Jerusalem

No hay mejores palabras que las del Rey David:

¡Qué alegría cuando me dijeron:

“Vamos a la casa del Señor”!

Ya están pisando nuestros pies

tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada

como ciudad bien compacta.

Allá suben las tribus,

las tribus del Señor.

Según la costumbre de Israel.

Poco más se puede decir después de visitar tierra tan santa. El corazón salta de felicidad, lleno de eso que da la fe que quienes creemos llamamos amor de Dios.

Tierra bendita, momentos de amor, grandes bendiciones. 

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El francés que se quiere parecer a todos los franceses

Con la promesa de inclusión como bandera, Emmanuel Macron entró al Eliseo para ser el presidente más joven de la V Republica francesa. En el discurso de transmisión de poderes, se dirigió a la gente para decir “los franceses han elegido la esperanza y el espíritu de conquista. El mundo y Europa necesitan hoy más que nunca de una Francia fuerte y segura de su destino, de una Francia que lleve en alto la voz de la solidaridad, que sepa inventar el futuro”, 

Con aire fresco y palabras de unión, en una ceremonia sencilla en la que Hollande le pasó la estafeta a su delfín, Macron insiste en la integración como fuente se soluciones, deja atrás las palabras odiosas de su adversaria y se olvida de causar miedo al diferente. Es más, se vale de la diversidad para sustentar su plan. Habló a los que se sienten olvidados y se comprometió con aquellos que no votaron por él.

Claro, los discursos inaugurales son muy optimistas siempre. Prometer no empobrece. Pero, el presidente frances está dando pasos que generan confianza.  Empieza a dar muestras de modernidad. En los detalles están los signos. Los invitados al banquete de festejos, recibieron como regalo una camara digital 360 grados. Tal vez, sea una pista de la forma en la que ve al mundo. Un gobireno tiene sus signos: Macron, un hombre que ha meditado sobre el país que dirigirá y la función que ocupará, sostiene que la democracia francesa está marcada por un vacío en su centro, una figura ausente: el rey. “Hemos intentado colmar este vacío, colocar otras figuras: son los momentos napoleónicos y gaullistas, especialmente”, dijo en una entrevista con la publicación Le 1, recogida en el libro Macron por Macron, veremos como se ven las cosas desde el despacho presidencial. El nuevo presidente cree que al normalizar el cargo —una normalización que con Hollande llegó a su paroxismo— se ha ahondado el vacío. “Lo que se espera de un presidente de la República es que ocupe esta función”. Y él empezará a hacerlo de inmediato. El lunes tendrá que formar gobierno, conformar su gabinete.

Su primer viaje de Estado será a Berlín, busca fortalecer la unión de Europa. El mundo mira a los dirigentes europeos y espera aue sean personas mesuradas y atinadas. Los estadounidenses deben sentirse algo envidiosos, Francia tiene un hombre joven, gentil, de visión amplia, con un vocabulario claro con palabras que dan certeza e ideas que alimentan esperanza. Este hombre, que mas que dividir quiere unir, que mas que marcar las desigualdades, quiere parecerse a todos los franceses. ¡Buena suerte! La idea es buena.

TED y el Papa Francisco

Una vez más, el Papa Francisco da una lección de proximidad. Toma el micrófono en un entorno en el que no estamos acostumbrados a ver a un Pontífice, pero a este jerarca de la Iglesia Católica le gusta innovar. Aceptó la invitación de TED, una organización sin fines de lucro cuya misión es dar a conocer ideas que valen la pena, para dar una plática. Como él lo sabe hacer, como si  estuviera dando un sermón a los feligreses de su parroquia en un tono amoroso y muy consciente del impacto de sus palabras, el Papa se dirige a la cámara sentado en un escritorio sencillo, hasta pequeño y habla.

Las palabras fueron elegidas con el cuidado que un relojero tiene al arreglar una joya de precisión, son sencillas pero bien estructuradas, tienen la intención de calar hondo, son como la punta de una fecha que se abre paso en el barullo mundial y llegan a su destino. Eligió el título El futuro eres tú para su conferencia y basado en la parábola del Buen Samaritano abordó tres ejes temáticos: la interconexión y la esperanza, la humildad y la ternuna. La charla está dirigida a jóvenes pero tiene una intención de amplio espectro y es recomendable incluso a quienes no abrazan la fe católica. 

En su conferencia, que más bien parece una plática de un hombre sabio que domina el,tema que está abordando, Francisco dijo que la innovación científica y tecnológica están  bien, pero no cuando nos ciega ante el sufrimiento de las personas que se sientan junto a nosotros en el metro. “Qué maravilloso sería, mientras descubrimos planetas lejanos, volver a descubrir las necesidades de los hermanos y hermanas que orbitan alrededor de nosotros”, dijo. ¿Quién es el prójimo?, nos plantea. “Los caminos de la gente están plagados de sufrimiento, ya que todo se centra en el dinero, y en las cosas, en lugar de las personas”. Todo lo que se necesita es una persona que se detenga y ayude, para cambiar la vida de las personas que nos rodean. “Una sola persona es suficiente para que la esperanza exista, y esa persona puedes ser tú”. Concuerdo con el Santo Padre. Si la interconexión me priva de la convivencia, una pantalla me ciega y me impide ver al otro, me provoco soledad. Basta alguien que eleve la mirada y vea al otro. La incitación es fuerte: podemos ser nosotros.

En segundo lugar, el Papa Francisco aborda el tema de la humildad. La humildad comienza cuando tenemos la generosidad de transformar el “tú en nosotros”, cuando somos capaces de dejar el egoísmo a un lado empezamos una revolución que enciende la chispa de ayuda. Entonces, vemos con otros ojos al prójimo. Me maravilla la forma en que el Santo Padre simplifica las teorías económicas y llega a la conclusión que tantos economistas han planteado. El Papa propone centrarnos en lo que tenemos cerca, tender la mano a quien está próximo. La preocupación por los grandes temas tiende a disolverse, se pierde en la inmensidad de  lo que no podemos manejar, en cambio, se vuelve algo concreto cuando nuestros esfuerzos se quedan en nuestro entorno, cuando quien recibe mi ayuda tiene un nombre y un apellido que conocemos.

El último tema que aborda el Papa Francisco es la ternura. Con ese acento en la mirada, con la transparencia que materializa las palabras y nos hace confiar en quien las pronuncia, el Santo Padre nos invita. “La ternura significa usar nuestros ojos para ver a los demás, nuestros oídos para escuchar al otro, para escuchar a los niños, a los pobres, a los que tienen miedo del futuro”. Usa palabras que llegan al meollo del asunto de la actualidad, tenemos miedo y nos sentimos solos. Y, profundiza:  “Para escuchar también el grito silencioso de nuestro planeta, de nuestra Tierra enferma y contaminada. La ternura significa usar nuestras manos y nuestro corazón para confortar al otro, para cuidar de los necesitados”. Hace una precisión magnífica: “La ternura no es para los débiles,  hay que tener fuerza espiritual y emocional para identificarse y actuar en nombre de los más necesitados. Por favor, permítanme decirlo alto y claro: cuanto más poderoso eres, más impacto tendrán tus acciones en la gente, más responsable eres para actuar humildemente .Si no lo haces, tu poder te arruinará, y arruinará al otro”.

Me hubiera gustado que el Papa Francisco hubiera elegido hablar en español en esta charla de TED, ya que es el idioma en el que la mayoría de sus feligreses habla, o en inglés que es el nuevo esperanto y en el que una buena porción de los que no están afiliados a la Iglesia Católica se comunican y que usan los científicos, académicos e innovadores. Pero, eligió hablar en italiano, lo cual me hace sospechar que la audiencia a la que se dirige es universal, sí no hay duda, pero que tiene un sello espacífico, le habla a quienes, como él, habitan en el Vaticano. 

El que tenga oidos…

https://www.youtube.com/watch?v=vEZpf6wkFQc

Neuronas

Los seres humanos tenemos más neuronas que cualquier otro primate en el Reino Animal. Tristemente, no siempre se nota. En la temporada navideña y de fin de año, en la que algunos estamos llamados a la paz, a la reflexión, en vez de usar lo que tenemos en el cráneo, parece que lo desestimamos y lo dejamos de usar. En la época decembrina, corremos como ratones en laberintos y terminamos exhaustos y con la cartera adolorida. Ni hablar, entramos en un paroxismo artificial y dejamos de lado la oportunidad de internarnos en nuestro corazón y escuchar.

Claramente, las neuronas no nos están sirviendo de mucho cuando vemos que en Berlín un camión atropella inocentes, cuando no hay razón para que la maldad se manifieste en forma tan absurda. Pero lo que sucede en Berlin, pasa en cada persona que aprovechando la situación, busca su propia ventaja. ¿En qué piensa una persona al acelerar un camion para atropellar a gente que ni conocía ni le había hecho daño? Seguro no estaba pensando.

La manipulación religiosa es terrible y causa daños. Ahí no está Dios. 

El Holliday Inn de Kirby Road en Houston está muy cerca de la zona de hospitales. Muchos enfermos se hospedan ahí, muchos reciben noticias terribles. Me dio tristeza ver como gente que sirve ahí, manipula a estas personas para ganarse una propina o para sacarle provecho a una situación de tristeza. Hablan de esperanza en Dios, no con el afán amoroso de compartir la fe y la creencia de que algo mejor llegará, sino por recibir monedas. Una mujer que trabaja de mesera, me contó que ha conseguido ropa, dinero, joyas. Está ahí, más que por el sueldo, por todo lo que puede conseguir de los enfermos.  

Se acercó a mí con cara amable. En un tono melodioso, me preguntó si estaba enferma, si me sentía mal y si podía hacer algo por mí. Verdaderamente, se me encendió el rostro cuando me di cuenta. Al principio, caí hechizada por la amabilidad, la voz servicial, pero cuando le dije que no estaba enferma y que estaba de vacaciones, es decir, cuando se dio cuenta que no era una posibilidad de estafa, me ignoró y se fue con otro comensal. La vi operar.

Les habló de Dios, de su poder. Luego, les dijo que ella ganaba muy poco y que sólo vivía de sus propinas. Ella trabajaba para mantener una fmailia numerosa y bla, bla, bla. Salamerías de amor a cambio de dinero. En un abrir y cerrar de ojos, entre el chantaje y la necesidad deencontrar una   puerta, el enferomo le dio un billete. La mujer ya había recibido cien dólares. 

Hay aves de rapiña que sólo ven sus intereses. Endulzan las intenciones y apantallan con reflejos de algo superior. Con gran maestría invocan el nombre de Dios para lograr sus objetivos y lo demas nonles interesa. Estoy segura de aue el chofer del camión en Berlin iba convencido de estar haciendo algo para agradar al cielo, lo mismo que los enfermos que reciben palabras de consuelo para que después les pidan algo más.

En lo grande y en lo pequeño, esa seducción busca apagar las neuronas y lo consiguen. Habría que gener cuidado y usar eso que Dios nos dio para pensar. Entrar en nosotros mismos y a partir de ese don maravilloso que nos fue dado, pensar inteligentemente, antes de dejarnos convencer y actuar a favor de otros intereses. 

Caminar con adolescentes

Hoy en la mañana caminé por el camellón del Paseo de la Reforma. La sensación de la arcilla en la suela de los zapatos, el rechinido de los zapatos con la tierra, los charcos que evidencian la tormenta del día anterior,  el barro tan resbaloso y el aroma a ciudad se mezclaron con la sensación de caminar con adolescentes.

Mientras avanzabamos por el tramo comprendido entre el Museo de Antropología y la calle de Arquímedes, ellas fijaban su atención en cosas realmente sorprendentes. No se dejaban impresionar por el pasado, ni se transportaban a los paseos de la Emperatriz, ni a las pretensiones juaristas, ni a los destellos populistas que quieren elevarse por los cielos de las tendencias mercadológicas para transformar una ciudad en marca. 

Ellas detenían la mirada en el jardinero que llenaba de flores el camellón, en la señora que empujaba el carrito de la basura, en la exposición fotográfica que cuelga de las rejas del Bosque de Chapultepec, En los patos que nadan en el lago o en la muestra escultórica. No todo les complacía, de hecho, para sorpresa mía, emitían juicios críticos sustentados. No entregaban su agrado facilmente. 

Apreciaban.

Determinaban de manera precisa el valor estético de las piezas, estimaban el valor artístico del autor, valoraban la forma en que las obras estaban expuestas y fotografiaban lo que les parecía mejor. Caminar con adolescentes resulta refrescante. Enciende la esperanza. El eterno lugar común que muestra el desastre de la juventud se contradice y se desmaterializa al caminar al lado de ellas.

Entonces la que evoca soy yo. Todos los Maximilianos, las Carlotas, las Margaritas, los Bénitos, las tendencias conservadoras y liberales habitaron los recuerdos colectivos.  El giro de la rueda del tiempo es impercetible. Es inexorable. Ellas se quedan mirando cosas que yo no vería, descubriendo puntos que yo pasaría por alto, descorriendo un telón hacia el futuro que se ve tan lejos cuando, en realidad, se nos viene encima.  

Caminar con adolescentes ayuda a poner la mente en blanco para llenarla de nuevas visiones. De vez en cuando, es bueno guardar silencio y escucharlas. Así, logro ver lo que se esconde detras de esas caritas. Me doy cuenta que su punto de vista es sorprendente. Descubro que  lo que atesoran en ese espacio tan indómito e inaccesible es maravilloso.

  

¿A dónde irán?

Desde el avión veo una lancha que surca el mar a toda velocidad. ¿A dónde irán?, me pregunto. ¿A dónde irán?, se preguntarán ellos. En su avanzar dejan una estela de espuma que aunque es casi imperceptible por la altura, se puede ver. Sin embargo, la evidencia de ese paso se desdibuja a los pocos metros. 

A esta altura, en el atardecer, el reflejo del sol le da al agua la apariencia de una piel de mujer joven, pero no tanto. Las olas que se distinguen son pequeñas arrugas que comienzan a brotar y los destellos de luz figuran poros de una epidermis eterna e interminable.

El cielo aborregado visto desde arriba tiene una sensación distinta. Parece una colcha de piel de alpaca que cubre la enorme cama de la bóveda celeste que acuna al sol. Es una red nubosa que se teje entre el cielo y el mar. En medio estoy yo.

La sombra de las nubes se refleja en la supercifie del mar, en cambio, la figura del avión es tan pequeñita que no se hace notar. No parece haber más evidencia del paso más que el rugido que sale de los motores que va quedando en el camino y que se desvanece en cuestión de segundos. 

Hay figuras en esos cúmulos aborregados. Caras sonrientes, como las de los dibujos de los niños, elefantes de trompas arrugadas, tortugas con caparazones que miden kilómetros, hipopótamos y pantalones de mezclilla arrugados. Perros y gatos, rostros, muchos rostros. La cara de una bruja. La bruja sonríe. Parece estar de buen humor. Todos están de buen humor. También yo. El sol del oeste es un foco amarillo redondo y luminoso. El azul del cielo es muy pálido, tímido ante el dorado de los rayos que atraviesan la ventana y llegan a las caras, a esas caras que veo en las nubes y a esta cara mía. En un parpadear cambian, unas se deshacen otras se transforman.

Ojalá se pudiera caminar en las nubes, correr descalza sin hundirse en la ilusión de lo mullido. Ojalá se pudiera saltar sobre ellas, en forma lenta, impulsarse y salir disparada, dibujar un parábola antes de  alcanzar el destino, hacer pirueta sin sentir miedo y acunarme sonriendo en ese tejido apretado de vapor de agua. No, no se puede, ojalá se pudiera, pero no. ¿O, si se puede? 

Se puede ver, no tocar. Así son muchas más cosas de las que quisieramos aceptar. Las podemos percibr de una  forma y disfrutar de ellas, intentar hacerlo en otra forma es atentar contra su esencia y desperdiciar momentos de felicidad. Eso, imagino, debe ser la contemplación. Encontrar la forma de encontrarte, sin la necesidad de imponer condiciones, sin el imperio de mi voluntad sobre la tuya, con el único afán de estar a tu lado. Eso, me imagino debe ser el Amor al que te refieres y la Fe que se requiere. 

No dejan de ser curiosos los efectos que causan estos instantes de  observación de la naturaleza. La dimensión entre lo pequeño y lo grande. Los espacios en donde se manifiesta lo inmenso y donde algunos logran encontrarte. 

Ya no veo la lancha y seguro ellos no ven el avion. ¿A dónde irán? Me parece que todos llevamos el mismo destino, sólo que unos lo ven de una forma y otros lo sentimos de otra. Sin duda, todos vamos al mismo lugar. 

  

En silla de ruedas

La perspectiva desde una silla de ruedas te obliga a ver el entorno de forma diferente. El punto de vista de quien empuja una silla de ruedas cambia en el momento en que toma la empuñadura para empezar a andar. Ya se sabe que el mundo está diseñado para el homo erectus y que las excepciones en este caso, prácticamente no interesan. Las calles, las banquetas, las mesas, las perillas, los botones de un elevador, el diseño de las llaves de un lavabo y casi cualquier cosa que uno pueda mencionar, está pensado para la gente normal, es decir, sana.
Antes de causar una revolución, debo decir que sí, efectivamente existen lugares preferentes reservados para discapacitados, que hay rampas en las esquinas en muchas ciudades del mundo y que mientras más desarrollado sea un país mayores facilidades se da a quienes andan en silla de ruedas. No son suficientes.
La gente que puede caminar no se entera de la dificultad que enfrenta una persona en silla de ruedas. Un pequeño borde se convierte en un obstáculo insalvable, una rendija puede ocasionar un accidente y la altura de un mostrador hace que quien está sentado no se vea.
En general, las personas se divide en dos: los que ayudan y los que no respetan. Son muchos los que ofrecen auxilio a los discapacitados, pero basta la desconsideración de unos cuantos para causar grandes problemas. La falta de empatía con la gente de silla de ruedas es, en muchos casos, por falta de educación. Nadie nos hace consientes de que hay que hacerle espacio a la silla en un elevador, aun si eso significa bajarse y esperar el siguiente turno.
Ahora que me a tocado empujar una silla de ruedas, entendí la brecha abismal que se abre entre quienes podemos caminar en dos piernas y quienes se tienen que auxiliar con ruedas. Me tocó experimentar que alguien se ofreciera a abrir la puerta y muchos aprovecharan el viaje para pasarse antes, o que una persona se subiera al taxi mientras nos acercábamos con la silla. Las madres con carritos compiten y avientan la carreola para ganar espacio. Cuidadito y las mires feo, son capaces de golpear. Los peores son los que por ir distraídos, pendientes de una pantalla, de teléfono o de cámara fotográfica, se tropiezan con la silla, unos hasta se van de bruces.
También pude darme cuenta que los niños son los que más ayudan. Fueron los más pequeños los que me tendieron la mano con mayor frecuencia, los que ofrecieron apretar el botón del elevador, abrir la puerta o ceder su lugar en la fila.
El de la silla de ruedas tiene que sacar diez de sus cinco sentidos para cuidarse. El que empuja tiene que estar dotado con veinte. Por eso hay muchos que van siempre con cara de angustia y preocupación. Hasta que aprendes a tomar las cosas con buen humor. Entonces, las cosas se aligeran y hasta puedes hacer chistes.
El mundo de los de la silla de ruedas también se divide en dos, los que resienten su estado y los que ya lo han aceptado. Saben que las cosas tienen otra velocidad y se toman el tiempo que sea necesario, no hay muchas alternativas.
Otra división para los de silla de ruedas se da en términos del tiempo: los que la usan mientras se rehabilitan y los que lo harán en forma permanente.
La experiencia de empuñar el manubrio de una silla de ruedas ha sido muy enriquecedora, me ha dado una perspectiva diferente y me ha enseñado la importancia de la empatía. He recibido múltiples atenciones de gente que no conocía y que seguramente no volveré a ver. Me ha llenado el corazón de esperanza y gratitud.

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Preparándonos

Los cristianos en esta época del año estamos de festejo. Nos preparamos para una de las celebraciones más solemnes e importantes del calendario litúrgico, esperamos fervorosamente la fiesta del nacimiento del Hijo de Dios. Por eso estamos alegres y con el espíritu lleno de felicidad.
Para nosotros estos días significan un tiempo de espera que anticipa la dicha que nos trae la salvación. Es un periodo de agradecimiento y reflexión que precede la gracia que nos llegó por un Hijo que quiso venir al mundo para traernos palabras de amor, cercanía y una nueva visión del mundo: la de la luz que viene de lo alto.
Nos alistamos con devoción para que se verifique el designio que encierra el misterio del advenimiento de Dios para compartir en todo nivel la naturaleza humana menos la del pecado.
Navidad es recordar que el Señor se hizo presente y habitó entre nosotros . Es creer que Jesús Niño vino a traer la buena nueva a los pobres de espíritu, salud a los enfermos, ánimo a los de corazón quebrantado, perdón y libertad.
Es el tiempo en que los cristianos nos preparamos para recibir al Redentor, al enviado de Dios. En estos días aprovechamos para dejar el corazón listo para recibir el efecto santificador que nos cubrirá en cuerpo, alma y espíritu.
Pedimos un corazón sencillo, como el de un niño, para purificarnos de nuestras faltas y con el alma limpia permitir que brote el gozo que nos dan las fiestas que han de culminar con la adoración del Niño nacido en Belén.
Por eso en las casas se pone el nacimiento, se disponen las figuras de La Virgen María, de San José, de los pastores, la mula, los borreguitos, los Reyes Magos en torno a un pesebre que todavía está vacío.
Ese hueco en el pesebre es un signo que representa el lugar en el alma que debemos hacer para recibir al Salvador, es decir, tenemos que hacer espacio. Sacar lo malo para recibir la Gracia, lanzar fuera la oscuridad para dar entrada a la luz, arrojar el pesimismo para que pase la esperanza y dejar a un lado lo horrible para alojar el esplendor y la belleza de un niño recién nacido que trae palabras de vida eterna.
Los cristianos en esta época entendemos que para recibir la Navidad debemos ordenar el alma y hacerle un espacio a Dios.

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Nuestros queridos muertos

Dice la tradición que la madrugada del Dos de Noviembre se abren las puertas que separan a los vivos de los muertos y que los que ya se fueron tienen permiso de cruzar el umbral y volver. Por eso, se colocan altares con recuerdos, bebidas y manjares, es decir, con lo que le gustaba al difunto, para darle gusto.
¡Cómo quisiéramos que cruzaran el puente que divide el reino de Mictlantecuhtli con un poco más de corporeidad! ¡Cómo quisiéramos que si Dios Padre les va a dar permiso, se los diera en cuerpo y alma! ¡Cómo nos gustaría verlos, abrazarlos, llenarlos de besos y poderlos tocar! Pero nos tenemos que conformar con enviar suspiros al cielo, con evocaciones a veces vívidas, a veces diáfanas, con caricias a los retratos y besos al aire.
El evangelio de Lucas, en la parábola del epulón y Lázaro, se refleja la petición que el rico le hace a Dios: Deja que baje Lázaro y les cuente a los míos lo que hay después de la muerte. No, que escuchen a los mensajeros que les he enviado. Pero los humanos rebeldes queremos más.
Quisiéramos tener un hoyito por el cual atisbar el más allá. Tener certezas materiales de lo que sucede cuando uno de los nuestros o nosotros mismos damos el último suspiro. No, eso no existe. Incluso, los que han muerto y han regresado después de una técnica de resucitación, aquellos que cuentan que vieron una luz al final del túnel, se han topado con la explicación científica de que eso se debe a que el cerebro vive tres minutos más después que los demás órganos han dejado de vivir. No se trata de que hayan tocado la Eternidad, se trata de imágenes distorsionadas por un cerebro moribundo.
No, ante la muerte la única certeza que tenemos es que nos va a tocar. Lo que sucede después se divide en dos corrientes, los que ven un hondo mar oscuro, los que opinan que ese es el final y los que creemos en un cielo lleno de luz y amor. Si me dan a escoger prefiero la luz que la oscuridad.
Para mis queridos muertos, para los míos, para mí eso es lo que creo. Espero que mi ultimo suspiro abrirá la puertas que me permitirán entrar al lugar donde me reuniré con mi Mami Lolita, con María Antonieta, con mi abuelito Salvador, con mi abuelito Daniel, con mi abuelita Jesús, con el tío Víctor, con la tía María Elena, con mi tía Martha, con el padre Sanabria, con mi ángel de la guarda, con Jesús, María y José. Estaré en comunión con quienes partan antes que yo.
Sin embargo, hasta que eso suceda, trataré de atizar la flama de su recuerdo, lucharé por que su imagen no se borre y diré la oraciones que me conectan a ellos. A ellos a los que quise y quiero tanto.

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Tiempos de resilencia

Me llama la atención una convocatoria de la OCDE para un foro Internacional de Resilencia Económica que se va a llevar a cabo en en mes de mayo en París. Atrapa, con especial sorpresa, mi interés, la combinación de palabras que parecieran oximorones. Resilencia y economía parecen extremos de una línea recta que se encuentran en puntos sumamente distantes.
Economía, como se lo digo a mis alumnos, es el estudio de la oferta y la demanda en términos de precio y cantidad. Es el juego de puntos en un eje cartesiano en el que se marcan escenarios hipotéticos que regulan un mercado.
El término resiliencia se refiere a la capacidad de los sujetos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas. Cuando un sujeto o grupo es capaz de hacerlo, se dice que tiene una resiliencia adecuada, y puede sobreponerse a contratiempos o incluso resultar fortalecido por éstos. Actualmente la resiliencia se aborda desde la psicología positiva la cual se centra en las capacidades, valores y atributos positivos de los seres humanos y no en sus debilidades y patologías, como la psicología tradicional.
El concepto de resiliencia se corresponde aproximadamente con el término que los cristianos refieren como entereza. La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad saliendo fortalecido y alcanzando un estado de excelencia, sea personal o profesional.
Entonces, tal vez los extremos de la recta se estén aproximando. El escenario económico mundial y nacional es complicado. Se requiere de entereza para sobreponerse a las variables económicas, especialmente a las referidas al desempleo y a la inflación. Ahora, para muchos, la posibilidad de ganar dinero a partir del fruto de un trabajo es tendiente a cero, por lo que debe gastar sus ahorros que cada vez se hacen más pequeños, no sólo por la disposición de los mismos, si no por que con el paso del tiempo el dinero pierde valor. La situación es para desesperar a cualquiera, son embargo, se recomienda resilencia.
Me asombra que la OCDE recurra a prácticas de los primeros ascetas. Entereza es el tema de discusión de esta reunión, es el centro y la inspiración para tratar tres ejes temáticos centrales: el crecimiento incluyente, el trabajo digno y la confianza. No. No estoy hablando de una sesión de catecismo, ni el anfitrión del evento es algún jerarca católico, ortodoxo, luterano, ni nada. Es una institución tan laica y reconocida como la OCDE.
Se trata de buscar formas para humanizar la variables económicas, para incluir aquello que procure bienestar, felicidad y tranquilidad al ser humano. Lo intenso de esta propuesta es que en la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico está dándose cuenta de la gran desesperación que se vive en el mundo. No únicamente en países con pobreza alimentaria como los de África o algunas zonas de América Latina, si no en países europeos y otros del primer mundo en donde el trabajo se convirtió en un recurso escaso. Así, el empleo se volvió una fuente de explotación y de frustración; una pila de gran amargura para el hombre que busca ganarse el pan con el sudor de su frente.
La OCDE busca un equilibrio que frente a la tensión reinante en el mundo. Quiere que genere un compromiso para desafiar la tristeza y la desesperación, que ayude y que propicie la superación del individuo a partir de la significación y valoración basada en la positividad de sí mismo, quiere la responsabilidad frente al individuo por medio de herramientas de creatividad.
Buscan entereza que en el lenguaje laico se traduce como resilencia, eso me sorprende favorablemente.

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