Recordando a Aristóteles

Ayer estuve escuchando una cátedra muy interesante sobre la ética aristotélica. Las reflexiones del profesor me hicieron recordar la voz de mi querido padre Sanabria que fue mi maestro de ética en preparatoria. Han pasado muchos años desde que yo estuve en ese salón de clases y muchísimos más desde que Aristóteles reflexionó en torno al comportamiento del Hombre, sin embargo, la pertinencia de sus postulados sigue siendo vigente.

Podemos o no estar de acuerdo con el filósofo, pero reflexionar sobre lo que hace el Hombre, sus acciones, su búsqueda por el bien individual a partir de criterios universales me lleva a conclusiones sumamente sencillas, tal vez poco elevadas pero realmente prácticas: nos hace falta pensar. Nos es necesario detenernos y observarnos para entendernos.

Aristóteles define al Hombre como un ser social, como un ser de conductas. El individuo tiene comportamientos que son sujetos de estudio -observación-  para ver si va por el camino correcto o se a extraviado en la búsqueda de la felicidad. Por ello, podemos deducir que la ética es la ciencia que nos ayuda a entender cuál es la ruta que me lleva a la alegría y en dónde se encuentran los puntos que nos llevan a equivocarnos.

Entonces, si yo tengo claro lo que es la felicidad, todo es glorioso. El problema empieza cuando no sé lo que es la felicidad porque en este estado de duda y confusión pueden pasar dos cosas: que cualquier cosa me parezca felicidad o que nada sea felicidad.

Alétheia (en griego ἀλήθεια “Verdad”), es el concepto filosófico que se refiere a la sinceridad de los hechos y la realidad. La Altéheia de Parménides se vincula con la correspondencia entre la verdad y la congruencia. Para Aristoteles, altéheia es el descubrimiento, el desocultamiento de la Verdad. A este recorrido a través de las diferentes posibilidades humanas de relacionarse con el ente en orden a su aprehensión y a su apropiación en el conocimiento es al que nos invita el filósofo para reflexionar en torno a la felicidad como un fin humano.

Insisto, han pasado muchos años. La voz del padre Sanabria llega como un recuerdo que parece más bien un susurro. Y, la pregunta se escucha como un estruendo. ¿Voy por el camino correcto o me extravié en algún punto?

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Comer con mis amiguitos de infancia

Algunos tenemos la bendición de estar en contacto con esos amigos de los primeros años en los que sólo importaba jugar. Por suerte, yo cuento con esa fortuna. Y es una riqueza atesorable porque reunirse con ellos es regresar al mundo en el que las máscaras no tienen sentido y en esa condición, no se usan.

La vida nos ha llevado por caminos distintos, nos ha puesto piedras en el camino y ha habido tropezones dolorosos. También ha habido éxitos contundentes, prosperidad y logros enormes. Pero, la maravilla es que no hablamos de heridas ni de medallas, no hace falta. Nos vemos con cariño, nos reímos, brindamos por el gusto de estar juntos y nos abrazamos fuerte fuerte porque ahí hay cariño viejo y bueno.

Entre mezcales y copas de tequila, se nos fue una tarde agradabilísima. Me sorprendió la voz de Alejandro, tan grave pero con el acento de dulzura de la infancia y esa mirada azul llena de tranquilidad. Mónica sigue siendo la chica hermosa del salón. Eduardo desborda el mismo ingenio y no ha perdido esa fantasía de infancia. Laila es espectacular, tiene una sonrisa en la que se sigue abarcando el cielo entero. La serenidad de Arce y el timbre de voz son entrañables. La corrección y la elegancia de Roberto hacen una buena combinación con su inteligencia.

Comer con mis amiguitos de la infancia me remitió al tiempo de la letra de molde sin salirse del cuadrito, de los ejercicios de caligrafía de la letra manuscrita, de lo olores a lápiz y goma de migajón, de correteos en el patio y juegos de atrapados y filas en la tiendita a la hora del recreo. Del uniforme de deportes y de ver a los señores que iban en prepa que ya estaban definitivamente grandes, eran viejos.

Comí con mis amiguitos de infancia y regresé tan feliz a casa, con una sonrisa que no me cabía en la cara y con una alegría que se me salía del alma. Verlos fue glorioso. Fue luminosos.

El cuadro de Santa Cecilia 

En la casa de mis abuelos, en La Piedad Michoacán, hay un cuadro de Santa Cecilia tocando el piano. Está en el cuarto de mi tía Tolla. Cuando era chica me gustaba verlo porque la imagen muestra a una mujer muy bonita que tiene las manos sobre las teclas y mira al cielo desde donde unos angelitos que le están mandando flores. De niña, mi mamá me decía que ella era la patrona de los músicos y eso me hacía sentir muy contenta. Me gustaba tener el nombre de una persona feliz. 

Cecilia de Roma pertenecía a la nobleza, se convirtió al cristianismo y fue martirizada por su fe. Vivió entre los años 180 y 230. Es una santa reconocida en el mundo católico y ortodoxo.  Es de esas figuras religiosas muy queridas. Es patrona de los músicos, de los poetas y de los ciegos. Yo que no soy ni ciega, ni poéta, tal vez sea música y por eso la Santa de mi nombre me protege.

La tradición dice que Valeriano, un ciudadano romano, deslumbrado por su belleza, quiso tomarla por esposa, pero ella no quería perder su virginidad con un infiel y le dijo que un ángel la protegía. Valeriano le contestó que él no veía ningún ángel. A lo que ella répico que si se bautizaba, lo vería. Y, efectivamente, al recibir las aguas bautismales, el ángel se le apareció al enamorado. Una vez convertido, se casaron. El dialogo está consignado en los documentos de Santa Cecilia, en donde narra su conversión, la de Valeriano su esposo y la de Máximo, su cuñado. Todo sucedió en tiempos del Papa Urbano.

Al enterarse el prefecto, Turcio Almaquio de estas conversiones, los condenó a muerte. Cecilia fue decapitada y enterrada en las catacumbas de la Vía Appia. En las actas de Santa Cecila se consigna que al celebrarse el matrimonio con Valeriano se escuchaban los instrumentos que los ángeles del cielo tocaban para celebrar la boda. Por ello, los cristianos católicos y ortodoxos la celebran como la patrona de los músicos. En realidad, ella se refería no a instrumentos musicales sino a instrumentos de tortura, ya que era consciente de los peligros de casarse por el rito cristiano en epocas de la Roma Imperial. 

Todo eso, yo no lo sabía cuando veía el cuadro de la casa de los abuelos en el cuarto de mi tía Tolla. Yo sólo recuerdo a mis tías contándome de una santa alegre y hermosa que llevaba mi mismo nombre.En realidad, la hiatoria no es tan feliz, pero revela a una mujer valiente y eso ahora, sin la inocencia infantil, me llena de un orgullo mayor.  He visto muchas representaciones de Santa  Cecilia, de todas la que más me gusta es esa que me remite a la niñez. A esos días de vacaciones, de juegos, de risas, de tías amorosas, de tíos divertidos, de primas cariñosas, a esos días de familia en La Piedad, Michoacán. Al cuadro de mi tía Tolla.

¡Que suene el mariachi! Hoy es día de su santa patrona y de mi santo, también. Hoy es día de ciegos, poetas y de las más músicas. 

Muy felices

El dato brinca de entre los renglones y me impacta como un gancho al hígado. Luego, cuando lo pienso bien, me hace sonreír. Según el Reporte Mundial de Felicidad 2015, cuya tesis radica en que los conceptos de alegría y bienestar pueden ayudar al desarrollo sostenible de las comunidades, en México somos muy felices.

El informe no deja de sorprenderme ya que ubica a los mexicanos un lugar más arriba de Estados Unidos y varios por encima de Inglaterra, Francia y Alemania. ¿En serio? Sí. Somos felices a pesar de que según la OCDE , México calificó como uno de los países con los peores índices de calidad del mundo. Desde luego, Estados Unidos, Francia, Alemania e Inglaterra se ubican varios lugares por encima de México, sin embargo, en tierras aztecas estamos más contentos.A pesar de todo, nos gana la risa. 

Sí, ¿y? Nosotros seguimos siendo felices, no gusta el jolgorio y caminamos muy contentos. En general, eso de las caras largas, las actitudes flemáticas y las sonrisas alrevés como que no nos sienta bien, no son señas de nuestra identidad. Los mexicanos, a pesar de vivir en un entorno  violento, de estar sitiados por la corrupción y vivir rodeados por la muerte, nos declaramos satisfechos. En medio del vendaval terrorífico en el que se tiene que sortear con gobernantes insensibles, narcotraficantes con un corrosivo poder corruptor, vecinos intolerantes que se creen el pináculo de la Humanidad, con pobreza alimentaria, nos confesamos seres dichosos.

Hay intelectuales que arrugan la nariz y declaran que esa felicidad se debe al alto grado de ignorancia que abate al país. Puede ser, pero si hay que elegir y la opción es estar amargado o vivir contento, prefiero lo segundo. Si el saber me avinagra la vida, mejor ignoro.  Me parece que no se trata de ignorancia, tal vez sea un tipo de sabiduría que nos llega por virtud de los dioses. Tal vez gocemos de la bendición de alegrarnos la vida con un tequila y de ahogar las  penas en un vaso de mezcal. Tal vez sean los colores de la tierra o los aromas de la comida o los acordes de la guitarra o todo junto.

Por ahí y por allá salen declaraciones y entrevistas de escritores, poetas, activistas que cuentan las graves penurias que le atraviesan el alma a México. No mienten. De ahí la sorpresa. A pesar de las grandes losas que se tienen que cargar en esta región tan transparente del mundo, hemos decidido ser felices. 

Habrá que decir que aquellos que todo lo ven mal tampoco andan tan correctos. Más allá de la ignorancia que muchos engreídos sustentan como razón para que aquí andemos llenos de regocijo, también hay razones de festejo. México es de los pocos países de lationamerica que sigue creciendo, poco, a niveles de 2.5% anual. Si se pone en contexto la cosa se ve mejor, Brasil, Venezuela, Chile , Argentina y Colombia decrecen. Panamá y República Dominicana nos ganan, traen un impulso por encima del 5%, pero dadas las características de este país, de sus dimensiones territoriales y del tamañno de su Producto Interno Bruto, estamos mejor calificados.seguimos atrayendo inversión extranjera directa y a pesar de todo, el país sigue siendo un destiono muy atractivo para los turistas.

Las perspectivas que cada quien tenga para explicar la felicidad que se declara en México son maneras de interpretar información. Unos se rasgarán las vestiduras y se echarán ceniza en la cabeza al ver el nivelde inconsciencia  que eso refleja. Yo no. A esos gominosos les dedico una trompetilla. Si aquí, a pesar de todo, somos felices y allá con todo y todo no lo son, por algo será.

Ser feliz requiere un grado de aceptación, una dosis de serenidad y una buena cantidad de conformidad. Esos son elementos de sabiduría. Pero, independientemente de las razones, que son lo de menos, mas allá de si estamos conformes o somos conformistas, lo cierto es que estamos satisfechos, contentos y encantados de la vida. Andamos muy felices y eso está de maravilla.

  

Día de la felicidad

El día 20 de Marzo, como sucede desde hace tres años, se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Felicidad. La alegría tiene reservada una fecha en el calendario de acuerdo al pacto firmado por los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas. A muchos esta iniciativa les resultará rídicula o intrascendente, pensarán que la felicidad no se alcanza por decreto ni se sustenta en el convenio firmado por una asamblea de diplomáticos y tendrán razón. Sin embargo, la iniciativa es más interesante de lo que parece ser a primera vista.

El día de la felicidad tiene que ver con un proyecto de vida, como una forma de moverse por el mundo, como un estado de ánimo que se debe de cultivar y que no merece dejarse al azar. Es una forma de vivir que se debe construir en vez de dejarla a la casualidad. Desde ese punto de vista, la alegría se edifica a partir de una cadena de toma de decisiones. La dicha es como una ventana cuya visagra se abre y se cierra con fuerza de voluntad, es decir, está en nuestra mano optar por el optimismo o la desesperanza. Pero es necesario planearla.

No hay nadie que puesto a elegir, escoja estar triste o malhumorado en vez de estar encantado de la vida. Pero para ser felices hay que luchar por ello. Una buena parte del bienestar del alma depende del entusiasmo que pongamos para conseguirlo. Así, para conquistar la felicidad se requiere de voluntad, consciencia y perseverancia.  Lo cierto es que pareciera que la desgracia va ganando terreno. Cada día, miles de personas abandonan la tierra que los vio nacer para buscar una suerte mejor. En este momento hay un niño que está siendo explotado, que está trabajando en condiciones inhumanas. Hay niñas que están siendo despreciadas por su condición femenina y que por esa  razón, pierden oportunidades. Hay viejos olvidados y personas que padecen los efectos de la corrupción. En este momento hay personas que no pieden expresar con libertad sus pensamientos o que son juzgadas por sus preferencias. La diferencia entre los que todo lo tienen y los que carecen de lo elemental se hace cada día más grande.  Hay personas que tienen hambre. ¿Así, cuál festejo?

Es evidente que el tema de la felicidad no es sencillo pero tampoco debería de ser complicado. No se trata de frivolizar, todo lo contrario. Se trata de desbancar a la desgracia y darle un golpe de estado al reinado de la amrgura, aunque sea a la propia. Esa conquista puede tener un valor multiplicador por la suma de las alegrías particulares. Entonces el contento se convierte en índice y se trata de convertir en una medida del desempeño de los gobiernos y las economías.  La Felicidad Nacional Bruta mide en forma cualitativa y cuantitativa el grado de prosperidad que los habitantes de ciertos países perciben en su entorno y en su vida partícular.  

Según Pilar Jericó, el Journal of Happiness Studies pone al microscopio los motivos que acercan los buenos sentimientos y alejan la tristeza, la amargura y la angustia. Dice que la gente materialista encuentra menos razones para estar contenta, en cambio la extroversión aligera el peso y abona los motivos para sentirse feliz.Los individuos que valoran las pequeñas cosas se dan más oportunidades para sentirse satisfechos que los que sólo valoran los grandes acontecimientos. La risa se contagia y las sonrisas se expanden rápido, por lo tanto, la gente sonriente se convierte en un agente de felicidad. La felicidad es un bien fácil de encontrar pero hay que salir a buscarlo, sin embargo, no llega sin invitación. Hay que ir por ella. No existen fórmulas mágicas que otorguen alegría, pero hay actitudes que la aproximan. Lo increíble es que hay gente en pobreza extrema que está muerta de risa todo el tiempo y personas que viven en la abundancia que arrastran los píes al caminar, tienen ojeras y joroban la postura. Entonces la forma de ver la vida tiene mucho que ver. 

Hay quienes piensan que esto es una babosada, que no es posible pensar en la felicidad dadas las evidencias que hay en el mundo para entronizar el desgano. Sí, hay quienes opinan que hay que ser bobo para ser feliz. También habemos los que creemos que para se feliz hace falta valor y es cuestión de inteligencia. Sea lo que sea, ¡feliz día de la felicidad!



Los espejismos de Banana Yoshimoto (Recuerdos de un callejón sin salida)

Recuerdos de un callejón sin salida,

Banana Yoshimoto,

Traducción: Gabriel Álvarez Martínez,

Tusquets, México 2011.

Los sueños de grandeza, los anhelos de alcanzar el mayor de los éxitos, la aspiración de llegar más alto nos dan tantas vueltas en la cabeza que nos queda la sensación de que perdemos el piso y se nos extravía el equilibrio. En ocasiones, nos dejamos embabucar a tal grado con estos espejismos que desorientamos el norte de la vida y nos olvidamos de disfrutar la cotidianidad. Por suerte, Banana Yoshimoto nos atrapa con sus Recuerdos de un callejón sin salida y nos confronta con un hecho evidente y apabullante: la felicidad depende de todo lo que nos rodea (186).

En mi primera aproximación con Banana Yoshimoto entendí que estaba frente a una hechicera experimentada, que confecciona embrujos en calderos de papel y con polvos de palabra. El espejismo encanta desde el primer renglón. Fascina con palabras sencillas, con frases simples, con anécdotas cotidianas y así, casi sin sentir, ya caímos en sus redes. La sorpresa mayor es darnos cuenta como esta tejedora de ilusiones fue capaz de atraparnos en esa red tan simple para darnos una poción de profundidad y de sentido de la vida. Es tan efectiva que en ningún momento se aproxima a la cursilería ni por error busca dejar una moraleja, sin embargo, por alguna extraña razón, después de recorrer los renglones de sus textos, no tenemos más remedio que reflexionar.

Recuerdos de un callejón sin salida es, a primera vista, una colección de cinco cuentos cuyo título evoca ansiedad, desesperación o martirio. Nada de ello vamos a encontrar en: La casa de los fantasmas; ¡Mamáaa!; La luz que hay dentro de las personas; La felicidad de Tomo-chan; Recuerdos de un callejón sin salida. Cinco relatos antologados y reunidos bajo el título del último y un Epílogo que no conoce desperdicio. Son seis textos independientes, sin embargo, un lector atento podrá descubrir el finísimo hilo conductor que conecta cada una de las historias entre sí y con su epílogo. Si se quiere leer los textos en forma independiente, se puede, ya que cada uno tiene autonomía y fuerza suficiente para sostenerse por sí solo.

Banana Yoshimoto aborda temas tan sencillos como la felicidad, la amabilidad, el trabajo, la buena educación con la profundidad que da la solidez del oficio. Se aproxima a los grandes temas sin grandilocuencias. Habla de Dios:

“Es el esplendor aterciopelado de la noche, el viento que soplaba con suavidad, el titilar de las estrellas, el canto de los insectos…, cosas como éstas.

En lo más hondo de su ser, Tomo-chan lo sabía. Por eso nunca, ni por un segundo, estuvo sola” (157-158)

“En realidad, la felicidad no consiste en ir a ningún lado, sino en sentir esa energía que nos impulsa” (164)

“Me resulta difícil de explicar, pero me parece que Dios amaba a Nishiyama y lo miraba con indulgencia” (188)

Dice Banana Yoshimoto que sus relatos son una recopilación de recuerdos tristes y dolorosos y, aunque es verdad, se puede sentir la melancolía de los personajes en sus separaciones, en sus circunstancias, en las muertes o en las enfermedades, me parece que se trata de otro embrujo, de un nuevo espejismo para hacernos caer en la cuenta de cómo por poner la vista en la grandeza, en el éxito, se pierde la felicidad de lo cotidiano.

“Me daba la impresión de acabaría viviendo para siempre con una bondad superficial” (16)

“…rechazaba su suerte porque tenía pájaros en la cabeza… esa especie de melancolía y gravedad que lo envolvía” (19-20)

“Querer renunciar a todo lo que te ha ocurrido sería un acto de arrogancia. Cada uno tiene su particular abismo y tenemos que darnos cuenta de que si nos sucedieran otras cosas, otras mucho peores, como las que suceden en el mundo, nos destrozarían y nos matarían al instante. No hay que olvidar que gozamos de una situación feliz y aventajada y no hay que avergonzarse de ello.” (187)

Recuerdos de un callejón sin salida es para Banana Yoshiimoto su obra preferida de todas las que ha escrito hasta ahora.

“Haberla escrito hace que me sienta orgullosa de dedicarme a esta profesión” (212)

Para mí haberla leído me significó una oportunidad para acabar con los falsos espejismos de alturas y grandezas. Fue la reconciliación con la vida diaria, el agradecimiento por la bondad que se manifiesta en lo cotidiano y por la dulzura de la serenidad.

¿Quién se imagina encontrar tanta riqueza en Recuerdos de un callejón sin salida? Banana Yoshimoto debe reír ante la ingenuidad del lector que se deja seducir por el título. Ya se enterará de lo que esta japonesa tiene preparado.

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La voz de los niños

Sin duda, en cualquier tipo de crisis, los que llevan la peor parte son los ñiños. Los menores son los que se encuentran en una situación de mayor susceptibilidad y la principal razón de ello es la debilidad de su voz. Es fácil callar a un niño, basta una mirada dura, un bofetón, una amenaza y se hace el silencio.
Los niños son siempre los más vulnerables en las crisis humanitarias. Los más pequeños son los que están en un mayor en peligro de sufrir enfermedades, desnutrición, explotación y abusos. Muchos tienen que interrumpir su educación y padecen graves trastornos psicológicos. Unicef lanza la campaña Voces de los niños en emergencia para que el mundo escuche sus problemas.
Celebridades como Pau Gasol e Imanol Arias serán parte de esta campaña que, según la agencia de la ONU, “ofrece a muchos de estos menores la posibilidad de contar sus propias historias”. El jugador de la NBA protagoniza el spot, al que también han puesto su rostro y voz otros embajadores de UNICEF como el actor Ewan McGregor (Reino Unido), el futbolista Robert Lewandowski (Polonia), el jugador de baloncesto Bostjan Nachbar (Eslovenia), la actriz Evanna Lynch (Irlanda), el periodista Pavlos Tsimas (Grecia), y la actriz Gaia Amaral (Italia).
El tema aterriza en un momento sensible, el tema de abuso, violencia y marginación a niños y jóvenes tiene índices de crecimiento aterradores. Sucede en Nigeria, en Turquía, en Estados Unidos y en el patio de juegos de escuelas y casas cercanas a nosotros.
Darle voz a los niños es un buen comienzo, ahora necesitamos escuchar. Es preciso poner atención y tratar con delicadeza estos temas. La fragilidad de un menor es una característica que debemos tener en cuenta y el la primera cualidad de se necesita atender.
Padres, escuelas, maestros debemos hacer un frente común y poner manos a la obra. Si queremos un mundo mejor, pacífico y armonioso, debemos propiciar que la niñez sea una etapa gozosa, feliz y no un bastión de guerra en que los juegos se confunden con actos criminales. Es nuestra responsabilidad vigilarlos.

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El éxito de Cuarón

Alfonso Cuarón se llevó la noche de la entrega de los Oscars. Gravity ganó siete de las diez categorías en la que estaba nominada y fue la máxima ganadora del evento. ¿De quién es el éxito de Cuarón? ¿Quién se debe sentir feliz ante semejante triunfo?
Desde que se dieron a conocer las nominaciones leo y escucho las alabanzas y diatribas al respecto. Por un lado, dicen, y es cierto, que Cuarón es el primer latinoamericano que se lleva el premio a Mejor Director, que es el mexicano dedicado al cine con mayores reconocimientos, que es un genio, que perseveró, que es un orgullo para México y está en camino de ser héroe nacional. Loas van y loas vienen. Por otro lado, dicen, y es cierto, que el cine mexicano ni se beneficia ni se perjudica con este éxito ya que la película es totalmente extranjera —lo dijo el propio Cuarón—, que el cine en México no supo aprovechar la época dorada, como sí lo hicieron Italia o la India. Después del descalabro de haber caído en el bache de encuaratrices y ficheras, la actividad está muy castigada, no hay suficientes apoyos, por eso los genios corren al extranjero a triunfar y los cineastas mexicanos son quijotes persiguiendo molinos de viento. Por lo tanto, México no tiene nada que festejar. Criticas van y críticas vienen. Hay quienes dicen que Gravity no es la maravilla que se publicita.
La verdad México merece dar más y mejores películas. Talento, temas, experiencia y ganas hay. Lo que falta son recursos, fomento e impulso. Este país es capaz de producir cine de buena calidad. Pero de eso se hace poco.
¿De quién es el éxito de Cuarón? Pues, evidentemente que es de Alfonso Cuarón, de su perseverancia, de la seguridad que tuvo en su proyecto de vida, de lo arraigado de su quehacer artístico y de su hambre por hacer lo suyo. El éxito es de él y de nadie más. También, sin duda de su equipo, de su staff y de la gente que creyó en él y lo apoyó. De sus incondicionales. Ahí que nadie más se forme en la fila, ya que de hacerlo estará entrando en el terreno del arribismo y del lamebotismo.
¿Quién se debe sentir feliz ante semejante triunfo? Todos. Ahí se abren las puertas y todo el que quiera demostrar respeto, gusto y admiración es bienvenido. Es de dar felicidad que alguien gane, que le vaya bien. Con más ganas si se trata de un paisano. Mejor si se trata de un migrante, de alguien que dejó su tierra primigenia para perseguir un sueño. El que no se alegre de este éxito es un mezquino, es un envidioso.
¿Tiene razón México al celebrar a Cuarón? Yo creo que sí. Ver a un mexicano de clase mundial, a un hijo de su tierra y de su barro que arrasa en territorio ajeno es para llamar a una celebración. Los que no se deben colgar las medallas son aquellos que debiendo fomentar al cine, los que debieron apoyar a los cineastas mexicanos, no lo hicieron. Ya sea por corruptos, por incompetentes, por ignorantes o por lo que sea, si negaron oportunidades, mejor ni sonrían.
Pero, no hay que ser tan duros. La industria cinematográfica a la que todos aspiran, no está, y por lo que se ve, ni estará en México. Todos tienen los ojos puestos en Hollywood. Enhorabuena, porque Cuarón le puso su nombre a la gala de los Oscars.
Por cierto, me alegro de que la Academia no haya castigado a Cate Blanchett por escasos que no cometió. Su actuación en Jazmín azulfue impecable y merecía el Oscar a mejor actriz.
Estamos de plácemes.

Acapulco y una raqueta

Bajo el sol de Acapulco la bola de tenis brilla con mayor intensidad. Una semana al año, el puerto se vuelve le centro de los amantes de la raqueta y se convierte en la sede de uno de los torneos más divertidos de la serie ATP. Los fanáticos tienen la posibilidad de convivir con sus ídolos, de tomarse fotos e incluso de platicar. Así es este torneo.
Jugadores, jueces, organizadores, fanáticos, patrocinadores, comentaristas, proveedores y uno que otro villamelón caminan por los jardines del Hotel Princess, sonrientes, relajados, sin la prisas y los protocolos de otros torneos del circuito. A Acapulco se viene a ver buen tenis y a disfrutar de un paraíso.
El sol no falla, la playa se engalana con los destellos más dorados y el mar contribuye con un azul que quita el aliento de propios o extraños. Estoy muy feliz es la declaración constante de Murray, Dolgopolov, Bachdatis, Anderson, Cibulkova, McHale y demás participantes.
Los jugadores se sienten encantados por la calidez del público que lo mismo apoya a uno que a otro jugador, les fascina el color y el calor del ambiente, la comida, la música. ¡Esto es México! Lo pronuncian con sorpresa y entusiasmo. Algunos quisieran que este evento evolucionara y se convirtiera en un ATP1000. Sería una bomba, todo el circuito querría estar aquí. Estoy segura de que así sería.
Muchos extrañamos la cancha de arcilla, otros ven una ventaja para el torneo en el cambio de superficie. Lo cierto es que las raquetas, las bolas amarillas, las personalidades le dan a Acapulco ese toque al que estuvo tan acostumbrado. Para el puerto no le resulta ajeno ver a tanta estrella conviviendo con celebridades y gente hermosa en torno a una cancha de tenis. Ese es el estilo que le gusta y que debe repetirse con mayor frecuencia. Todos están divertidos y encantados de la vida. ¿Es o no es el paraíso terrenal? Estoy convencida de que los que se portan bien en esta vida despertarán en la otra con una raqueta listos para jugar con los ángeles en una cancha en Acapulco.
Los acapulqueños cumplen como anfitriones. Son de los mejores del mundo. Reciben al visitante con amabilidad y abren las puertas de su casa con gusto.
Acapulco vibra al son de una rítmica pelota de tenis que va de un lado al otro haciendo que la emoción que se aloja en el corazón de la gente estalle en un grito emocionado y en un aplauso de reconocimiento. Un aplauso por todo lo que le hermoso puerto da.
Acapulco y una raqueta. Es como tener un pedazo de cielo en la tierra. Pensé que lo sería nada más para mí, por la combinación de estos amores pasionales. Pero al ver tantas sonrisas me doy cuenta que lo es también para más de alguno.

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Algunas veces, la muerte se aleja de las zonas de desastre y visita los hogares felices. En ocasiones, se para en la puerta y los guardianes de la vida dialogan con ella y se ofrecen como voluntarios para proteger a los suyos. Hay veces que Dios manda angelitos con misiones determinadas y una vez que la han cumplido, los manda llamar a la proximidad de su trono.
Bú llegó a mi casa hace apenas unos cuantos meses. Andrea la trajo del albergue y le dio una vida de mimos y amor del bueno. Su gatita, en correspondencia, le enseñó lo que es la fidelidad a toda prueba, el acompañamiento sin falla, la incondicionalidad del amor; la tocó en el alma.
También nosotros fuimos receptores de sus regalos. Nos enseñó de elegancia y de independencia; de señales de cariño y agradecimiento. A toda la familia nos divirtió con sus juegos, con su curiosidad inagotable, con sus gracias al perseguir un hilo, al saltar con agilidad y al echarse de panza como signo de autorización para tomarla en los brazos. A toda la familia se nos encendieron las sonrisas al ver sus orejas de aeroplano y se nos avivó la ternura al escucharla ronronear.
Con Bú aprendimos el lenguaje sin palabras, se transformó en la Condesa de mi casa y por ella mis hijas iniciaron otro motivo de complicidad y camaradería. Bú maullaba por las mañanas para advertirnos que ya era necesario iniciar el día, su primera acción era subirse a la cama de Andrea a despertarla, luego a la de Dany. Acto seguido bajaba a la cocina a desayunar con mis hijas, merodeaba por la sala hasta despedirlas y después se dedicaba a la vida secreta de gato. Misteriosamente, regresaba a la hora que el camión llegaba de la escuela. Siempre supo con exactitud el momento en que mis hijas entrarían a la casa a pesar de que siempre llegan a diferentes horas. A partir de ese momento, los momentos de Bú se dedicaban a hacer felices a mis hijas y por lo tanto a Carlos y a mi.
Cada vez que quise acercarme a acariciarla, ella salía corriendo a la voz de atrapame si puedes. En ocasiones, mientras escribía, subía sigilosamente los escalones que llevan al torreón y saltaba a mi regazo. Sus ronroneos fueron siempre un privilegio que ella dispensaba según su real majestad dictaba. Yo recibí muchos. La administración de su cariño no era huraña, era selectiva y también asertiva, supo estar en el momento adecuado con cada uno de nosotros.
Acompañó a Carlos en las mañanas de convalecencia, a Dany en las noches de estudio, a mi en los ratos de inspiración y a Andrea en todo momento posible desde que llegó a la casa. Jugó con todos, nos vaciló a todos, nos quiso a todos. Amó a Andrea.
Hoy, la muerte entró a mi casa reclamando la presencia de Bú en el cielo. Debo decir que tuvimos tiempo suficiente para despedirnos, para decirle lo mucho que la queremos y lo importante que es para nosotros. Los ojos verde mar y el pelaje negro se transformaron en el ángel que Dios nos envió hace unos meses y que hoy nos pidió de regreso. Pero los ángeles no abandonan. Se quedan con nosotros por toda la eternidad, simplemente cambian se esencia. La fidelidad de Bú se hace patente y habita en mi casa. Es el ángel protector de mi hijita querida que decidió tomar forma de gatita para acompañarla durante estos meses y que hoy recupera su naturaleza original.
A cada uno Bú nos dejó un legado. El mío fue aprender que los gatos, como los perros, son seres extraordinarios, capaces de dar amor sin límite, capaces de despertar los mejores sentimientos en el ser humano.
Algunas veces los ángeles buenos visitan los hogares felices.
Gracias, Bú.

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