Mujeres

El ocho de marzo recordamos y honramos los esfuerzos que se han hecho a lo largo de la Historia para que las mujeres tengamos igualdad de oportunidades. Por supuesto, hombres y mujeres somos diferentes, nuestras formas son distintas, nuestras dimensiones y morfologías no son iguales. En estricto sentido, celebramos esas diferencias. Hablar de equidad de género no significa querer mujeres metamorfoseadas en machos alfa. Es más bien, abordar el tema de los techos de cristal, la violencia que padecen niñas, ancianas, jóvenes, la discriminación, la objetivización, los asesinatos. La misoginia es un terrible padecimiento que ha aquejado a la Humanidad, muchas veces con permiso de las mujeres.

Hemos avanzado mucho. Hemos accedido a terrenos que fueron exclusivos para hombres. He tenido el privilegio de entrar a un salón de clases universitario en el que sólo había mujeres. Y, no, no estábamos hablando de corte y confección, estábamos hablando de modelos de negocios en el milenio. Sin embargo, también me ha tocado ver que alguna de mis alumnas llegó con el ojo morado, con un moretón en el brazo, con signos de violencia. Reconozco el miedo de una jovencita cuando está de la mano con su novio, he presenciado como muchos chicos prometen maravillas para actuar como zánganos y luego reírse del cariño o de la buena voluntad. Sé que hay padres que se desesperaron al ver que su primer bebé fue niña y de madres que lloraron por no poder parir niños. Conozco de casos en que empleados valiosos se van y abandonan sus puestos de trabajo al saber que su jefe será una mujer. Nos sabemos montones de chistes y nos hemos reído de ocurrencias misóginas.

Pero, sé que hay hombres que saben tratar a la mujer con delicadeza y respeto. Son muchos los que honran la inteligencia femenina, hay los que agradecen el esfuerzo de madres que se parten la espalda, que entienden el trabajo colaborativo de la esposa, que admiran a la hermana o a la prima, que veneran a la hija. Lo sé en primera persona. También entiendo que he corrido con suerte y que hay muchas mujeres que en este momento están recibiendo un golpe, que serán humilladas o que perderán la vida el día de hoy por la sencilla razón de ser mujeres.

Es cierto, la feminidad no es salvoconducto de santidad.Hay mujeres despreciables, crueles, abusivas, oportunistas. Hay las que se esconden entre los pliegues de la falda y se justifican sin otro sustento que ser mujeres. Ese es el peor desprecio, el que nos hacemos entre nosotras mismas a nosotras mismas. Las cuotas de género me resultan ridículas, por decir lo menos. Las mujeres tenemos méritos suficientes para dar batalla y contamos con las herramientas necesarias para desempeñarnos favorablemente.

De repente, estas discusiones sobre las competencias femeninas me parecen como las dudas lascasianas. Me recuerdan las tribulaciones de Fray Bartolomé de las Casas que se cuestionaba si los esclavos negros tenían o no alma. Así de absurdo como se lee con una mente del sigo XXI, en el que un hombre cuestionaba la humanidad de otro, así —espero— leerán en el futuro que hubo un tiempo en el que las capacidades femeninas fueron tema de debate.

Sin embargo hoy, el techo de cristal es una realidad, el maltrato, los golpes, el abuso existen.

El ocho de marzo sirve para recordar que hombres y mujeres somos diferentes, que ha habido avances y que hoy hay personas que, por su condición femenina están sufriendo desprecio, violencia y muerte.

Terreno parejo para todos

La propuesta de que hombres y mujeres gocemos de las mismas oportunidades causa reacciones. Para algunos suena una petición apolillada, vieja. Sin duda, muchos creen que las oportunidades para hombres y mujeres son idénticas desde hace muchos años. De alguna forma tienen razón, la situación de la mujer ha mejorado mucho y en varios sentidos somos vistas como lo que en realidad somos: pares. Para otros es la eterna cantaleta feminista que cansa y agrede a tantos. Hablar de terreno parejo no es enarbolar una bandera de resentimiento ni una postura de odio, todo lo contrario, es una propuesta de paz para un mundo en el que la violencia avanza y la tenemos que parar.
He for she es un programa auspiciado por la Organización de Naciones Unidas que busca un mundo igualitario, en el que las niñas y los niños vayan de la mano, caminando en un terreno en el que ambos se encuentran al mismo nivel. Por desgracia, estoy hoy aún no es una realidad. No lo es en países africanos, ni asiaticos como no lo es en la Ciudad de México en mi propia colonia. Según los estudios de seguridad y violencia emitidos por el Gobierno de la capital mexicana, las mujeres siguen siendo víctimas de violencia de género. 

Las mujeres son violadas, asesinadas, golpeadas, abusadas y victimizadas, no por desconocidos, sino por gente que forma parte de su entorno. Padres violentos que pegan más a sus hijas que a sus varones, maridos que lastiman a sus esposas, jefes que llevan a su nivel de incompetencia a sus empleadas, que las acosan, que les piden favores a cambio de un puesto de trabajo. La mayoría de las depositarias de la violencia intrafamiliar son las mujeres.Hermanas que ven limitadas sus posibilidades frente a los hermanos que las encierran, las critican por su forma de maquillarse, de vestirse, de reírse.

La formas que adopta el lenguaje para referirse a lo femenino pueden ser denostativas, asociadas con una relación superioridad inferioridad, de relación directa con la estupidez, con elementos lascivos. Los chistes, las majaderías, incluso el lenguaje coloquial hacen poco favor a la mujer.

No, el terreno sigue sin estar parejo. Las mujeres hemos avanzado mucho. Cada vez somos más las que tenemos voz, la elevamos y somos escuchadas con respeto. Cada vez hay más mujeres sentadas en las aulas aprendiendo y va en aumento el número de académicas y cientificas que caminan firmemente en el quehacer de su actividad. Es cierto, no hay forma de que yo pueda negarlo siendo una de las primeras beneficiarias de esa circunstancia. Sin embargo, el terreno sigue sin estar parejo.

Sigue habiendo niñas que sufren mutilaciones, que viven en estado de esclavitud, que son sometidas, que sufren vejaciones. Sigue habiendo manos que se levantan y puños que se estrellan contra caras de mujer. Siguen la voces vulgares que ofenden a una joven que decidió ponerse la falda corta o lucen un escote pronunciado. Todavia de escuchan las justificaciones que echan en cara a la provocadora caminar con semejantes contoneos. Jamás he escuchado gritos ofensivos a un bigotón que use los pantalones muy apretados o que muestre sin pudor la redondez de sus pectorales. 

Sueldos, oportunidades, plazas, siguen teniendo diferencia entre hombres y mujeres. Eso es terrible pero no se compara con la brutalidad que reciben ancianas, niñas, mujeres, jóvenes cuyo único pecado fue haber nacido siendo mujer. He for she no es una propuesta resentida ni agresiva, es una iniciativa en favor de la paz. Queremos un suelo parejo para que las siguentes generaciones caminen en forma igualitaria, sin violencia, en armonía. Es una invitación lo mismo,parahombres que   para mujeres ¿Será mucho pedir?

Puedes unirte a la iniciativa. Si eres mujer, si tienes hijas, si amas a tu esposa, por el cariño a una madre, por el respeto a cualquier figura femenina o por que es lo justo, en fin, por lo que quieras, puedes formar parte de esta acción que es tan noble.  heforshe.org

  

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