrapolarlas. En el entendimiento podemos seguir avanzando y seguir resolviendo nuestros problemas.  El documento completo aparece en el número de El País del 30 de agosto (http://elpais.com/elpais/2015/08/29/opinion/1440863481_811526.html).

  

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