Los electores no queremos crecer.

En el marasmo que se ha convertido la política del siglo XXI, en el que habríamos creído que el elector sería una persona con capacidades para distinguir entre un anhelo, una mentira descarada, un interés genuino o la aspiración personal de resolverle la vida a tres generaciones familiares, nos topamos con la pared. Después de tantos años, de tantísimas experiencias, de conocer desfalcos, crímenes de estado, escándalos, simulaciones y de enterarnos que esos cara de ángeles no eran más que perversos con disfraces, el desencanto se hace presente. Nos encogemos en vez de progresar. El abstencionismo, los resultados sorprendentes, los que atizan los miedos son síntomas de que los electores estamos en pañales y no queremos crecer.  

El desencanto es el camino fácil. Como si no nos hubieramos enterado de que esas sonrisas eran falsas, esas promesas nunca se podrían cumplir y esas figuras impolutas no existen. Luego nos escandalizamos, nos preguntamos cómo es posible que el expresidente, exgobernador, exalcalde hayan tenido semejante ambición y no hayan tenido llenadera. ¿Quién los puso ahí? Parecemos criaturs de pecho. Nos ponemos de cabeza cuando vemos que aún andan por ahí comunistas, fascistas, nacionalistas, que al llegar al poder se sienten monarcas y arrastran con todo lo que se les pone en frente. Pero, decidimos creer.

Ni izquierdas ni derechas en el mundo tiene las manos limpias. Sabemos de los robos millonarios de Jordi Pujol y su familia mientras agitaba la bandera de Cataluña y ponía a pelear a los ciudadanos. Los distraía exaltando las diferencias entre los catalanes y los españoles mientras se forraba los bolsillos sin que nadie lo mirara, andaban ocupados. Nos falla la inteligencia al valorar. Creemos que un caudillo como Chávez representaba al pueblo por bondad y que Maduro grita contra los traidores a la patria mientras en Venezuela la gente padece todos los días. Trump trae a sus amigos a Washington a hacer mejores negocios y en México creemos en la honestidad de los que luego se fugan dejando las arcas devastadas.

Los políticos en campaña hablan de las maravillas que pueden hacer, pero no han hecho; se refieren a la mafia del poder como algo informe e innombrado pero no dicen quién, cómo, cuándo y cuánto. Las posibilidades de cumplir promesas se deben valorar. Los electores seguimos como esas adolescentes enamoradas que creen porque sí, porque quieren creer, nomporque haya razones para hacerlo. No queremos crecer, tenemos miedo de que se nos rompa el corazón. 

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