Las razones del General Cienfuegos

El Secretario de la Defensa Nacional, el General Cienfuegos habló fuerte. La función del ejército es el cuidado de la soberanía de la nación y de la seguridad del país. No estudiamos para perseguir delincuentes, dice y pide regresar a los cuarteles. El Ejército Mexicano y la Armada se están desgastando y su figura se deslava. Nuestros soldados pierden brillo y respeto mientras asumen responsabilidades que no son de su competencia. Son diez años en que los hemos puesto a luchar contra el narcotráfico y, con ese pretexto, los hemos sometido a tareas ridículas. He visto soldados controlando el tránsito en Acapulco mientras los policías municipales están comiendo tamales en la esquina. Sin duda, el General Secretario tiene razón.

Fue Felipe Calderón quien los sacó a las calles en un acto desesperado al ver la podredumbre que había en los sistemas policiales de estados y municipios. El plan era que el Ejército entrara provisionalmente en tanto se construía un cuerpo policial digno. No ha sucedido, todo lo contrario, alcaldes y gobernadores le echan la bolita a los militares, se lavan las manos y se desentienden. ¡Qué los soldados se las arreglen! Y, claro, las abolladuras se las lleva una institución que ha servido con valor a la Nación.

No ha permanecido impoluta, la ha tocado la corrupción, se ha manchado y sus altos mandos han caído en la tentación. Pero, si comparamos los fallos de las fuerzas militares contra los resultados de civiles como jueces, gobernadores, alcaldes, procuradores y anexas, el Ejército Mexicano brilla en eficiencia. No podemos decir lo mismo de los policías que no gozan del   respeto de la gente. En general, un policía genera una sensación de miedo que de seguridad. Al pensar en un policía, lo primero que se viene a la mente es la palabra extorsión. Un soldado, en cambio, tiene más reconocimientos. Pero si seguimos así, al rato un militar perderá la imagen de respeto.

No estamos haciendo la tarea, los policías también están solos. Por lo general, no tienen uniformes completos, ganan poco, si les faltan al respeto no hay sanciones, nadie les garantiza su propia seguridad y no están bien capacitados. Si seguimos dando funciones policiales al Ejército Mexicano, terminaremos con unas fuerzas armadas que no hacen lo que deben y que se irán desbaratando entre la mala imagen y la falta de apreciación. Sería bueno que cada quien hiciera su parte.

Dice el General Cienfuegos que las fuerzas armadas están en la incertidumbre y que están al límite del desacato. Les conviene dejar de obedecer que ser sancionados por andar haciendo lo que no les toca. Urge aprobar una ley de seguridad nacional. Pero, todos tienen que trabajar, no sólo los soldados. Los legisladores tendrán que asistir al congreso, los jueces deberán hacer que el sistema penal acusatorio funcione, las autoridades deben de hacerse responsables de aquellos temas que les pertenecen en vez de dejar todo en manos de una institución que hace lo que no debe, que pone su grano de arena y que además es criticada. 

Se entiende que el General Secretario diga que ya se enfandó de ser el úncio que pone a su gente a trabajar, mientras otros se llenan los bolsillos de dinero, pactan con los malos, se hacen los tontos, juzgan su actuar y de plano ni se mueven. Ver militares controlado el tráfico es lamentable. Estoy de acuerdo con el General Cienfuegos, los militares no estudiaron para eso, ni para patrullar carreteras, ni para morir emboscados trasladando a un herido que también era un maleante. Un militar no debería estar enfrentando a maestros inconformes, ni conteniendo a manifestantes, ni recibiendo bofetones de señoras que reciben ordenes de líderes políticos inconfesables, ni asoleandose mientras ven que los que deberían estar haciendo su trabajo, están plácidamente perdiendo el tiempo.

Las razones del General Cienfuegos son atinadas, pertinentes y bien expuestas. Es tiempo de mirar al Ejército Mexicano, de escuchar sus razones y regresarlo a sus cuarteles, es tiempo de que cada quien haga lo que le corresponde. ¿Habrá quien lo escuche y se ponga a trabajar? 

Tortura

Muchos elevan la voz para acusar al ejército, a la policía federal, a los agentes de a pie, a las autoridades que son capaces de lastimar en vez de proteger. Muchos se detienen en el uniforme, en la placa, en la licencia que tienen para portar armas, para matar y ven a alguien que tiene permiso para ejercer la fuerza en ánimo de hacer valer el bien común. Muchos ven el abuso de los que debiendo hacer el bien, hacen mal. 

A mí, las imágenes de tortura me llevan a preguntar ¿qué lleva a un ser humano a deshumanizarse así? Ayer por la noche vimos el video de una mujer que era sometida, con técnicas muy cuestionanles, a un interrogatorio. Le ponían una bolsa en la cabeza y le impedían respirar por un rato con el único afán de arrancarle la verdad. La mujer lloraba pero no pronunciaba las palabras anheladas por sus interrogantes. 

No sé cuántas veces repitieron esa acción ni si consiguieron la respuesta que querían. No sé si la mujer era una santa paloma o era una delincuente despiadada. Era lo de menos. No importa.  Lo que sí vi, fueron imágenes en que un grupo de seres se inhumanizaron para conseguir un objetivo. Las prácticas salvajes abarcaron un gradiete amplio. No fue nada más la presunta delincuente la que, al ser tradada como un pedazo de basura, quedó expuesta. Ahí estaba otra mujer que con crueldad apretaba una bolsa de plástico al cuello de una semejante. Ahí estaban dos personas más que veían lo que estaba sucediendo. Y, ahí estaba una persona que sin aparecer en las imagenes, flimó todo lo que sucedía. 

Nadie, ninguno de los actores, paró la crueldad.

Entiendo que el uniforme agrava el asunto. Pero, mi reflexión es más silvestre. ¿Qué lleva a un ser humano a perder la humanidad? ¿Qué razón existe para exacerbar la crueldad? La insensibilidad fue brutal. Tal vez, en la mente de estos sujetos cupo   la creencia de que estaban haciendo lo correcto. Es posible que se justificaran pensando que se la torturada era delincuente, que si ella había hecho o cosas peores, ahora le tocaba su turno y ni modo: él que la hace la paga. 

No. No hay forma de justificar la tortura.

Tampoco sirve de mucho escandalizarse. Sucede todos los días. Pasa en México y en todos lados. Hemos visto imágenes de soldados norteamericanos abusadores, de aparatos, sabemos tantas cosas que una persona ha hecho a otra en nombre de Dios, de la verdad, de la justicia que quitan el aliento. Tristemente, la tortura no es una novedad, es una práctica que se ha reportado múltiples veces a lo largo de la Historia. No la hemos podido erradicar. ¿Cuántas quijadas de burro se encajan a diaro por tantos Caínes en contra de nuevas formas de Abeles? 

Torturar no es una forma de procurar justicia. La verdad no se sirve de golpes, asfixias, angustias, humillaciones. La línea entre lo correcto y lo incorrecto no puede ser tan delgada. No deberia serlo. Es cierto, antes de ver el video, nos advirtieron que la torturada era delincuente. No importa. En realidad, al ver las imágenes, ya no es importante quién era el bueno y quién el malo. Ahí los roles se tergiversaron.

En aras de lo correcto, tocamos la puerta del infierno. Al buscar lo justo, nos embarramos de suciedad. Cerramos los oídos al clamor de misericordia y de un momento a otro cruzamos la frontera de lo terrible. Basados en un triángulo de justificación, hacemos lo abominable. Nos enredamos en la bandera de la verdad y la manchamos. Parece que todo se vale y que el fin justifica nos medios.

No es así. Nunca ha sido así.

Más allá de uniformes, de permisos, de posturas, quisiera saber: ¿qué lleva a un ser humano a creer que torturar es correcto? 

  

Día de festejo, El Chapo está preso

No hay porqué confundirnos. Sin lugar a dudas, los mexicanos tenemos que unirnos al festejo del Gobierno y de las Fuerzas Armadas mexicanas por la captura de uno de los delincuentes más peligrosos que haya conocido la historia de la humanidad. Joaquín El Chapo Guzmán desde ayer duerme en una celda de la prisión de alta seguridad del Altiplano.
No se trata de aplaudir como focas a los uniformados que lucieron tan bien puestos y planchados, ni de darle loas al Secretario de Gobernación o al Procurador a los que se les vio tan descorbatados. Se trata de ponerse de pie ante la captura del criminal más buscado en la faz de la tierra.
Pero nos gusta la suspicacia y nos llama la duda. Por aquí y por allá escucho de todo. Desde cuestionamientos sobre la verdadera identidad del hombre capturado hasta el posible acuerdo con capos de otros carteles. Dejamos que las visiones apocalípticas de lo que está por venir en términos de violencia en la guerra contra el crimen organizado le gane a la proeza lograda.
No sé. Tal vez soy muy ingenua pero yo sí creo que el hombre que se presentó a los medios es El Chapo Guzmán.También creo fervientemente en los motivos de festejo que debe haber, no por el relumbrón que le da este golpe a la administración de Peña Nieto justo al concluir la visita de sus homólogos norteamericanos. No. Mi alegría se gesta por todos aquellos soldados y marinos que cayeron en el campo de batalla tratando de atrapar a este siempre prófugo y por todos los que hicieron las cosas tan bien que no hubo necesidad de una sola bala. ¿Les entregarán las recompensas prometidas por el Gobierno mexicano y por las agencias de inteligencia estadounidenses a los captores del Chapo? ¿Y las familias de los que perdieron la vida en este intento, verán algún beneficio? ¿Habrá condecoraciones y reconocimientos? Claro que los aplausos duran poco, es preferible que los vítores sean acompañados por algo más contante y sonante. Especialmente cuando hablas de viudas y huérfanos.
Ojalá que ellos no sean olvidados.
Esos valientes que aguantaron balazos de pólvora y cañonazos de billetes verdes —o de cualquier color—, esos que se mantuvieron firmes y no fueron vende patrias. Esos héroes merecen nuestro reconocimiento y nuestra alegría por una tarea bien hecha.
Escucho al alcalde de Chicago alegrarse de que por fin el enemigo número uno de la ciudad ya está en prisión. Todos aprovechan la oportunidad para tomar el micrófono. Me pregunto si ahora las tiendas de recuerdos en la Ciudad de los Vientos, venderán sudaderas, gorras, llaveros, y todo tipo de souvenirs con el rostro del Chapo, tal como hoy se venden los de Al Capone. ¿Habrá restaurantes con el nombre del capo? Sería injusto que a Joaquín Guzmán no se le rinda el mismo tributo que a Scareface. ¿No hicieron los dos, en su momento respectivo, un imperio alrededor de la venta de sustancias prohibidas?
Desde luego, Capone palidece ante Guzmán, el primero jamás fue catalogado en la lista de millonarios de Forbes. De crueldad, ninguno jugaba a las muñecas. Tan malo uno como el otro. Veremos. Tal como son allá, pronto veremos pastilleros de porcelana adornados con los bigotes de Guzmán Loera.
Espero, por el bien de todos, que la puerta del penal del Altiplano sea más chica que la de Puente Grande, que Joaquín Guzmán encuentre lo que se merece ahí adentro y que por el bien de todos, los jueces hagan el trabajo tan bien como lo ejecutaron los marinos que agarraron al Chapo en Mazatlán.
Son días de festejo, de recibir felicitaciones, de dar declaraciones, de levantar los brazos en señal de victoria. Sí, los que dan la cara son unos. Los que merecen los laureles son otros. Hay héroes en México que pusieron tras las rejas al que anduvo prófugo en los anteriores dos sexenios. Vayan los aplausos a ellos.

20140223-200257.jpg

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: