La petición de la Guardia Civil en Barcelona 

Otro golpe de terror. Barcelona cae víctima de la intolerancia, del odio y de la crueldad. El desprecio vuelve a protagonizar la narrativa de las lágrimas. La noticia recorrió los kilómetros y me llegó en forma de imagen al celular. No supe ni lo que estaba abriendo cuando ya enfrentaba el horror. La agencia noticiosa que daba a conocer los hechos en Las Ramblas subió un video de alguien que iba caminando, filmando a personas en el suelo, unas inmóviles y otras lastimadas junto a un charco de sangre. Ahora le tocó a Barcelona, trece muertos y más de cien heridos. Los sucesos tenían algunos minutos de haber tenido lugar.

En instantes, antes que nada, la primera reacción fue tocar base con la gente querida que vive en Barcelona. En seguida, la reflexión. Las imágenes eran brutales. Las redes sociales se poblaron de fotografías dramáticas. Las personas que vi, estaban en el suelo, victimizadas, dolientes, sin defensa. La pregunta gira en torno a lo que se debe hacer: mostrar e informar o abstenerse y respetar. Si difundir esas fotos es señalar y exhibir lo que es el terrorismo o si es dar escenario y servir de propaganda. 

La respuesta es de cada consciencia. La Guardia Civil pide que no se suban fotos a la red. Entiendo lo que dicen quienes se acogen a la libertad de expresión. Pero, pienso en ese ojo y en esa lente. En la necesidad de enseñar. En el temblor de las manos y en los esfínteres flojos, en las lágrimas y en las ideas que se agolpan sin encontrar coherencia. Sólo así se entiende que alguien pueda ir dando pasos, saltando heridos y muertos sin soltar el aparato y poner las manos libres a disposición de ayudar. 

El aturdimiento inmediato a la tragedia obnubila la sensatez. No se puede pedir prudencia a los que se escaparon por un suspiro de la casualidad de la tragedia. Pero, en la serenidad que llega en los minutos posteriores, se escucha la petición de la Guardia Civil. Por favor, no difundas las imágenes. El dolor es de todos.

Llevan razón. La necesidad de informar se debe subordinar al respeto de quienes perdieron la vida, de sus deudos, de sus heridos y de su gente. Barcelona llora. Lo de menos es si lo hace en la lengua catalana o castellana, si eres local o turista, si vas de izquierda o de derecha. Los que vimos las imágenes nos hermanamos con el sentimiento. Vayan las condolencias llenas de respeto. El dolor es de todos. Basta de odio. Basta ya. 

Tortura

Muchos elevan la voz para acusar al ejército, a la policía federal, a los agentes de a pie, a las autoridades que son capaces de lastimar en vez de proteger. Muchos se detienen en el uniforme, en la placa, en la licencia que tienen para portar armas, para matar y ven a alguien que tiene permiso para ejercer la fuerza en ánimo de hacer valer el bien común. Muchos ven el abuso de los que debiendo hacer el bien, hacen mal. 

A mí, las imágenes de tortura me llevan a preguntar ¿qué lleva a un ser humano a deshumanizarse así? Ayer por la noche vimos el video de una mujer que era sometida, con técnicas muy cuestionanles, a un interrogatorio. Le ponían una bolsa en la cabeza y le impedían respirar por un rato con el único afán de arrancarle la verdad. La mujer lloraba pero no pronunciaba las palabras anheladas por sus interrogantes. 

No sé cuántas veces repitieron esa acción ni si consiguieron la respuesta que querían. No sé si la mujer era una santa paloma o era una delincuente despiadada. Era lo de menos. No importa.  Lo que sí vi, fueron imágenes en que un grupo de seres se inhumanizaron para conseguir un objetivo. Las prácticas salvajes abarcaron un gradiete amplio. No fue nada más la presunta delincuente la que, al ser tradada como un pedazo de basura, quedó expuesta. Ahí estaba otra mujer que con crueldad apretaba una bolsa de plástico al cuello de una semejante. Ahí estaban dos personas más que veían lo que estaba sucediendo. Y, ahí estaba una persona que sin aparecer en las imagenes, flimó todo lo que sucedía. 

Nadie, ninguno de los actores, paró la crueldad.

Entiendo que el uniforme agrava el asunto. Pero, mi reflexión es más silvestre. ¿Qué lleva a un ser humano a perder la humanidad? ¿Qué razón existe para exacerbar la crueldad? La insensibilidad fue brutal. Tal vez, en la mente de estos sujetos cupo   la creencia de que estaban haciendo lo correcto. Es posible que se justificaran pensando que se la torturada era delincuente, que si ella había hecho o cosas peores, ahora le tocaba su turno y ni modo: él que la hace la paga. 

No. No hay forma de justificar la tortura.

Tampoco sirve de mucho escandalizarse. Sucede todos los días. Pasa en México y en todos lados. Hemos visto imágenes de soldados norteamericanos abusadores, de aparatos, sabemos tantas cosas que una persona ha hecho a otra en nombre de Dios, de la verdad, de la justicia que quitan el aliento. Tristemente, la tortura no es una novedad, es una práctica que se ha reportado múltiples veces a lo largo de la Historia. No la hemos podido erradicar. ¿Cuántas quijadas de burro se encajan a diaro por tantos Caínes en contra de nuevas formas de Abeles? 

Torturar no es una forma de procurar justicia. La verdad no se sirve de golpes, asfixias, angustias, humillaciones. La línea entre lo correcto y lo incorrecto no puede ser tan delgada. No deberia serlo. Es cierto, antes de ver el video, nos advirtieron que la torturada era delincuente. No importa. En realidad, al ver las imágenes, ya no es importante quién era el bueno y quién el malo. Ahí los roles se tergiversaron.

En aras de lo correcto, tocamos la puerta del infierno. Al buscar lo justo, nos embarramos de suciedad. Cerramos los oídos al clamor de misericordia y de un momento a otro cruzamos la frontera de lo terrible. Basados en un triángulo de justificación, hacemos lo abominable. Nos enredamos en la bandera de la verdad y la manchamos. Parece que todo se vale y que el fin justifica nos medios.

No es así. Nunca ha sido así.

Más allá de uniformes, de permisos, de posturas, quisiera saber: ¿qué lleva a un ser humano a creer que torturar es correcto? 

  

El dolor en París

No se entiende. No se entenderá jamás. Cuando el odio habla brota la indignación. La Ciudad Luz es atacada una vez más. Todavía no entendemos bien lo que sucedió, ni quién lo hizo. Sabemos que murieron más de cien personas. Los mataron. Estallidos como los que se escucharon en los tiempos de guerra, sirenas de carros de policías, ambulancias, confusión. Nadie sabe. Nadie entiende.

Tiroteos, bombas, rehenes, ataques terroristas coordinados. Dispararon a civiles, a niños, ataques suicidas. Ruidos sordos. Detonaciones. La gente corrió a protegerse, sin saber bien a bien qué pasaba, quién los atacaba o por qué.

¿Por qué?

Hollande conmovido frente a las cámaras, se dirige a los franceses. conmovido, cierra las fronteras. La gente se encierra en sus casas, en sus cuartos de hotel, en donde pueden. Inocentes terminaron secuestrados, los que tuvieron menos suerte murieron, los que  tuvieron peor, vieron a sus semejantes morir. Fueron testigos de atrocidades. 

Entender, ¿cómo?

Las autoridades ordenaron que nadie saliera a la calle. ¿Qué lleva a alguien a odiar tanto? ¿Qué lleva a un semejante a elevar la quijada de burro para matar? Imposible entender. No hay forma. El odio es inexplicable. El luto de París nos viste de negro a todos.

¿Cómo se hace llegar un abrazo solidario hasta París para todos los que vivieron lo que nadie nunca debiera vivir? Que en París sea la paz.

  

Fibromialgia

Si te duele todo el cuerpo y sientes un agotamiento generalizado; si aún cuando te acabas de despertar, el cansancio sigue ahí; si lo primero que sientes al abrir los ojos para empezar un nuevo día es dolor, no ignores  los síntomas, es posible que el cuerpo te esté mandoando signos de que tienes fibromialgia. 

La palabra fibromialgia tiene una composición fonética horrorosa, la enfermedad lo es. Por si fuera poco, la gente que rodea al que la padece, no entiende que esa hipersensibilidad no es un chiqueo, ni son ganas de llamar la atención, ni es un vehículo para darle vuelo al lado oscuro de la personalidad. No es nada de eso, es dolor.

El paciente con fibromialgia padece de dolores muy fuertes que se generalizan en todo el cuerpo y que multiplican los puntos sensibles a lo largo de la piel, de los músculos y de las atribulaciones. Además del dolor está la fatiga crónica. Sí, el dolor cansa, desgasta y acaba con las fuerzas. 

La gente cercana a quien padece fibromialgia no entiende las razones del sueño perpetuo, del rostro fruncido y de esa necesidad de quedarse quieto. ¿Qué tienes? Me duele. ¿Que te duele? Todo. Sí ya sé que parece increíble que duela todo, sin embargo, es cierto. Duele desde el pelo hasta la punta del pie. Hay una hipersensibilidad que hace sentir al paciente como un globo conectado a una bomba de aire que no deja de inflar, es la sensación de que pies, manos, cara, rodillas, cabeza van a estallar de un momento a otro porque ya no pueden estirarse más.  No resisten más.

Una persona que padece de fibromialgia tenderá a olvidar ciertas cosas, y, ¿cómo no? El dolor quita concentración. Resulta dificil entender las razones por las que alguien no se quiere levantar, si a simple vista todo está bien, si no hay un estudio que evidencie lo contrario, si no hay una razón clara. Incluso, algunos pacientes que no saben que padecen está enfermedad, se desesperan y se irritan al no entender lo que les pasa.

La fibromialgia es una enfermedad dolorosa, no es una ocurrenica. Está catalogada por la Organización Mundial de la Salud y existen tratamientos para aligerar los síntomas, no hay cura. Tampoco está claro qué la provoca o qué detona un ataque doloroso. Por suerte, la enfermedad es intermitente, aparece y desaparece. No habria quien aguantara este padecimiento en forma continua, sería mortal. 

Un ataque de fibromialgia es similar al martirio de San Esteban, al que le ataron los pies y las manos a un tronco, lo dejaron en una posición anátomicamente imposible, desarticulada y luego lo acribillaron con flechas en todo el cuerpo. Los primeros síntomas son esas presiones incomodas que poco a poco se convierten en calambres y se transforman en puntos de dolor.

Hay medicamentos y hay tratamientos, esa es la buena noticia. Por la similitud que guardan los síntomas con las enfermedades reumáticas,  es un medico reumatólogo quien diagnostica, aunque no es un padecimiento reumatoide. 

Un consejo para los que como yo, padecen de fibromialgia. No dejen que el dolor avance. En general, los que padecemos esta enfermedad dejamos para después la cita del médico, la compra de la medicina, el inicio del tratamiento, el hacer ejercicio. Ponemos mil excusas, metemos el acelerador y nos estrellamos contra la pared del dolor. Cuidado, si el cuerpo reclama descanso, duerme; si sigue el cansancio, duerme más. Si duele, ve con el especialista y sigue el tratamiento. No esperes. No te desanimes si la gente a tu alrededor no te cree, es normal.

Por último, no te sientas en soledad, somos muchos los que padecemos fibromialgia, la Organización Mundial de la Salud reporta que el dos por ciento de la población mundial la padecemos, yo creo que somos más, pero hay muchos que no han sido diagnosticados todavía.

Escribo de esto, después de librar un ataque violento de esta enfermedad. La lucha es dura y lastimosa. Duele el cuerpo y la incomprension. Los restos de cefalea, de dolor articular, de fatiga, de rigidez mandibular son menos severos que ayer. Pero, estoy en pie y dispuesta a seguir dando batalla. La mejor forma que tengo de hacerlo,es elevando la pluma.

Por eso, si te duele todo el cuerpo y no es algo puntual, sino una sintomatología que se va arrastrando, ve al médico, es posible que tengas fibromialgia.

  

Lo que nos falta. (En memoria de los normalistas de Ayotzinapa)

El Procurador cansado salió a darnos una noticia que, tristemente, no sorprendió a nadie. Por desgracia, ya lo esperábamos. Jesús Murillo Karam con el rostro cenizo, con cara seria nos dio una larga explicación de los detalles de la búsqueda e investigación de los muchachos normalistas de Ayotzinapa. Caso cerrado, los muchachos fueron brutalmente masacrados, tratados con una animalidad y desapego de su calidad humana que va más allá del escándalo. Están muertos, concluyen las evidencias. Los mataron dicen las declaraciones. ¿Qué nos queda después de escuchar al abogado de la Nación emitir este comunicado?
Los padres no lo aceptan, no se resignan a creer que ese fue el destino de sus hijos, no pueden con esa verdad. La esperanza, contra toda lógica, sigue viva, no quieren dejarla morir. Sin embargo, mata más una falsa esperanza que una terrible realidad. ¿Cómo creer lo que pasó si no nos explican las razones que llevaron a este desenlace?
Nadie ha sido capaz de darnos una explicación de lo que estaban haciendo estos muchachos en Iguala. No hemos recibido una justificación medianamente verosímil de las razones que llevaron a estos estudiantes a subirse a un autobús que los llevó a la muerte. Si no entendemos, no hay forma de aceptarlo, dirán los padres. Diremos los ciudadanos.
La verdad, a veces es cruda. Casi siempre es dura. Sin embargo, la necesitamos para entender, para empezar a construir una base de consuelo, para evitar que algo así vuelva a suceder. Pero, si no sabemos lo que debemos de prevenir, lo más seguro es que vuelva a pasar.
En estos momentos, después de escuchar las palabras del Procurador, siento que nos ve pequeños, no cree que estemos a la altura de recibir la verdad como es. Tal vez tenga razón, es probable que la verdad no nos guste, pero necesitamos entender qué llevó a estos chicos a ese destino fatal. Nos cuesta trabajo aceptar que fue una confusión lo que los llevó a la muerte. No logramos admitir que grupos de sicarios, de los que no teníamos noticia, sean los responsables. Entendemos que es seguro que los jóvenes no estaban rezando el rosario, ¿qué estaban haciendo? Falta justificar lo que dice la evidencia. Sí, están muertos, ¿por qué?
Mientras no lo sepamos, los padres no podrán empezar a resignarse y en medio de ese dolor, entre el llanto y la pena, seguirán siendo manipulados por vivales sin corazón ni alma que se amparan y se esconden detrás del esas almas desgarradas para hacer fechorías y perpetrar crímenes.
Lo que nos falta es una explicación, no los detalles crudos de una ejecución ni el olor a sangre ni la textura de las cenizas, eso aumenta la rabia, el dolor y la confusión.
Lo que falta es resignarnos a esta pena tan grande, en la que sin pies ni cabeza, tenemos que asumir que aquí hubo una masacre vil, deshumanizada que no logramos entender porqué no nos la logran explicar.

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Dolores duros

Dicen que los quemaron. Se basan en hipótesis que emanan de los peritajes, pruebas y diligencias, no es nada seguro, pero parece que los mataron y los incineraron. Ojalá fuera la trama de un cuento de terror o de una novela de misterio. No. De acuerdo con la confesión de miembros de Guerreros Unidos, se llevaron a los cuarenta y tres normalistas desaparecidos los asesinaron y les prendieron fuego. Así, a sangre fría, con una crueldad que rebasa la verosimilitud. Nos agrede tanto que cerramos los ojos y preferimos creer que eso no es verdad.
Los testimonios recabados por la Procuraduría General de la República apuntan, junto con el resto de las investigaciones, a que hubo un homicidio masivo que se llevó a cabo en el basurero de Cocula. El Infierno existe y, al parecer, está en la Tierra.
Nos mostraron fragmentos óseos que parecen más pedazos de carbón que restos de jóvenes que vivieron, sintieron, respiraron y tuvieron identidad.las descripciones son tan duras, tan cruentas tan cercanas a lo salvaje que quisiéramos , de corazón quisiéramos que fueran falsas.
No hay forma de describir el dolor que me produjo ver la declaración completa del Procurador Murillo. La vi entera, sin recortes, tal como la presentaron a los medios extranjeros. No tengo ninguna duda de que ahí hubo un homicidio masivo. Hay quienes no creen que eso les haya sucedido a los 43 jóvenes normalistas. A mí eso no me consuela. Si no fueron los chicos ¿quiénes formaron parte de esa pira humana? Una fogata, que según los confesados, se conformó por cuerpos, leña, llantas y se iluminó con un cerillo, diesel y gasolina. Ardió desde le veintiséis de septiembre hasta el día siguiente. ¿Cómo no vamos a preferir pensar que eso no es verdad?
Entiendo a los padres y familiares de estos 43 chicos, es evidente por qué ellos rechazan la versión del Procurador. Yo también quisiera que no fuera cierto. Ojalá no lo sea, espero que sigan buscando a los muchachos y que los encuentren con vida. Hay voces que insisten en que los normalistas están vivos.
También quisiera respuestas. ¿Quiénes son los Rojos y los Guerreros Unidos? ¿Por qué ellos querrían hacerles daño a cuarenta y tres estudiantes!? ¿Qué hacían los chicos en Iguala? ¿Por qué el señor Abarca dio la orden a la policía? ¿Por qué iban por María de los Angeles Pineda, esposa del alcalde? Es fácil dudar cuando no hay respuestas básicas.
Después de la conferencia de prensa del Procurador Murillo Karam, de ver las imágenes que presentó y de escuchar los testimonios, siento ceniza en la garganta. El humo de la pira se me mete entre las pestañas y las lágrimas salen sin parar.
El dolor más duro es el del golpe que no te esperas y te toma por sorpresa. Ese que no se puede evitar por que lo sientes y te das cuenta cuando ya es demasiado tarde para esquivarlo. Aquí, no hay forma de hacerse a un lado. Si son los chicos de Ayotzinapa o si no lo son, el dolor es igualmente duro.

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Negligencia médica

La labor de médicos, enfermeras y de todos los que tienen que atender enfermos es encomiable. Tratan con gente adolorida, con familiares angustiados, trabajan en condiciones de tensión y muchos no cuentan con el material adecuado para llevar a cabo su labor. Encima, siempre pasa lo mismo, si el paciente se recupera, el milagro lo hizo Dios, si el paciente se agrava y muere, es culpa del médico tratante y su equipo. Al escuchar estos argumentos uno no tiene más que ponerse del lado de los médicos. Tienen razón cuando dicen que no son magos.
Sin embargo, cuando se sabe del caso del joven Roberto Edivaldo Gallardo Rodríguez y se escucha a su padre Sergio Gallardo Ramos, la cosa cambia. El chico que tenía quince años en el 2010, ingresó al Hospital de Pediatría del IMSS de Guadalajara el 15 de noviembre de 2009 por un cuadro asmático. Se le buscó implantar un catéter, cuenta el padre, pero al llevar a cabo el procedimiento se le perforaron ambos pulmones. Los médicos dicen que eso es un riesgo que corren en favor del paciente. En 16 días se le sometió a siete laparotomías exploratorias, operaciones quirúrgicas abdominales. Se encontró perforación intestinal y falta de circulación sanguínea intestinal. Se le realizaron resecciones, cortes intestinales en distintos segmentos, pero ninguno de los segmentos fue analizado por patólogos. Nunca hubo un patólogo en el quirófano, dice el padre. Nunca se detectó que el joven padecía tuberculosis intestinal y nunca se le brindó tratamiento para una enfermedad eminentemente curable.
Roberto Gallardo falleció en el hospital después de 55 días.
Eso es una tragedia. El certificado de defunción del IMSS señalaba que el fallecimiento era producto de una sepsis (infección) intestinal sin precisar la causa. El padre exigió una autopsia que determinó como causa de muerte un daño orgánico sistémico consistente con una tuberculosis intestinal.
Al conocer la versión del padre, de imaginar el cuerpo del joven, el padecimiento de la familia, uno no tiene más remedio que empatizar con el
paciente.
No sé si en este caso hubo negligencia médica. Sé que hubo sendas manifestaciones de apoyo a los médicos tratantes y sé que los médicos dicen que ellos no tienen el dedo de Dios para evitar la muerte. Es verdad.
Pero también sé que es difícil hablar de lo que les sucede a otros. Por eso, les cuento lo que me pasó a mí.
El domingo pasado tuve un dolor abdominal agudo, el peor de mi vida. La ambulancia de la Cruz Roja llegó por mí y me llevó al hospital Dalinde porque era el que quedaba más cerca. Al llegar los médicos de urgencias me recibieron y me preguntaron qué sentía y mil veces me dijeron que entendían mi dolor. Me auscultaron y me dijeron que me harían un ultrasonido para ver que me pasaba. También me advirtieron que debía esperar a que la vejiga estuviera llena para realizar el estudio y se fueron.
Ahí me dejaron sola con mi dolor. Si gritaba, si pedía un analgésico, la enfermera me decía con fastidio que no me podían dar nada. Así me quedé hasta que el dolor cedió por sí solo.
Los médicos estaban muy concentrados en sus tabletas viendo qué tan larga era la manifestación de médicos en Guadalajara, en la Ciudad de México y en tantos otros lados. Luego en ver el futbol.
La única persona que me acercó el riñón para vomitar fue la chica de la limpieza. El estudio no reflejó nada grave y por fin me dieron una pastilla. El ver la cuenta del hospital me volvió a doler el estómago. Me sacaron un ojo de la cara por no hacerme nada, prácticamente.
No sé si eso es negligencia médica. Sé que eso fue mal trato a una mujer que sentía que la vida se le iba por el dolor. Sé que los médicos batallan todos los días, sé que los pacientes luchan también. Nadie quiere estar enfermo.
No sé si lo que pasó con Roberto Gallardo merece que los médicos sean procesados o no. Veo a muchos médicos marchando en favor de sus colegas. También sé de muchos pacientes que son mal tratados por médicos y enfermeras. Lo sé en carne propia.

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Boko Haram

Hasta hace poco, los vocablos Boko Haram carecían de significado. Hasta hace poco la combinación de fonemas nos podrían haber parecido armónicas, incluso poéticas ya que la conjunción de estas palabras tienen una melodía y un tono agradable al oído. Sin embargo, de unos días a la fecha, la entonación de estos vocablos no evocan poesía, ni ritmo, ni sonidos placenteros, nos traen a la mente imágenes de dolor, de angustia, de desconsuelo. 

Boko Haram es el nombre de una organización fundamentalista islámica activa en Nigeria, principalmente en los estados del norte de esta nación africana. Uno de los objetivos que ellos enarbolan es el establecimmiento de la Shiri´a como código de justicia. La Shiri´a es la senda del Islám. Es un código de conducta, sumamente detallado que incluye criteros de moral, normas relativas al rito, reglas de vida, en fin, lo que está y no está permitido. La Shiri´a es un catálogo de lo que es bueno y de aquello que es malo. Es la ley musulmana. En la mayoría de las entidades del norte de Nigeria la Shiri´a se aplica de manera informal y es aceptada por la población musulmana que habita esa región geográfica,  aunque este código es rechazado por los habitantes de la región del sur del país de mayoría cristiana.

Boko Haram acepta abiertamente el uso de medios violentos y coercitivos contra la población civil para la consecución de sus objetivos políticos religiosos. Para muestra, un botón: el 14 de abril casi trescientas niñas fueron secuestradas de na escuela en la población de Jibik como parte de una campaña política en contra de la educación occidental, que ellos consideran como un pecado, que se da en los estados nigerianos de Borno, Yobe, y Adamawa.

El grupo fue fundado en 2002 y desde entonces se ha declarado rebelde a las fuerzas policiales de Nigeria.En 2011, el estado nigeriano decretó una situación general de emergencia por los ataques terroristas perpetrados y reivindicados por Boko Haram, se decretó toque de queda general. En 2013 el grupo protagonizó varios ataques a centros educativos que dejaron numerosas víctimas mortales. Y, ahora el secuestro de tantas niñas.

La última declaración de Boko Haram fue que ya habían convertido a las niñas al Islam y que estaban dispuestos a intercambiarlas por presos de su organización. Niñas como moneda de cambio, Madres que desde el 14 de Abril no encuentran la calma. Infancias que de un momento a otro se convirtieron en un infierno. La fe como estigma. Una vez más, una línea delgada separa la tragedia de la cotidianidad.

Boko Haram ya no tiene la melodía de los fonemas que integran estos vocablos. Tiene el sabor pastoso de las lágrimas de las madres que cometieron el pecado de llevar a sus hijas a la escuela; tiene el vacío del hueco de los brazos de estas mujeres que siguen esperando el regreso de sus hijas a casa; tiene la cara de confusión de Goodluck Jonathan, presidente de Nigeria, que declara que ya está resolviendo el conflicto y no se entera de que la organización sigue ondeando la bandera de terror.

Siempre he creído que para descorrer el velo del miedo hay que investigar, es preciso conocer las dimensiones de lo temido, es necesario tratar de entender. Hay poca información de Boko Haram y con los pocos datos que existen y que están al alcance, resulta imposible comprender, pero, el dolor de una madre, ese sí se entiende. Todos podemos entender la desesperación de aquellas que miran al horizonte esperando ver la silueta de sus hijas, de las que vuelven sus ojos al cielo y esperan un milagro. Por desgracia, también podemos entender cuando un político se hace el disimulado y declara triunfalismos anticipados, cuando en realidad está desbordado. 

 

 

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Justicia servida (en honor a Fernando Martí)

Fernado Martí, hijo del empresario Alejandro Martí, fue secuestrado en junio de 2008. Su cuerpo fue encontrado en agosto de ese año dentro de un automóvil. Dicen que sus secuestradores lo mataron casi de inmediato u que no tuvieron empacho en seguir pidiendo rescate y profiriendo amenazas. La esperanza de los familiares de este joven murió en el momento en que encontraron sus restos, también parte de su angustia. La verdad aunque sea dura, libera.
Sin embargo, cuando se es víctima de un delito, los deudos reclaman justicia. Es lo mínimo elemental que se exige. Para cerrar el círculo de dolor y seguir caminando por la vida, es preciso saber quiénes fueron los autores materiales e intelectuales del crimen del cual,fueron víctimas y ver que los culpables recibirán su merecido. La impunidad es una de las peores afrentas y sin duda la mayor de las injurias. La más terrible de las pesadillas es imaginar que aquel que causó tanto mal sigue suelto y, seguramente, haciendo daño.
Hoy, Alejandro Martí tiene un privilegio que pocos mexicanos alcanzan. Ha visto llegar a la justicia. Por fin, después de tantos años el titular del Juzgado 4 de Distrito en Materia de Procesos Penales Federales dictó sentencia de 270 años de prisión contra Carlos David Charines Ávila, implicado en el secuestro de Fernando Martí, según informó el Consejo de la Judicatura Federal. Doscientos setenta me parecen pocos.
En una nota informativa, el organismo del Poder Judicial federal explicó que dentro de la causa penal, Charines Ávila fue encontrado culpable también de participar en los plagios de Jorge Palma Lemus y Christian Salmones Flores, chofer y escolta de Fernando Martí, respectivamente, así como del joven Marco Antonio Equihua.
El Consejo de la Judicatura Federal precisó, sin embargo, que el sentenciado sólo compurgará 70 años de prisión “por ser la pena máxima conforme al artículo 33 del Código Penal para el Distrito Federal, vigente en la época de los hechos”.
No importa, de todos modos no los va a vivir. Lo importante es que ya está preso y juzgado. La justicia para la familia Martí ya tuvo su día. Y, a pesar de que eso es lo importante, yo me pregunto varias cosas.
¿Qué pasaría si el padre de Fernando no hubiera sido un empresario importante? ¿Qué hubiera sucedido si Alejandro Martí no fuese tan aguerrido y hubiera cejado en su luchar alcanzar justicia? ¿Por qué sé tardaron tantos años en dictar sentencia a este sujeto?
Es mucha la angustia que se sufre por un secuestro. Es indecible el dolor e incontables las cicatrices que quedan. Muchas heridas jamás se cierran. Otras solamente empiezan a sanar cuando se ve que la justicia existe y que los malos y los buenos no están en el mismo lado de la línea. ¿Por qué tardar tanto en que llegue el imperio de lo justo? ¿Por qué complacer tanto a la impunidad?
Hoy, en Cuernavaca se convoca a una marcha ciudadana. ¿Qué reclaman? Muchos dicen que se pide la renuncia del Gobernador, o que Graco Ramírez cumpla sus promesas de campaña. ¡Patrañas! Lo que la gente reclama es el cese del imperio de la impunidad. Que los maleantes reciban su merecido y que se acaben los pretextos para devolverle a la gente la seguridad de vivir en paz.
Sé de lo que estoy hablando. Sin embargo, y por desgracia, únicamente me puedo imaginar la satisfacción y el descanso que debe sentir Alejandro Martí y su familia. Hoy podrán decir, con provecho: Fer, descansa en paz.

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Los efectos de un anuncio luminoso

¡Qué curioso! La primera vez que vi el anuncio luminoso en forma de botella de Tío Pepe en lo alto de un edificio de la Puerta del Sol sentí que por fin había llegado a Madrid. Cada uno tenemos símbolos que nos s vinculan con ciertas ciudades y no siempre son monumentos, ni estatuas, ni objetos artísticos. Son eso, signos que iluminan recuerdos y activan imágenes en la memoria. Cada uno tenemos los nuestros, el mío, en Madrid, es ese anuncio.
Por años vi fotos de la plaza en la que siempre, como en primera plana, aparecía la botella de luz. La observaba con la añoranza del que quiere cruzar el Atlántico y verla en vivo y a todo color. A ambas, a la plaza del kilómetro cero y a la botella. En fin, quería estar en Madrid que en mi niñez representaba uno de los lugares más especiales del mundo. Aquel que llegara a la capital española ya había alcanzado el éxito. Eso suponía mi mente infantil, ya que con París siempre hubo una especie de melancolía por haberse llevado a mi padre y por haberme separado de mi madre. Ya hice las pases con la Ciudad Luz. De Madrid, siempre he estado enamorada, con esos amores que se tienen, incluso antes de conocer el objeto de amor.
En la infancia las historias de Madrid siempre eran escuchadas con mucha atención y curiosidad. Era muy pequeña para entender que los narradores, al hablar de esta ciudad, enredaban palabras de nostalgia, de exilio, de ideología y de expulsión. ¿Cómo puede entender una niña las palabras dictadura, república, auxilio, solidaridad? Lo único que yo escuchaba era ese acento con el que muchos refugiados españoles que llegaron a vivir a la colonia Álamos y que ahí se quedaron por muchos años, contaban sobre los sabores, olores y texturas de Madrid. Me pasaron desapercibidos los vocablos Franco, Cárdenas, guerra, refugio, falange, república, León Felipe, Cela, y tantas otras.
De joven becaria, ya en España, tenía que viajar de Toledo a Madrid dos veces por semana para asistir a clases a la Universidad Complutense, pero no recuerdo las razones que me obligaban a dar siempre con la estación del metro Sol en la que al salir a la calle, siempre mi primera vista era el anuncio luminoso de Tío Pepe. Me caía en gracia, me gustaba.
He tenido la suerte de regresar muchas veces a Madrid, que dicho sea de paso me sigue pareciendo uno de los lugares más maravillosos del mundo, y siempre me ha dado gusto ver la botella de jerez y las letras encendidas. Es una alegría infantil, lo sé. Pero un día ya no estuvo. Se me apachurró el corazón. Algo le faltaba a mi Madrid.
Están arreglado la Puerta del Sol —le quieren agregar el apellido Vodafone, madrileños no lo permitan, por favor— y cuándo quede lista lo pondrán en su lugar, me explicó mi amigo madrileño. Pensé que Mauro me estaba dando el consuelo que se le da a una niña pequeña, esa que tanto anheló ver la botella de Tío Pepe. Pero parece que sí, que es verdad que la pondrán de regreso en su sitio.
Me sentí feliz, luego confundida. Al parecer la botellita, tan recordada y tan significativa para mí, no es del agrado de muchos. Leo que para varios el anuncio de la botella de jerez acompañada por las letras Tio Pepe González Byass les resulta un símbolo del franquismo, una chulería andaluza, un recuerdo de las flechas falangistas y del yugo de la dictadura. La antirepública representada por un envase con sombrero ladeado, brazos en jarras y barras de luces. Vaya.
Cada quién le damos distintos significados a ciertos símbolos de las ciudades. Mientras en Texas un anuncio de McDonald’s es parte de la cotidianidad, en Champs Elysées es una cicatriz para la Francia tradicional que defiende su gastronomía a ultranza; una hoz y un martillo pueden causar rabia y malestar en Austria mientras enfrente de las puertas de Brandenburgo se venden como souvenirs, la campaña de Taco Bell en Idaho es comida mexicana, mientras en Guadalajara eso puede causar dolor de estómago y repulsión.
Los anuncios luminosos de las ciudades son fuente de recuerdos y de experiencias, Picadilli Circus no sería lo mismo sin los anuncios que nos recuerdan que hay botellas que envasan la chispa de la vida. No se trata de que esas cajas de luz compitan con el Big Ben, pero sin duda, forman parte de la identidad de una metrópoli. Imaginen Times Square sin esas cajas de luz.
A muchos les agravia que un elemento publicitario tenga esa potencia, pero hay cosas que así son. Para ello fueron diseñadas. Lo siento mucho, para mí la botella de Tío Pepe tiene una connotación agradable. Me da gusto saber que pronto volverá a estar anunciando el jerez desde la Puerta del Sol, lo que sí esperó es que esta plaza no tenga necesidad de llevar apellido.

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