Familias funcionales, empresas disfuncionales

Uno de los grandes enigmas que ensombrece el terreno empresarial es la evidencia de que familias integradas, de esas que parecen salidas de una postal, de esas que se pueden presumir, que usaríamos de ejemplo y hasta aspiraríamos a ser como ellos, al momento de entrar al mundo empresarial no son capaces de hacerlo en forma armónica. El contraste entre las mesas de domingo en las que los platillos son deliciosos, la plática es cariñosa y se pide que pasen la sal con educación es asombroso cuando el hermano es capaz de ensartarle la quijada de burro a la hermana para romperle la cabeza con tal de sacarla del negocio familiar y cuando vemos que el cuñado se atreve a conjurar en contra de aquel que alguna vez le tendió la mano.

              Uno se pregunta con justificada razón, ¿qué fue lo que pasó ahí? Resulta un misterio entender cómo es que la disciplina que se respetó en casa no pudo transmitirse a la empresa, no se comprende cómo es que en el ámbito de la familia cada quien sabe su lugar y en el negocio no. Y, dicen por ahí que el dinero tiene cara de hereje y que los intereses económicos traen de la cola al diablo. ¿Se trata de falta de valores? Puede ser, pero no lo creo. Me parece que una familia integrada y unida tiene valores que se hunden cuando no existe una forma de convivencia profesional adecuada. Hay una verdad que debiera estar escrita en letras de oro: el cariño debe cuidarse y blindarse porque o es a prueba de balas.

              Los lazos de sangre tienden a desdibujar la objetividad que debe privar en el ámbito empresarial y cuando los parentescos políticos aparecen en escena, las complicaciones florecen en forma exponencial. Si hasta en los jardines más cuidados aparecen hierbajos, en las empresas también hay lunares que pueden manchar y acabar en historias terribles si la gente no sabe ocupar su lugar. Si no ponemos atención, una peca se convierte en cáncer mortal? Lo verdaderamente triste y complejo del tema es que el riesgo tan alto de mortalidad que tienen estos proyectos empresariales se deriva de los elementos que los debieran preservar: los familiares.

              Una de las principales razones por las que las familias funcionales dan a luz empresas disfuncionales es porque en el hogar, un golpe en la mesa hace que una discusión acalorada acabe de inmediato. Si los hermanos se pelean, mamá llega y los manda a la esquina a reflexionar. Sabemos en carne propia que muchas veces fuimos castigados injustamente, que a la hermana matalascallando nunca la regañaron porque con una miradita derretía a los padres, mientras que a la que contestaba para defenderse le iba peor. Entendemos que los padres tratan de balancear para que todos los hijos tengan las mismas oportunidades, pero en los negocios, no se trata de compensar, se trata de las competencias que tiene cada uno para ocupar posiciones, operar, dirigir, formar parte o de plano entender que hay muchos que ayudan más si no estorban.

              Hay tías que son adorables, primos que son simpatiquísimos pero que no saben —o no quieren trabajar— y que lo mejor es tenerlos lejos del negocio. Hay amigos que son divertidísimos para salir de fiesta pero a los que es mejor no invitarlos a trabajar con nosotros. Los consejos del abuelo pueden ser sabiduría de vida y no de operación empresarial. Pero, caemos en la terrible tentación de confundir el terreno de los parientes con el de los negocios. Nos enteramos de que el esposo de la prima se quedó sin trabajo o que el amigo del hijo la está pasando mal y tenemos la buena intención de ayudar. El problema es que ser esposo, amigo, cuñado, compadre no nos convierte de inmediato en una persona capaz para desempeñarnos eficientemente en una posición, y ya hecha la invitación ¿cómo nos desdecimos? Despedir a un familiar o a un amigo es una de las experiencias más complicadas que puede haber. Entonces, la intención de ayudar se convierte en una terrible caja de Pandora de la que emergen tormentas y batallas que nos debimos evitar.

              Si la objetividad falla en casa, no pasa mucho; si falla en el negocio el riesgo aumenta. Familia y empresa tienen parámetros diferentes y divergentes. Si una mamá ve hermoso al frutito de sus entrañas y se lo dice a todo el que lo quiera escuchar, no pasa nada, tal vez uno que otro la vea con ternura y en casos extremos hasta se rían de ella por lo bajo. Pero, si esa misma madre hace lo mismo y pone al frente de su negocio a un hijo incompetente o a una hija que no está preparada, los efectos negativos son como las fichas de dominó que van cayendo una tras otra sin poder detenerlas.

              Sucede frecuentemente que en las familias nos enseñan a ser prudentes, a sonreír, a ser educados y eso lo traducimos a no decir, a ser amables, a minimizar errores y a maximizar las cualidades. El amor es la fuerza aglutinante que todo lo puede y que vence cualquier obstáculo. Los rieles del cariño sostienen valores trascendentes. Y, por lo general, las familias funcionales no permiten que los problemas se desborden. La disciplina va aparejada con el respeto y el amor y entonces todo se alinea. Se cuidan los sentimientos de la gente y es inadmisible decir algo que lastime a nuestra gente.  Claramente, en los negocios no.

              En los negocios los parámetros son diferentes, existe disciplina, sí; pero debe haber unidad de mando, de dirección, objetivos, metas, tiempos perentorios, presupuestos, competencias, propuestas de valor, leyes, procesos: vocación. La experiencia y la preparación son pilares fundamentales que se deben aparejar con resultados. Si no estás aportando, te lo dicen y mientras más claro y oportuno seas, mejor.

              En las familias funcionales también hay pleitos, envidias, competencias, zancadillas. Es parte de la vida y de la convivencia de cualquier unidad social. Hay hermanos que quieren jugar con el carrito que tiene el otro en la mano, a pesar de que hay uno idéntico que está libre y eso es suficiente para empezar con el zafarrancho. De pequeños, las riñas se resuelven fácil, de grandes no es tan sencillo. Las cosas se complican cuando los chiquitos crecen y traen invitados. Un cuñado flojo, una concuña ambiciosa, un tío irresponsable, una prima abusiva hacen una mala receta. En casa, te pueden decir que calladito te ves más bonito. Si en la empresa, eso se vuelve política, los resultados son devastadores.

              He visto problemas empresariales que iniciaron por una rivalidad entre parientes políticos. Nietos que se vuelven contra el abuelo fundador porque sintieron que a la madre —nuera del dueño—, le hicieron un desprecio. Yernos que no supieron guardar lealtad a sus empleadores porque les ganó la avaricia. Concuños que salen resentidos porque no los supieron valorar. Estos ejemplos son la historia de todos los días que se topa uno lo mismo en proyectos empresariales, en pequeños emprendimientos o en corporativos internacionales. Échenle un ojo a casos como el de Vega Sicilia y verán de lo que estoy hablando.

              También pasa que estas familias bien integradas quieren extender esos lazos a la empresa. Acostumbrados a comer juntos, a vacacionar juntos, a veces el negocio requiere que la unidad de las tradiciones se resquebraje. ¿Qué hacer si todos quieren ir a la boda de la sobrina y alguien se tiene que quedar a cargo? ¿Qué pasa con el primo que siempre ocupa de pretexto la empresa para zafarse de esos compromisos engorrosos? Parecen frivolidades y no lo son.

Hay muchas preguntas cuyas respuestas evidencian porque familias funcionales dan negocios disfuncionales: qué pasa si la heredera no quiere hacerse cargo del negocio porque ni le gusta ni le entiende; que hacer con un familiar que tiene una proporción de la empresa pero no le gusta trabajar, cómo integrar a la cuñada que no tiene idea de nada pero es parte de la asamblea de accionistas, qué hacer con el hijo que no entiende, cómo lidiar con los Caínes que le quieren dar madruguete a los Abeles, qué hacer con el pariente enfermo, que tiene un vicio, que no es ordenado con el dinero, con el que gasta más allá de sus posibilidades. ¿Cómo preservar la familia y al negocio al mismo tiempo? Si muchas familias funcionales se hicieran estas preguntas, habría menos empresas disfuncionales, me parece.

La porosidad de los recuerdos

Me parece que la memoria es una especie de queso gruyere, algo así como una calle mal pavimentada. Desde el ángulo del presente, los hoyos del recuerdo no se notan y el cerebro va completando, componiendo, remediando el hilo narrativo de lo que sucedió ya que algunas veces —la mayoría— no tenemos los datos exactos de lo que sucedió.

Pasa con lo que sucedió ayer mismo, con lo que pasó hace unas horas y con esos hechos añejos que los años llenaron de polvo y telarañas. Me parece que recordar tiene similitudes con la relectura. Creemos que las cosas fueron de cierta manera y seríamos capaces de apostar que así fueron. Entre esos hoyos que se hacen por la porosidad de los recuerdos, se nos pueden escapar hechos relevantes que huyen con rumbo al laberinto del olvido. En ocasiones, se van para no volver.

No obstante, hay recuerdos que estuvieron adheridos a los muros de la maraña del olvido y que de repente se despegan para hacerse presentes en la actualidad e iluminar aquella oscuridad que nos dejó un bache en la realidad. Eso sucede, por ejemplo, cuando regresamos a un lugar al que hacía tiempo no volvíamos.

Ayer, acompañé a Dany a hacer su examen de admisión. Mientras la esperaba en la cafetería, me puse a jugar con el iPad, a mandar mensajitos de WhatsApp, a leer y cuando ya no podía del aburrimiento, empecé a observar lo que sucedía en ese lugar.

Vi a profesores ayudando a sus alumnos, vi a muchos estudiantes comiendo y cotorreando con sus amigos, había mucha gente estudiando. Me di cuenta de lo mucho que las condiciones del lugar habían cambiado desde que yo hice ahí mi propio examen. Y, así, como ese rayo que tiró a Saulo del caballo, me llegó un recuerdo que de tan olvidado, hasta me sorprendió.

Recordé que hace más de treinta años, mi mamá estuvo ahí conmigo, esperando a que yo terminara de hacer lo que tenía que hacer. Mi mamá, igual, que yo, estuvo sentada en el mismo lugar, viendo como pasaba el tiempo, de la misma forma en la que lo estaba haciendo yo. No me acordaba de eso y estoy segura de que si me hubieran preguntado, habría dicho que claro que había ido sola. Con la porosidad de los recuerdos, la mente trata de decirme que eso no es un recuerdo, es un anhelo. Pero…, más que una imagen, está la certeza que brota de dentro. Sé que igual que lo hice con Dany, ella lo hizo conmigo. Estoy agradecida.

Lo único que espero es que mis hijas no se olviden de que mientras ellas hacían su examen de admisión, yo estaba afuera, esperándolas, tal como lo hicieron conmigo.

Irrupción en la intimidad (Spring, Karl Ove Knausgaard)

Spring

Karl Ove Knausgaard

 (Traducción, Ingvild Burkey, Ilustraciones Anna Bjerger)

Penguin Press, 2016, U.S.A.

Desgarrar la protección que te da la cortina de intimidad es una decisión autoral complicada. Por un lado, muchos conocen tu cotidianidad y eso de la vida diaria no siempre es luminoso ni perfecto; y por otro lado qué se hace con una tristeza tan profunda, con una situación que te desgarra el alma. Escribir es una forma de catarsis, especialmente cuando eres un escritor en serio de la talla de Karl Ove Knausgaard. Sin embargo, eso de quedar expuesto es duro. Claro, eso de generar utilidades cuando tu propia tragedia está bien escrita puede ser tentador.

Spring es la novela con la que Karl Ove Knausgaard decide regresar al oficio. Después de haber escrito el último volumen de Mi lucha, una saga de 6 libros, cuya última frase fue: Ya no soy escritor, regresa con otra serie continuada de cuatro libros que están titulados conforme a las estaciones del año. El tema es, como el lo denomina, la enfermedad de una familia.

La novela nos hace saber que se trata de una epístola para su hija que aún no ha nacido pero que ya nació. Vemos al narrador, protagonista, que también es el escritor, como un padre muy presente y muy comprometido con sus cuatro hijos. Lo acompañamos a darle la mamila a una bebita recién nacida lo mismo que cuando mete la ropa a lavar a la lavadora, lo vemos recoger la casa, lavar los trastes, llevar a los niños a la escuela, prepararles el desayuno, ponerles la pijama. Nos muestra una cotidianidad bucólica, en una casa en el medio un bosque en el que los vecinos están lejos y se necesita coche para llegar a cualquier lado.

“La vida que vivo está separada de ti por un abismo. Está lleno de conflictos, deberes, cosas que no han sido atendidas… y en una corriente continua donde casi nada se detiene pero todo está en movimiento. [1]

El lenguaje es preciso y las palabras que se seleccionaron fueron para tomar al tiempo por las manecillas y ralentizarlo. La traducción del noruego es fiel a esa forma en que Ove Knausgaard hace que los segundos se arrastren a lo largo de la narración. Las descripciones nos recuerdan al realismo francés de Balzac, muy al estilo de Eugenie Grandet. Todo parece ser como una tacita de porcelana, no obstante, tanta perfección nos hace sospechar y el lector tiene razones para la duda.

Spring nos pone frente a una familia de tres hijos justo cuando la pareja decide tener un cuarto. Estamos en la mente del narrador que disfruta de esa vida familiar, alejada de las grande metrópolis, que le acomoda vivir entre árboles y en contacto con la naturaleza ya que eso le acomoda para invocar a las musas. No se entiende bien a bien a qué hora escribe un padre que está tan ocupado de las tareas parentales. La mujer es una figura desdibujada que no se le ve. No se muestra mucho en la novela, aunque será la parte central y motivo de la anécdota en la que se centra la novela. Este libro se trata de la depresión de su mujer y las consecuencias de que la vida siga adelante aunque ella no pueda con ese ritmo.

“Era como si toda la energía de la casa estuviera siendo succionada hacia ella”[2] (p. 123)

La novela nos hace sentir el enojo y la frustración que tiene el protagonista alrededor de una situación en la que vemos que este padre de familia actúa prácticamente como si fuera un viudo, la presencia de la mujer es más bien una ausencia que causa una gran molestia.

“Obviamente, la gente se quedaba mirando, yo los dejaba mirar fijamente. Yo estaba en un lugar donde otras personas y sus opiniones no importaban. Después, los lamentos salvajes, la desesperación salvaje.” (p. 32)[3]

Y, efectivamente, a Karl Ove no le importa que miremos fijamente, le da lo mismo que el lector se entere de lo que está sucediendo en la intimidad de su casa, no tiene pudor frente a quien está leyendo y muestra a sus hijos jugando, a su esposa ausente, a un padre desbordado por las actividades diarias, la soledad de una familia que necesita ayuda y cuyo día a día pudiendo ser bello se descompone en una serie de cosas que se necesitan hacer para seguir viviendo y que parecen rebasar las capacidades familiares.

“Yo estaba harto de todos los susurros, toda la inmovilidad, la falta de iniciativa, la impotencia, el desvío de mirar a otro lado.” (p.106)[4]

La novela gira en torno a la reflexión de lo que es la depresión en uno de los miembros de la familia y de como los demás deben de seguir tirando, de como los demás debes seguir adelante y de como afecta las vidas de los otros integrantes de la familia. La vida sigue pero tiene repercusiones cuando alguien decide ponerse en pausa:

“La enfermedad tiene que hacer contigo no tomar responsabilidad por ti mismo. Cuando estás abajo, usted no asumes la responsabilidad sobre ti, cuando estás arriba, tampoco asumes la responsabilidad de tu persona” (p. 125)[5]

Spring nos deja claras las razones por las que el autor, narrador y protagonista está enojado con su mujer y con la decisión terrible que decide tomar cuando está embarazada de la niña a la que se dirige esta novela. Karl Ove nos dice que la intención es que su hija entienda lo que sucedía mientras los demás vivían el trance previo a su nacimiento y semanas después de que ella llegó a este mundo. Comparte la dureza y la crueldad que tiene que enfrentar un padre solo cuando sus hijos están tan pequeños. Contrasta con mucha habilidad la inocencia de los niños, sus ganas de jugar, de ver la tele, de salir al patio, con la oscuridad de su madre y la desesperación del padre. Contrasta los elementos de una vida casi perfecta con el infierno de una tristeza que llega y se instala sin que logremos entender bien a bien qué fue lo que la provocó. Nos enteraremos de forma tangencial, y el lector debe estar muy atento para no pasar desapercibidas las razones.

Belleza y terror, oscuridad cuando debe haber alegría, la vida de diario y sus secretos son el hilo narrativo que se entreteje en las páginas de Spring.

“La gran y aterradora belelza no nos abandona, está allí todo el tiempo, en todo lo que es siempre lo mismo, en el sol y las estrellas, en la hoguera, anuncio la oscuridad, en la alfombra azul de flores bajo el árbol” (p. 177) [6]

La novela llega en una traducción al inglés de Ingvild Burkey y con ilustraciones espléndidas de Anna Bjerger. La contracubierta tiene colores brillantes en los que se contrastan diferentes tonos de azules que se van degradando en contraste con ocres que se van oscureciendo y una niña que está acostada en la arena cerca de una playa. La novela se divide en tres partes y un epílogo.

Depués de leer Spring me queda claro que es un texto bien escrito que transmite sentimientos universales y esto le da un rango de Literatura que no se le puede regatear. Sin embargo, en otro nivel, no sé que tan válido es exponer tu vida a ese nivel, que tan necesario es dejar que los lectores se enteren de ese nivel de intimidad. Porque, todo cambia cuando sabes que los personajes son reales, que no es ficción, que todo lo que lees —novelado o no— verdaderamente sucedió. ¿Qué necesidad hay de narrar y dejar tan expuesta a una mujer que se obnubiló por la tristeza? No lo sé. Al terminar de leer, queda una especie de desarmonía que me hace reflexionar su una pluma tiene derecho a desgarrar tanto. Insisto, no lo sé.

[1] The life that I live is separated of You by an abyss. It is full of conflicts, duties, things that have not been answered… and in a continuous stream where almost nothing stops but everything is moving.

[2] It was as if all the energy in the house was being sucked towards her

[3] Obviously, people stared, I let them stare. I was in a place where other people and their opinions did not matter. Afterwards, wild regrets, wild despair.

[4] I was fed up with all the whispering, all the immobility, the lack of initiative, the helplessness, the turning away.

[5] The illness has to do with you not taking responsibility for yourself. When you are down, you do not take responsibility for yourself, when you are up, you do not take responsibility for yourself either

[6] The great and terrifying beauty does not abandon us, it is there all the time, in everything that is always the same, in the sun and the stars, int the bonfire ad the darkness, in the blue carpet of flowers beneath the tree.

Mi suegro

Ayer, el minutero se detuvo y el corazón dio un brinco. Los granos del reloj de arena de la vida de mi suegro transcurrieron y como un barco que zarpa en otro rumbo, los fuimos a despedir. De este lado, nos quedamos sus amores, sus amigos, sus hermanos, su prima, sus sobrinos, sus hijos, sus nietas. Nos paramos en el filo del muelle y elevamos la mano para decirle adiós a un hombre que entendió la aventura de la vida.

Carlos Alberto Fischer Marmolejo fue orgulloso originario de la ciudad de Zitácuaro, con una herenica de migración y con raíces profundas en su tierra. Fue un gran atleta, jugador de futbol americano, integrante del Pentatlón,  egresado de la Facultad de Química, funcionario de las principales empresas petroleras del mundo, pieza clave en la negociación de tantos  tratados de Libre Comercio que beneficiaron a México, poca gente sabía tento de autos y tractocamiones como él. Fue un hombre de plática sabia, de consejo útil, de mente clara. Fue mi suegro, para fortuna mía.

Mi suegro tuvo la cualidad de la puntualidad, jamás lo vi llegar tarde. Tenía un gran acervo de conocimiento que atesoraba en la cabeza y del que jamás presumió pero del que supo hacer uso. Conmigo siempre fue correcto, discreto que supo dar las palabras adecuadas en el momento justo. Consoló cuando fue preciso, animó cuando fue necesario, aconsejó y dio su opinión, festejó junto a nosotros cada oportunidad de éxito y tendió la mano cuando llegaron los tropiezos. Nunca encontré un tema de conversación que él no supera abordar, desde las frivolidades de la cotidianidad hasta las complejidades de los cambios en la vida moderna.

Disfruté de su compañía. 

Especialmente, disfruté verlo explicarle a sus nietas los secretos de la tabla periódica, lo sencillo que era la física cuántica,contarles  de las estrellas que hay en el cielo, de los misterios del sabor a chocolate. Compartí con él el gusto por el vino y por la uva Carmenere. Lo vi sonreír cada que su hijo nos llevaba a comer con él y con Lucía. Lo admiré por entender los signos de su cuerpo y por la valentía con la que aceptó el rumbo que lo llevaría a zarpar.

Hoy, agitamos las manos para decir adiós. En el otro lado del muelle, lo esperan amores entrañables, sus padres, su tía, su hermana Nena. Imagino la felicidad que tienen de volverlo a abrazar, lo felices que están de recibirlo. Nosotros nos quedamos con la certeza de que él nos habrá de esperar en nuestro día.

Me quedan sus manos en el reflejo idéntico de las manos de Dany, la claridad de pensamiento de Andrea, la fortaleza de Carlos, su hijo mayor. En mi cotidianidad se queda un hombre que se refleja en los míos día a día. ¡Misión cumplida, querido suegro! Con esa parte suya, que es mía, esa luz que brota de una imagen que mezcló corrección, cariño, sabiduría y respeto, la guardo para siempre como un tesoro que a mí será eterno. Ahí va un ganador que supo aprovechar los granos de la vida y los segundos de la vida. 

Lo que nos dice la feria de electrónica en Las Vegas

¿Quieres ver el futuro? Échale un vistazo a lo que proponen los participantes a la 50 edición del Consumer Electronic Show de Las Vegas. Ahí, los exponenetes nos dan las propuestas que se encontrarán en el mercado en algunos años. Es como meterte a una máquina del tiempo a ver el porvenir, es como asomarte a una ventana y ver lo que va a pasar en algunos años. Claro, muchas propuestas han sido postergadas, otras guardadas en el cajón. No obstante, muchas de las que nos parecían inverosímiles, hoy forman parte de la cotidianidad.

¿Qué proponen en Las Vegas? Belleza con entornos controlados, es decir, aparatos de salud y bienestar. Peines que no sinforman el estado del pelo y nos sugieren qué tratamientos usar, monitores de sueño, ritmo cardíaco, ingesta de calorías, espejos mágicos que nos dan cuenta del estado de la piel, manchas, arrugas, poros… Los niñoa seguirán usando aparatos desde temprana edad, juegos adicionados con realidad aumentada, criaturas rodeadas de cables, sensores, tecnología.Bebés  enchufados a artilugios que nos dicen si está dormido, respirando bien, alimentándose adecuadamente, con la temperatura adecuada, con la vida en orden. 

La movilidad sigue siendo la reina en la exhibición. Los teléfonos inteligentes avanzan y la televisión retrocede. El móvil será el aparato central del hogar. Con ese dispositivo controlaremos el clima de la casa, las cortinas, la cocción de los alimentos, la parilla de la estufa, el flujo del agua en la regadera, será en su pantalla dónde veamos programas, seres, noticias. Jugaremos y viviremos en el teléfono celular.

Los autos se proponen autónomos, la inteligencia humana será sustituida por la artificial al conducir. Los autos seran eléctricos, de una o dos plazas. Pocos tendrán coches propios, se manejará por suscripción. Los colectivos son la forma de transporte sugerida. Los autos familiares desaparecen y los monoplazas y los biplazas son las propuestas. ¿Qué me deja ver todo este mundo del futuro? Un espacio creado para la soledad.

La familia no está en el centro de la imaginación. Me aterra ver que los espacios familiares están anulados. No hay un espacio para conviivr, no hay un aparato que esté ahí para compartirlo en la intimidad del hogar.Ahora, cada quien vivirá a través de una pantalla individual. El privilegio de la creatividad está inclinado al individuo y no a la familia. La colectividad se dará en los espacios como el trasporte público, en dónde, desde luego, la gente irá distraida con lo que le indique la pantalla. 

El aire libre queda en una combinación de realidad virtual mezclada con el entorno. Veremos reproducciones del fenómeno Pokemón Go y a seres humanos caminando ensimismados en una pantalla. El imperio de la realidad fusionada, es decir, una sensación de estar inmerso en varios mundos a la vez. En fin, la apuesta es por la inteligencia artificial por todos lados. La reflexión no está de sobra. ¿A dónde vamos? Los espacios de felicidad, los recuerdos que se forman, el toque humano, los abrazos de la vida real, los besos, el calor de la próximidad parecen amenazados. Las vidas en singular, los integrantes de una familia, los amigos, los vecinos, estaremos más cerca de los lejanos y muy aislados de los que tenemos cerca. 

¿Por qué no se toma en cuenta la importancia del calor humano? Estos creativos, estos ingenieros cibernéticos, estos magos del futuro deben salir al mundo y darse cuenta que hay vida más allá de un laboratorio, de un aparato que puede ocntrolar todo. Es preciso hacerlo ahora que todavía hay quienes queremos vivir auxiliados por los aparatos,  no controlados por ellos. Pero, lo que nos dice la feria electrónica de Las Vegas es que a ellos eso no les interesa. 

Travesuras con mi prima Betty

Hace cuarenta años, mi tía Berta, la hermana más chica de mi papá se casó. El revuelo en casa de la novia estaba a todo volúmen. Mis tías se arreglaban y arreglaban la casa porque la ceremonia civil iba a ser ahí. Los corredores brillaban a limpio y las mesas con manteles tan largos se pusieron en los pasillos y parte del patio central. Llenaron la pila de cantera de agua y flores blancas. Snoopy y Platero, los peritos de mi tía Marta quedaron encerrados en el pasadizo que lleva a la fábrica de hielo. El ambiente olía a los azahares de novia, a las delicias de la cocina y a los perfumes que le rociaban a los vestidos de gala. Todos andábamos emocionadícimos.

A Betty, mi prima y cómplice de travesuras, y a mí nos arreglaron rápido y nos mandaron a sentar a la sala para que no estuvieramos dando lata. En eso llegaron un grupo de personas con maletas metálicas, luces, pantallas y artilugios. También los mandaron a la sala. Eran los fotógrafos. Los vimos sacar sus artefactos y montar el set para hacer su trabajo.  A Betty y a mí se nos encendió el foco. Nos propusimos salir en todas las fotos que fueran a tomar ese día. Las primeras fueron las obligadas en las que mi tía posó con sus sobrinas más chicas. Mis hermanos no figuraban, eran muy pequeños. Pero las siguientes fueron estratégicamente planeadas. Así, como que no quería la cosa, nos parabamos detrás de mi tía o del novio, nos sentabamos disimuladamente cerca, nos asomábamos, nos poniamos en cuclillas, nos atravesabamos, hacíamos lo que fuera preciso para salir en todas las fotos y lo logramos

Nuestra travesura fue todo un éxito. No hay una foto de la boda de mi tía Berta y mi tío Ernesto en la que Betty y yo no salgamos, aunque sea en una esquina. En cada foto está la cara de Betty y la mía. Ni la mamá de la novia ni las hermanas ni los  hermanos ni el papá ni las amigas ni los cuñados ni los suegros salieron tantas veces como nosotras. Entonces teníamos alrededor de nueve años. Fue una de las bodas más divertidas a las que he ido en toda mi vida. Cada que nos colabamos a una foto, nos moríamos de risa.  Claro, la pasamos risa y risa. 

Hoy, recorro los caminos de Michoacán con rumbo a La Piedad. Vamos a celebrar los cuarenta años de ese matrimonio. Mucho ha cambiado. No tengo nueve, mis padres no van a estar en La Piedad. Hay muchos ausentes y nuevas presencias. Estaremos los que debemos estar. Andrea vino conmigo. Ahora, Betty no estará en ese festejo. La echo de menos desde ahora y eso que todavía no estamos en la fiesta. ¿Como le hare para salir en todas las fotos? Creo que no podré, no creo que mi hija quiera colarse conmigo para salir en cada foto. Sin duda, me hace falta mi cómplice de travesuras.

El insondable misterio de la familia

Definir lo que es la base de la sociedad debería ser algo sencillo, no lo es. Hoy es más complicado que nunca. Hemos logrado complicar lo que es tan elemental como asomarnos a ver lo que sucede todos los días, hemos optado por alejarnos de la realidad y meternos en un laberinto. Entre los códigos civiles, los usos y costumbres, la palabra sagrada, el juicio público, resulta demasiado dificil encontrar consensos. La familia, nos guste o no, se ha transformado, pero sigue siendo el cimiento sobre el que se construye comunidad.

El grupo tradicional que era fundado por la unión de un hombre y una mujer, hace rato dejó  de ser el común denominador. Incluso antes de que se hablara abiertamente de preferencias sexuales diversas, el mundo ya había visto un modelo familiar cuya morfología no dependía de la estructura de padre y madre. Las mujeres que se quedaron viudas por las innumerables guerras del siglo pasado, salieron adelante jugando el papel proveedor y cuidadoso, eran papá y mamá. Pero, hoy hay muchas madres solteras que luchan por los hijos que un padre irresponsable dejó en el camino. Tambien hay las que vieron partir a sus maridos a tierras extranjeras para buscar un mejor destino. Los divorcios, los matrimonios de segundas nupcias. 

Desde luego, también están los hombres viudos que salen al frente y ven por su familia sin una figura femenina. Los abuelos que se hacen cargo de los nietos mientras padre y madre salen a trabajar, las nanas que cuidan a hijos ajenos mientras los propios están en manos de alguien más, las tías que están al pendiente de los sobrinos, los hermanos mayores que vigilan a los hermanos, en fin. Y, claro, la idea de parejas que cohabitan siendo del mismo genero.

Las discusiones que he oído ultimamente, tienen que ver más con el juicio que con el análisis. Las diferencias sufren del rigor y en vez de pasarlas por el tamiz de la razón, reciben condena. Me parece que no debiera ser así. Escudarse en la palabra de Dios, me resulta cobarde si cada quien va a adoptar una postura penalizadora. Radicalizar las posiciones no lleva a buen puerto.

La familia es el espacio en el que nos sentimos queridos, apoyados, respaldados, el el sitio al que volvemos cuando estamos cansados, en el que encontramos consuelo y donde podemos bajar las armas. Es el grupo a quien amamos y nos ama y por el que estamos dispuestos a darlo todo sin reservas. Los lazos consanguineos a veces no significan nada, Caín y Abel lo ejemplifican, a veces lo son todo. Padres que abusan, madres que abandonan, hermanos que traicionan son el pan de cada día, como lo son las abuelas cariñosas, los tíos cuidadosos, las vecinas que están al pendiente.

¿Qué es familia? Es un misterio que hemos hecho insondable. El Ser Humano complica lo sencillo. Muchos de los que levantan el dedo juzgón tienen cola que les pisen. Gran parte de los que gritan en contra de los matrimonios igualitarios han protegido a abusadores y a malvivientes. No es raro que quienes abrazan el juicio vayan de la mano del odio. El odio si es contranatura. Por eso, a mí me gusta pensar en el amor como la mejor alternativa. Más análisis y menos juicio. Más amor y menos condena.

Me gusta pensar en la figura de Cristo preguntando a la adúltera dónde estaban aquellos que la condenaban. Me imagino a todos estos que se abrazan de las imagenes, arrugando la nariz al ver a Jesús comiendo con prostitutas o conviviendo con tribunos. Me gusta la imagen de Francisco abriendo las puertas de la Iglesia y cuestiono la desobediencia de quienes lo contradicen. ¿Quién es el que tiene las llaves? ¿Quién es el sucesor de Pedro? 

En el Año de la Misericordia, los católicos deberiamos estar abriendo los brazos en vez de estar apretando los dientes. Los príncipes de la Igesia deberían recordar que, como lo dijo el Papa, son pastores. Desde sus castillos de alabastro no van a entender lo que sucede a nivel del piso. Me parece que el insondable misterio de la familia se resuelve con amor. 

Cambios en la sociedad

Me sorprende una nota que leo en el Diario de Yucatán. La sociedad yucateca, dice, está cambiando pero no para bien, según el sociologo Othón Baños Ramírez. Sostiene que los cambios de identidad en la familia yucateca se están modificando: el ensamble familiar no es únicamente una cuestión de afectos, sino de necesidad, de conveniencia. Además agrega: La precariedad económica en la que vive la mayoría de las familias y el fomento del individualismo más que promoción de una sociedad que responda de manera organizada, se está propiciando la pérdida de valores. Los yucatecos tienden a ser más egoistas y a dar poca relevancia a la relación con la familia.

En realidad, es injusto que se diga eso sólo de la sociedad yucateca, en el mundo las sociedades caminan alegremente hacia lugares que no llevarán necesariamente a una convivencia más armónica. Aquí no se trata de ir en contra de las nuevas estructuras familiares que ya no son la típica pareja de padre, madre e hijos. Esta  configuración del sistema familiar hace rato dejó de ser el único modelo. Hoy, las familias más comunes se integran por madres solas que sacan adelante a sus hijos, por abuelos que cuidan a sus nietos, por parejas heterosexuales que no optan por la paternidad, por parejas homosexuales que mueren por tener hijos… Y la diversidad marca el tono. Eso no me parece una involución, simplemente así son las cosas.

Sin embargo, la familia, cimiento de la sociedad, se ha hecho más débil. No por su composición, ni por los elementos que la integran, sino por sus dinámicas.La fragilidad deviene del poco cuidado que le tenemos como individuos. Se nos olvida que debemos estar al pendiente de aquellos a los que queremos, que la familia es ese espacio sagrado en el que podemos ser individuos que integran una organización amorosa, en la que la solidaridad y el cariño deben imperar. La familia debiera ser un sistema que da seguridad y alegría, por lo mismo debe ser atendido, custodiado y defendido.

Por desgracia, y ahí estoy de acuerdo con Othón Baños, perdemos de vista lo que es la familia y la descuidamos. Al primer grito, pleito o desencuentro, la desquebrajamos. Los matrimonios se dejan de cuidar y se separan, prefieren aguantar el dolor de una desunión que preservar la promesa de amor. Los esposos abandonan, las esposas ahuyentan. Los hijos descuidan a sus padres, los dan por hecho y los recuerdan si necesitan algo. Los padres se obsesionan con trabajos, televisores, pantallas, amistades y alejan a los hijos. Se sacrifica la convivencia, se interrumpen las conversaciones para atender un teléfono inteligente que escisiona a las personas e interrumpe el flujo del cariño.

Tambien los problemas macroeconómicos agravan el problema. La falta de empleos, las jornadas largas de trabajo, los compromisos y pagos mensuales, el agobio del no me alcanza, irritan a las familias que por quítame estas pajas, estallan en mil pedazos. Los integrantes de una familia se encierran, se ensimisman, se aislan y el egoismo triunfa sobre la convivencia. Los síntomas son sutiles, al principio, pero van enraizadose profundamente hasta tocar las bases mismas de la sociedad. No exagero. Fíjense en la mesa de cualquier cafe o restaurante, las familias reunidas en torno a la mesa están distraidas mirando pantallas en vez de verse a los ojos. Cada vez es más frecuente ver a bebés jugando con un aparato electrónico mientras la madre chatea.

No sólo los yucatecos avanzan en el egoísmo y le dan poca relevancia a la familia. Es una condición que va aumentando en el mundo y sobre la cual deberíamos reflexionar. El Papa Francisco dice que la familia debe ser un lugar privilegiado en donde se experimete la alegría del perdón. El perdón es la escencia del amor, que sabe comprender el error y poner remedio. La familia debe ser ese espacio en el que nos sentimos entendidos, en el que equivocarse tiene remedio y un dónde si alguno se cae, los otros llegarán a levantarlo.

El crecimiento del egoismo no es una buena señal. Tapar el sol con un dedo es peor. Lo mejor es hacernos cargo y empezar a cuidar ese sistema familiar nuestro. Es privilegiar el cariño y la solidaridad, la continencia y la tolerancia. Es pugnar por la continuidad por encima de la disrupción, por la ayuda por sobre la ventaja, la empatía más que el berrinche personal. Es mirar el largo plazo para seguir acompañados y no despertar una mañana totalmente solos, sin que nadie se acuerde de nosotros, sin que a nadie le importe. Es una cuestión de hacernos cargo de nuestra responsabilidad de preservar a la familia.

El rumbo que llevamos como socidead no parece llevarnos a una vida en común. No obstane, el Ser Humano es un ser social. Es tiempo de hacer cambios. Cambios para bien, no al revés. 

  
 

Primas

Las tradiciones se forman con varios ingredientes, el principal es el cariño, luego si se le añade la emoción de recuerdos antiguos y la voluntad para forjar nuevos, la receta cuaja mejor. Desde hace tres años, mis primas y yo reservamos una semana en el verano para reunirnos en Acapulco. Desde luego, el entrono ayuda a que las pláticas se prolonguen sin la restricción del minutero, a que las risas broten en forma ligera y a que las anécdotas  cobren vida.

Estos días escuché nombres de personas que estaban tan empolvados en el recuerdo que más bien estaban en el olvido, hice memoria de los juegos de infancia, de los juguetes con los que nos entreteníamos, de las travesuras y de los regaños, de otras playas y otras vacaciones en las que estaban mis papás, mis tíos, mis otras primas. Cuando todas eramos hijas y pedíamos permiso para todo, especialmente para meternos a nadar, cuando preguntábamos a cada tres minutos ¿ya nos,podemos meter a la aberca? Y la respuesta era no, acabas de comer y si te metes de va a dar una congestión. Tenían que pasar dos horas por lo menos para no terminar con laboca  torcida, o eso nos decían. 

Recordamos los sabores de las papas fritas de la plaza con salsa Maga, del ate con guayaba, del pay helado de limón, el olor al aceite de coco, al pescado a la talla, a las tortillitas de comal recién hechecitas y oimos a Luis Miguel, a Los Hombres G, a Mijares, a Emmanuel, a Flans y hasta Yuri se coló en el repertorio. El Verano Peligroso al que le cantó Alejandra Guzmán se convirtió en el riesgo de morir por un retortijón prococado por tanta risa.

Cada verano desde hace tres, nos reunimos también para actualizarnos y ponernos al corriente de quiénes somos, cuáles son nuestros  motivos de risa, qué nos arrebata las carcajadas, qué nos hace enojar, cuáles temas nos resultan delicados y cuáles merecen un abrazo de consuelo. Nos reunimos en torno a la mesa y nos rodeamos de nuestras hijas que tambien, como nosotras, están forjando recuerdos y estan tejiendo esos lazos de cariño. 

Cada año, por esta época, recibo a mis primas con esa ilusión que provoca volverlas a ver. Siempre tengo ganas de detener las manecillas del reloj y estirar el tiempo lo más posible. Pero los minutos por más que se alarguen se van rapidísimo. Siempre es igual, apenas las estoy recibiendo y ya las veo partir, una semana se va de volada. Sí. Lo cierto es que en una semana caben tantos buenos momentos que cada año nos hacemos la promesa de reencontrarnos el siguiente verano. Así sea.

  
  

Incongruencias vistas a lo lejos

Dicen que no es lo mismo ver los toros desde la barrera. Las perspectivas cambian dependiendo del punto en el que se esté situado. La lejanía quita sensibilidad y puede dar objetividad. Sin filias ni fobias, con la confesión de no entender el concepto de monarquía en pleno siglo XXI, me resulta dificil comprender los argumentos que el Rey Felipe VI de España tiene para retirarle a su hermana un título nobiliario. 

Los argumentos que tiene el actual monarca para retirarle el título de Duquesa De Palma De Mallorca que su padre le concedió, se sustentan, dice, en que la Casa del Rey debe ser ejemplo de probidad y transparencia , muestra para todos los españoles y no sé cuantas mieles más. ¿Qué tiene de ejemplar ver a un hermano elevando la mano y enterrandole la quijada a su propia sangre tan azul? ¿Por qué el mundo se tiene que enterar de los pleitos internos de una familia? Aparentemente, la preocupación es el supuesto fraude de Noos en el que Cristina y su marido tuvieron acción personal. Sin embargo, todo se oculta tras el velo de la sucesión. ¡Qué curioso!

Los periódicos españoles, tanto los de derecha como los de izquierda, argumentan, debaten, apoyan al Rey. A lo lejos, a mí me parece que Felipe está tratando en forma desesperada de mantener una institución que de suyo, huele a viejo. Los españoles, en el despertar de una crisis económica tan dura, entre desahucios y falta de empleo, se entretienen hojeando las revistas del corazón y discutiendo si Iñaki es un mafioso, si a Letizia se le pasa la mano de plebeya, si Doña Cristina sabía lo que hacía su marido, si Doña Sofía esta mortificada por su familia. Algunos se cuestionan y se hacen preguntas. Lógico. A algunos no les gusta lo que ven.

A casi un año de la abdicación de Don Juan Carlos, se envían a la prensa fotografías de arrumacos de los reyes, cuando hace cosa de meses se hablaba de una crisis matrimonial entre los, entonces, principes de Asturias. ¿Será que la corona trae estabilidad matrimonial? Pregúntenle a Sofía. No. No me parece ejemplar la exhibición de un pleito familiar, como no me lo parece la vida de Felipe y Letizia ni las fotografías de caza de Don Juan Carlos de Borbón. Me parecen problemas tan comunes y corrientes como los que se encuentran en cada barrio, en cada vecindad. ¿Qué hay de ejemplar en ver las pugnas que dividen? Lo ejemplar seria ver como, en forma civilizada y amorosa, una familia salva un problema de semejante envergadura, pero eso no está en la mesa. 

A lo lejos, los argumentos que esboza la Casa Real no parecen tener muchas bases. Servir de ejemplo es dificil, especialmente cuando parte de la condición humana es fallar. En ese sentido, todos, sin importar el color de la sangre, estamos en casa de jabonero: el que no cae resbala, sólo es cuetion de darles tiempo. A lo lejos, este pelito doméstico parece tener menos que ver con el honor y más que ver con tratar de mantener el statuos quo de una familia que le cuesta mucho a las arcas españolas.

Muchos españoles apoyan la monarquía y creen en las diferencias dinásticas y están a favor de clasificar a la gente por el color de la sangre. Pero hay un grupo cada vez más numeroso que se empieza a cuestionar cuáles son las ventajas de seguir manteniendo y privilegiando a una familia, para que viva en un palacio, sea ejemplo y represente a España. 

A lo lejos, sin simpatías ni antipatías para los actores, veo inconguencias. Lo que se dice, no parece tener mucha relación. Los españoles juzgarán y, tal vez sea eso lo que obliga a Felipe IV a elevar la mano en contra de su hermana. No el honor, el interés, aunque se diga lo contrario. ¿Que hay de ejemplar en ello?

 

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